América despierta

Otro punto de vista sobre estas latitudes

Ago 12 2010

¡AY, MACARENA!

Published by Maggie under En Nuestra América

Créalo o no, Uribe eligió a las tropas apostadas en La Macarena para dirigir un mensaje de agradecimiento y despedida a las fuerzas militares…

MAGGIE MARÍN

Digo Macarena y cualquiera pensaría en una guapa andaluza con su bata de óvalos y vuelos, cantando seguidillas y bailando flamenco. Macarena se nombra precisamente un barrio en Sevilla, España; y macareno, allá en la madre patria, es equivalente a guapo, lindo, fanfarrón. Lamentablemente La Macarena a que me voy a referir no tiene ningún salero, muy al contrario, ahora mismo es centro de un macabro, pavoroso y demencial asunto.

Esta Macarena es un municipio del departamento de Meta, en Colombia, enclavado al sur de una serranía de idéntico nombre –legendaria por su megabiodiversidad–, y está envuelta en el horror de ser el territorio donde se encuentra la mayor fosa común de América Latina, que en 6 mil 500 metros cuadrados alberga a unas dos mil sepulturas cuyos únicos signos de identificación son un número de acta (¿de defunción?), una fecha parcial (solo el mes y el año), y el alias por el que (supuestamente) era conocida la persona que terminó enterrada en ese nicho sin nombre, tras quién sabe qué indigna y terrible muerte.

Ahora se afanan en el lugar peritos, expertos y forenses, pero durante mucho tiempo los lugareños estuvieron denunciando la existencia de ese gigantesco cementerio clandestino, y las autoridades se desentendían o sencillamente lo negaban, como hizo la propia cancillería colombiana a principios de este año

Tuvieron que aparecerse por el lugar algunas ONGs europeas para que el manto de secreto empezara a caer. Y el golpe de gracia, lo que finalmente develó esta ¿viva? muestra del terrorismo de estado en que ha vivido Colombia los últimos años fue una audiencia pública de Derechos Humanos convocada el 22 de julio por la senadora Gloria Inés Ramírez en la propia Macarena, y en la que participaron más de 800 personas entre campesinos de diversos municipios de la región, dirigentes del Congreso, lideres del partido opositor Polo Democrático Alternativo, organizaciones internacionales, delegaciones de EEUU, y del Parlamento Europeo.

Creo que sobre todo hay que poner atención en tres cuestiones: Una, Macarena es una zona campesina en plena selva, que fue bastión de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y uno de los cinco municipios que el ex presidente Andrés Pastrana desmilitarizó entre 1999 y 2002 para efectuar negociaciones de paz con los guerrilleros. El diálogo fracasó, pero subsistieron acusaciones de que se cometieron allí muchísimas ejecuciones, torturas y desapariciones y desplazamientos forzosos.

Aseguran sus vecinos que tras quedar sin efecto esa zona de despeje que fuera escenario de dichas pláticas, muchos campesinos, sindicalistas y dirigentes sociales desaparecieron, mientras en el terreno que ocupa el cementerio clandestino, miembros del Ejército amontonaban cadáveres en bolsas negras casi todos los días.

La segunda cuestión que amerita una particular atención es que el complejo de fosas NN –sin nombre— que datan de 2004 a 2010, está anexo a una base militar donde funcionan brigadas móviles de la Fuerza de Despliegue Rápido Fudra, que recibe cooperación estadounidense en el marco del Plan Colombia, el programa que bajo una pretendido lucha contra el narcotráfico, es realmente la fachada que usan los gringos para combatir a las guerrillas a sangre y fuego, a un costo de más de ocho mil millones de dólares. Esa vecindad no es casual, claro que no, como tampoco que sea en La Macarena donde se halla este horror. Porque uno puede concluir que militares y paramilitares se la cobraron con saña contra una población donde nunca pudieron asentarse y en la que más de una vez sus habitantes se enfrentaron a los paramilitares con palos y escopetas, llegando en no pocas ocasiones a capturarlos y entregarlos a la fiscalía para que fuesen procesados y encarcelados.

La tercera cosa es que sobre esos miles de cadáveres pesa la acusación de que eran guerrilleros muertos en combate, pero todo apunta a que verdaderamente se trata de “falsos positivos”, como se conocen a los civiles víctimas de ejecuciones sumarias, que impúdicamente son reportados así, como guerrilleros muertos en combate.

Como bien dice un cable de IPS, los cementerios clandestinos y fosas comunes conocidos hasta ahora en Colombia fueron obra de los paramilitares, que el saliente presidente Álvaro Uribe desmovilizó parcialmente y por cuyas confesiones –a cambio de beneficios jurídicos– la Fiscalía ha podido recuperar 3.299 cuerpos, de los al menos 25.000 desaparecidos, según las más exiguas estimaciones.

El ahora ex-presidente Uribe, el hombre de Washington y el Pentágono en el Palacio de Nariño, el político corrupto con comprobados nexos con los narcos y los paramilitares, entre otros méritos ganados con el sudor de sus aquiescencias al país del Norte , ya está en Gringolandia, fungiendo como vicepresidente de una Comisión Internacional de la ONU que deberá investigar nada menos que el ataque israelí a la flotilla humanitaria que el 31 de mayo iba rumbo a la sitiada Franja de Gaza, una ilegal y brutal acción que dejó nueve muertos, decenas de heridos y torturados y levantó una ola de críticas contra Israel, país curiosamente implicado en más de una tropelía “uribista” y por lo tanto totalmente encantado con ese nombramiento desconcertante, inaudito, que socava aún más el crédito de un organismo ya bastante desprestigiado.

¡En que mundo tan torcido, loco, injusto y desvergonzado nos ha tocado vivir!!!

Antes de poner punto final a esta nota quiero que vean estas cifras, reveladas por Iván Cepeda Castro, representante a la cámara por el Polo Democrático Alternativo y afanoso luchador del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado:

En los últimos 20 años, en Colombia han desaparecido cerca de 50 mil personas, más que en Argentina, Chile y otros países que sufrieron cruentas dictaduras militares; el 10 por ciento de la población –¡más de 4 millones de personas!– está desplazado; se han producido más de 150 mil homicidios, 18 pueblos indígenas están a punto del exterminio en procesos que pueden ser catalogados de genocidios, y existe una gran destrucción de las comunidades. Por demás, sindicalistas y defensores de derechos humanos han sido víctimas de crímenes continuos durante estas dos décadas.

En La Macarena están los restos de dos mil de ellos, clamando a gritos su urgencia por ser identificados y porque se les haga justicia. Claro que es como pedirle peras al olmo, pero Juan Manuel Santos, el presidente que acaba de tomar posesión de su cargo en Colombia (y ex ministro de defensa de Uribe y representante de la más rancia oligarquía colombiana y  y y…..), podría, si quiere, hacer mucho al respecto. Lamentablemente, su cuna, su historia, sus compromisos, sus propensiones, sus querencias, apuntan que no querrá.

Una respuesta hasta ahora

Jul 30 2010

¿Por qué a Venezuela?

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Ángel Guerra Cabrera

Lo que hay principalmente detrás del conflicto colombo-venezolano y su reciente agravamiento es que la revolución Bolivariana choca frontalmente con el plan de dominación estadounidense sobre América Latina. Que Venezuela, país con reservas de petróleo y gas entre las mayores del mundo, tenga un rumbo independiente en pos del socialismo, promueva la democracia participativa, la unidad e integración de América Latina, la solidaridad, la paz y la cooperación entre los pueblos es intolerable para el imperio.

Mucho más cuando movido por su sed insaciable de hidrocarburos y recursos naturales que comienzan a escasear, ha entrado en una carrera bélica permanente por el control de los países que los poseen y de las poblaciones que los habitan. Todo con el cínico pretexto de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico nada menos que enarbolada por el Estado campeón del terrorismo, primer mercado de droga en el mundo cuyas ganancias constituyen una gran tajada de su sistema financiero. A la élite de Estados Unidos la saca de quicio la amistad entrañable de Venezuela y Cuba y la profundización de los pasos para su unión económica, preámbulo, diríase, de su unión política. Raúl Castro ha resumido muy claramente el sentido de estos pasos en una reunión de alto nivel cubano-venezolana celebrada el simbólico 26 de julio: sólo unidos venceremos.

El imperio no perdona el importante papel de Venezuela en la liquidación del ALCA –proyecto de recolonización continental- y en el surgimiento de la ALBA, que practica las relaciones más fraternas y equitativas entre las naciones miembros y las promueve, aunque no sean miembros, con todas las naciones de América Latina y el Caribe.

En respuesta a la Venezuela bolivariana, a los grandes movimientos populares antineoliberales y gobiernos más independientes gestados por ellos, Washington restableció la IV Flota y llegó al extremo de instalar siete bases militares en Colombia lo que junto a otros factores presentes en ese país, constituye una peligrosa amenaza de agresión para Caracas, que había tensado seriamente las relaciones bilaterales. En este contexto se produce la festinada acusación por el representante de Bogotá en la OEA de que Caracas mantiene campamentos de las guerrillas colombianas en su territorio, una gravísima provocación que ha puesto en grave peligro la paz entre los dos países hermanos salida del fanatismo proyanqui de Álvaro Uribe y su febril afán de protagonismo desde que se frustró su proyecto reeleccionista.

El presidente Hugo Chávez ha hecho cuanto ha estado a su alcance por armonizar las relaciones con Colombia y evitar un conflicto bilateral. De hecho, a petición de Uribe se convirtió en un factor principalísimo de distensión de la larga guerra de sesenta años en el país vecino y ha insistido invariablemente en la necesidad de una salida política al conflicto. Con justa razón ha invitado a las guerrillas de las FARC y el ELN a que comprendan que las nuevas realidades políticas requieren un cambio en su estrategia de toma del poder mediante las armas por una de negociación, sin que ello implique rendirse. Chávez informó con visible dolor la ruptura de relaciones con Colombia: lo anuncio con una lágrima en el corazón, dijo.

Lula da Silva comentó su extrañeza por la conducta de Uribe cuando le faltan unos días para dejar la Casa de Nariño y “el nuevo presidente (Juan Manuel Santos) ha dado señales claras, incluso con los ministros que escogió, de que quiere construir la paz”. Lula, junto al ecuatoriano Rafael Correa, presidente pro tempore de UNASUR y su secretario general Néstor Kirchner han actuado rápidamente para atraer el tema al seno del mecanismo suramericano, un espacio, a diferencia de la OEA, favorable para que sin la presencia de Washington se expresen a plenitud los intereses de América Latina y el Caribe. UNASUR ha dado ya muestras de su capacidad de concertación política y esta es más necesaria que nunca para la región y para Venezuela en particular.

Tomado de Alainet.org

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Jun 30 2010

Un año del golpe en Honduras. El recurso del método

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Por Raúl Zibechi

Zibechi es periodista uruguayo, docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales. En este artículo suyo el autor hace un amplio y bien documentado análisis de lo ocurrido en el país centroamericano el 28 de junio de 2009, y de lo que ha venido ocurriendo hasta hoy, un año después.

La creciente militarización de la política de Estados Unidos hacia la región está lejos de ser un mal paso: es la consecuencia del desgaste de las estrategias que le garantizaron al hegemonía en América Latina, sumadas al declive de su papel de superpotencia y la aparición de serios competidores. En adelante, se repetirán situaciones similares a la de Honduras.

“Obama es una continuación de Bush, igual que Bush fue una continuación de Clinton, y Clinton de Bush padre. La política exterior y la política imperial estadounidense es continua”, asegura Tariq Ali (Diagonal, 20-VI-10). El intelectual paquistaní estima que existe una decadencia económica de la superpotencia, pero en absoluto política ya que cuenta con la mayor fuerza militar del mundo. “Usa su fuerza militar para dominar el mundo y nadie en este momento puede amenazar ese poderío militar. No hay ninguna evidencia que demuestre que están perdiendo su poder”, concluye.

“América Latina ha dejado de ser el patio trasero. Hemos remodelado la casa, así que el patio está muy revaluado”, dijo Marco Aurelio García, Asesor Especial en Política Externa del presidente Luiz Inacio Lula da Silva en un reciente encuentro convocado por la Fundación Friedrich Ebert en Berlín (Deutsche Welle, 18-VI-10). Al contrario que Ali, García enfatiza el cambio por encima de las continuidades: “Doce países de la región con quienes compartimos fronteras y otros con los que tenemos una amistad sin límites creen, al igual que nosotros, que hay un gran cambio en la situación mundial. Nos encontramos ahora ante un mundo multipolar y queremos tener un lugar en él”.

Una parte importante de las izquierdas y el progresismo piensan como el historiador paquistaní. Otros tantos lo hacen como los dirigentes brasileños. Análisis contradictorios, pero anclados en la misma realidad, tan contradictoria que, en un período de cambios y turbulencias profundas, tiende a generar visiones contrapuestas incluso entre quienes comparten objetivos comunes.

Definir prioridades

A la hora de considerar las relaciones entre Estados Unidos y América Latina esas divergencias de análisis son también importantes. Una de las preguntas clave es qué tan importante es el continente latinoamericano en la estrategia de Washington. Muchos análisis sostienen que la superpotencia está tan ocupada por las dos guerras que libra (Irak y Afganistán), con su ofensiva contra Irán y por las crecientes desavenencias entre sus aliados, que no tiene capacidad para ocuparse del “patio trasero”.

Entre los graves problemas globales que enfrenta, tal vez el más acuciante sea Afganistán. Un conflicto que no puede ganar y que amenaza con quebrar el frente interno. Un buen ejemplo es lo sucedido estos días con el general Stanley McChrystal, el máximo responsable militar de Estados Unidos y de la OTAN en Afganistán, quien fue forzado a renunciar por un artículo en la revista Rolling Stone donde vierte fuertes críticas al gobierno de Barack Obama. El artículo “retrata la división entre el estamento militar y los asesores de Obama, en un momento delicado para el Pentágono, que se enfrenta a las críticas por su estrategia para intentar dar un giro a la guerra afgana” (El País, 22-VI-10). Otros análisis, como el del portal estratégico europeo Dedefensa, estiman que un año después de haber sido nombrado McChrystal para darle un giro victorioso al conflicto, “la guerra en Afganistán se desintegra, se disuelve” (Dedefensa.com, 21-VI-10).

Los problemas internos que debe afrontar Obama son igualmente graves. El último informe del Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP), vuelve a insistir en que la crisis sistémica ha ingresado en la fase de “desarticulación geopolítica” que conduce a la “descomposición estratégica, financiera, económica y social” del sistema internacional (Leap 2020, 17-VI-10). El país más afectado es Estados Unidos que fracasó al pretender establecer, hace sólo un año, al G-20 como el núcleo de una nueva gobernanza global en sustitución del alicaído G-7, lo que torna imposible que los principales países puedan afrontar de modo unificado las dificultades presentes. Prueba de ello son las posiciones en liza frente a Irán.

Entre los graves problemas internos, figuran: el derrame de petróleo en el Golfo de México, que no pocos estiman tiene un impacto similar a los atentados del 11 de setiembre, niveles de desocupación que en algunas ciudades bordean el 40 por ciento, déficits que amenazan a las administraciones locales y estados con la cesación de pagos, deuda pública equivalente al 90 por ciento del PIB, recortes de servicios sociales y otras situaciones inimaginables años atrás. “En muchas localidades no hay recolección frecuente de la basura domiciliaria (o se debe pagar más impuestos), perdieron un día de distribución del correo, disminuyó la protección por falta de policías, deben hacer colas interminables frente a las ventanillas de las administraciones como consecuencia del despido de funcionarios, sus hijos tienen menos profesores en las escueles, las que a su vez brindan menos servicios”, señala el informe. Washington y todo el mundo desarrollado están abocados a una era de austeridad.

Frente a este panorama, preguntarse por el papel de América Latina en la estrategia estadounidense no es ocioso. Empezando por México, país que viene perdiendo la guerra contra el narcotráfico, como lo vienen reconociendo sus autoridades. Convivir con un “Estado fallido”, o en riesgo de serlo, no es un panorama nada auspicioso. En la región se pueden establecer dos tendencias convergentes: una creciente militarización y polarización como forma de estirar el declive de Estados Unidos. Por diversas razones, que van más allá del declive económico y de los problemas internos, la tendencia a buscar atajos por la vía autoritaria cobra cada vez mayor fuerza bajo la presidencia de Obama, lo que la acerca a la de su predecesor.

Un año después de Honduras

A principios de junio el presidente Evo Morales aseguró que la agencia para el desarrollo de los Estados Unidos (USAID) está intentando desestabilizar su gobierno. En concreto, la acusó de infiltrarse en los movimientos sociales para provocar conflictos y amenazó con expulsarla del país (Bolpress, 16-VI-10). La periodista Eva Golinger cita un artículo de The Washington Post firmado por Jeremy Scahill, que asegura que la administración de Obama acaba de autorizar la expansión de la guerra secreta contra los enemigos de Washington: las “fuerzas especiales” se despliegan ahora en 75 países, cuando un año atrás estaban en 60, con 13 mil efectivos civiles y militares (Rebelión, 6-VI-10).

Según el mencionado artículo, un alto militar del Pentágono aseguró que Obama está permitiendo muchas acciones y operaciones que no fueron autorizadas durante el gobierno de George W Bush y que ahora hay más facilidades para las operaciones encubiertas. Este tipo de operaciones forma parte de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS por sus siglas en inglés) difundida por Obama el 27 de mayo. Este año la única novedad que incluye es la apelación al buen estado de la economía para mantener la supremacía global. Por lo demás, el texto de 52 páginas repite el compromiso del actual presidente de mantener la superioridad militar como punto neurálgico de su política exterior, lo que suena contradictorio con los intentos por recuperar la economía ya que supone aumentar el ya abultado presupuesto militar (Jim Lobe en IPS, 28-VI-10).

Estados Unidos enfrenta por lo menos cuatro problemas en la región para los cuales no tienen soluciones a corto plazo: el ascenso de Brasil al rango de potencia global, a caballo de la integración regional; la creciente presencia de China que teje acuerdos estratégicos con países clave; el fracaso de la guerra contra las drogas y la falta de alternativas; y la debilidad de su economía que ya no es gancho para tejer alianzas. En suma, los pilares sobre los que había descansado la hegemonía en la región están seriamente afectados.

“Después de la invasión china de África ahora es el turno de América Latina”, afirma O Estado de Sao Paulo (20-VI-10) a la hora de explicar que el país asiático ha prestado 50.000 millones de dólares a países de la región en el último año y medio. China está tejiendo acuerdos estratégicos dando prioridad a Brasil y Argentina que se han convertido en “importantes puntos de apoyo en América Latina” (Diario del Pueblo, 10-VI-10). Los mandos militares del Pentágono observan con gran preocupación la presencia china en el continente, pero no atinan a diseñar propuestas para contenerla.

Un informe del Servicio de Investigación del Congreso de los Estados Unidos sobre la política de Washington hacia las drogas y la región desde la década de 1970, establece que “en América Latina y el Caribe el narcotráfico ya reemplazó a los conflictos políticos y regionales como la mayor fuente de violencia” (Contralínea, 20-VI-10). El fracaso del combate a las drogas tiene cifras impresionantes: entre 2003 y 2008 las muertes violentas en la región atribuidas al narcotráfico escalaron de 19,9 personas cada mil habitantes a 32,6. De ahí que, en opinión de los autores del trabajo publicado el 30 de abril, se pueden detectar “señales de un distanciamiento entre varios países de la región con la postura estadounidense y apelan a una revaluación de sus políticas antidrogas”.

Socios o competidores

El tercer problema es Brasil. Immanuel Wallerstein cree que Estados Unidos interpreta de modo equivocado la política exterior brasileña. En base a un informe del Consejo de Relaciones Exteriores, cercano a la Casa Blanca, sostiene que Washington le propone a Brasil “asociarse” en temas como el etanol para construir una relación más sólida. Para Estados Unidos, “Brasil debería actuar como una potencia regional, es decir, como un poder subimperial” para estabilizar la región, lo que supone incorporarse como “socio menor” de la superpotencia (La Jornada, 1-II-10). En los últimos meses se hizo evidente que Brasil va a jugar un papel independiente en el escenario global y, sobre todo, en el regional, ya que Brasilia no quiere actuar como disciplinador de la región sino como portavoz de un área cada vez más integrada y autónoma respecto al Norte.

El fracaso de su política antidrogas (que le permitió establecer sólidos lazos con las derechas de la región), el atractivo económico de China en desmedro de Washington y el ascenso de Brasil como potencia, dejaron a Estados Unidos sin política. O sea, sin la capacidad de mantener su hegemonía. De ahí que haya un progresivo deslizamiento hacia la dominación, o sea, coerción sin consentimiento. En los hechos, la administración demócrata está “fortaleciendo su fuerza nuclear y reforzándose con una devastadora ‘disuasión convencional’” (Asia Times, 5-V-10), escribe Jack A Smith, ex editor del semanario estadounidense The Guardian al comentar las últimas decisiones en materia de defensa.

Según el analista, ya no le es suficiente al Pentágono con la vieja doctrina de combatir dos guerras simultáneas, sino que está empeñado en hacer frente a “una multiplicidad de amenazas, incluyendo dos agresiones de Estados-nación”. Estima que “el Pentágono tiene previsto participar en numerosas guerras futuras interrumpidas por breves períodos de paz mientras se prepara para la próxima guerra”. El secretario de Defensa, Robert Gates, tiene muy presente el declive de su país, como toda la clase dirigente. Por eso un año atrás escribió en la prestigiosa revista Foreign Affairs (enero-febrero de 2009), que Estados Unidos tiene que invertir en todo aquello “que le garantice la dominación”. En buen romance, superioridad militar aplastante, no sólo nuclear, sino ahora sobre todo convencional.

Un año después del golpe de Estado en Honduras, cabe preguntarse si fue un hecho aislado o si inaugura un nuevo período, caracterizado por intervenciones blandas de Washington, a través de respetables instituciones o de agencias internacionales. Lo sucedido este año debería servir de ayudamemoria: masiva invasión militar en Haití; once nuevas bases militares a disposición en Colombia y Panamá; creciente intervención subvencionando una amplia gama de organizaciones, desde movimientos sociales hasta fundaciones y medios de comunicación. Existe una potente tendencia a la polarización, con tres focos decisivos: la región andina, el Caribe y la Amazonia.

En cada una de ellas existen diversos intereses que pasan siempre por el control de los hidrocarburos, los minerales y la biodiversidad. Pero hay algo más en juego, algo más decisivo aún que las riquezas materiales, que es la llave para conquistarlas: el control, a secas. La estrategia imperial pasa, por sobre todo, por impedir que surjan competidores del tipo que sean, estatales o no estatales. La lección de México debería hacernos reflexionar: en su empeño por no perder el control, las clases dominantes están a punto de destruir el Estado. Mantener el control en todo el mundo, o sea el poder de decisión, cuando se atraviesan graves dificultades y se está perdiendo el carácter de potencia hegemónica, es tarea harto compleja y tal vez imposible en el largo plazo. El recurso al autoritarismo es, en la mentalidad hegemónica en Estados Unidos, la mejor forma de estirar la agonía. Es cierto que la presidencia guerrista de George W. Bush no hizo más que acelerar el declive, pero una característica otoñal de la vida es la incapacidad de aprender, incluso de lo vivido en carne propia.

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Feb 04 2010

La nueva ofensiva imperialista en América Latina: La jugada del Caribe


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Por Ana Esther Ceceña, Humberto Miranda, David Barrios, Rodrigo Yedra

El 12 de enero de 2010 fue un día de mucha incertidumbre, pero también de muchas confirmaciones. Puerto Príncipe, lo más cercano a un centro urbano moderno en el país más pobre del hemisferio occidental, amaneció con un terremoto de 7 grados de intensidad que dejó al pueblo, al Presidente y al propio Dios sin casa, al derrumbarse incluso el Palacio Presidencial y la Catedral.

Ese pequeño pedazo de La Española, pionero en la sublevación independentista, se debate hoy entre una catástrofe económica que lo ha sumido en la pobreza y le ha cancelado la autosuficiencia alimentaria (1), una catástrofe natural comparable a un bombardeo nuclear aunque sin efectos radioactivos, y una nueva ocupación que refuerza su condición de colonia.

La inmediata respuesta solidaria de la comunidad mundial enviando alimentos, medicinas y cobijas, se combinó con la presencia de médicos cubanos que desde hace 11 años trabajan apoyando al pueblo de Haití y que en estos momentos jugaron un papel central en la atención a las víctimas. Las difíciles condiciones del país, no obstante, no facilitaron la distribución rápida de la ayuda humanitaria, y los medios de comunicación, en cierta medida liderados por la CNN, fueron colocando como sentido común la idea de una situación de creciente caos e ingobernabilidad, que justificaba la presencia militar no sólo de los integrantes de la MINUSTAH (2), sobre el terreno desde 2004, sino de nuevos contingentes de ¡tropas de asalto!

Si bien al inicio se había autorizado a la MINUSTAH colocar hasta 6.700 efectivos militares en Haití, ese tope fue incrementándose hasta alcanzar el 30 de noviembre de 2009 una cifra de 9.065 efectivos uniformados, incluidos 7.031 soldados3 y 2.034 policías (4), apoyados por 488 funcionarios internacionales, 1.212 funcionarios nacionales y 214 voluntarios de la ONU. Esta Misión, con un presupuesto anual promedio de 600 millones de dólares, ha sido denunciada por la organización inglesa Save the Children (No one to turn on to, 2008) por las sistemáticas violaciones sexuales, maltrato o incitación a la prostitución de niñas y niños haitianos, además de ser denunciada por organizaciones de derechos humanos y misiones de observación de la sociedad civil por los atropellos que con toda impunidad se cometen en nombre del restablecimiento de la paz.

Fuerza supuestamente de paz compuesta por uniformados de muchos países, notoriamente latinoamericanos, la MINUSTAH ha sido repudiada desde un inicio por la población haitiana por tratarse de una imposición que conculca las facultades de autodeterminación y el ejercicio de una democracia plena en Haití, además de estar autorizada para reprimir a los haitianos hasta en caso de sospecha.(5)

Hoy, en una jugada muy audaz, es directamente el Comando Conjunto de Estados Unidos, a través del Comando Sur, quien se erige como autoridad suprema controlando movimientos aéreos, marinos y terrestres. La MINUSTAH y sus efectivos quedan bajo las órdenes de las divisiones del Comando Sur en virtud de la atención al desastre.

Nadie objeta estos movimientos del ajedrez del poder hegemónico que en muy pocas horas transformaron la geopolítica continental. La comunidad internacional parece haberse hecho cargo de Haití como si fuera un desierto sin capacidad de organización propia desde 2004, y mucho más ahora después del terremoto. La comunidad internacional parece aceptar que las disposiciones de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos son universales y que las tropas son necesarias para apaciguar a ese pueblo indómito.

Descartando la hipótesis de que el propio Estados Unidos haya provocado el terremoto (6) lo cierto es que unas horas después del desastre ya estaba en suelo haitiano la dramáticamente célebre 82 División Aerotransportada del ejército de Estados Unidos, responsable de las invasiones a Dominicana (1965), Granada (1983) y Panamá (1989), y, para el 26 de enero, el número de soldados que movió hacia Haití, sumando los que hay en tierra y mar, asciende a 12,500.(7) Nadie sabe a ciencia cierta qué función puedan estar cumpliendo los integrantes de una brigada netamente ofensiva, equipada con armamento sofisticado que incluye misiles, y con capacidad de neutralización y aniquilamiento de fuerzas vivas y la toma de territorios en muy breve plazo. Es decir, una fuerza de asalto de respuesta rápida. Habría sólo que recordar que en Granada y Panamá se trataba de operativos de invasión y ahora de uno, en principio, humanitario.

Dadas las circunstancias podría en verdad hablarse de una invasión limpia, al no necesitar despliegue de fuerza aérea y artillería para el bombardeo previo. El terremoto hizo el trabajo sucio, sin bajas para el invasor.

No hay mejor teatro de operaciones.

Estados Unidos desplegó eficientemente todo un operativo de guerra y se ha ocupado mucho más de controlar que de apoyar. Se hizo cargo de las comunicaciones controlando no sólo el aeropuerto sino todos los movimientos en las costas, al punto que el Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, sostiene que Estados Unidos “está aprovechando una desgracia terrible de un pueblo hermano para asentar presencia militar permanente, en una estrategia de militarización, de control en el continente” (8), y el presidente Evo Morales está llamando a una reunión de las Naciones Unidas para detener la escalada. Pero ni la ONU está en condiciones de interpelar las decisiones interventoras de Estados Unidos, ni los halcones están en disposición de soltar la presa. El imperio ha tomado muy en serio la pérdida estratégica que han significado los procesos revolucionarios recientes en Latinoamérica.

Además del buque hospital USNS Comfort, con cerca de mil elementos de personal médico que curiosamente atienden sólo alrededor de 100 pacientes diarios, se colocó en las costas de Haití, que por la cercanía (74 km.) son también las costas de Cuba, un portaviones nuclear (USS Carl Vinson) y dos buques de asalto anfibio (USS Bataan, USS Nassau). Todas estas naves, en realidad, son bases militares itinerantes que complementan las posiciones en tierra y que otorgan una mayor versatilidad y flexibilidad a las redes de control militarizado.

De acuerdo con información oficial, se han creado oportunamente dos nuevas Fuerzas de Tarea:

El Comando Sur de Estados Unidos ha establecido la Fuerza de Tarea Conjunta- Haití (JTF-H) para observar los esfuerzos de ayuda de los militares de Estados Unidos en Haití y ha nombrado al Teniente General del Ejército de Estados Unidos Ken Keen (9) como su comandante. Más de 20,000 militares norteamericanos, 23 navíos y más de 120 aviones están apoyando las operaciones para proveer ayuda y cuidado a más de tres millones de haitianos afectados por el terremoto del 12 de enero.(10)

La otra Fuerza de Tarea, la 48, tiene sede ni más ni menos que en Cuba, en la base de Guantánamo, y por ahora se ocupa de coordinar “los activos de tierra y aire para entregar oportunamente la ayuda humanitaria a Haití” según Patricia Wolfe, comandante de la Fuerza, quien recuerda que:

El suministro oportuno de esta ayuda es sólo posible por la estrecha proximidad de la Base Naval de la Bahía de Guantánamo (GTMO) con el área afectada. GTMO es obviamente una posición clave para atender los requerimientos estratégicos en esta región. (http://www.navy.mil/search/display.asp?story_id=50733)

De manera que si esto no es una ofensiva de guerra contra Haití tal vez sí lo sea para sus vecinos. Las nuevas posiciones ocupadas no sólo rodean el Caribe sino que cortan el paso entre Cuba y Venezuela y, mediante triangulaciones con las bases de la zona crean condiciones de aislamiento para cada una de las islas caribeñas.

Cuba, por lo pronto, queda cubierta por todos los flancos.

Con estas dos nuevas Fuerzas de Tarea a partir del desastre, una con sede en Haití y otra ubicada en Guantánamo, se puede pensar que estamos en el inicio de una reorganización completa de la estrategia militar en esta región o, por lo menos, de una reorganización operativa con miras más ambiciosas que en el pasado, y preparando condiciones de intervención inmediata en cualquier situación y lugar que así lo requiera, desde su perspectiva, en el área.

Con las viejas y nuevas bases en Colombia, las potenciales bases en Panamá, Palmerola, Guantánamo, Aruba y Curacao, Estados Unidos tiene una situación de total control de movimientos en la región caribeña, o amazónico-caribeña. México queda cercado en el Golfo y sometido por la Inciativa Mérida, y en coordinación con Colombia como parte del corredor de contención que Estados Unidos ha ido propiciando para detener los procesos de transformación en el continente.

¡Buena jugada! Haití queda ocupado, Cuba rodeada, la IV flota ondeando sus banderas en todo el Caribe y Venezuela acosada.

Pero en el Caribe no hay guerra. El Caribe es una zona de paz… y catástrofes.

NOTAS

[1] Hasta los años 70 del siglo XX Haití fue autosuficiente en arroz, que es la base de la alimentación. A partir de entonces y como producto de una combinación de políticas neoliberales, se perdió la suficiencia al punto que hoy se importa más del 80 % del arroz que se consume. Pero en general de una dieta alimenticia que se producía en un 90 % dentro del país, hoy se importa el 55 % (Rodríguez, José Luis, citado en Sánchez, José Tomás, ¿Qué hacemos en Haití? , www.ea.com.py).

[2] Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití.

[3] Los países que aportan personal militar, con Brasil a la cabeza, son: Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Jordania, Nepal, Paraguay, Perú, República de Corea, Sri Lanka y Uruguay.

[4] Países que aportan personal policiaco: Argentina, Benin, Bangladesh, Brasil, Burkina Faso, Camerún, Canadá, Chad, Chile, China, Colombia, Cote d’Ivoire, Croacia, Egipto, El Salvador, España, Estados Unidos, Federación de Rusia, Filipinas, Francia, Guinea, Jordania, India, Jamaica, Madagascar, Malí, Nepal, Níger, Nigeria, Pakistán, República Centroafricana, Rwanda, Rumanía, Senegal, Serbia, Sri Lanka, Suiza, Togo, Turquía, Uruguay y Yemen.

[5] La sospecha se ha ido instalando como elemento de justificación para acciones punitivas de parte de las fuerzas públicas, negando así las atribuciones de las instancias de justicia. En el caso de las misiones humanitarias o de paz, cuyo propósito debería ser restablecer y/o garantizar las condiciones para un funcionamiento regular de las instituciones democráticas, no debería permitirse tal grado de impunidad a las tropas que están autorizadas a disparar si creen que alguien parece sospechoso.

[6] Lo mismo ocurrió con el ataque a las torres gemelas. Algunos investigadores y periodistas han sostenido que se trató de un autoatentado para justificar los cambios drásticos de política militar que le sucedieron. Y en este caso ya circulan escritos basados en informaciones sobre el Proyecto HAARP con base en Alaska, sosteniendo la hipótesis de la capacidad de generar cambios climáticos y catástrofes como el terremoto en Haití.

[7] http://www.abn.info.ve/noticia.php?articulo=217451&lee=16

[8] “Bolivia teme que Haití se convierta en otra base militar estadounidense”. En DiarioCoLatino.com, San Salvador, enero 28, 2010. http://www.diariocolatino.com/es/20100119/internacionales/75895/

[9] Ken Keen es el Military Deputy Commander (Comandante suplente o adjunto) del Comando Sur y tiene amplia experiencia en la región, además de haber comandado la Fuerza de Tarea Ranger en la Operación Tormenta en el Desierto y de haber formado parte del Comando Conjunto del EUCOM en 2007-2009. Se trata de un militar de la más alta categoría y experiencia en zonas de guerra y conflicto, en plenas funciones, con trabajo reciente en áreas de alto riesgo estratégico. En América Latina fungió como Oficial de las Fuerzas Especiales en Panamá (1977-1980); Oficial del Grupo de Entrenamiento Militar en Honduras (1980); Comandante del Grupo Militar de Estados Unidos en Colombia (2001-2003); Comandante del Ejército del Sur de Estados Unidos (2005-2007) y estudiante en el Comando Brasileño y el Colegio del Comando General en Brasil (Brazilian Command and General Staff College) (1987-1988). ( http://www.southcom.mil/AppsSC/pages/dcdrBio.php ). No hay que descuidar este último dato y los vínculos que implica, sobre todo teniendo en cuenta el papel de las Fuerzas Armadas brasileñas como comandantes de la MINUSTAH.

[10] Consultado en la página de internet del Comando Sur el día viernes 29 de enero de 2009 http://www.southcom.mil/AppsSC/factFiles.php?id=138

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=99818

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Nov 18 2009

Los bárbaros a la conquista

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bolivia11

Gringolandia está devorando a Colombia con la facilidad con que un lagarto captura una mosca

Por MAGGIE MARÍN

El gobernante del país más amenazado por las siete bases estadounidenses que Colombia instalará en su territorio tuvo que salir al paso a cínicas acusaciones en su contra, de Bogotá y de la contrarrevolución interna. El llamado a los militares y al pueblo para que estén preparados ante el peligro que representan esas instalaciones, dijo Hugo Chávez Frías recién, es una medida de precaución. “No hemos llamado a la guerra sino a defender la soberanía de Venezuela”.

La situación es tan grave que al repudio de los gobernantes de Bolivia, Evo Morales; de Ecuador, Rafael Correa; de Nicaragua, Daniel Ortega y de Paraguay, Fernando Lugo; se suma el rechazo de los de Argentina, Cristina Fernández, y de Brasil, y Luiz Inacio Lula da Silva, así como del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas), el Parlamento Andino, la Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, los movimientos y organizaciones adscriptas al Foro Social Mundial, asociaciones de profesionales y los Premios Nóbel por la Paz Adolfo Pérez Esquivel y Rigoberta Munchú, entre otras entidades y personalidades de prestigio.

Con todo, en la cumbre del ALBA de diciembre próximo en La Habana, por los cinco años del ente integrador, el asunto de las bases volverá a ser tema principal.

La beligerancia es inherente y consustancial en las relaciones de poder y dominación de los imperios. De manera que tal como los que le antecedieron, para el que hoy se asienta en la América del Norte, guerra y militarización son vías que sustentan sus ejes de dominación. En Oriente Medio, en nuestra región y en el resto del mundo. Para él, dominar es controlar gobiernos, mercados, recursos y gentes. Dominar es tomar providencias para que nada ponga en peligro su tan cacareada y sacrosanta seguridad nacional, que la mayoría de las veces huele a petróleo.

Y dominar es además intervenir directamente y torcer los acontecimientos que no se ajusten a sus intereses, o entrometerse con los peores modos para mantener a raya a sus adversarios. Conque urdir una maniobra tras otra para sojuzgar y afirmarse está en el código genético de las esferas de poder de EE.UU.

Así, a inicios de este siglo las diversas modalidades del militarismo gringo marchaban “a buen paso” en Latinoamérica. En la fragua, por ejemplo, de instituciones militares dependientes; en la “lucha conjunta” contra el crimen internacional (terrorismo, narcotráfico, corrupción, inmigración ilegal y tráfico de armas, entre otras) y en los ejercicios militares de entrenamiento de las fuerzas armadas, por supuesto bajo la tutela del Comando Sur.

Según cifras del propio Comando, en 2006 se ejecutaron 60 “ejercicios conjuntos” en 22 países. Dos años más tarde, en 2008, superaron los 120 en más de 26 naciones. Y no es todo, porque a las usuales se sumaron modalidades injerencistas más sofisticadas: trabajos de inteligencia, control de fronteras, creación de bancos de información de datos personales, introducción de nuevas funciones y estilos en las fuerzas que se ocupan de la seguridad interna. E incluso, modificación del estatuto de la seguridad en el conjunto de responsabilidades y derechos de los estados.

Y junto al eje de dominación militar pretendieron “reorganizar”, “ordenar” y “disciplinar” a nuestras sociedades con mecanismos económicos. Como es lógico, la crisis que generó el neoliberalismo parió rebeldías. Y aún así siguieron intentándolo y ensayaron otras fórmulas de control. Pero la ola de insubordinaciones creció y ha sido a punta de rebeldía que se ha venido diseñando una América Latina que se sirvió de otra sagrada institución moldeada por EE.UU. para nosotros, la “democracia”, para elegir a gobernantes comprometidos con sus pueblos, no con los postulados ideológicos, políticos, económicos, culturales y militares gringos.

Hoy el supuesto enfrentamiento al narcotráfico y al terrorismo encubre en realidad otra invasión a América Latina, ya no tan silenciosa como querían los norteños y exigía el diseño contrainsurgente original. Es justamente en esa invasión que las bases militares tienen una particular importancia.

La militarización de América Latina por EEUU se aprecia, además de lo antes dicho, en el fortalecimiento de sus instalaciones de control y comunicaciones en el subcontinente, al punto de que pueden realizar operaciones de inteligencia, fijas y móviles, en toda la región y han logrado incrementar su presencia militar y extender cada vez más sus bases militares a lo largo y ancho del territorio, lo que a su vez les permite introducirse en el espacio aéreo, terrestre, marítimo y fluvial de la mayor parte de nuestros países.

La puesta en funciones de las susodichas bases optimizará todo el dispositivo geoestratégico que apunta a la reconquista de América Latina. Porque, ¿qué tiene en miras el Imperio con esta suerte de diplomacia de las cañoneras? Pues claro que el petróleo, el agua, la energía, y la biodiversidad. Pero primero necesitan cercar, dominar, y destrozar si es posible, a los gobiernos díscolos. En primer lugar al de la Venezuela Bolivariana. Y de paso, acabar con la insurgencia colombiana.

No debe extrañar, pues, que el rechazo surgido cuando en enero se filtró la posibilidad de que Colombia cediese al poderoso vecino tres bases militares (solo de tres se habló entonces), se trocase en las exigencias actuales de que se respete la soberanía y la independencia de las naciones latinoamericanas y la paz regional. Desde entonces las posturas de los gobernantes de Venezuela, Ecuador, Bolivia y, Nicaragua han sido claras y fuertes al respecto, y han salido al paso a la reiterada pretensión colombiana y estadounidense de vincular a Caracas no solo con declaraciones sino con acciones guerreristas, como los sangrientos sucesos acaecidos en la frontera colombo-venezolana días atrás.

“Cualquier persona medianamente informada –escribió Fidel Castro en su reflexión del reciente 6 de noviembre– comprende de inmediato que el edulcorado “Acuerdo complementario para la Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos”, firmado el 30 de octubre y publicado en la tarde del 2 de noviembre, equivale a la anexión de Colombia a Estados Unidos”. No es honesto, dice, “guardar silencio ahora y hablar después sobre soberanía, democracia, derechos humanos, libertad de opinión y otras delicias, cuando un país es devorado por el imperio con la misma facilidad con que un lagarto captura una mosca”.

Y enumeró en su artículo los antecedentes de “la vergonzosa absorción que convierte a Colombia en territorio de ultramar”, antes de enfatizar que lo que el imperio pretende ahora es enviar a los colombianos “a luchar contra sus hermanos venezolanos, ecuatorianos y otros pueblos bolivarianos y del ALBA, para aplastar la Revolución Venezolana, como trataron de hacer con la Revolución Cubana en abril de 1961”.

Por supuesto que nada justifica convertir a Colombia propiamente en base militar de Estados Unidos porque tal como sigue siendo denunciado tras filtrarse los detalles del abultado acuerdo (de 48 páginas y que puede ampliarse cada 10 años) las Fuerzas Armadas norteamericanas entrarán en posesión al mismo tiempo de los aeropuertos civiles, de cualquier otra instalación que les convenga y del espacio radioeléctrico. Tendrán además total impunidad si cometen delitos contra personas, bienes y hasta contra las mismísimas leyes de la nación sudamericana.

Por demás Gringolandia puede solicitar modificaciones en el total de sus soldados allí apostados, y los portaaviones y barcos de guerra que visiten las bases navales llevarán cuantos tripulantes requieran. Y pueden ser miles en uno solo de sus grandes portaaviones, dice también Fidel en su reflexión, que termina expresando que el gravísimo y trascendente problema que tiene lugar en Colombia no puede pasar inadvertido por los gobiernos latinoamericanos, y su convencimiento de que los pueblos reaccionarán.

“Sentirán el puñal que se clava en lo más profundo de sus sentimientos, en especial el de Colombia: ¡se opondrán, jamás se resignarán a tal infamia!”.

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Nov 08 2009

LOS HÉROES INÚTILES Y LAS GUERRAS HACIA NINGÚN LADO

Published by Maggie under En el mundo, En Órbita, General

adolfo_perez_esquivel

Las guerras sólo sirven para vender armas y potenciar el complejo militar industrial y los intereses imperiales, advierte el argentino sin par y Premio Nóbel por la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, en comentario publicado recientemente por La Jornada, de México, que reproduzco textualmente.

¿Cuántos soldados estadounidenses, británicos y de otras naciones murieron en las guerras contra Afganistán e Iraq? ¿Cuántos más tendrán que morir antes de terminar las guerras?

Se cuentan los muertos de los países invasores, pero nada se dice de los muertos en las naciones invadidas y la resistencia de afganos e iraquíes. Se silencian las miles de muertes de mujeres y niños, las poblaciones devastadas por la destrucción y el saqueo de la OTAN del patrimonio de la humanidad y de los recursos de esos dos países.

Toda la destrucción y muerte se hace en nombre de la “libertad”, de la “democracia”, de liberar a esos países de la dictadura, cuando les conviene. La OTAN es aliada de Estados Unidos, como lo fue Saddam Hussein, utilizado en la guerra contra Irán.

El primer ministro británico, Gordon Brown, ha rendido honores póstumos a los 221 soldados muertos en la guerra contra Afganistán y se compromete a enviar más militares. Estados Unidos rinde homenaje a sus soldados caídos en las guerras que sostiene en diversas partes del mundo. Las viudas y familiares de los soldados muertos recibirán una medalla, una pensión y el olvido de sus vidas que engrosarán las páginas de los héroes inútiles de las guerras hacia ningún lado. Guerras que sólo sirven para vender armas y potenciar el complejo industrial militar y los intereses hegemónicos del imperio.

Los costos en vida y la destrucción de otros pueblos no cuentan en la agenda del “debe y haber” del Pentágono, la Agencia Central de Inteligencia y el Departamento de Estado, ni en los países de la OTAN involucrados en el conflicto armado. La complicidad de los monopolios informativos es pavorosa e hipócrita.

En la mitología griega, Sísifo, dios del Olimpo, fue castigado por el dios supremo, Zeus, y tiene que cargar en sus hombros por toda la eternidad una gran piedra que debe colocar en la cima de la montaña. Una y otra vez Sísifo hace el gran esfuerzo que nunca logra concretar de llegar a la cumbre, y la piedra cae, y así en permanente devenir por toda la eternidad vuelve a buscar la piedra al pie de la montaña.

Albert Camus ha retomado el mito de Sísifo, a quien llama “el héroe inútil”, en la incesante derrota de sí mismo en su camino existencial. Es la situación del hombre moderno, de los gobernantes y del sistema dominante, que vuelven una y otra vez a repetir las mismas derrotas de la conciencia y los actos inútiles, como si fueran grandes logros de la imbecilidad humana.

En nombre de la libertad se impone el sometimiento a otros pueblos, como ocurre en la franja de Gaza contra el pueblo palestino, testigo de los crímenes de guerra de Israel, condenados por la ONU. Y también en Colombia, con la intervención de los grupos paramilitares, Estados Unidos e Israel, se cometen crímenes contra el pueblo. Las guerrillas y el narcotráfico generan la incertidumbre, la muerte y suman héroes inútiles, a la inutilidad de la violencia social y estructural.

En nombre de la democracia, Estados Unidos invade, tortura y realiza vuelos clandestinos en diversos países, con secuestros y asesinatos contra quienes considera “terroristas”. Justifica el horror y los llamados “daños colaterales”: la muerte de miles de niños, mujeres y población civil.

Nada de esto figura en los medios de comunicación y los noticieros de la BBC y de la CNN, ni en las estadísticas. Los muertos son considerados “no personas”. De eso “no se habla”.

Las muertes de soldados de Estados Unidos, Gran Bretaña y los aliados de la OTAN, nada tienen de gesta heroica, sino de rapiña, destrucción y muerte. Los soldados no saben por qué van a la guerra, simplemente van a matar o morir; les prometen la nacionalidad de Estados Unidos y lo único que logran es la ciudadanía de la muerte en tierras extrañas. Los sobrevivientes y mutilados sólo tendrán la mirada del horror y recordarán las muertes de otros jóvenes, como ellos, héroes inútiles.

Vietnam vuelve a repetirse. Es hora de que el pueblo de Estados Unidos despierte, que Obama, galardonado con el Premio Nobel de la Paz, ponga la “barba en remojo”, pero como no la tiene debe poner “otras cosas en remojo” y sacudirse el yugo a que está sometido Si llegó al gobierno, que gobierne. Es urgente terminar con las guerras, es necesario que actúe en bien de la humanidad, que pida el apoyo de su pueblo y el mundo para evitar mayor destrucción y muerte. Es su obligación.

No puede continuar enviando soldados a matar y destruir otros pueblos; no es justo, es inmoral y atenta contra toda la humanidad. Que no termine siendo otro Sísifo que cargue la piedra del horror, la destrucción y la derrota de Estados Unidos, que suma guerras perdidas porque no tiene ideales. Las tropas no tienen mística ni causa justa que defender. Y una y otra vez cargará la piedra, cada vez más pesada, que no podrá colocar en la cumbre de la montaña, porque la derrota está en la mente y el corazón de Estados Unidos transformado en Sísifo en su incesante devenir de la angustia existencial.

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