América despierta

Otro punto de vista sobre estas latitudes

Abr 16 2013

Los dilemas del chavismo sin chávez

Por Walter Goobar

El presidente Barack Obama no tuvo que esperar que el Centro Nacional Electoral (CNE) publicara el primer boletín con resultados irreversibles para constatar la victoria de Nicolás Maduro en las elecciones venezolanas de este domingo, en las que enfrentó al opositor Henrique Capriles Radonsky, un candidato moldeado y acunado en las incubadoras de la ultraderecha empresarial y oligárquica latinoamericana. La derrota de Capriles le fue anticipada al inquilino de la Casa Blanca a finales de marzo por el director de inteligencia nacional de Estados Unidos, James Clapper, y por el jefe del Comando Sur del Pentágono, general John Kelly.

En esta elección, la primera después de la muerte del líder bolivariano, el chavismo se impuso por apenas 300 mil votos, con resultados mucho menores que los que pronosticaban las encuestas y la oposición exige contar todos los votos para reconocer los resultados.

Con esos informes de inteligencia, Washington no apostaba a un triunfo electoral de Capriles sino que ha puesto todas sus fichas y sus millones de dólares para redoblar las operaciones encubiertas y las diversas modalidades de la guerra de espectro completo, que algunos expertos militares han definido como un conflicto de cuarta generación. Golpes suaves, guerra de baja intensidad, asimétrica, mediática y económica forman parte del abanico de herramientas que Washington esgrime contra el proceso bolivariano y el socialismo del siglo XXI.

A diferencia del combate militar tradicional y de las guerras relámpago o de desgaste, la guerra de cuarta generación puede adquirir dimensiones psicológicas y físicas, emplea técnicas de comunicación y marketing, y hace un uso psicoanalítico del biopoder. Aprovecha la asimetría estratégica entre las partes para obtener ventajas. Ese ha sido el modus operandi de Washington respecto de Venezuela desde antes y durante el fallido golpe de Estado de abril de 2002, continuado después con el sabotaje petrolero y el referendo revocatorio.

En lo inmediato, Capriles ha seguido a pie juntillas el guión estadounidense, que recomienda sembrar dudas sobre la transparencia del proceso electoral, reclamando una auditoría de votos, ya que insinuando la posibilidad de fraude se genera un clima de anarquía, de desestabilización social e ingobernabilidad. A esta altura, no caben dudas de que la campaña estadounidense de desestabilización de la Venezuela poschavista proseguirá tras el ajustado triunfo de Nicolás Maduro, el heredero simbólico del modelo bolivariano que tanto preocupa a los Estados Unidos. Basta repasar cualquier manual de Historia contemporánea para constatar que Washington y la oposición no aceptarán el resultado de las urnas, como no toleraron el crecimiento de la influencia política de Jorge Eliécer Gaitán en Colombia, ni el gobierno de Jacobo Arbenz en Guatemala, ni la mayoría peronista en los ’50 y en los ’70, ni la Revolución Cubana, ni el gobierno de João Goulart en Brasil, ni a Salvador Allende en Chile. Porque, donde no pueden ganar en las urnas, buscan siempre la salida anticonstitucional y no vacilan ante los golpes militares y las invasiones abiertas o encubiertas.

El periodista Carlos Fazio escribe en el diario La Jornada de México que el 5 de marzo, fecha en que se produjo la muerte de Hugo Chávez, Venezuela expulsó al agregado aéreo de la embajada de Estados Unidos en Caracas, David del Mónaco, y a su segundo, Devlin Costal, por realizar actividades ilegales y proponer proyectos desestabilizadores a oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. También se dieron a conocer alertas de sabotajes por parte de mercenarios salvadoreños y funcionarios estadounidenses dirigidos a desestabilizar el país. Las investigaciones apuntaron a Sharon Vanderbeele, oficial de la CIA en Caracas, bajo la fachada de la Oficina de Asuntos Regionales (ORA).

El 5 de abril, Wikileaks confirmó lo que muchos sabían: que durante su estancia al frente de la misión diplomática en Caracas, el embajador de Estados Unidos, William Bronwfield (2004-2007), destinó 15 millones de dólares de la Agencia para el Desarrollo Internacional (AID) para entrenar y capacitar técnicamente a más de 300 organizaciones no gubernamentales venezolanas, con el fin de que ejecutaran planes desestabilizadores en los reiterados intentos de Washington por derrocar a Chávez.

Con el triunfo de Nicolás Maduro, la revolución bolivariana, se enfrenta ante una disyuntiva clásica: profundizar política y socialmente el proceso y las movilizaciones para afirmarse y enfrentar los intentos reaccionarios que vendrán de adentro y afuera o, en cambio, institucionalizar el chavismo que Chávez se encargaba a cada rato de modificar y hasta subvertir, lo cual implica tender lazos a sectores de la oposición y a Washington y mantener controlados los movimientos sociales. En cierta medida, se reproduce el dilema que llevó a la derrota de la Unidad Popular chilena entre el “avanzar para consolidar” y el “consolidar para avanzar”, negociando con la democracia cristiana, frenando las iniciativas de los trabajadores y reforzando las instituciones políticas que, como se sabe, favoreció primero el “tancazo” y después el golpe de Pinochet.

Maduro no es Chávez, que quería construir un Estado moderno y a la vez combatir al Estado capitalista. Además, en el aparato estatal y en las fuerzas armadas hay posiciones bolivarianas y chavistas pero conservadoras, y hay fuerzas que buscan disminuir la tensión tomando contacto con el enemigo y hasta haciéndole concesiones en el marco del capitalismo de Estado venezolano.

Más allá de los planes conspirativos de la derecha, o de una eventual intentona castrense-civil alentada por el aparato mediático nacional e internacional, el presidente Chávez solía advertir que “el enemigo más temible está dentro del mismo gobierno”, y enumeraba luego la ineficacia, la ineficiencia y la corrupción de gobernantes y funcionarios, sin capacidad de seguir buscando las soluciones propias a los problemas, más propensos a repetir formatos y modelos que dice combatir.

El periodista Aram Aharonian remarca que con el triunfo de Maduro comienza la era sobre la que tantos especularon: “no se trata del pos-chavismo, sino del pos-Chávez”.

Maduro inaugura el período con un gran signo de interrogación: ¿se profundizará política y socialmente el proceso o se institucionalizará, lo que significa negociar con la oposición e incluso con Washington?

“Nadie tiene dudas: Maduro no es Chávez y dentro del bolivarianismo hay sectores conservadores, decididos a seguir haciéndole concesiones al capitalismo y obviando el protagonismo popular y el poder comunal. El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) es más una maquinaria electoral que una usina de ideas y/o planes para la construcción del socialismo”, sentencia Aharonian.

En la era pos Chávez, el golpe que la oligarquía venezolana y sus aliados en Washington preparan, no consistirá sólo en una conspiración cívico-militar montada sobre una campaña de prensa a nivel nacional y mundial, ni en la compra de algún sector reaccionario de las fuerzas armadas. Será antes que nada una acción política, una campaña de inteligencia y desestabilización económica, de división del aparato chavista, de inducción a una parte del mismo a congelar la fuerza real del proceso, que es la participación popular. En ese sentido, el centro de la estrategia incluye la idea de infiltrarse en la base política chavista, dividir al chavismo.

Tomado de Tiempo Argentino

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Abr 10 2013

La campaña del heredero de Chávez

Publicado por Maggie en En Nuestra América

Venezuela se encuentra en plena cuenta regresiva para los comicios electorales, y con el presidente Nicolás Maduro y el opositor Henrique Capriles Radonski como protagonistas.

Por Natalia Coronel, desde Venezuela

De rojo y al ritmo de “Chávez para siempre, Maduro presidente; Chávez te lo juro mi voto es pa’ Maduro”, ameneció el Estado de Vargas para recibir a “el comandante obrero”, como llaman sus seguidores al candidato socialista, Nicolás Maduro, quién no deja recorrer las provincias del país de forma maratónica a menos de 24 horas de que finalice la campaña electoral.

Familias enteras se movilizaron de forma espontánea en un recorrido de tres kilómetros sin importarles el sol que acechaba sin piedad desde muy temprano sobre sus cabezas.

Las calles se fueron llenando progresivamente de personas alegres, que disfrutaron del acto amenizados por talento regional en la tarima donde gritaban consignas de apoyo para “el candidato de la Patria” y donde recordaban a su comandante Hugo Chávez.

“Vinimos para apoyar a Nicolás Maduro, porque fue el último pedido que hizo en vida nuestro Comandante”, gritaba Claudia con seguridad. Mientras que Mauricio aseguraba: “Estoy aquí porque amamos a Chávez, lo respaldaremos aún después de la muerte y por eso vamos a votar por Maduro, por lealtad y por amor”.

Marisel, acompañada de su hija, que viste un vestido con los colores de la bandera venezonala que ella misma confeccionó, dijo: “A Chávez le debemos todo y por eso nos vinimos, para que la Patria siga y para que hoy mis hijos y luego mis nietos puedan disfrutarla”.

En las pancartas se podían leer frases de todo tipo que riman con el nombre del candidato socialista: “En mano de Maduro el pueblo está seguro”, “Maduro es el futuro”, los bigotes postizos o simplemente dibujados que adornaban los rostros de las mujeres era infaltable al igual que las remeras con el famoso autobús que condujera Maduro en su época de chofer.

“Chávez nos enseñó el valor y los beneficios de la revolución durante 14 años y ahora es nuestra responsabilidad seguir con la transformación que él comenzó con Nicolás como presidente”, sostiene Luis y se pierde entre la multitud.

Desde las tarimas, los animadores instaban a los presentes “a lograr la meta de darle al máximo líder de la Revolución Bolivariana los 10 millones de votos”, a viva voz, mientras el pueblo los aclamaba.

Luego de tanta espera, bajo el radiante sol de la Guaira, irrumpió Maduro cual rockstar, entre la gente saludando desde el techo del ya famoso autobus de campaña y la caravana se lanzó hacia él. Querían tomarle la mano, entregarle fotos, cuadros de Chávez o simplemente agradecerle por ser el encargado de seguir con el mandato de su líder mientras, él intentaba corresponderles a todos, al menos con una mirada.

Maduro, subió al escenario de la mano de su esposa, Cilia Flores, y dio un nuevo discurso con ese carisma que fue desnudando con el correr de la campaña y los actos. La gente río, gritó, cantó y agradeció estar ahí y que él también lo estuviera.

Entre bromas y anuncios, el “hijo de Chávez”, les agradeció el respaldo para el 14 de abril y continuó su recorrido. Al ritmo de la contagiosa samba, las personas, seguieron con la fiesta contentos, esta vez, no de haber visto a su líder pero si de estar apoyándolo.

Tomado de INFOnews

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Abr 10 2013

«La Revolución Bolivariana seguirá su curso y la dirección que trazó el Presidente Chávez»

Publicado por Maggie en En Nuestra América

En vísperas de la próxima elección presidencial en Venezuela a raíz del reciente deceso del presidente Hugo Chávez, quien acababa de obtener un nuevo mandato presidencial, el intelectual francés Salim Lamrani conversa con Ernesto Villegas Poljak, periodista de profesión y que desde octubre de 2012 es ministro del Poder Popular para la Comunicación e Información de la República Bolivariana de Venezuela

Salim Lamrani: Señor Ministro, ¿en qué estado de ánimo se encuentra el pueblo venezolano tras la desaparición del Presidente Hugo Chávez?

Ernesto Villegas: Todos estamos muy tristes y tratamos de asimilar una realidad difícil de aceptar. Un largo proceso de duelo está recorriendo Venezuela. Nuestros compatriotas, incluso algunos adversarios del Presidente, no terminan de creer que ya no se encuentra físicamente entre nosotros. Todos estamos en una especie de espera de un eventual regreso, de una alocución pública de Chávez, de un próximo programa de Aló, Presidente. Nos acostumbramos tanto a su presencia a lo largo de estos últimos 14 años en los que ejerció el poder político, sin hablar de su presencia en la vida nacional desde 1992, que nos resulta difícil resignarnos a su partida. Se trata de una de las personas más destacadas de la historia venezolana. Dejó una impronta indeleble en la vida política de nuestra patria y por eso, a pesar de su desaparición física, el Presidente Hugo Chávez siempre estará presente en el futuro y nos acompañará en la edificación de una sociedad que queremos mejor y más justa. Chávez está en todas partes pues nos indicó el camino a seguir para alcanzar la independencia plena y definitiva de nuestra nación. El proyecto emancipador y soberano que lanzó Hugo Chávez es un proceso en construcción que llevaremos a cabo en todos los rincones de Venezuela. La obra de Chávez es palpable no sólo en la realidad material, en su gestión de gobierno, sino también en el campo subjetivo de la esperanza. Chávez sembró una semilla de esperanza en el pueblo y está germinando.

SL: Las inmensas manifestaciones de duelo y de tristeza populares marcaron ampliamente al mundo entero. ¿Cómo se explica este fervor nacional hacia un presidente?

EV: Es que perdimos a un miembro de la familia y no cualquier miembro. Perdimos a nuestro padre, nuestro padre político e histórico, el padre de esta Revolución, el padre de nuestras luchas, pero también nuestro padre desde un punto de vista simbólico. Chávez era un miembro de la familia venezolana, sin duda el más importante, quien abrió los ojos a la comunidad nacional. Por él se discutió, por él se lloró, por él se rió. Gracias a él volvió a nacer la esperanza entre nosotros. Adultos pudieron alfabetizarse, educarse y disponer por fin de un estatus de ciudadano activo en nuestra sociedad. Muchos hogares venezolanos, por primera vez en su vida, tuvieron acceso a la lectura, a los libros, a la cultura. Gracias a Chávez, nos encontramos de nuevo con nuestra identidad nacional, con nuestra autenticidad venezolana, con nuestro Libertador Simón Bolívar y con nuestra historia bolivariana. Volvimos a descubrir el concepto de Patria y pudimos entender mejor los desafíos de nuestro tiempo. En una palabra, Chávez nos permitió encontrar nuestro sueño común.

SL: El pueblo venezolano perdió entonces al que dio la voz a los pobres.

EV: Por eso el dolor fue tan fuerte. Nos enteramos de su desaparición el 5 de marzo de 2013, y al día siguiente el pueblo invadió las calles para rendirle homenaje al Presidente, acompañarlo desde el Hospital Militar hacia la Academia Militar y expresar su tristeza. Se produjo un nuevo 27 de febrero tras la desaparición de Chávez, un nuevo Caracazo, como el de 1989 cuando el pueblo se sublevó contra la miseria y las políticas de austeridad. Con una diferencia. Esta vez, el pueblo tenía un objetivo preciso: acompañar al Comandante Chávez a la Academia Militar. Si el 27 de febrero de 1989 fue un Caracazo social, el 6 de marzo de 2013 fue un 27 de febrero político.

SL: Las manifestaciones fueron impresionantes.

EV: Se le rindió homenaje de modo masivo. Hubo familias enteras que esperaron horas y días para ver al Presidente Chávez. Una vez cumplido el rito, el pueblo regresó a su casa. En las calles había centenas de miles de venezolanos, y constituyen una fuerza política, social y física extraordinaria. Era un volcán humano, una marea humana de un poder inaudito. En otro contexto, el vigor de esta muchedumbre lo habría devastado todo en su camino. Pero en ese caso preciso, la marcha fue pacífica gracias a Hugo Chávez pues dejó instrucciones al pueblo.

SL: Usted se refiere a su última alocución televisiva del 8 de diciembre de 2012.

EV: Correcto. Explicó cuál era la marcha a seguir en caso en que no sobreviviera a su enfermedad, a esa emboscada que le tendió el destino. Si no hubiera dado ese mensaje al pueblo, quién sabe lo que hubiese ocurrido en Venezuela. El poder de esta masa humana es capaz de destruir cualquier cosa. El pueblo habría podido atacar los medios privados que no han dejado de denigrar y vilipendiar al Presidente Hugo Chávez durante los últimos 14 años, atacándolo directamente a él y a la voluntad nacional. No obstante, no pasó nada porque el pueblo recibió el mensaje pacífico de Chávez a favor del orden y la unión. Chávez tomó las disposiciones necesarias para evitar eso. Esta fuerza está allí, latente, con Hugo Chávez como líder espiritual, más vivo que nunca a pesar de su desaparición física, pues las ideas nunca mueren.

SL: Chávez siempre prefirió la comunicación directa con el pueblo.

EV: Chávez tenía tanto entusiasmo que multiplicaba las ideas cuando sus asesores en comunicación le recomendaban que no se expusiera tanto. En 1999 hablábamos de ello y pensábamos que corría demasiados riesgos pues las fuerzas conservadoras opuestas al proceso bolivariano eran muy poderosas. Él, al contrario, pensaba que había que exponer la integralidad del proyecto emancipador al pueblo. En aquella época, no podía saber que lo alcanzaría esa terrible enfermedad. Retrospectivamente, nos damos cuenta de que acertó y había que revelarle todo a la nación. Nos dejó miles de horas de comunicación directa con los venezolanos y un lazo afectivo indeleble con el pueblo, que forman parte del legado de la Venezuela de hoy.

SL: La figura de Hugo Chávez, militar de formación, apareció en la escena política nacional el 4 de febrero de 1992, tras la sublevación armada contra el Presidente Carlos Andrés Pérez, en un contexto mundial marcado por la derrota de las ideas progresistas y la hegemonía del Consenso de Washington.

EV: Tras el desmoronamiento de la Unión Soviética en 1991, las izquierdas del mundo entero se encontraban en plena desbandada. Gracias a Chávez, muchos militantes de izquierda volvieron a encontrar la vía del socialismo. Chávez también sintetizó nuestras raíces religiosas, proclamándose abiertamente cristiano. Así consiguió la adhesión y el fervor de los creyentes y los unió no sólo a los militantes ortodoxos del marxismo-leninismo, sino también a los militares que, en otros tiempos y bajo otro liderazgo, habrían rechazado la alianza con las categorías contras las cuales estuvieron en guerra. Chávez fue el elemento que federó. Logró unir a las fuerzas políticas, religiosas e ideológicas heterogéneas. Por ello, un conglomerado gigantesco de personas distintas, procedentes de horizontes diferentes, se identificó con Chávez.

SL: Pero su base es sobre todo popular.

EV: Evidentemente, el apoyo mayoritario a Chávez procede de los sectores populares que históricamente fueron marginados, apartados e ignorados. Estas categorías, aun siendo mayoritarias, eran maltratadas, despreciadas, discriminadas, excluidas de la sociedad. Encontraron en Chávez un referente, un representante y defensor de sus aspiraciones, una esperanza que los hizo visibles. Chávez estableció un lazo especial con el pueblo. Él mismo procede del pueblo y se sublevó en 1992, tres años después de la sublevación popular de 1989. Hubo un diálogo entre la calle y el cuartel y Chávez era el interlocutor del cuartel y terminó fusionándose con la calle. Se convirtió así en el líder del cuartel y de la calle, de los militares progresistas bolivarianos y del pueblo.

SL: ¿Qué legado dejó al pueblo venezolano y al mundo?

EV: Chávez ubicó al ser humano en el centro de nuestro proyecto bolivariano, particularmente a las categorías más desfavorecidas. Devolvió al pueblo el sentimiento de orgullo y dignidad nacional. Unió en un mismo cuerpo al pueblo y a la fuerza armada. Chávez cambió completamente las relaciones internacionales y tejió lazos sólidos con muchos países del mundo. 33 mandatarios y 57 delegaciones participaron en la ceremonia fúnebre del Presidente. Chávez tejió lazos no solo comerciales con esas naciones sino que también unió a los pueblos e incluso estableció relaciones muy personales con los dirigentes de esos países. Chávez estableció un nuevo paradigma en las relaciones internacionales. En Venezuela nos acostumbramos a la tecnocracia diplomática que suponía que la cancillería se encargaba de las relaciones con el resto del mundo, cuando sólo era una extensión del poder presidencial. Chávez, al contrario, desarrolló lazos muy personales con jefes de Estado, lo que le permitió tener excelentes vínculos con dirigentes tanto de derecha como de izquierda. Hizo que las diferencias ideológicas no constituyeran un obstáculo para las relaciones, como es el caso con Colombia o Chile que han elegido orientaciones políticas diferentes de las nuestras. Chávez también tuvo buenas relaciones con gobiernos europeos que no compartían su visión del mundo.

SL: Venezuela se encuentra en plena campaña electoral ya que está previsto un nuevo escrutinio presidencial el 14 de abril de 2013, en el cual se enfrentarán el actual Presidente encargado de la República, Nicolás Maduro, y el principal candidato de la oposición, Henrique Capriles.

EV: Este nuevo proceso electoral, no previsto, ocurre tras la desaparición del Presidente Chávez, conforme a lo que establece nuestra Constitución. Se mezclan varios sentimientos: el duelo, la tristeza y las lágrimas por la partida repentina de nuestro Presidente y el entusiasmo, la energía y la alegría propios de toda campaña electoral. Venezuela se encuentra en pleno debate de ideas, con confrontación de modelos y comparación de proyectos de sociedad, en un contexto marcado por circunstancias trágicas. Es una mezcla de sentimientos bastante rara, dictada por esta imprevisible realidad. Chávez era un tipo que respiraba y transmitía la alegría. Era a la imagen de su pueblo. La alegría forma parte de la idiosincrasia venezolana y lo invito a tomar parte en cualquier manifestación bolivariana de apoyo a la candidatura de Nicolás Maduro para percibir este fenómeno. El pueblo está convencido de que Chávez, a través de la elección de Nicolás Maduro, estará siempre entre nosotros, aunque nos faltará siempre su presencia física. Vivirá siempre en la esperanza del pueblo venezolano y en sus luchas por un mundo mejor.

SL: ¿Están unidas todas las fuerzas en torno a Nicolás Maduro?

EV: No tenemos ninguna duda sobre el sucesor de Hugo Chávez pues respetaremos escrupulosamente su voluntad. La Revolución Bolivariana seguirá su curso y la dirección que trazó el Presidente Chávez. Sin el mensaje de Chávez del 8 de diciembre de 2012, el 6 de marzo quizás hubiera sido un 27 de febrero social y político. Sólo podemos rendir tributo y homenaje a su capacidad de anticipar los eventos y a su visión del futuro. Algunos intentaron disuadirlo de pronunciar este mensaje durante su última alocución, en la cual pidió al pueblo bolivariano que eligiera a Nicolás Maduro como su sucesor en el caso de que él desapareciera.

SL: ¿Cuál fue la respuesta de Chávez?

EV: Se negó categóricamente a cambiar de decisión. «Le debo la verdad a mi pueblo», dijo. Se encontraba en Cuba y regresó únicamente para realizar esa alocución televisada y avisar al pueblo de que el cáncer había reaparecido y de que debía librar una nueva batalla. Pospuso la operación quirúrgica, con riesgo para su salud personal, para regresar a Venezuela y expresarse ante el pueblo. Sólo podemos darle las gracias por ello. Sabía que tenía que guiar otra vez a nuestros compatriotas.

SL: ¿Cómo ve usted este proceso electoral?

EV: Se trata de una nueva elección que Chávez va a ganar a través de Nicolás Maduro, pues es el estratega fundamental. Cual Cid, conseguirá la victoria. Es el Comandante no sólo desde un punto de vista metafísico. En efecto, antes del triste desenlace del 5 de marzo de 2013, Chávez ya había trazado el camino.

Hubiera podido viajar a Cuba para operarse sin decir nada. Nadie le pidió nada. Pero quiso hacerlo y anunciar la noticia al pueblo. Así, trazó el camino electoral para la Revolución pidiéndole al pueblo seguir a Nicolás Maduro y elegirlo como nuevo presidente. La voluntad de Chávez se traduce en el voto del pueblo que manifestó masivamente su dolor y tristeza en las calles esos últimos tiempos. Los venezolanos votarán con alegría, entusiasmo y esperanza por Nicolás Maduro el 14 de abril. No tengo duda alguna al respecto. La Revolución conseguirá otra vez un triunfo resonante.

SL: ¿Qué opina de la oposición que lidera Henrique Capriles?

EV: La oposición es una federación de ambiciones y de intereses heterogéneos, sólo unida por el odio a Chávez y al pueblo bolivariano. Es incapaz de comprender que vivimos en una época distinta y que no regresaremos a los tiempos pasados. Procede de los viejos partidos políticos, de las elites económicas y de la oligarquía y no admite perder el poder político que considera como su propiedad exclusiva. El factor racial y racista marca también a la oposición. No acaba de admitir que un negro pobre se encuentre en el centro del poder. El odio a Chávez resume todas las miserias morales de la condición humana: el racismo y el odio de clase, el odio a los pobres.

SL: El gobierno acusa a la oposición de encontrarse bajo la influencia de Washington. ¿En qué se basa?

EV: La oposición se somete a Washington y sigue sus directrices. Es fácil de demostrar. La señora Roberta Jacobson del Departamento de Estado, en una entrevista al diario español El País, puso en tela de juicio el sistema electoral venezolano, cuando todas las instituciones internacionales saludan su transparencia. Absolutamente todas, menos el Departamento de Estado de Estados Unidos. Inmediatamente, los medios privados antichavistas y la oposición empezaron a cuestionar nuestro sistema electoral, al cual siempre legitimaron pues participaron en las elecciones regionales de diciembre de 2012 y aceptaron los resultados del escrutinio. Ese mismo sistema les permitió ganar las elecciones en algunos Estados, aunque con ínfimo margen, como fue el caso del Estado de Miranda que dirige actualmente el candidato de la oposición Capriles. Se respetaron los escrutinios en todas partes, incluso cuando la oposición fue mayoritaria.

SL: La oposición acusa al Consejo Nacional Electoral de parcialidad.

EV: Este mismo Consejo Nacional Electoral que la oposición vilipendia tanto, que Capriles acusa de todos los males, es el que declaró vencedor al candidato de la oposición en el Estado de Miranda, es decir a Capriles. En realidad, la oposición sigue escrupulosamente las directrices de la señora Jacobson y ello explica las actuales campañas de desprestigio contra el Consejo Nacional Electoral. La oposición incluso ha pensado retirar a su candidato para desacreditar el proceso electoral. Corren algunos rumores al respecto. Capriles recibió instrucciones en ese sentido. Esperamos que mantenga su candidatura y que respete las reglas democráticas.

SL: ¿Capriles evaluó la posibilidad de retirar su candidatura?

EV: Según las informaciones de las cuales disponemos, se ha estudiado minuciosamente esa hipótesis. Capriles sabe que va a perder las elecciones del 14 de abril de 2013. Por supuesto, los políticos tienen proyectos a corto, mediano y largo plazo y Capriles querrá seguramente ser el referente de la oposición en la vida política venezolana, pero está consciente de que no tiene ninguna posibilidad de conseguir la victoria en el próximo escrutinio. También están convencidos de ello sus partidarios.

SL: En su opinión, Maduro ganará la elección del 14 de abril de 2013.

EV: No cabe la menor duda. Incluso es posible que alcancemos los 10 millones de votos, como homenaje a nuestro Comandante desaparecido. Muchas veces se minimizó, se despreció, se caricaturizó la capacidad de convocatoria de Chávez y la realidad mostró a esos sectores que estaban equivocados. Atribuían eso a mecanismo clientelista, a la compra de conciencias o al ejercicio de coacción sobre el aparato burocrático del Estado. Las manifestaciones del 6 de marzo, por su espontaneidad y carácter masivo, mostraron que no era cierto.

SL: Les medios privados de Venezuela y los medios occidentales se mostraron muy virulentos contra Chávez.

EV: Muchos descubrieron la superchería del discurso de los medios privados y de la oposición. Muchos comprendieron por fin que Chávez era un líder querido por la inmensa mayoría del pueblo porque era el mejor amigo de los pobres. El pueblo saludó su acción y su legado. La Historia le hará justicia a Chávez y lo considerará como uno de los grandes líderes de nuestro tiempo y de América Latina. Creo que ningún dirigente político fue tan maltratado y vilipendiado como Chávez. Veremos hasta dónde llegan en su afán de deslegitimar la democracia venezolana y el triunfo de Nicolás Maduro. Piensan poder aprovechar la ausencia física de Chávez y están convencidos de que el gobierno bolivariano de Maduro no será capaz de enfrentar la situación actual. Se van a quedar con las ganas porque la Revolución se beneficia de un apoyo popular extraordinario, de un apoyo militar fuerte, de un gobierno solidario, de instituciones sólidas y de un programa –el Plan de la Patria– que traza las grandes líneas para el siguiente mandato y condensa las propuestas del Comandante Chávez. No dudo ni un solo instante de nuestra fuerza, a pesar de las amenazas, pues Chávez dejo un legado de un extraordinario valor.

SL: ¿Por qué la oposición venezolana siempre se negó a aceptar la legitimidad de Hugo Chávez?

EV: La oposición siente un odio profundo por la democracia verdadera, a pesar de sus discursos litúrgicos al respecto. Se apega a los ritos pero se limita a ellos, es una democracia ritualista. En vez de enfrentar el sufragio popular, prefiere darle vueltas a un artículo de la Constitución e intentar subordinar la voluntad mayoritaria del pueblo a su interpretación particular y, sobre todo, falsa –como lo reconoció el Tribunal Supremo– tras la elección de Chávez en octubre de 2012 y su toma de posesión diferida a causa de su problema de salud. Ocurrió lo mismo con la toma de posesión del Presidente Nicolás Maduro.

La oposición piensa que todo debe cambiar tras la desaparición física del Comandante Chávez, olvidándose de la continuidad constitucional y de los principios elementales de la democracia que exigen que se respete la soberanía del pueblo. La oposición, que ya tuvo un comportamiento antidemocrático desde la llegada al poder de Hugo Chávez, pretende dictar cátedra sobre la democracia y cuestiona la legitimidad del poder actual. Es la misma oposición que organizó el golpe de Estado de abril de 2002 y que impuso una junta golpista cuyo «Presidente» [Pedro Carmona Estanga] prestó juramento no sobre la Constitución sino sobre un papel en blanco, porque rechazaba nuestra nueva Carta Magna, y que disolvió todos los poderes públicos. Esta oposición que reprimió al pueblo tras el golpe del 11 de abril de 2002 pretende dar lecciones sobre el concepto de democracia.

SL: A nivel internacional, Chávez desempeñó un papel importante, particularmente en América Latina.

EV: Chávez fue un gran dirigente político. Venezuela desempeña ahora un papel importante a nivel internacional y forma parte del legado de nuestro Comandante que intentamos desarrollar y profundizar. No tenemos ninguna duda de que con el liderazgo de Nicolás Maduro y el resto del equipo de dirección de la Revolución Bolivariana, seguiremos el mismo camino y reforzaremos esa herencia.

SL: La Revolución Bolivariana ha tejido lazos muy particulares con la Revolución Cubana y las relaciones entre Hugo Chávez y Fidel Castro superaban el vínculo político entre dos jefes de Estado. ¿Cómo se explica esta alianza entre Venezuela y Cuba?

EV: Conviene recordar que Hugo Chávez es ante todo un revolucionario y Cuba es un referente importante para todos los revolucionarios de nuestro continente, independientemente de los matices y particularidades de cada nación. Cuba es todo un símbolo. Es innegable que su famosa visita a La Habana en 1994 y el recibimiento generoso que le ofreció Fidel Castro, en el aeropuerto, lo marcaron profundamente. Chávez descubrió en Cuba una Revolución llena de amor y cariño. Una vez en el poder en 1999, Chávez hizo de Cuba su principal aliado con la firma de acuerdos estratégicos en 2000. Esos acuerdos constituyeron el marco para el progreso de todo el continente latinoamericano. La relación personal entre Chávez y Fidel supera el marco político. Es familiar.

SL: Chávez no vacilaba en calificar a Fidel Castro de padre espiritual.

EV: Efectivamente, y esta relación ha sido muy complementaria y nos ha permitido tomar lo mejor de la Revolución Cubana, una Revolución que surgió a mediados del siglo XX, e integrarla a la primera Revolución del siglo XXI. El lazo entre Chávez y Fidel simboliza también el lazo entre una Revolución adulta y una Revolución naciente, lo que es en definitiva una combinación virtuosa.

Se trata de una relación padre/hijo, en que el padre no sólo asesora al hijo, sino que aprende también de él y lo ve construir su proyecto de sociedad en circunstancias distintas, frente a una especial adversidad, como el hecho de tener nuestro Miami [bastión de la oposición cubana] en nuestro propio país. Los dos países se han enriquecido mutuamente pues ambas Revoluciones tienen sus propias particularidades y especificidades.

SL: La amistad personal entre Hugo Chávez y Fidel Castro también permitió acercar a ambos pueblos.

EV: Desde un punto de vista humano, las relaciones entre nuestros dos pueblos son extraordinarias. Pudimos apreciar la solidaridad de los médicos y profesores cubanos que se encuentran en Venezuela. Muchos pacientes venezolanos fueron a Cuba a operarse. Disponemos de intercambios en todos los campos posibles, sea la salud, la educación, la defensa, la cultura, la diplomacia, etc.

SL: ¿Se puede hablar de fusión entre ambos pueblos?

EV: Desde un punto de vista afectivo, sí. Ahora, es verdad que cada país tiene sus propias características, su propia historia. Nuestras instituciones son diferentes y las condiciones de desarrollo de nuestro proyecto bolivariano también. Nadie copia el modelo del otro, sencillamente porque es imposible calcar un modelo en un país diferente. No obstante, repito, el encuentro entre nuestros dos pueblos ha sido extraordinario. El capital humano cubano es impresionante y los médicos cubanos fueron verdaderamente solidarios. Eso es admirable. La experiencia de Fidel Castro y Raúl Castro, de todo el liderazgo cubano, permitió que se desarrollara la Revolución Bolivariana. Sólo podemos sentir admiración hacia el pueblo cubano. Esta relación especial permitió reforzar los lazos entre nuestros dos pueblos que comparten muchas aspiraciones comunes, la misma música, los mismos intereses culinarios y deportivos. A pesar de nuestros destinos históricos diferentes, nuestros pueblos se parecen mucho y Chávez y Fidel nos permitieron reencontrarnos.

SL: Venezuela ha apoyado mucho a Cuba, que enfrenta serias dificultades económicas. Fidel Castro calificó a Hugo Chávez del «mejor amigo que tuvo el pueblo cubano».

EV: Chávez siempre fue generoso con los pueblos. Tuvo que enfrentar todas las presiones de los sectores que deseaban que se mercantilizara la relación con Cuba. Pero Chávez es ante todo bolivariano y, por consiguiente, un latinoamericano. La oposición, que se reclama ahora de Bolívar, se olvida de que nuestro Libertador nunca pidió nada para contribuir a la emancipación de los pueblos. Esos «bolivarianos» de circunstancia se olvidan de que Bolívar recibió armas de Petion sin pagar un centavo.

SL: La oposición acusa precisamente al gobierno de regalarle el petróleo a Cuba.

EV: La oposición desea que pongamos término a las condiciones comerciales favorables que ofrecemos a nuestros hermanos cubanos y latinoamericanos. No regalamos nuestro petróleo a nadie. Lo vendemos a precios de mercado con facilidades de pago. Es algo normal y natural en las relaciones internacionales, sobre todo entre pueblos hermanos. Chávez fue un tipo extraordinario que rompió ese paradigma mercantil y lo sustituyó por un paradigma de la solidaridad.

SL: ¿Se mantendrá esta relación tras la desaparición de Chávez?

EV: No sólo se mantendrá esta relación sino que se profundizará más. Nuestros lazos con nuestros hermanos cubanos nunca han sido tan fuertes y se reforzarán aún más en el futuro.

La derecha racista y xenófoba, que vilipendia tanto a los cubanos, se quedará con las ganas. Imagínese el comportamiento mezquino de la oposición que coloca el tema de Cuba en la agenda electoral, sin darse cuenta que es una maniobra condenada al fracaso y cuyo alcance se limita a los sectores anticomunistas de la sociedad, que son una minoría. La oposición dispone de muchas tribunas mediáticas pero su influencia en el pueblo es muy limitada.

SL: Una última pregunta, Señor Ministro: ¿Venezuela está dispuesta a normalizar las relaciones con Estados Unidos?

EV: Venezuela expresó su voluntad de mejorar las relaciones con Estados Unidos. No obstante, hubo declaraciones y acciones por parte de Washington que hacen imposible esta normalización. Hubo declaraciones desafortunadas de la señora Roberta Jacobson y acciones hostiles por parte de agregados militares estadounidenses en Caracas que contactaron a militares venezolanos para invitarlos a conversar sobre la situación del país para influenciarlos, lo que constituye una grave injerencia en los asuntos internos de nuestra nación.

El gobierno venezolano se vio obligado a romper los canales de comunicación con Estados Unidos tras esas acciones hostiles. Parece que los halcones del Departamento de Estado imponen su agenda a las palomas en términos de política exterior, aunque creo que la injerencia y el intervencionismo son inherentes a las políticas de Washington. Venezuela tendrá relaciones normales y pacíficas con todos los países que respeten nuestra soberanía como nosotros respetamos la soberanía de las demás naciones. Es una condición sine qua non. Los principios no se negocian y como diría Augusto César Sandino, «la soberanía no se negocia y se defiende con las armas».

Tomado de Red Voltaire

 

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Abr 06 2013

¿Quién mató a Hugo Chávez? Por Eva Golinger

Publicado por Maggie en En Nuestra América

La tecnología de inducir cáncer como un arma existe. La decisión de “acabar” con el presidente Hugo Chávez fue tomada cuando desde Estados Unidos crearon la misión especial de inteligencia para Venezuela en 2006, asevera la prestigiosa y acreditada abogada, periodista y escritora venezolano estadounidense, célebre por sus certeros análisis sobre la realidad en Venezuela y América Latina.

Por Eva Golinger

A un mes de la desaparición física del presidente Hugo Chávez, siguen las sospechas y especulaciones sobre la verdadera causa de su fallecimiento. El presidente (E) de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, ha anunciado la formación de una Comisión Presidencial con “los mejores científicos y técnicos del mundo” para determinar si Chávez fue inoculado con la enfermedad del cáncer, causando su muerte. Maduro y otros miembros del Gobierno venezolano han expresado su certeza sobre la posible inoculación del cáncer, afirmando que solo faltan las “investigaciones científicas” para evidenciarlo.

¿Es posible que al presidente Chávez le hayan provocado su enfermedad, resultando en su asesinato? Para los escépticos de siempre, esta posibilidad parece un cuento de hadas, algo de ciencia ficción, hecho en Hollywood. No obstante, las innegables evidencias sobre el desarrollo del cáncer como un arma biológica, formulada para asesinar a líderes políticos no convenientes, existen. Más aún, informes internos del Gobierno de Estados Unidos demuestran de manera inequívoca que el Presidente Hugo Chávez era uno de los blancos principales de los más poderosos y nefastos intereses de Washington.

Como explicó el editor del diario Últimas Noticias en Venezuela, Eleazar Díaz Rangel, en su columna ‘¿Cáncer Inoculado?’ del 17 de marzo pasado, “muestras de la biopsia [de Chávez] enviadas a laboratorios especializados de Brasil, China, Rusia y, con nombre supuesto, EE.UU., coincidieron en que se trataba de células únicas, de un cáncer extremadamente agresivo y aparentemente desconocido”. La naturaleza agresiva y desconocida de la enfermedad del presidente Chávez, además de la inexistencia de una herencia de cáncer en su familia, apuntan claramente a la real posibilidad de que el líder de la Revolución Bolivariana haya sido asesinado.

En la mira imperial

Desde su primera victoria electoral, el Gobierno estadounidense tenía sus ojos puestos sobre Hugo Chávez. En principio, no confiaban en su discurso revolucionario, y desestimaban su capacidad de liderazgo y el cumplimiento de sus promesas. Aunque desde el 4 de febrero de 1992, cuando Chávez lideró una rebelión militar contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, cercano aliado de Washington, el Departamento de Estado lo tenía en su ‘lista negra’, calificándolo como “terrorista” y negando su obtención de una visa para viajar a territorio norteamericano, de igual manera, cuando ganó la presidencia de Venezuela en 1998, fue entregada su visa y lo invitaron a unirse al ‘club de los poderosos’. Chávez rechazó todas estas ofertas, que también vinieron a través de otros jefes de Estado de países aliados de Washington, como España, y poderosos empresarios interesados en mantener su dominación sobre el petróleo y el mercado venezolano.

Cuando fue evidente que el presidente Hugo Chávez no era ‘comprable’, activaron el plan para derrocarlo. Trabajando en conjunto con los empresarios, políticos y militares tradicionalmente aliados de Estados Unidos, ejecutaron un golpe de Estado contra Chávez en abril de 2002 con la intención de no solamente derrocarlo del poder, sino también asesinarlo. Documentos del Departamento de Estado de los días previos al golpe afirman que existía un plan para asesinar a Chávez durante el golpe. Incluso, el propio asistente secretario de Estado de ese momento, Otto Reich, ha afirmado que ellos sabían de un plan de magnicidio contra el presidente Chávez en 2002. El mismo Chávez contó una vez durante un discurso público que el embajador estadounidense Charles Shapiro, quien tuvo un papel principal como coordinador de la desestabilización en su contra, lo había llamado durante las semanas previas al golpe para informarle sobre el plan de asesinarlo que estaban preparando algunos sectores de la oposición. Parece que Washington estaba jugando el doble filo, por si acaso.

No obstante, debido al gran apoyo que tenía Chávez dentro del pueblo venezolano y las Fuerzas Armadas leales, ese plan de magnicidio fue impedido, y el golpe derrotado.

Pero el plan se mantenía activo. Washington incrementó su financiamiento multimillonario a grupos de la oposición, estableció una Oficina de Iniciativas hacia una Transición de la Agencia Internacional del Desarrollo de Estados Unidos (USAID) en Caracas y comenzó  a mover sus piezas dentro de los medios privados y la industria petrolera. De diciembre de 2002 hasta febrero de 2003 lograron el saboteo económico más dañino en la historia del país, casi destruyendo la industria petrolera y la empresa estatal PDVSA, causando más de 20.000 millones de dólares en daños a la economía venezolana. El Gobierno de Estados Unidos llamaba para “elecciones anticipadas”, para sacar al presidente Chávez, a pesar de que ese concepto no estaba previsto en la Constitución.

Luego de 64 días de saboteo, propaganda brutal a través de los medios privados las 24 horas al día y un colapso total de la producción y distribución interna de productos de consumo, el pueblo venezolano resistió y logró derrotar este segundo intento de romper su hilo constitucional. Chávez siguió en su cargo, para el cual fue elegido democráticamente, y el país comenzó a recuperarse del inmenso daño hecho por los opositores (ellos mismos se llamaban ‘la sociedad civil’) apoyados desde Washington.

El año siguiente, en mayo de 2004, un plan para asesinar al presidente Chávez fue descubierto e impedido por los cuerpos de seguridad de Venezuela. Más de 100 paramilitares colombianos fueron detenidos en una finca en las afueras de Caracas. La finca pertenecía al cubano-venezolano Robert Alonso, hermano de la famosa y rabiosamente antichavista María Conchita Alonso. Los colombianos, que dotaban uniformes de las Fuerzas Armadas venezolanas, habían sido contratados para asesinar al presidente Chávez en el palacio presidencial. Cinco años antes, en diciembre de 1999, el Gobierno de Colombia había advertido al presidente Chávez sobre un plan de paramilitares colombianos para asesinarlo durante una visita a la ciudad fronteriza de San Cristóbal.

“Hoy voy a San Cristóbal y ayer me llegó la información de que hay informaciones, valga la redundancia, de que pudiera haber en San Cristóbal un grupo de los paramilitares de Colombia”, denunció  el presidente Chávez en una entrevista matutina en la televisión Globovisión. La información “realmente fue oficial, nuestro embajador en Colombia, [Fernando Gerbasi] fue llamado por la cancillería colombiana en Bogotá hace mes y tanto y le comunicaron oficialmente que los paramilitares colombianos [...] tienen un plan para asesinar al presidente de Venezuela”, precisó. (Ver: ‘Paramilitares colombianos planean asesinar a Chávez’, www.panamaamerica.com.pa, 10/12/1999).

Para el 2005, Chávez se había convertido en un fuerte dolor de cabeza para el Gobierno estadounidense, y sus esfuerzos para derrocarlo no solamente no habían funcionado, sino que tuvieron el impacto contrario. La popularidad de Chávez seguía subiendo, su proyecto socialista bolivariano crecía y su influencia regional aumentaba. Ya para Washington Chávez no era un “asunto de preocupación”, sino un verdadero enemigo. Un documento del Centro de Estudios Estratégicos del Ejército de Estados Unidos de 2005, escrito por el coronel Max Manwaring, titulado ‘El socialismo bolivariano de la Venezuela de Hugo Chávez y la guerra asimétrica’, calificaba al presidente venezolano como un “inteligente competidor” contra quien tenía que combatir de forma “asimétrica”. Las reglas tradicionales de guerra no se aplicaban contra Chávez, tenían que inventar algo nuevo.

En 2006, la recién creada Dirección Nacional de Inteligencia, que coordinaba las 16 agencias de inteligencia en Estados Unidos, nombró tres misiones especiales de inteligencia que merecían una atención extra debido a su alto interés estratégico. Las misiones se trataban de países: una para Irán, otra para Corea del Norte, y la tercera para Venezuela y Cuba. Sin duda Irán y Corea del Norte son enemigos abiertamente declarados por Washington, y hasta Cuba también, aunque no representa ninguna amenaza real a la seguridad estadounidense. Pero la inclusión de Venezuela en esta operación de inteligencia del rango más alto del Gobierno estadounidense no tenía lógica, al menos que Washington ya hubiera declarado en secreto al presidente Hugo Chávez como un blanco directo de sus acciones clandestinas.

Esta misión especial de inteligencia ha sido manejada con el más alto nivel de secretismo dentro del Gobierno estadounidense. Se supo que ha sido encabezada por veteranos de la CIA de profunda capacidad, incluyendo a Norman A. Bailey, quien con más de 25 años en operaciones clandestinas en la CIA durante la Guerra Fría, pertenecía a la elite de la inteligencia estadounidense. Un documento de la Dirección Nacional de Inteligencia del 23 de agosto de 2010 explicó que estas misiones para Corea del Norte, Cuba-Venezuela e Irán “lideran la comunidad de inteligencia en un nivel estratégico… Sus áreas de interés están designadas como blancos de alta prioridad por los más altos niveles del Gobierno”.

En el caso de Venezuela, a diferencia de Corea del Norte, Irán y Cuba, Washington tenía acceso directo a todos los sectores de la sociedad y también dentro del Gobierno venezolano. Con su financiamiento multimillonario ha seguido alimentando la desestabilización en el país y manteniendo a la oposición viva. También intentaban infiltrar y penetrar las Fuerzas Armadas venezolanas para reclutar espías y provocar rebeliones contra el presidente Chávez. En 2006 y más recién en marzo de 2013, cuatro agregados militares que estaban trabajando desde la embajada de Estados Unidos en Caracas fueron expulsados por el Gobierno venezolano por sus actividades injerencistas.

Desde el Congreso de Estados Unidos en Washington, varios congresistas exigían acciones agresivas contra Venezuela para socavar al Gobierno de Chávez, particularmente el excongresista del estado de Florida, Connie Mack, quien insistió –sin éxito– en incluir a Venezuela en la lista de ‘Estados terroristas’ de la Casa Blanca. En 2009, el Pentágono firmó un acuerdo militar con Colombia para ocupar siete bases militares en su país. Un documento de la Fuerza Aérea de Estados Unidos afirmó que el uso de una de esas bases en Palanquero, Colombia, sería para “combatir a los Gobiernos antiestadounidenses en la región”, haciendo referencia a Venezuela. En varias ocasiones durante los últimos años, el presidente Chávez denunció la incursión no autorizada de aviones y buques militares estadounidenses en territorio venezolano.

Otros planes de magnicidio contra el presidente Chávez fueron denunciados y desmontados a lo largo de estos años, cada uno fracasando al ser descubierto. Mientras tanto, la misión especial de inteligencia de Estados Unidos ha seguido haciendo su trabajo clandestino y meticuloso contra su blanco de alta prioridad: Hugo Chávez.

Cáncer como arma

Documentos parcialmente desclasificados del Ejército de Estados Unidos del año 1948 evidencian cómo exploraron “la posibilidad de utilizar venenos radioactivos para asesinar a ‘personas importantes’, como líderes militares o civiles”. Así lo reseñó el periodista Robert Burns de la Associated Press el martes 9 de octubre de 2007, luego de analizar los documentos obtenidos por la agencia norteamericana.

“Aprobados por los niveles más altos del Ejército estadounidense en 1948, el esfuerzo formó parte de la búsqueda secreta de los militares para un ‘nuevo concepto de guerra’ usando materiales radiactivos de la bomba atómica para contaminar franjas de tierra enemiga o para utilizar contra bases militares, fábricas o tropas enemigas”.

 

“Entre los documentos entregados a la AP -una nota del Ejército de fecha 16 de diciembre de 1948 y clasificada secreta- se describe un programa intensivo para desarrollar una variedad de usos militares de los materiales radiactivos… La cuarta prioridad del ‘ranking’ fue ‘municiones para atacar a los individuos’ usando agentes radiactivos para los que ‘no hay curas ni terapia.’”

También el escritor e investigador Percy Alvarado ha revelado cómo el cáncer como arma continuaba siendo un área importante de estudio y desarrollo para el Gobierno estadounidense a través del Departamento de Investigaciones del Cáncer en las instalaciones del Fuerte Detrick, en Frederick, Maryland. El Fuerte Detrick es conocido por ser el centro de la guerra biológica del Pentágono, donde han desarrollado diferentes enfermedades letales e incluso actualmente está siendo investigado por la muerte de más de 600 personas que viven en las zonas residenciales cercanas a las instalaciones militares. Estas personas, entre muchas más, han muerto todas de cáncer, y sospechan que desde el Fuerte han botado sus tóxicos en el agua que luego es suministrada a las zonas residenciales. Los exámenes del agua en las zonas alrededor del Fuerte Detrick han evidenciado un alto nivel de tóxicos que causan cáncer, incluso más de 3.000 veces de lo que debería ser para ser potable.

En su texto ‘Cáncer inducido, ¿un arma de la CIA?’ del 29 de diciembre del 2011, Alvarado destaca como desde 1975 en las instalaciones especiales en Fuerte Detrick, las “investigaciones ultra secretas están encaminadas a desarrollar un programa especial de virus del cáncer, sumamente agresivo y letal… La insistencia de estos laboratorios en lograr los mecanismos para elaborar artificialmente células malignas o cancerígenas, sumamente invasivas y capaces de propagarse en el organismo desarrollando una metástasis incontenible, se ha mantenido a lo largo de más de cuatro décadas”.

Un artículo en la revista electrónica ‘Slate Magazine’ sobre la posibilidad de inducir cáncer, afirma que “aunque es difícil inducir cáncer en un enemigo, ciertamente es muy posible aumentar sus posibilidades de desarrollar la enfermedad. La opción más efectiva sería la radiación”. Desde luego, hablan de la posibilidad de implantar un mecanismo que emite radiación dentro del cuerpo del adversario. En lo alternativo, dice Slate, “podrías contaminar la dieta de la víctima con altos niveles de aflatoxinas, asociadas con cáncer de hígado. O podrías infectarlo con cualquier cantidad de agentes biológicos que causan cáncer”.

El investigador y periodista Jeremy Bigwood explicó que “hay muchos agentes que causan cáncer que fueron convertidos en armas en Estados Unidos en Fuerte Detrick, el Arsenal de Edgewood y otras bases militares y centros del Departamento de Energía. Por ejemplo, micotoxinas (de hongos tóxicos) fueron convertidas en armas. Las micotoxinas T2 pueden producir necrosis en el tejido que penetran y convertirse en cáncer cuando no son inmediatamente letales”.

La tecnología de inducir cáncer como un arma existe. La decisión de “acabar” con el presidente Hugo Chávez fue tomada cuando desde Estados Unidos crearon la misión especial de inteligencia para Venezuela en 2006. Desde luego, han buscado la forma de lograrlo. Por supuesto que existe la posibilidad de que el cáncer que acabó  con la vida del presidente Chávez haya sido causado por factores naturales, sin inoculación, sin provocación y sin inducción. Pero difícil es negar la abrumadora evidencia que indica todo lo contrario. Ojalá las investigaciones científicas serias y exactas logren poner fin a este misterio.

Tomado de RT Actualidad

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Abr 04 2013

Chávez invicto

Publicado por Maggie en En Nuestra América

Por José Steinsleger

“Cuartel de la Montaña”, Caracas. El hombre que a inicios del siglo pasado ordenó la construcción de este histórico y bello fortín erigido en una colina estratégica de la capital, fue el recio presidente Cipriano Castro (1858-1924), inspirador de uno de los instrumentos jurídicos más coherentes de América Latina: la Doctrina Drago (1902).

La Doctrina Drago establece que ningún Estado extranjero puede usar la fuerza contra una nación americana con la finalidad de cobrar una deuda financiera. Concebida a partir de las ideas del jurista uruguayo Carlos Calvo (1824-1906), la doctrina fue anunciada por el canciller argentino Luis María Drago a raíz de tres hechos que cimbraron el escenario político de la época.

Primero: la decisión soberana de suspender el pago de la deuda contraída con Alemania y Holanda, por las castas racistas y antibolivarianas de Venezuela. Segundo: el bloqueo naval de las potencias europeas (y el México de Porfirio Díaz), a los puertos del país andinocaribeño.

Tercero: la negativa de Washington, que así como en la guerra de Malvinas en 1982, apoyó a las naciones “civilizadas” negándose a ejecutar la hipócrita Doctrina Monroe (América para los americanos, 1823).

Gran reformador social, Cipriano Castro rigió su gobierno bajo el lema “nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos”. Sin embargo, la firme defensa de la soberanía le representó a este hombre que fue amigo de José Martí, Justo Arosemena, José Santos Zelaya y Eloy Alfaro, una satanización similar a la que en vida le prodigaron a Hugo Chávez los contratistas intelectuales de la franquicia imperial Vargas Llosa, Krauze & asociados.

Según el estadunidense William Sullivan, biógrafo de Castro, los diarios, semanarios y revistas del mundo dedicaron a Cipriano cerca de 3 mil caricaturas que no lo bajaban de “autócrata”, “simio”, “caudillo”, “dictador”. Traicionado por su compadre de armas Juan Vicente Gómez (quien con el beneplácito de las petroleras de Rockefeller dio un golpe de estado y retuvo el poder hasta su muerte en 1935), don Cipriano marchó al exilio y tras largo peregrinar falleció de una rara enfermedad en Puerto Rico solo, triste, y olvidado.

Pero la historia suele volver de un modo justiciero sobre los pasos perdidos de la dignidad nacional y popular. En febrero de 2002, al cumplirse cien años de aquel infame bloqueo, el gobierno de la revolución bolivariana trasladó los restos de Cipriano Castro al Panteón Nacional. Y desde hace pocos días, los del propio Chávez reposan en este cuartel que parece de juguete, y donde el 4 de febrero de 1992 la historia de América Latina pegó, sorpresivamente, un golpe de timón.

En Cuentos del Arañero (2012), el jefe de aquel movimiento de patriotas que los periodistas higiénicos califican de “golpe”, recuerda el momento: “Chávez, ahora hay que tener cuidado porque la orden es que salga de aquí muerto… Cuando me dicen que la orden es matarme y los F-16 pasaban muy bajito, entonces ahí me llegó la idea de la muerte… ¿y saben qué recuerdo? Un pensamiento rápido: Rosita, María, Huguito, yo hoy no muero”.

Sincrónicamente, seis días después de la muerte de Chávez falleció Simón Alberto Consalvi, viejo intelectual de la antigua república, historiador, periodista y dos veces canciller de Venezuela (1974/1985). Enemigo del chavismo, Consalvi empieza uno de sus ensayos con un epígrafe de Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar: “Todos los militares de talento envainan la espada, para abrir los libros” (1830).

¿Por qué no pudieron pensadores como Consalvi reconocer esas dotes en el líder de la revolución bolivariana? Desafortunadamente, pudo más su lealtad con la runfla de politiqueros del Departamento de Estado (un Rómulo Betancourt, un Carlos Andrés Pérez), prefiriendo que Chávez sea asociado a las ocurrentes ideas que Sullivan atribuye a Cipriano Castro: “El Partido Liberal es el de las grandes conquistas, el partido que fundó el hijo del carpintero en Belén, en los valles de Palestina”.

Insondables relaciones entre liderazgo político y religiosidad popular. Y más cuando la televisión pública, de cara a las elecciones del 14 de abril, empieza a transmitir un “spot” en el que Chávez llega triste al paraíso, pero cambia de semblante cuando se abraza con su abuela Rosa Inés, el cacique Guaicaipuro, Salvador Allende, Eva Perón, el Che Guevara y el baladista Alí Primera, autor del verso que el presidente Nicolás Maduro recordó en la capilla ardiente: “los que mueren por la vida no están muertos”.

Para llegar a este sitio ubicado en uno de los barrios más combativos de la ciudad, resulta imposible esquivar el enorme grafiti que reza con la respuesta que Bolívar le dio al general Páez en 1819: “Lo imposible es lo que nosotros tenemos que hacer, porque de lo posible se encargan los demás todos los días”.

Miles de personas llegan a diario a este lugar. La mayoría son hombres y mujeres de verdad. Tocan el sarcófago de mármol negro que custodian cuatro húsares vestidos de rojo, renuevan su fe en la revolución, y por el llanto y dolor que los parte en dos dejan pocas dudas que, para sus adentros, se dicen: si él pudo morir invicto… ¿por qué nosotros no?

Tomado de La Jornada

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Abr 04 2013

Chávez, su legado y la guerra de símbolos

Publicado por Maggie en En Nuestra América

Excelente artículo. De imprescindible lectura. Dice bien su autor: “La misma derecha que vilipendió y secuestró el pensamiento del libertador y lo transformó en un nicho vacío, intenta apropiárselo y usarlo contra quien le dio carácter humano y popularizó su significado político”

Por Carlos Fazio

Caracas. Fue un subversivo en palacio. Un pacifista subversivo. Un militar patriota con gran coherencia entre el decir y el hacer. Como se opuso a reproducir la voz del amo imperial, la elite racista venezolana lo demonizó y estigmatizó: lo llamó loco, negro, zambo, gorila, ordinario, incivilizado. Vía el terrorismo mediático, la plutocracia subordinada y apátrida envenenó a la sociedad con su odio de clase y la polarizó.

Hombre radical, de pensamiento crítico y audaz acción política, Hugo Chávez siempre dio la cara y se hizo responsable de sus actos. Como no tuvo precio, no lo pudieron comprar. Adversario del consenso de Washington y el pensamiento único neoliberal, rompió paradigmas. Y, con Gramsci, se dedicó a construir en su país una nueva hegemonía cultural, ética, democrática de los símbolos y las palabras. Donde decía globalizados puso patria, donde decía emprendedores, clase social. Iconoclasta, antidogmático, soñaba con una sociedad justa, de iguales. Con un nuevo Estado social que no fuera calco ni copia. En su vía pacífica hacia un nuevo Estado del bienestar socializado, utilizó la metodología de Simón Rodríguez: inventar y errar. Cuando erró supo rectificar; los grandes logros de sus inventos son invaluables todavía.

Fue el gran educador de una nueva civilidad. Llevó a cabo una auténtica pedagogía popular, crítica, de masas. Utilizó los medios −la televisión en particular− para debatir y concientizar; para desenajenar. Mantuvo un diálogo permanente con los pobres, en quienes inculcó un espíritu histórico, participativo, solidario. Puso el acento en lo colectivo, en lo horizontal organizado. Irradió su pensamiento más allá de las fronteras nacionales y defendió la identidad cultural de Nuestra América, la Patria Grande latinoamericana.

Fue el constructor de una nueva arquitectura social. En el seno de un Estado petrolero rentista y clientelar, patrimonialista y vertical, impulsó una revolución democrática. Con eje en un profundo cambio en la correlación de fuerzas, llevó a cabo la transformación del Estado-máquina, utilizándolo como organizador de lo común, de lo civil. De la sociedad. Con el pueblo movilizado generó una nueva institucionalidad y redistribuyó los ingresos de la renta petrolera.

Es el suyo un modelo original inconcluso, con sus defectos, vacíos y contradicciones. Chávez concebía el socialismo como una obra de arte. Pensaba que no podía haber soluciones en países aislados ni socialismo en un solo país. Por eso, combinó el nacionalismo revolucionario con el marxismo de Marx, el cristianismo popular y la integración regional bolivariana. Al antimperialismo fundacional sumó una base material subregional, con énfasis en las complementariedades y la identidad cultural: ALBA, Petrocaribe, Unasur, Banco del Sur, el Sucre, Telesur, el nuevo Mercosur, la Celac…

Acusado de dictador por sus detractores, durante sus gobiernos hubo exceso de democracia (Lula dixit). En menos de tres lustros ganó 14 elecciones de 15. Además, se jugó el pellejo por los más humildes. En lo personal decía que le gustaba vivir viviendo la vida. Nunca se quejó. Pero lloró a solas frente a un espejo cuando Fidel le dijo que tenía cáncer.

Murió invicto. Y en lo único que todos coincidieron es en que fue un líder carismático. Álvaro García Linera dice que el liderazgo carismático no es una forma de mitología de las personas −como insiste con fines diversionistas el publicista de Televisa y la ultraderecha hemisférica Enrique Krauze−, sino la sintonía entre el accionar del líder y la voluntad nacional general de la sociedad. Su muerte, ahora, deja un vacío. La pregunta es, ¿qué sigue? Immanuel Wallerstein arriesga que los seguidores de Hugo Chávez intentarán garantizar la continuación de sus políticas institucionalizándolas. Lo que Max Weber llamaba la rutinización del carisma. Pero para un pueblo en movimiento detenerse es retroceder; el enemigo retoma la iniciativa.

De hecho, de cara a los comicios del 14 de abril entre el oficialista Nicolás Maduro Moros y el opositor Henrique Capriles Radonski, la guerra mediática arrecia en el plano simbólico y el uso de imágenes. Venezuela sigue siendo un laboratorio de la guerra de cuarta generación; de la guerra sicológica. En la coyuntura, el especialista en campañas negativas y guerra sucia electoral, Juan José Rendón y los expertos estadounidenses en manipulación de masas, intentan apropiarse de la simbología chavista y enfrentar al mito Chávez con Simón Bolívar.

En una maniobra de distracción y confusionismo ideológico, ante la imposibilidad de ganar los comicios, la misma derecha que vilipendió y secuestró el pensamiento del libertador y lo transformó en un nicho vacío, intenta apropiárselo y usarlo contra quien le dio carácter humano y popularizó su significado político. Si antes se apropiaron de la palabra camino (una de las más usadas por Chávez), la designación del comando de campaña de Capriles con el nombre de Simón Bolívar intenta explotar la dicotomía Chávez/Bolívar.

A la falsificación de la realidad y el uso de referentes simbólicos (incluida la bandera) se suma la estereotipación propia de las operaciones sicológicas. Si Chávez era el inquilino de Miraflores, Maduro es el encargado en palacio y el hombre de Cuba en Venezuela. Al asesinato moral de Chávez (vía CNN, Globovisión, El País, Televisa et al) y la reducción de Maduro a un sacerdote más del culto chavista (Krauze), la reacción suma elementos como reconciliación y diálogo, atribuyendo al otro el odio entre las familias y la catástrofe económica. Caldo de cultivo que en la fase poselectoral podría derivar en denuncias de fraude y desconocimiento de resultados, para generar caos y desestabilización social y facilitar la tipificación de Venezuela como un Estado forajido o canalla a ser intervenido humanitariamente por Washington y sus aliados de la OTAN. En el fondo, es el petróleo, claro.

Tomado de La Jornada

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Abr 03 2013

Chávez, la epifanía

Publicado por Maggie en En Nuestra América

POR IGNACIO RAMONET. Le Monde Diplomatique

“Como en sí mismo al fin la eternidad lo cambia” (1), Hugo Chávez, fallecido el pasado 5 de marzo en plena gloria política, se reúne a partir de ahora y para siempre, en el imaginario de los humildes de América Latina, a la pequeña cohorte de los grandes defensores de la causa de los pueblos: Emiliano Zapata, Che Guevara, Salvador Allende…

Fue sin duda el dirigente político más célebre de su tiempo. Lo cual no significa que su pensamiento y su obra hayan sido reconocidos. Porque fue también el líder más odiosamente atacado y satanizado por los grandes medios de comunicación dominantes. Si su trayectoria política, desde que llegó al poder en Venezuela en 1999, ha sido relativamente bien estudiada, no ocurre lo mismo con los periodos anteriores de su primera vida. ¿Cómo surge Chávez? ¿Dónde se formó?¿Qué influencias recibió? ¿Cuándo decidió conquistar el poder? Estos aspectos de su epifanía, es lo que quisiéramos recordar aquí.

En un principio, nada deparaba a Hugo Chávez su destino tan singular. En efecto, vino al mundo en el seno de una familia muy pobre en lo más recóndito del “lejano oeste” venezolano, en Sabaneta, un pequeño pueblo de los Llanos, esas llanuras infinitas que se extienden hasta el pie de los Andes. Cuando nació, en 1954, sus padres no habían cumplido veinte años. Maestros interinos en una aldea perdida, mal pagados, tuvieron que confiar a sus dos primeros hijos (Hugo y su hermano mayor Adán) a la abuela paterna de los niños. Rosa Inés, mestiza afroindígena, los crió hasta la edad de quince años. Persona muy inteligente, muy pedagoga, dotada de una notable sensatez y desbordante de amor, esta abuela ejerció una influencia determinante en la educación del pequeño Hugo.

A las afueras del pueblo, Rosa habitaba una casa amerindia de suelo de tierra, muros de adobe y cubierta de hojas de palma. Sin agua corriente, ni electricidad. Desprovista de recursos pecuniarios, vivía de la venta de unos pasteles que ella misma elaboraba con las frutas de su pequeño jardín. De tal modo que, desde su temprana infancia, Hugo aprendió a trabajar la tierra, podar las plantas, cultivar el maíz, cosechar los frutos, ocuparse de los animales… Se impregnó del saber agrícola ancestral de Rosa Inés. Participaba en todas las tareas del hogar, iba a por agua, barría la casa, ayudaba a hacer los pasteles… Y, desde que tuvo siete u ocho años, fue a venderlos recorriendo las calles de Sabaneta, pregonando a las salidas del cine, la gallera, el juego de bolos y el mercado…

Este pueblo, “cuatro calles de tierra -contará Chávez-, que, en invierno, se transformaban en lodazales apocalípticos” (2)- representaba, para el joven Hugo, todo un mundo. Con sus jerarquías sociales: los “ricos” vivían en la parte inferior de la ciudad en edificios de piedra de varias plantas; los pobres en la ladera de la colina en cabañas cubiertas de paja. Con sus diferencias étnicas y de clase: las familias de origen europeo (italianos, españoles, portugueses) poseían los principales comercios así como las escasas industrias (serrerías), mientras que los mestizos constituían la masa de la mano de obra.

Su primer día de escuela se quedó grabado para siempre en la memoria de este “poquita cosa” (3) venezolano: fue expulsado por llevar alpargatas de cáñamo y no zapatos de cuero como correspondía… Pero supo tomarse la revancha. Su abuela le había enseñado a leer y a escribir. Y, muy rápidamente, se impuso como el mejor alumno del grupo escolar, convirtiéndose en el ojito derecho de las maestras. Hasta tal punto que, durante una visita solemne del obispo de la región, los docentes lo eligieron para que leyese la alocución de bienvenida al prelado. Su primer discurso público…

También le habló mucho su abuela de historia. Incluso le mostró sus vestigios en Sabaneta: el gran árbol centenario a la sombra del cual Simón Bolívar descansó antes de su hazaña del Paso de los Andes en 1819; y las calles donde todavía resonaba el galope de los fieros jinetes de Ezequiel Zamora cuando pasaron por allí rumbo a la batalla de Santa Inés en 1859. Así, el pequeño Hugo creció con el culto a estas dos personalidades: el Libertador, padre de la independencia; y el héroe de las “guerras federales”, defensor de una reforma agraria radical a favor de los campesinos pobres cuyo grito de guerra era: “¡Tierra y hombres libres!” Además, Chávez conocerá que uno de sus antepasados participó en esa famosa batalla y que el abuelo de su madre, el coronel Pedro Pérez Delgado, alias Maisanta, muerto en prisión en 1924, fue un guerrillero muy popular en la región, una especie de Robín de los Bosques que despojaba a los ricos para abastecer a los pobres.

No hay determinismo social automático. Y Hugo Chávez, con esta misma infancia, hubiese podido tener un destino totalmente distinto. Pero ocurrió que, desde muy pequeño, su abuela le inculcó fuertes valores humanos (solidaridad, ayuda mutua, honestidad, justicia). Y le transmitió lo que podríamos llamar un poderoso sentimiento de pertenencia de clase: “Siempre supe dónde estaban mis raíces -dirá Chávez-, en las profundidades del mundo popular; de ahí vengo. Nunca lo olvidé” (4).

Cuando ingresa en el instituto, el joven Hugo abandona Sabaneta y se instala en Barinas, capital del Estadodel mismo nombre. Nos hallamos en 1966, la guerra de Vietnam está en la portada de todos los periódicos y Che Guevara va a morir pronto en Bolivia. En Venezuela, donde la democracia se restableció en 1958, también abundan las guerrillas; numerosos jóvenes se unen a la lucha armada. Pero Chávez es un adolescente que no se interesa por la política. En esa época, sus tres ardientes pasiones son: los estudios, el béisbol y las chicas.

Fue un bachiller brillante, sobre todo en las asignaturas de ciencias (matemáticas, física, química). Le encantaba dar clases de recuperación a sus compañeros menos capacitados. A lo largo del tiempo, irá adquiriendo un gran prestigio en el instituto debido a sus buenas notas y a su sentido de la camaradería. Las diferentes organizaciones políticas del instituto -entre las que se hallaba la de su propio hermano Adán, militante de extrema izquierda- se peleaban por incorporarlo. Pero Chávez sólo pensaba en el béisbol. Estaba literalmente obsesionado por ese deporte. Fue un temible “pitcher” (lanzador) zurdo, y participó con éxito en los campeonatos escolares. Hasta la prensa local hablaba de él, de sus éxitos deportivos. Lo que confortaba su aura personal.

Durante estos años de instituto, su personalidad se consolidó, se afirmó. Era una persona segura de sí misma, se expresaba bien en público, manejaba el humor y se sentía cómodo en todas partes. Se convirtió en lo que llamamos un “líder natural”, primero de la clase y excelente en deportes. Como deseaba ser un profesional del béisbol, una vez obtenido su bachillerato, optó por pasar el examen de ingreso a la Academia Militar, porque allí estaban los mejores entrenadores del país. Aprobó. Y así fue como, en 1971, aquel joven procedente de tan lejana provincia llegó a Caracas, capital tan futurista y aterradora a sus ojos como la Metrópolis de Fritz Lang.

Las cuestiones militares le apasionaron de inmediato. Se olvidó del béisbol. Chávez se entregó en cuerpo y alma a los estudios militares. Éstos acababan de ser modificados. Ahora la Academia sólo admitía a bachilleres. El cuerpo profesoral también se había renovado. Enseñaban allí los oficiales superiores considerados “menos seguros” o “más progresistas” por las autoridades que se negaban a colocar tropas bajo sus órdenes… pero que no dudaban en confiarles la formación de los futuros oficiales… Desde 1958, después de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, los principales partidos -en particular Acción Democrática (socialdemócrata) y Copei (democracia cristiana)- habían establecido un acuerdo entre sí, el pacto de Punto Fijo, y se habían repartido el poder alternativamente. La corrupción era general. En 1962, estallaron dos rebeliones de oficiales, aliados a organizaciones de extrema izquierda, en Puerto Cabello y en Carúpano. Otros militares se unieron a las diversas guerrillas en las montañas. La represión fue atroz. Las ejecuciones sumarias, la tortura y las “desapariciones” se volvieron moneda corriente. La presencia de representantes de Estados Unidos era muy ostensible, no sólo en los sitios petroleros, sino en el seno mismo del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. También la Central Intelligence Agency (CIA) envió allí a varios agentes y ayudó a perseguir a los insurgentes.

Chávez absorbió literalmente la enseñanza teórica que recibió en la Academia. Uno de sus profesores, el general Pérez Arcáis, gran especialista en Ezequiel Zamora, ejerció en él una influencia determinante. Lo educó al bolivarianismo. Chávez leyó toda la obra de Bolívar. La aprendió de memoria. Era capaz de reproducir detalladamente, sobre un mapa, con los ojos cerrados, la estrategia de cada una de sus batallas. También leyó a Simón Rodríguez, el maestro enciclopedista de Bolívar. Y pronto desarrolló su tesis de las “tres raíces”: Rodríguez, Bolívar y Zamora. De los textos políticos de estos tres autores venezolanos, extrajo las tesis de la independencia y de la soberanía; de la justicia social, de la inclusión, de la igualdad; y de la integración latinoamericana. Tesis que se convirtieron en los pilares principales de su proyecto político y social.

Chávez poseía una mente de científico y una memoria prodigiosa. No tardó en convertirse en uno de los mejores estudiantes y en el “líder” de los cadetes de la Academia. Leyó (a escondidas) a Marx, Lenin, Gramsci, Fanon, Guevara… Y se puso a frecuentar, fuera de la Academia, distintos círculos políticos de extrema izquierda: el Partido Comunista (PCV), La Causa R, el Movimiento Izquierda Revolucionaria (MIR), el Movimiento al Socialismo (MAS)… Se reunía clandestinamente con sus dirigentes. De nuevo, cada uno de ellos quiso incorporarlo a su organización, ya que el entrismo en las Fuerzas Armadas siempre fue una ambición izquierdista. Después de haber estudiado bien las rebeliones militares en Venezuela, Chávez se convenció de que era posible tomar el poder para acabar de una vez con la pobreza endémica. Pero el único modo de evitar las derivas “gorilistas” (dictaduras militares de derechas) consistía en forjar una alianza entre las fuerzas armadas y las organizaciones políticas de izquierdas. Esta será su idea matriz: la “unión cívico-militar”.

Examinó la experiencia en el poder de los militares revolucionarios de izquierdas en Latinoamérica, en particular: Jacobo Arbenz en Guatemala, Juan José Torres en Bolivia, Omar Torrijos en Panamá y Juan Velasco Alvarado en Perú. Se reunió con éste en Lima, durante un viaje de estudios, en 1974, y quedó fuertemente impresionado por él. Hasta el punto de que, veinticinco años después, una vez en el poder, hizo editar la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, aprobada por referéndum en 1999, en el mismo formato y color que el célebre “pequeño libro azul” de Velasco Alvarado…

Chávez había ingresado en la Academia Militar sin la menor cultura política, pero salió de ella cuatro años más tarde, en 1975, a la edad de 21 años, con una sola idea en la mente: terminar de una vez con aquel régimen injusto y corrupto, y refundar la República. A partir de ese momento, ya todo estaba muy claro. Tanto política como estratégicamente. Portaba en él el proyecto bolivariano de reconstrucción de Venezuela.

Pero su epifanía tendría aún que esperar veinticinco años. Veinticinco años de conspiraciones silenciosas en el seno de las Fuerzas Armadas. Y el efecto de cuatro acontecimientos decisivos: la gran revuelta popular -el “Caracazo”- contra la terapia de choque neoliberal en 1989 (5); el fracaso de la rebelión militar de 1992; la fecunda experiencia de dos años de cárcel, y el encuentro, en 1994, con Fidel Castro. A partir de ahí, su victoria electoral era ineluctable. Lo cual se verificará en diciembre de 1998. Porque, afirmaba Chávez citando a Victor Hugo, “no hay nada más poderoso en el mundo que una idea a la que le llegó su hora”.

Notas

(1) Verso de Stéphane Mallarmé, extraído de Le tombeau d’Edgar Poe (1877)
(2) Conversaciones con el autor.
(3) Cf. Alphonse Daudet, Poca cosa (1868), novela autobiográfica.
(4) Conversaciones con el autor.
(5) Dictada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) e impuesta por el presidente socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, esta “terapia de choque” fue un verdadero plan de ajuste estructural que se tradujo en medidas de austeridad, un desmantelamiento del embrión del Estado del bienestar y el alza de los precios de los productos de primera necesidad. El 27 de febrero de 1989, la población de Caracas se sublevó. Fue la primera rebelión en el mundo contra las políticas neoliberales. El gobierno “socialista” recurrió al Ejército. La represión fue feroz: más de 3 000 muertos. Hugo Chávez dirá: “El pueblo se nos adelantó. Y el gobierno utilizó a los militares como si fuesen un Ejército de invasión del FMI contra nuestros propios ciudadanos.”

Ignacio Ramonet es Periodista franco-español. Presidente del Consejo de Administración y director de la redacción de “Le Monde Diplomatique” en español. Editorial Nº: 210 abril de 2013

Tomado de Question Digital

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Abr 03 2013

¿Asesinaron a Chávez como al papa Juan XXIII creador del Concilio Vaticano II?

Publicado por Maggie en En Nuestra América

Otro interesante análisis respecto a la casi certeza de que a Chávez lo mataron. Aporta elementos dignos de aquilatar, sobre todo por aquellos que dudan o se niegan a aceptar esa posibilidad

Por Pedro Echeverría V.

1. El Papa Juan XXIII murió de cáncer en el estómago en junio de 1963, 50 años antes que Hugo Chávez. Advierto que de ciencias médicas sé lo que la mayoría de la población por intuición sabe y no puede probar; pero a partir de muchas lecturas y reflexiones se puede pensar que muchas enfermedades son heredadas, contagiadas y transferibles a propósito. Hace 50 años, en una madrugada de junio de 1963 –con miembros del PCM- salimos a pintar las bardas en Mérida con la consigna: “Asesinan al Papa”. Una señora madrugadora nos reclamó preguntando: ¿Piden que asesinen al Papa? Respondimos de inmediato: No señora, es el imperialismo de EEUU el que está asesinando al Papa porque el Concilio Vaticano II está condenando al imperialismo yanqui y la corrupción imperante al interior de la Iglesia. No le habló a la policía y nosotros seguimos pintando.

2. Juan XXIII apenas estuvo cuatro años en el papado, de 1959 a 1863, pero en esos años tuvo la idea, convocó a religiosos, reunió miles de ponencias y cubrió la primera parte del Concilio Vaticano II que continuó el papa sustituto, Paulo VI, hasta diciembre de 1965. Además promulgó dos documentos: Mater et Magistra (1961) y Paz en Terris (1963). La realidad es que Juan XXIII captó eso que llaman: “el espíritu de la época”. Cuando él asume el cargo, Fidel Castro ha tomado el poder en Cuba exhortando al mundo a hacer la revolución; millones de jóvenes estamos en las calles apoyando a Fidel, al Che, a Cienfuegos, a Raúl, incluso a Dorticós. ¿Qué puede decirse de las cinco o seis guerrillas que surgen en varios países de América buscando derrocar a sus respectivos gobiernos? Imagínense: hasta el presidente López Mateos declaró en 1962 que “era de izquierda… pero dentro de la constitución”.

3. Obvio, en los sesenta, tanto la iglesia católica (Pío XII, Juan XXIII, Paolo VI), así como los gobiernos de los EEUU (sean Eisenhower, Kennedy y Johnson) eran rotundamente anticomunistas, pero los multitudinarios movimientos sociales, la revolución y las independencias amenazadoras en América Latina, Asia y África, presionaban muy fuerte a las instituciones. No sólo Kennedy se vio obligado a lanzar su programa de “Alianza para el progreso” repartiendo leche y otros artículos gratuitos, sino que la misma iglesia reconocía que tenía que cambiar, “modernizarse” para que sus feligreses la sigan. Por eso muchos críticos del catolicismo han sostenido hasta hoy que los “cambios en la Iglesia” sólo son de fachada para no morir y que no debemos dejarnos engañar. ¿Puede permanecer una institución –aunque fuera la dogmática iglesia- vivir sin realizar cambios?

4. Por ello cuando en estas semanas se ha escrito que el presidente venezolano Hugo Chávez fue asesinado por los yanquis, no se puede descartar esa posibilidad porque Chávez era realmente un “coco” para el gobierno y los empresarios yanquis; los denunciaba en todos los foros y había logrado reunir a más de 10 gobiernos “antimperialistas” muy cerca de él. Pero si realmente Juan XXIII fue asesinado hace 50 años entonces el asunto es mucho más grave. Con razón Fidel Castro –quien ha sufrido decenas de atentados de todo tipo por parte del imperio yanqui- le recomendaba a Chávez: “Cúidate hermano, tú tienes un enorme valor para Venezuela y el mundo, cuida lo que comes, revisa bien tus alimentos”. ¿No se recuerda acaso que las agencias noticiosas de EEUU han propagado en el mundo el derrocamiento y la muerte de Castro en por lo menos una decena de veces, sobre todo en la invasión de Playa Girón en 1961?

5. No puede olvidarse que la “Teología de la Liberación”, esa corriente que nace en el seno de la Iglesia católica en el continente americano, que ha lanzado como consigna “la opción por los pobres”, fue impulsada por el Concilio Vaticano II y, tres años después, por la Conferencia de Medellín que se desarrolla en cinco días de agosto de 1968, precisamente cuando están en ebullición el gran mayo estudiantil de 1968 en Francia, la primavera de Praga, Checoslovaquia, los grandes movilizaciones estudiantiles en Alemania, EEUU y México. La década de los años sesenta fue fundamental para la Iglesia al seguir pasos liberadores con personajes como el peruano Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff (brasileño), Oscar A. Romero (Salvadoreño) Jon Sobrino (español), Camilo Torres (colombiano), o en México como Méndez Arceo, Samuel Ruiz, Raúl Vera, Alejandro Solalinde o Arturo Lona. Preguntaban entonces: ¿Cómo conseguir que la fe no sea alienante sino liberadora?

6. ¿Quiere esto decir que el Pentágono, la CIA, el FBI, la DEA, el Departamento de Estado yanquis, acuden a todos los medios para eliminar a sus enemigos? “Elemental, mi querido Watson”, dirían los que saben. “En la guerra y en el amor se vale todo”, aunque la ONU haya metido algunas prohibiciones que nadie le hace caso. ¿Se puede olvidar que las bombas atómicas de Hiroshima y Nagazaki arrojadas por los yanquis en 1945 todavía causan muchas muertes por contaminación? ¿Puede olvidarse los bombas químicas Napalm que los yanquis arrojaron en Vietnam para destruir a miles de seres humanos que resistían su invasión? Si los gobiernos yanquis han mantenido (secuestrados) o no a grandes inventores de armas atómicas, químicas y nucleares, ¿no es acaso demasiado sencillo para los gobiernos gringos inventar cualquier inyección, cualquier líquido, polvo o crema, para destruir a un enemigo de manera “pacífica” sin dejar huella?

7. No sé si los dirigentes del antimperialismo como Lula, Vilma, Cristina, Evo y demás “casualmente” se han enfermado; ellos tienen que investigar. No se si el destacado papa Juan XXIII y el dirigente Hugo Chávez fueron asesinados; para mí no solo es posible sino además muy fácil en los tiempos actuales. A mí me da diarrea sólo pensar en ello. Pero en última instancia, ¿no es acaso el sistema capitalista –sobre todo la “libertad comercial”, lo transnacional y la globalización de los últimos 30 años- lo que de manera obligatoria nos ha cambiado los productos que consumimos? Juan XXIII, junto con Juan Pablo I, han sido de los papas que menor tiempo vivieron gobernando como tal. Muchas cosas saldrán a la vista en los próximos meses y años y parece que nada pasará porque aún la fuerza el imperio es muy grande. Quizá ni Wikileak pueda llegar a esas profundidades. (30/III/13)

Tomado del blog del autor: http://pedroecheverriav.wordpress.com

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Mar 31 2013

La muerte de Chávez, como su vida, remarca las divisiones en el mundo

Publicado por Maggie en En Nuestra América

Otro artículo dominical de Telesur que es una joyita.

Hay una batalla para definir el legado de Chávez y hay mucha gente tratando de proteger los avances difícilmente ganados que hicieron para demonizarlo. Para ellos la demostración de respeto y honor por Chávez es un gran problema. Se puede decir que en su batalla con Washington, Chávez ganó.

Por Mark Weisbrot

La reacción sin precedente a la muerte del presidente Venezolano Hugo Chávez, en todo el mundo pero especialmente en el hemisferio occidental, ha ilustrado fuertemente el mundo multipolar por el que luchaba Chávez. 55 países fueron representados en su funeral el ocho de marzo, 33 por jefes de Estado (incluyendo a todos los Latinoamericanos). Catorce países latinoamericanos declararon días de luto, incluso el gobierno derechista de Chile. En contraste a las demostraciones de compasión, y el honor y respeto que vinieron de los jefes de Estado Latinoamericanos, la casa blanca en Washington publicó una declaración corta y insensible que – al horror de muchos Latinoamericanos – ni siquiera ofrecía condolencias.

Parece que el presidente democráticamente elegido más demonizado en la historia del mundo tenía muchos amigos y admiradores – y no solo los “países enemigos” como Irán o Siria que siempre son los primeros en ser mencionados por la prensa de Estados Unidos. Ahora nos dicen que las demostraciones de simpatía solo se explican por el petróleo Venezolano, pero ninguna persona de la familia real de Arabia Saudita ha recibido este tipo de respecto, ni vivo ni muerto.

Los lectores del New York Times probablemente se sorprendieron al aprender de un artículo de opinión la semana pasada escrito por Lula da Silva, el anterior presidente de Brasil, que él y Chávez eran aliados cercanos y que compartían una visión por Latinoamérica. Siempre fue así: en 2006, después de que Lula fuera reelegido, en su primer viaje internacional fue a Venezuela para ayudar a la campaña electoral del Presidente Chávez.

Seamos honestos: lo que Chávez decía sobre las actividades de Washington en el mundo era lo que todos los presidentes de izquierda –quienes ahora son la mayoría de Suramérica– estaban pensando. Y en el caso de Chávez, no solo era retórica. Como observó Lula, Chávez jugó un papel importante en la formación de UNASUR, CELAC, y otros esfuerzos por integración regional.

“Ojala que sus ideas lleguen a inspirar a jóvenes en el futuro, como la vida de Simón Bolívar, el gran libertador de Latinoamérica, inspiró al Sr. Chávez,” escribió Lula.

Chávez fue el primero de lo que sería una larga línea de presidentes de izquierda elegidos democráticamente que han transformado a Latinoamérica, y especialmente a Suramérica durante los últimos quince años, incluyendo a Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Lula da Silva antes de Dilma Rousseff en Brasil, Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua, Fernando Lugo en Paraguay, José“Pepe” Mujica en Uruguay, y Mauricio Funes en El Salvador. Antes de Chávez, presidentes de izquierda elegidos democráticamente frecuentemente terminaban como Salvador Allende de Chile –tumbado en 1973 en un golpe de Estado apoyado por la CIA. Mucha de la izquierda Latinoamericana, como Chávez mismo, todavía no confiaban en el éxito del modo de cambio social electoral más que 20 años después, ya que los elites locales, apoyados por Washington, tenían el veto extra-legal cuando lo necesitaban.

Chávez pudo jugar un papel vital en la “segunda independencia” de Suramérica porque era diferente a otros jefes de Estado y en muchas maneras importantes. Me di cuenta de esto cuando lo conocí por la primera vez en abril del 2003. Recuerdo que él trataba igual a todo el mundo—desde sus servidores en el palacio presidencial a los visitantes quienes el respetaba y admiraba. Él hablaba mucho, pero también era bueno para escuchar. Recuerdo una cena unos años después con más de 100 representantes de grupos de la sociedad civil Latinoamericana – activistas trabajando por la cancelación de la deuda, la reforma agraria, y otras luchas. Chávez se sentó y escuchó con paciencia, tomando notas por una hora mientras sus invitados describían sus esfuerzos. Luego él repasó sus notas, y dijo, “Bueno, así es como quizás podremos ayudarlos.” No puedo imaginar ninguna otra persona haciendo lo mismo.

No era una persona falsa – no había nada falso en él. Decía lo que estaba pensando, y claro que no siempre era apropiado para un jefe de Estado. Pero a la mayoría de Venezolanos les encantaba su sinceridad porque lo hacía más real que otros políticos, y por lo tanto alguien en quien podrían confiar.

Su actitud hacia otros gobiernos era similar. Aunque él tuvo peleas políticas grandes y públicas con algunos gobiernos, él casi nunca criticaba a otro jefe de Estado si no lo atacaban primero a él. Intentó por varios años tener una buena relación con el presidente derechista de Colombia, Álvaro Uribe, hasta que Uribe lo traicionó, lo que él interpretó (probablemente correctamente) como Uribe actuando por parte de Estados Unidos. Cuando Manuel Santos, quien había sido el Ministro de Defensa bajo Uribe, se convirtió en presidente y decidió forjar una buena relación con Chávez, él estaba empujando una puerta que ya estaba abierta. Las relaciones entre los dos países fueron arregladas de inmediato. Chávez era bueno con el que era bueno con él.

Pero se trataba más que de su personalidad o una búsqueda de alianzas- que necesitaba para sobrevivir- después de que el gobierno de Bush hizo quedar claro su intención de tumbarlo en 2002. (Aunque casi nunca fue reportado en los medios de Estados Unidos, las evidencias documentadas que demuestran el involucramiento de Washington en el golpe de Estado militar de 2002 en contra de Chávez son muy fuertes.) Chávez tenía una manera muy solidaria de ver el mundo. Él y su gobierno tenían muchas políticas que no formaban parte del punto de vista de que “las naciones no tienen amigos, solo intereses”. Él veía a las injusticias en la economía y política internacional de la misma manera que veía a las injusticias sociales en Venezuela- como un mal social y algo que se puede luchar en contra de y ganar. ¿Por qué deberían Estados Unidos y unos pocos aliados más controlar el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial? ¿O escribir las reglas del comercio internacional en la Organización Mundial del Comercio (OMC), o en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) (que Chávez ayudó a derrotar)? Venezuela no tenía interés en estos temas, ya que es un exportador de petróleo.

Pero Chávez pensaba que eran importantes y sus ideas coincidían con lo que estaba pasando en el mundo: estaba rápidamente convirtiéndose en un mundo más económicamente multipolar. Por ejemplo, China es ahora, usando las mejores estimaciones económicas de su taza de cambio (paridad de poder adquisitivo), la más grande economía del mundo, pero casi no es escuchado en cuanto a estas instituciones multilaterales importantes. Otros países en desarrollo son escuchados todavía menos. Las ideas de Chávez, entonces, resonaron fuerte en muchas partes del mundo, y especialmente en América Latina.

Por otro lado, sus catorce años gobernando muestran el enorme poder de los medios en cuanto a la formación de la opinión pública. La mayoría de gobiernos conocen sus logros, pero como los medios de Estados Unidos y América Latina reportaron noticias negativas casi exclusivamente sobre Venezuela por catorce años -muchas veces también con tremendas exageraciones- mucha gente en el hemisferio occidental nunca aprendió ni los hechos más básicos sobre Venezuela o lo que estaba haciendo Chávez.

Ellos no saben que, una vez que Chávez obtuvo control de la industria petrolera, la economía de Venezuela creció muy bien, la pobreza fue reducida por la mitad, y la pobreza extrema por setenta por ciento. Ellos no saben que la mayoría de estas ganancias vinieron de un incremento en el empleo en el sector privado y no de “regalos del gobierno”. Ellos no saben que millones de venezolanos obtuvieron acceso al cuidado médico básico, por la primera ves en sus vidas, y que la educación subió en todos los niveles, y además con la duplicación de la matriculación universitaria; ni que las pensiones publicas subieron de 500 mil personas a más de dos millones. Los medios occidentales han casi siempre reportado a Venezuela como un fracaso económico y político. Y la mayoría de gente no sabe que Venezuela no se parece nada a un “régimen autoritario”, y que la mayoría de los medios venezolanos siguen oponiéndose al gobierno.

Ellos no saben lo que Chávez hizo por el hemisferio –no solo por los miles de millones de dólares de ayuda financiera distribuida a través del programa Venezolano de Petrocaribe, y otras fuentes de asistencia, sino también –como explicó Lula- el papel que él jugó en forjar unidad y la segunda independencia de América Latina.

Esta independencia es mucho más que un tema de orgullo nacional o regional, o uno de los cambios geopolíticos más grandes hasta ahora en el siglo 21. Ha tenido grandes consecuencias para la gente de América Latina, donde la taza de pobreza ha caído del 42 por ciento a inicios de la década a 27 por ciento en 2009. Es difícil imaginar este tipo de progreso cuando la región estaba todavía bajo la tutela del FMI y Washington; y es que la región, toda junta, casi no tuvo crecimiento per cápita del PIB desde 1980-2000.

La mayoría de gente en Hemisferio Occidental ha recibido una representación de Venezuela que se puede describir como un “vistazo estilo Tea Party”, con poca diferencia entre la representación mediática liberal y de la derecha del país y su gobierno. Es prácticamente casi tan partidario como la representación de Estados Unidos que recibieron los ciudadanos de la Unión Soviética en la televisión durante la década de los 1980 – gente en colas de desempleo y de comedores gratuitos, pobreza y brutalidad por parte de la policía. Ellos tenían que encontrar fuentes externas para saber que la mayoría de estadounidenses todavía eran de la clase media y que tenían uno de los estándares de vida más altos del mundo.

Entonces ahora hay una batalla para definir el legado de Chávez –y hay mucha gente tratando de proteger los avances difícilmente ganados que hicieron para demonizar a Chávez. Para ellos la demostración de respeto y honor por Chávez es un gran problema.

Tiene sentido que la muerte de Chávez refleje no solamente las batallas en las que él lucho, sino las relaciones que él ayudó cambiar. Durante sus catorce años en el poder Estados Unidos perdió mucha de su influencia en América Latina, especialmente en Suramérica. Entonces se puede decir con cierta certeza que en su batalla con Washington, Chávez ganó. Y con él también ganó la región y el mundo. Por eso será recordado siempre, y honrado y respetado, como lo fue el ocho de marzo, por todo el mundo.

Mark Weisbrot es codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR), en Washington, D.C. Obtuvo un doctorado en economía por la Universidad de Michigan. Es también presidente de la organización Just Foreign Policy.

Tomado de Telesur

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Mar 30 2013

Venezuela, el vuelo del cóndor y las ideas revolucionarias

Publicado por Maggie en En Nuestra América

“El impacto en los revolucionarios venezolanos de la desaparición física del jefe histórico de la revolución ha hecho rodar por tierra los pronósticos de la mafia mediática y lejos de cundir el desaliento y la división, se ha reforzado la unidad y combatividad del chavismo”

Ángel Guerra Cabrera

Caracas. La batalla de las ideas adquiere una importancia decisiva frente al asalto del gran capital contra las conquistas históricas de los pueblos y las condiciones de reproducción de la vida en el planeta.

En América Latina y el Caribe se refleja muy nítidamente pues como en ninguna otra parte del mundo en el siglo 21, las luchas sociales hicieron surgir un bloque de líderes y gobiernos que en distintos grados se oponen al neoliberalismo y han hecho revivir el pospuesto ideal bolivariano y martiano de unidad latinocaribeña. Estos acontecimientos, catalizados luego de la irrupción de Hugo Chávez en la palestra política (1992), han posicionado a nuestra región como un interlocutor internacional crecientemente autónomo e influyente. También han elevado la conciencia política popular de un modo en que el capital cada vez puede ejercer menos la dominación cultural por los medios tradicionales, como se observa diáfanamente en Venezuela.

Aquí, el impacto en los revolucionarios de la desaparición física del jefe histórico de la revolución ha hecho rodar por tierra los pronósticos de la mafia mediática. Lejos de cundir el desaliento y la división, se ha reforzado la unidad y combatividad del chavismo, que se dirige a conquistar para su candidato Nicolás Maduro una rotunda victoria en la elección presidencial del 14 de abril. Al imperio no le queda más recurso que la desestabilización. Así se analizó en el X Encuentro de Intelectuales, Artistas y Luchadores Sociales en Defensa de la Humanidad que el 25 y 26 de marzo debatió en esta capital el pensamiento y la acción de Chávez En este contexto cobra gran actualidad Cuba: ¿revolución o reforma? (La Habana, 2012), libro del ensayista y periodista cubano Enrique Ubieta, ya que aunque su eje es el debate cultural en torno a la revolución cubana, la argumentación empleada trasciende los límites de la isla. La cultura contrarrevolucionaria –dice el autor– sólo puede entenderse desde un enfoque global.

Ubieta desnuda y demuele los estereotipos neoconservadores y posmodernos, mostrando fehacientemente la enorme pobreza intelectual, moral y espiritual que albergan. A partir de una discusión exhaustiva de las aseveraciones del pensamiento contrarrevolucionario cubano e internacional, el autor desmonta sus trampas, eufemismos y emboscadas semánticas y retóricas. Como explica en las palabras iniciales, no es un libro para objetar a personas concretas; la polémica sigue el hilo conductor de la propuesta cultural que intenta restaurar el capitalismo en Cuba, y los argumentos de sus principales exponentes.

En la primera sección del volumen, El vuelo del Cóndor: revolucionarios versus reformistas, Ubieta aborda un tema decisivo para comprender la tradición revolucionaria cubana: la coincidencia entre lo necesario y lo útil. Nos explica que el primer acto útil en pos de la independencia fue inevitablemente de justicia: la liberación de los esclavos.En las condiciones de Cuba, si se quería alcanzar la independencia había que movilizar al grueso de la población tras ese objetivo, que a su vez exigía la abolición de la esclavitud.

Las necesidades vitales de la población sólo podían ser alcanzadas desde presupuestos éticos, sentencia el autor, un principio que se ha mantenido invariablemente a lo largo de la historia cubana. Allí reside un antagonismo de primer orden con el pensamiento de derecha nacional, particularmente con la versión actual, más pragmática y cínica que sus antecesoras, enarbolada por la contrarrevolución en los textos de autores como Rafael Rojas y Carlos Alberto Montaner, por mencionar dos de los más conocidos.

Ubieta argumenta cómo el apego de los ideólogos contrarrevolucionarios al deber ser teleológico se contrapone al martiano poder ser, la utilidad de la virtud, que no reduce la verdad a lo meramente visible. Este es el vuelo del cóndor, que pide sacrificio, pero es indispensable al interés de la patria. Lo otro es insectear, vocablo creado por Martí para calificar al culto positivista por los meros datos ausentes de alma y horizonte. Insectear conduce inevitablemente a la subordinación a Estados Unidos pues si se analiza desde el racionalismo frío ¿cómo podría el pueblo cubano sostener la independencia frente a un poder tan formidable?

El nuevo libro de Ubieta llega en buen momento, cuando nuestros pueblos quieren volar como el cóndor y las oligarquías se empecinan en hacerlo como insectos.

Tomado de La Jornada

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