América despierta

Otro punto de vista sobre estas latitudes

Feb 04 2010

La nueva ofensiva imperialista en América Latina: La jugada del Caribe


bases-militares-gc

Por Ana Esther Ceceña, Humberto Miranda, David Barrios, Rodrigo Yedra

El 12 de enero de 2010 fue un día de mucha incertidumbre, pero también de muchas confirmaciones. Puerto Príncipe, lo más cercano a un centro urbano moderno en el país más pobre del hemisferio occidental, amaneció con un terremoto de 7 grados de intensidad que dejó al pueblo, al Presidente y al propio Dios sin casa, al derrumbarse incluso el Palacio Presidencial y la Catedral.

Ese pequeño pedazo de La Española, pionero en la sublevación independentista, se debate hoy entre una catástrofe económica que lo ha sumido en la pobreza y le ha cancelado la autosuficiencia alimentaria (1), una catástrofe natural comparable a un bombardeo nuclear aunque sin efectos radioactivos, y una nueva ocupación que refuerza su condición de colonia.

La inmediata respuesta solidaria de la comunidad mundial enviando alimentos, medicinas y cobijas, se combinó con la presencia de médicos cubanos que desde hace 11 años trabajan apoyando al pueblo de Haití y que en estos momentos jugaron un papel central en la atención a las víctimas. Las difíciles condiciones del país, no obstante, no facilitaron la distribución rápida de la ayuda humanitaria, y los medios de comunicación, en cierta medida liderados por la CNN, fueron colocando como sentido común la idea de una situación de creciente caos e ingobernabilidad, que justificaba la presencia militar no sólo de los integrantes de la MINUSTAH (2), sobre el terreno desde 2004, sino de nuevos contingentes de ¡tropas de asalto!

Si bien al inicio se había autorizado a la MINUSTAH colocar hasta 6.700 efectivos militares en Haití, ese tope fue incrementándose hasta alcanzar el 30 de noviembre de 2009 una cifra de 9.065 efectivos uniformados, incluidos 7.031 soldados3 y 2.034 policías (4), apoyados por 488 funcionarios internacionales, 1.212 funcionarios nacionales y 214 voluntarios de la ONU. Esta Misión, con un presupuesto anual promedio de 600 millones de dólares, ha sido denunciada por la organización inglesa Save the Children (No one to turn on to, 2008) por las sistemáticas violaciones sexuales, maltrato o incitación a la prostitución de niñas y niños haitianos, además de ser denunciada por organizaciones de derechos humanos y misiones de observación de la sociedad civil por los atropellos que con toda impunidad se cometen en nombre del restablecimiento de la paz.

Fuerza supuestamente de paz compuesta por uniformados de muchos países, notoriamente latinoamericanos, la MINUSTAH ha sido repudiada desde un inicio por la población haitiana por tratarse de una imposición que conculca las facultades de autodeterminación y el ejercicio de una democracia plena en Haití, además de estar autorizada para reprimir a los haitianos hasta en caso de sospecha.(5)

Hoy, en una jugada muy audaz, es directamente el Comando Conjunto de Estados Unidos, a través del Comando Sur, quien se erige como autoridad suprema controlando movimientos aéreos, marinos y terrestres. La MINUSTAH y sus efectivos quedan bajo las órdenes de las divisiones del Comando Sur en virtud de la atención al desastre.

Nadie objeta estos movimientos del ajedrez del poder hegemónico que en muy pocas horas transformaron la geopolítica continental. La comunidad internacional parece haberse hecho cargo de Haití como si fuera un desierto sin capacidad de organización propia desde 2004, y mucho más ahora después del terremoto. La comunidad internacional parece aceptar que las disposiciones de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos son universales y que las tropas son necesarias para apaciguar a ese pueblo indómito.

Descartando la hipótesis de que el propio Estados Unidos haya provocado el terremoto (6) lo cierto es que unas horas después del desastre ya estaba en suelo haitiano la dramáticamente célebre 82 División Aerotransportada del ejército de Estados Unidos, responsable de las invasiones a Dominicana (1965), Granada (1983) y Panamá (1989), y, para el 26 de enero, el número de soldados que movió hacia Haití, sumando los que hay en tierra y mar, asciende a 12,500.(7) Nadie sabe a ciencia cierta qué función puedan estar cumpliendo los integrantes de una brigada netamente ofensiva, equipada con armamento sofisticado que incluye misiles, y con capacidad de neutralización y aniquilamiento de fuerzas vivas y la toma de territorios en muy breve plazo. Es decir, una fuerza de asalto de respuesta rápida. Habría sólo que recordar que en Granada y Panamá se trataba de operativos de invasión y ahora de uno, en principio, humanitario.

Dadas las circunstancias podría en verdad hablarse de una invasión limpia, al no necesitar despliegue de fuerza aérea y artillería para el bombardeo previo. El terremoto hizo el trabajo sucio, sin bajas para el invasor.

No hay mejor teatro de operaciones.

Estados Unidos desplegó eficientemente todo un operativo de guerra y se ha ocupado mucho más de controlar que de apoyar. Se hizo cargo de las comunicaciones controlando no sólo el aeropuerto sino todos los movimientos en las costas, al punto que el Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, sostiene que Estados Unidos “está aprovechando una desgracia terrible de un pueblo hermano para asentar presencia militar permanente, en una estrategia de militarización, de control en el continente” (8), y el presidente Evo Morales está llamando a una reunión de las Naciones Unidas para detener la escalada. Pero ni la ONU está en condiciones de interpelar las decisiones interventoras de Estados Unidos, ni los halcones están en disposición de soltar la presa. El imperio ha tomado muy en serio la pérdida estratégica que han significado los procesos revolucionarios recientes en Latinoamérica.

Además del buque hospital USNS Comfort, con cerca de mil elementos de personal médico que curiosamente atienden sólo alrededor de 100 pacientes diarios, se colocó en las costas de Haití, que por la cercanía (74 km.) son también las costas de Cuba, un portaviones nuclear (USS Carl Vinson) y dos buques de asalto anfibio (USS Bataan, USS Nassau). Todas estas naves, en realidad, son bases militares itinerantes que complementan las posiciones en tierra y que otorgan una mayor versatilidad y flexibilidad a las redes de control militarizado.

De acuerdo con información oficial, se han creado oportunamente dos nuevas Fuerzas de Tarea:

El Comando Sur de Estados Unidos ha establecido la Fuerza de Tarea Conjunta- Haití (JTF-H) para observar los esfuerzos de ayuda de los militares de Estados Unidos en Haití y ha nombrado al Teniente General del Ejército de Estados Unidos Ken Keen (9) como su comandante. Más de 20,000 militares norteamericanos, 23 navíos y más de 120 aviones están apoyando las operaciones para proveer ayuda y cuidado a más de tres millones de haitianos afectados por el terremoto del 12 de enero.(10)

La otra Fuerza de Tarea, la 48, tiene sede ni más ni menos que en Cuba, en la base de Guantánamo, y por ahora se ocupa de coordinar “los activos de tierra y aire para entregar oportunamente la ayuda humanitaria a Haití” según Patricia Wolfe, comandante de la Fuerza, quien recuerda que:

El suministro oportuno de esta ayuda es sólo posible por la estrecha proximidad de la Base Naval de la Bahía de Guantánamo (GTMO) con el área afectada. GTMO es obviamente una posición clave para atender los requerimientos estratégicos en esta región. (http://www.navy.mil/search/display.asp?story_id=50733)

De manera que si esto no es una ofensiva de guerra contra Haití tal vez sí lo sea para sus vecinos. Las nuevas posiciones ocupadas no sólo rodean el Caribe sino que cortan el paso entre Cuba y Venezuela y, mediante triangulaciones con las bases de la zona crean condiciones de aislamiento para cada una de las islas caribeñas.

Cuba, por lo pronto, queda cubierta por todos los flancos.

Con estas dos nuevas Fuerzas de Tarea a partir del desastre, una con sede en Haití y otra ubicada en Guantánamo, se puede pensar que estamos en el inicio de una reorganización completa de la estrategia militar en esta región o, por lo menos, de una reorganización operativa con miras más ambiciosas que en el pasado, y preparando condiciones de intervención inmediata en cualquier situación y lugar que así lo requiera, desde su perspectiva, en el área.

Con las viejas y nuevas bases en Colombia, las potenciales bases en Panamá, Palmerola, Guantánamo, Aruba y Curacao, Estados Unidos tiene una situación de total control de movimientos en la región caribeña, o amazónico-caribeña. México queda cercado en el Golfo y sometido por la Inciativa Mérida, y en coordinación con Colombia como parte del corredor de contención que Estados Unidos ha ido propiciando para detener los procesos de transformación en el continente.

¡Buena jugada! Haití queda ocupado, Cuba rodeada, la IV flota ondeando sus banderas en todo el Caribe y Venezuela acosada.

Pero en el Caribe no hay guerra. El Caribe es una zona de paz… y catástrofes.

NOTAS

[1] Hasta los años 70 del siglo XX Haití fue autosuficiente en arroz, que es la base de la alimentación. A partir de entonces y como producto de una combinación de políticas neoliberales, se perdió la suficiencia al punto que hoy se importa más del 80 % del arroz que se consume. Pero en general de una dieta alimenticia que se producía en un 90 % dentro del país, hoy se importa el 55 % (Rodríguez, José Luis, citado en Sánchez, José Tomás, ¿Qué hacemos en Haití? , www.ea.com.py).

[2] Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití.

[3] Los países que aportan personal militar, con Brasil a la cabeza, son: Argentina, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Jordania, Nepal, Paraguay, Perú, República de Corea, Sri Lanka y Uruguay.

[4] Países que aportan personal policiaco: Argentina, Benin, Bangladesh, Brasil, Burkina Faso, Camerún, Canadá, Chad, Chile, China, Colombia, Cote d’Ivoire, Croacia, Egipto, El Salvador, España, Estados Unidos, Federación de Rusia, Filipinas, Francia, Guinea, Jordania, India, Jamaica, Madagascar, Malí, Nepal, Níger, Nigeria, Pakistán, República Centroafricana, Rwanda, Rumanía, Senegal, Serbia, Sri Lanka, Suiza, Togo, Turquía, Uruguay y Yemen.

[5] La sospecha se ha ido instalando como elemento de justificación para acciones punitivas de parte de las fuerzas públicas, negando así las atribuciones de las instancias de justicia. En el caso de las misiones humanitarias o de paz, cuyo propósito debería ser restablecer y/o garantizar las condiciones para un funcionamiento regular de las instituciones democráticas, no debería permitirse tal grado de impunidad a las tropas que están autorizadas a disparar si creen que alguien parece sospechoso.

[6] Lo mismo ocurrió con el ataque a las torres gemelas. Algunos investigadores y periodistas han sostenido que se trató de un autoatentado para justificar los cambios drásticos de política militar que le sucedieron. Y en este caso ya circulan escritos basados en informaciones sobre el Proyecto HAARP con base en Alaska, sosteniendo la hipótesis de la capacidad de generar cambios climáticos y catástrofes como el terremoto en Haití.

[7] http://www.abn.info.ve/noticia.php?articulo=217451&lee=16

[8] “Bolivia teme que Haití se convierta en otra base militar estadounidense”. En DiarioCoLatino.com, San Salvador, enero 28, 2010. http://www.diariocolatino.com/es/20100119/internacionales/75895/

[9] Ken Keen es el Military Deputy Commander (Comandante suplente o adjunto) del Comando Sur y tiene amplia experiencia en la región, además de haber comandado la Fuerza de Tarea Ranger en la Operación Tormenta en el Desierto y de haber formado parte del Comando Conjunto del EUCOM en 2007-2009. Se trata de un militar de la más alta categoría y experiencia en zonas de guerra y conflicto, en plenas funciones, con trabajo reciente en áreas de alto riesgo estratégico. En América Latina fungió como Oficial de las Fuerzas Especiales en Panamá (1977-1980); Oficial del Grupo de Entrenamiento Militar en Honduras (1980); Comandante del Grupo Militar de Estados Unidos en Colombia (2001-2003); Comandante del Ejército del Sur de Estados Unidos (2005-2007) y estudiante en el Comando Brasileño y el Colegio del Comando General en Brasil (Brazilian Command and General Staff College) (1987-1988). ( http://www.southcom.mil/AppsSC/pages/dcdrBio.php ). No hay que descuidar este último dato y los vínculos que implica, sobre todo teniendo en cuenta el papel de las Fuerzas Armadas brasileñas como comandantes de la MINUSTAH.

[10] Consultado en la página de internet del Comando Sur el día viernes 29 de enero de 2009 http://www.southcom.mil/AppsSC/factFiles.php?id=138

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=99818

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Nov 18 2009

Los bárbaros a la conquista

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bolivia11

Gringolandia está devorando a Colombia con la facilidad con que un lagarto captura una mosca

Por MAGGIE MARÍN

El gobernante del país más amenazado por las siete bases estadounidenses que Colombia instalará en su territorio tuvo que salir al paso a cínicas acusaciones en su contra, de Bogotá y de la contrarrevolución interna. El llamado a los militares y al pueblo para que estén preparados ante el peligro que representan esas instalaciones, dijo Hugo Chávez Frías recién, es una medida de precaución. “No hemos llamado a la guerra sino a defender la soberanía de Venezuela”.

La situación es tan grave que al repudio de los gobernantes de Bolivia, Evo Morales; de Ecuador, Rafael Correa; de Nicaragua, Daniel Ortega y de Paraguay, Fernando Lugo; se suma el rechazo de los de Argentina, Cristina Fernández, y de Brasil, y Luiz Inacio Lula da Silva, así como del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas), el Parlamento Andino, la Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, los movimientos y organizaciones adscriptas al Foro Social Mundial, asociaciones de profesionales y los Premios Nóbel por la Paz Adolfo Pérez Esquivel y Rigoberta Munchú, entre otras entidades y personalidades de prestigio.

Con todo, en la cumbre del ALBA de diciembre próximo en La Habana, por los cinco años del ente integrador, el asunto de las bases volverá a ser tema principal.

La beligerancia es inherente y consustancial en las relaciones de poder y dominación de los imperios. De manera que tal como los que le antecedieron, para el que hoy se asienta en la América del Norte, guerra y militarización son vías que sustentan sus ejes de dominación. En Oriente Medio, en nuestra región y en el resto del mundo. Para él, dominar es controlar gobiernos, mercados, recursos y gentes. Dominar es tomar providencias para que nada ponga en peligro su tan cacareada y sacrosanta seguridad nacional, que la mayoría de las veces huele a petróleo.

Y dominar es además intervenir directamente y torcer los acontecimientos que no se ajusten a sus intereses, o entrometerse con los peores modos para mantener a raya a sus adversarios. Conque urdir una maniobra tras otra para sojuzgar y afirmarse está en el código genético de las esferas de poder de EE.UU.

Así, a inicios de este siglo las diversas modalidades del militarismo gringo marchaban “a buen paso” en Latinoamérica. En la fragua, por ejemplo, de instituciones militares dependientes; en la “lucha conjunta” contra el crimen internacional (terrorismo, narcotráfico, corrupción, inmigración ilegal y tráfico de armas, entre otras) y en los ejercicios militares de entrenamiento de las fuerzas armadas, por supuesto bajo la tutela del Comando Sur.

Según cifras del propio Comando, en 2006 se ejecutaron 60 “ejercicios conjuntos” en 22 países. Dos años más tarde, en 2008, superaron los 120 en más de 26 naciones. Y no es todo, porque a las usuales se sumaron modalidades injerencistas más sofisticadas: trabajos de inteligencia, control de fronteras, creación de bancos de información de datos personales, introducción de nuevas funciones y estilos en las fuerzas que se ocupan de la seguridad interna. E incluso, modificación del estatuto de la seguridad en el conjunto de responsabilidades y derechos de los estados.

Y junto al eje de dominación militar pretendieron “reorganizar”, “ordenar” y “disciplinar” a nuestras sociedades con mecanismos económicos. Como es lógico, la crisis que generó el neoliberalismo parió rebeldías. Y aún así siguieron intentándolo y ensayaron otras fórmulas de control. Pero la ola de insubordinaciones creció y ha sido a punta de rebeldía que se ha venido diseñando una América Latina que se sirvió de otra sagrada institución moldeada por EE.UU. para nosotros, la “democracia”, para elegir a gobernantes comprometidos con sus pueblos, no con los postulados ideológicos, políticos, económicos, culturales y militares gringos.

Hoy el supuesto enfrentamiento al narcotráfico y al terrorismo encubre en realidad otra invasión a América Latina, ya no tan silenciosa como querían los norteños y exigía el diseño contrainsurgente original. Es justamente en esa invasión que las bases militares tienen una particular importancia.

La militarización de América Latina por EEUU se aprecia, además de lo antes dicho, en el fortalecimiento de sus instalaciones de control y comunicaciones en el subcontinente, al punto de que pueden realizar operaciones de inteligencia, fijas y móviles, en toda la región y han logrado incrementar su presencia militar y extender cada vez más sus bases militares a lo largo y ancho del territorio, lo que a su vez les permite introducirse en el espacio aéreo, terrestre, marítimo y fluvial de la mayor parte de nuestros países.

La puesta en funciones de las susodichas bases optimizará todo el dispositivo geoestratégico que apunta a la reconquista de América Latina. Porque, ¿qué tiene en miras el Imperio con esta suerte de diplomacia de las cañoneras? Pues claro que el petróleo, el agua, la energía, y la biodiversidad. Pero primero necesitan cercar, dominar, y destrozar si es posible, a los gobiernos díscolos. En primer lugar al de la Venezuela Bolivariana. Y de paso, acabar con la insurgencia colombiana.

No debe extrañar, pues, que el rechazo surgido cuando en enero se filtró la posibilidad de que Colombia cediese al poderoso vecino tres bases militares (solo de tres se habló entonces), se trocase en las exigencias actuales de que se respete la soberanía y la independencia de las naciones latinoamericanas y la paz regional. Desde entonces las posturas de los gobernantes de Venezuela, Ecuador, Bolivia y, Nicaragua han sido claras y fuertes al respecto, y han salido al paso a la reiterada pretensión colombiana y estadounidense de vincular a Caracas no solo con declaraciones sino con acciones guerreristas, como los sangrientos sucesos acaecidos en la frontera colombo-venezolana días atrás.

“Cualquier persona medianamente informada –escribió Fidel Castro en su reflexión del reciente 6 de noviembre– comprende de inmediato que el edulcorado “Acuerdo complementario para la Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos”, firmado el 30 de octubre y publicado en la tarde del 2 de noviembre, equivale a la anexión de Colombia a Estados Unidos”. No es honesto, dice, “guardar silencio ahora y hablar después sobre soberanía, democracia, derechos humanos, libertad de opinión y otras delicias, cuando un país es devorado por el imperio con la misma facilidad con que un lagarto captura una mosca”.

Y enumeró en su artículo los antecedentes de “la vergonzosa absorción que convierte a Colombia en territorio de ultramar”, antes de enfatizar que lo que el imperio pretende ahora es enviar a los colombianos “a luchar contra sus hermanos venezolanos, ecuatorianos y otros pueblos bolivarianos y del ALBA, para aplastar la Revolución Venezolana, como trataron de hacer con la Revolución Cubana en abril de 1961”.

Por supuesto que nada justifica convertir a Colombia propiamente en base militar de Estados Unidos porque tal como sigue siendo denunciado tras filtrarse los detalles del abultado acuerdo (de 48 páginas y que puede ampliarse cada 10 años) las Fuerzas Armadas norteamericanas entrarán en posesión al mismo tiempo de los aeropuertos civiles, de cualquier otra instalación que les convenga y del espacio radioeléctrico. Tendrán además total impunidad si cometen delitos contra personas, bienes y hasta contra las mismísimas leyes de la nación sudamericana.

Por demás Gringolandia puede solicitar modificaciones en el total de sus soldados allí apostados, y los portaaviones y barcos de guerra que visiten las bases navales llevarán cuantos tripulantes requieran. Y pueden ser miles en uno solo de sus grandes portaaviones, dice también Fidel en su reflexión, que termina expresando que el gravísimo y trascendente problema que tiene lugar en Colombia no puede pasar inadvertido por los gobiernos latinoamericanos, y su convencimiento de que los pueblos reaccionarán.

“Sentirán el puñal que se clava en lo más profundo de sus sentimientos, en especial el de Colombia: ¡se opondrán, jamás se resignarán a tal infamia!”.

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Nov 08 2009

LOS HÉROES INÚTILES Y LAS GUERRAS HACIA NINGÚN LADO

Published by Maggie under En el mundo, En Órbita, General

adolfo_perez_esquivel

Las guerras sólo sirven para vender armas y potenciar el complejo militar industrial y los intereses imperiales, advierte el argentino sin par y Premio Nóbel por la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, en comentario publicado recientemente por La Jornada, de México, que reproduzco textualmente.

¿Cuántos soldados estadounidenses, británicos y de otras naciones murieron en las guerras contra Afganistán e Iraq? ¿Cuántos más tendrán que morir antes de terminar las guerras?

Se cuentan los muertos de los países invasores, pero nada se dice de los muertos en las naciones invadidas y la resistencia de afganos e iraquíes. Se silencian las miles de muertes de mujeres y niños, las poblaciones devastadas por la destrucción y el saqueo de la OTAN del patrimonio de la humanidad y de los recursos de esos dos países.

Toda la destrucción y muerte se hace en nombre de la “libertad”, de la “democracia”, de liberar a esos países de la dictadura, cuando les conviene. La OTAN es aliada de Estados Unidos, como lo fue Saddam Hussein, utilizado en la guerra contra Irán.

El primer ministro británico, Gordon Brown, ha rendido honores póstumos a los 221 soldados muertos en la guerra contra Afganistán y se compromete a enviar más militares. Estados Unidos rinde homenaje a sus soldados caídos en las guerras que sostiene en diversas partes del mundo. Las viudas y familiares de los soldados muertos recibirán una medalla, una pensión y el olvido de sus vidas que engrosarán las páginas de los héroes inútiles de las guerras hacia ningún lado. Guerras que sólo sirven para vender armas y potenciar el complejo industrial militar y los intereses hegemónicos del imperio.

Los costos en vida y la destrucción de otros pueblos no cuentan en la agenda del “debe y haber” del Pentágono, la Agencia Central de Inteligencia y el Departamento de Estado, ni en los países de la OTAN involucrados en el conflicto armado. La complicidad de los monopolios informativos es pavorosa e hipócrita.

En la mitología griega, Sísifo, dios del Olimpo, fue castigado por el dios supremo, Zeus, y tiene que cargar en sus hombros por toda la eternidad una gran piedra que debe colocar en la cima de la montaña. Una y otra vez Sísifo hace el gran esfuerzo que nunca logra concretar de llegar a la cumbre, y la piedra cae, y así en permanente devenir por toda la eternidad vuelve a buscar la piedra al pie de la montaña.

Albert Camus ha retomado el mito de Sísifo, a quien llama “el héroe inútil”, en la incesante derrota de sí mismo en su camino existencial. Es la situación del hombre moderno, de los gobernantes y del sistema dominante, que vuelven una y otra vez a repetir las mismas derrotas de la conciencia y los actos inútiles, como si fueran grandes logros de la imbecilidad humana.

En nombre de la libertad se impone el sometimiento a otros pueblos, como ocurre en la franja de Gaza contra el pueblo palestino, testigo de los crímenes de guerra de Israel, condenados por la ONU. Y también en Colombia, con la intervención de los grupos paramilitares, Estados Unidos e Israel, se cometen crímenes contra el pueblo. Las guerrillas y el narcotráfico generan la incertidumbre, la muerte y suman héroes inútiles, a la inutilidad de la violencia social y estructural.

En nombre de la democracia, Estados Unidos invade, tortura y realiza vuelos clandestinos en diversos países, con secuestros y asesinatos contra quienes considera “terroristas”. Justifica el horror y los llamados “daños colaterales”: la muerte de miles de niños, mujeres y población civil.

Nada de esto figura en los medios de comunicación y los noticieros de la BBC y de la CNN, ni en las estadísticas. Los muertos son considerados “no personas”. De eso “no se habla”.

Las muertes de soldados de Estados Unidos, Gran Bretaña y los aliados de la OTAN, nada tienen de gesta heroica, sino de rapiña, destrucción y muerte. Los soldados no saben por qué van a la guerra, simplemente van a matar o morir; les prometen la nacionalidad de Estados Unidos y lo único que logran es la ciudadanía de la muerte en tierras extrañas. Los sobrevivientes y mutilados sólo tendrán la mirada del horror y recordarán las muertes de otros jóvenes, como ellos, héroes inútiles.

Vietnam vuelve a repetirse. Es hora de que el pueblo de Estados Unidos despierte, que Obama, galardonado con el Premio Nobel de la Paz, ponga la “barba en remojo”, pero como no la tiene debe poner “otras cosas en remojo” y sacudirse el yugo a que está sometido Si llegó al gobierno, que gobierne. Es urgente terminar con las guerras, es necesario que actúe en bien de la humanidad, que pida el apoyo de su pueblo y el mundo para evitar mayor destrucción y muerte. Es su obligación.

No puede continuar enviando soldados a matar y destruir otros pueblos; no es justo, es inmoral y atenta contra toda la humanidad. Que no termine siendo otro Sísifo que cargue la piedra del horror, la destrucción y la derrota de Estados Unidos, que suma guerras perdidas porque no tiene ideales. Las tropas no tienen mística ni causa justa que defender. Y una y otra vez cargará la piedra, cada vez más pesada, que no podrá colocar en la cumbre de la montaña, porque la derrota está en la mente y el corazón de Estados Unidos transformado en Sísifo en su incesante devenir de la angustia existencial.

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