América despierta

Otro punto de vista sobre estas latitudes

Ene 05 2010

74% del planeta rechaza el capitalismo

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Una encuesta global que incluyó a cinco países latinoamericanos que fomentan el neoliberalismo cayó como balde de agua fría sobre los promotores del capitalismo

Nueve de cada diez chilenos reclama la intervención del Estado en la redistribución de la riqueza, mientras 84 % desea someter a control al capitalismo de libre mercado que encarnan empresarios de extrema derecha como el candidato Sebastián Piñera. Una encuesta global encargada por la BBC de Londres a la investigadora internacional de opinión GlobeScan reveló en noviembre que el 91 % de las personas consultadas en Chile desean que su gobierno asuma un rol más activo en redistribuir más uniformemente la riqueza, mientras 5 % se inclina por un rol menos activo y 3 % prefiere dejar las cosas como están.

Los resultados de la encuesta no se difundieron en los grandes medios de Chile ni América Latina durante la fanfarria del 9 de noviembre por el 20º aniversario de la caída del Muro de Berlín simplemente porque muestran un rechazo universal de 74 % al capitalismo neoliberal contemporáneo. El dogma del libre mercado tal como existe hoy sólo tuvo 11 % de aceptación entre 29.033 personas encuestadas en 27 países. Quienes muestran mayor adhesión al capitalismo “realmente existente” son los encuestados de EEUU (25 %) y Pakistán (21 %).

Los latinoamericanos son los más partidarios de un papel activo del gobierno en el funcionamiento de la economía. En México, 92 % apoya una mejor distribución de la riqueza, 91 % en Chile y 89 % en Brasil. Las proporciones más altas por ver más activos a los gobiernos en la regulación de los negocios se dieron en Brasil (87 %), Chile (84 %), Francia (76 %), España (73 %), China (71 %) y Rusia (68 %).

La investigación en 27 países incluyó sólo a 5 de América Latina y cuyos gobiernos fomentan el neoliberalismo: Brasil, Chile, Costa Rica, México y Panamá. El resultado cayó como un balde a agua fría sobre los propagandistas del capitalismo, porque fue diametralmente opuesto al de la misma consulta realizada también por GlobeScan en 2005 en 20 países, que arrojó una mayoría de 63 % favorable al capitalismo como el mejor sistema posible. El sondeo no sirvió para inflar la “Fiesta de la Libertad” en Berlín, pero tampoco exhibieron nostalgia por el desaparecido “socialismo real”.

El estudio, diseñado y encargado por la BBC, fue realizado por GlobeScan y el Programa de Actitudes Políticas Internacionales (PIPA, por su sigla en inglés) de la Universidad de Maryland, cuyo personal asociado interrogó cara a cara o por teléfono -entre el 19 de junio y el 13 de octubre de 2009- a los 29.033 encuestados en Australia, Brasil, Canadá, Chile, China, Costa Rica, República Checa, Egipto, Francia, Alemania, India, Indonesia, Italia, Japón, Kenya, México, Nigeria, Paquistán, Panamá, Filipinas, Polonia, Rusia, España, Turquía, Ucrania, Reino Unido y EEUU. El margen de error por país oscila entre +/- 2,2% y 3,5%.

La encuesta destapó un aplastante rechazo de 74 % al actual capitalismo neoliberal. El 51 % opina que el sistema de mercado libre tiene problemas que podrían enderezarse sólo con regulación y reformas, mientras el 23 % sostiene lisa y llanamente que el capitalismo está herido de muerte y se requiere un nuevo sistema económico, como opina desde un 43 % en Francia, 38 % en México, 35 % en el Brasil, 31 % en Ucrania y 20 % en Chile. Las mayorías desean que sus gobiernos sean más activos en la posesión o control directo de industrias importantes en 15 de los 27 países. Esta visión es más frecuente en los ex estados soviéticos de Rusia (77 %) y Ucrania (75 %), pero también en Brasil (64 %), Indonesia (65 %) y Francia (57 %).

El presidente de GlobeScan, Doug Miller, admitió: “En apariencia, la caída del Muro de Berlín en 1989 pudo no haber sido la victoria final del capitalismo de mercado que pareció entonces, particularmente después de los acontecimientos de los últimos 12 meses”. Steven Kull, del PIPA, dijo: “Algunos aspectos del socialismo, tales como los esfuerzos del gobierno para igualar la riqueza, continúan atrayendo a mucha gente en todo el mundo”. En otras palabras, no hubo “fin de la historia”.

Según el reporte detallado por países:

Chile lidera en el mundo la postura por un gobierno más activo en el control del capitalismo salvaje: 9 de cada 10 ciudadanos piden más acción gubernamental en la redistribución de la riqueza (en segundo lugar está México), mientras otro alto porcentaje reclama más actividad de regulación del gobierno (en segundo lugar está Brasil). Y un áspero tres cuartos del total de encuestados en Chile -otra vez entre los más altos del mundo- opina que debe haber más control y propiedad gubernamental sobre la industria.

Brasil es el país en que una aplastante mayoría (87%) reclamó un papel más activo del gobierno en la actividad regulatoria. También tiene la tercera mayoría que pide un rol más relevante del gobierno en la redistribución de la riqueza, detrás de México y Chile.

Costa Rica está entre las mayorías más favorable al colapso de la URSS entre el público latinoamericano. Los costarricenses son los más proclives a salvar el capitalismo de mercado libre con regulación en su región.

México tiene la mayoría más grande de la encuesta que reclama a su gobierno hacer más para distribuir uniformemente la riqueza. Tiene también mayoría mundial en la visión del capitalismo de mercado libre fatalmente dañado como sistema, seguido de por los franceses. Un alto promedio de mexicanos dijo que el gobierno debe hacer mejor su trabajo de control de industrias importantes y regulación de los grandes negocios.

Panamá está en el promedio mundial que aboga por un rol más activo del gobierno en la intervención de la economía. La mayoría apoya un papel más relevante del Estado en la propiedad y control de industrias importantes, la redistribución de la riqueza y la regulación de los negocios. Pero la cantidad de gente que sustenta estas posiciones resulta relativamente baja en comparación con los otros países latinoamericanos.

Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno.

Extractado de www.argenpress.info

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Dic 28 2009

¿Jesús habría sido capitalista?

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Amigos:

Quisiera decirles algunas palabras a aquellos que se asumen cristianos (los musulmanes, judíos, budistas, etc., también pueden leer lo que voy a escribir estoy seguro, de que también ellos podrán aplicarlo a sus propios valores espirituales).

En mi último film hablo por primera vez sobre mis propias creencias en una película. Siempre creí que las preferencias religiosas son profundamente personales y que deben ser mantenidas en la privacidad. Después de todo hemos escuchado demasiado en las tres últimas décadas sobre como uno debería comportarse y debo decir que estoy bastante quemado de piedades y de lugares comunes considerando que somos una nación violenta que invade otros países y nos castiga por tener la audacia de afrontar tiempos difíciles.

Estoy igualmente en contra de cualquier tipo de proselitismo. No pretendo ciertamente que nadie adhiera a mi fe. Como católico, tengo también mucho que decir sobre la Iglesia como institución, pero lo dejaré para otro día (o para otra película).

A todos los tipos perversos de Wall Street y a los corruptos miembros del Congreso a que me refiero en “Capitalismo. Una historia de amor”, les planteo en la película una sola pregunta: “¿Es un pecado el capitalismo?” y sigo preguntando “¿Habría sido Jesús capitalista?, “¿Habría pertenecido a un Fondo buitre? ¿Podemos aprobar un sistema que permite que el 1% más rico pueda financiar su salud mientras que el 95% de la población no puede?

Estoy inclinado a creer que no es ningún hallazgo creer que el capitalismo se opone a todo lo que Jesús (y Moisés y Mahoma y Buda) predicó. Todas las grandes religiones tienen clara una cosa: es perverso apropiarse de la mayor parte de la torta y dejar a los demás pelearse por el resto. Jesús dijo que a los ricos les será muy difícil entrar en el cielo. Nos enseñó que debemos cuidar a nuestros hermanos y a nuestras hermanas y que la riqueza debe ser compartida. Dijo también que si no le das abrigo a los sin techo y no alimentas al hambriento, te será muy difícil encontrar el código que te permita abrir las puertas celestiales.

Sospecho que para nosotros los usamericanos hay malas noticias Sabemos que ahora tenemos la más alta tasa de desempleo desde 1983. Se cierra un puesto de trabajo cada 7,6 segundos, todos los días 14 mil personas pierden su seguro de salud. Es así como entendemos el “benditos sean los pobres”

Al mismo tiempo los banqueros de Wall Street (“Bendita sea la Riqueza”) acumulan más y más bienes – y se esmeran en pagar cada vez menos impuestos (en el último año el promedio de impuestos de Goldman Sachs fue de apenas un 1%) ¿Hubiera aprobado esto Jesús? Si no ¿porqué dejamos que siga este maldito sistema? No me parece que usted pueda ser al mismo tiempo Capitalista Y Cristiano – porque usted no puede amar el dinero Y amar a su vecino

cuando usted le está negando a su vecino la posibilidad de concurrir al médico solo porque usted puede tener algo más que lo esencial. Eso es “inmoral” y usted está cometiendo un pecado cuando obtiene beneficios a expensas de los demás.

Cuando usted esté en la Iglesia esta mañana piense por favor en todo esto. Quiero pedirle que les permita acercarse a sus “mejores ángeles” Y si usted está entre los millones de usamericanos que están luchando semana a semana, sepa que yo he prometido hacer todo lo posible para detener este mal – y espero que usted se una a mí hasta que no haya un solo ser humano que no pueda sentarse a la mesa.

Gracias por escucharme. Estaré en misa dentro de un rato. Le preguntaré al sacerdote si el cree que Jesús habría especulado con hipotecas y sus derivados. Creo que él debe haber sido bueno en matemáticas, sino ¿cómo hubiera podido multiplicar y repartir los panes y los cinco pescados entre 5 mil personas?

O él fue el primer socialista o sus discípulos no fueron eficientes. O ambas cosas.

Suyo

Michael Moore

Moore es un afamado y polémico documentalista estadounidense que ha denunciado a través de sus filmes la violencia que genera la tenencia de armas (Bowling for Columbine) y las falencias de los seguros de salud en EEUU (Sicko).

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Dic 02 2009

QUE HAYA RICOS ¿NO ES UN DERECHO DE LOS POBRES?

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SANTIAGO ALBA RICO

En alguna ocasión he escrito que en el mundo sólo existen tres clases de bienes: universales, generales y colectivos. Los bienes universales son aquellos de los que nos basta que haya un ejemplar o un ejemplo para que nos sintamos universalmente tranquilos. Son las cosas que están ahí, y que no hace falta coger con la mano o poseer de manera individual: hay sol y hay luna, hay estrellas, hay mar, hay un Machupichu y un Everest, hay un Taj Mahal y una Capilla Sixtina, un Che Guevara y un San Francisco, hay García Lorca y José Martí y García Márquez y Silvio Rodríguez y Cintio Vitier.

Los bienes generales son aquellos, en cambio, que es necesario generalizar para que la humanidad esté completa. No basta con que haya pan en el palacio del príncipe o que haya una casa en el jardín del conde; esas son las cosas que deben estar aquí, que todos debemos coger con la mano o disfrutar personalmente: tenemos vivienda, agua, medicinas y si no las tenemos es porque algo no marcha bien en este mundo. No es una injusticia que haya un único sol en el cielo o un único Guernica de Picasso, pero sí que no haya suficiente pan para todos.

Por fin, los bienes colectivos son aquellos de cuyas ventajas debemos disfrutar todos por igual, pero que no se pueden generalizar sin poner en peligro la existencia de los bienes generales y de los bienes universales. Son aquellos bienes, en definitiva, que es necesario compartir. Están, por ejemplo, los medios de producción, que no se pueden privatizar sin que ello deje sin bienes generales (pan, vivienda, salud) a millones de seres humanos. Y están también algunos objetos de consumo, cuya generalización pondría en peligro el bien universal por excelencia, fuente y garantía de todos los otros bienes: la Tierra misma. Todos debemos tener pan y vivienda, pero si todos tuviéramos –por ejemplo– carro, la supervivencia de la especie sería imposible. El motor de explosión, por tanto, no es un bien general, del que cada uno de nosotros pueda tener un

ejemplar, sino un bien colectivo cuyo uso habrá que compartir y racionalizar.

A lo largo de la historia, distintas clases sociales se han apropiado los bienes generales y los bienes colectivos, y en esto el capitalismo no se distingue de sociedades anteriores. Más inquietante es lo que el capitalismo ha hecho, o está en proceso de hacer, con los bienes universales. No me refiero sólo a la colonización del espacio, la privatización de las ondas, las semillas y los colores o la desaparición de especies, montañas y selvas. Me refiero, sobre todo, a la desvalorización mental que han sufrido los «universales» bajo la corrosión antropológica del mercado. Lo normal es complacerse en la visión de las estrellas; lo normal es complacerse contemplando el suave balanceo de la nieve; lo normal es complacerse con la lectura del Canto General de Neruda. ¿O no? En 1895, Cecil Rhodes, imperialista inglés, empresario y fundador de la compañía De Beers (dueña del 60% de los diamantes del mundo), contemplaba enrabietado los astros desde su ventana, «tan claros y tan distantes», tan lejos de su apetito imperial que «quería y no podía anexionárselos». A más pequeña escala, un presentador de la televisión española lamentaba en 2005 que no hubiese que pagar por contemplar la nieve, tan blanca y tan hermosa, que cubría los campos y ciudades de España y que perdía de algún modo su prestigio ofreciéndose indiscriminadamente a la mirada de todos por igual. Y a más pequeña escala aún, conocí a un poeta que no podía leer los versos de Neruda sin enfurecerse: «¡Tendría que haberlos escrito yo!» Es cosa de niños querer la Luna y de madres corruptoras, prometérsela. El capitalismo es un destructivo infantilismo. Aísla el rasgo pueril de un niño maleducado y lo generaliza, lo normaliza, lo recompensa socialmente. Lo que está ahí, que no podemos coger con las manos, lo que es por eso mismo de todos, nos empobrece, nos entristece y no vale nada.

¿Qué queda de los bienes universales? Quedan los ricos. Los ricos son de todos. Lo que más nos gusta del capitalismo no es que produzca carros y aviones y hoteles y máquinas: es que produce ricos. Las orgías babilónicas de Berlusconi, las pensiones millonarias de los banqueros españoles en medio de la crisis, el lujo hortera de los políticos corruptos de Valencia y Madrid, no son manchas o pecados del capitalismo: es pura publicidad. La lista de los hombres más ricos del mundo publicada por la revista Forbes no es más que bárbara ostentación propagandística que genera mucha más adhesión al sistema que el desigual acceso a mercancías baratas y banales. ¿Tiene algo de extraño que las mujeres latinoamericanas, preguntadas por su «marido ideal», se lo imaginen estadounidense, rubio, de ojos claros, altísimo, cirujano o empresario y, por supuesto, millonario? ¿O que en la nueva China el padre con el que sueñan las madres jóvenes sea Bill Gates? ¿O que en la lista de los diez personajes más admirados por los machos estadounidenses no haya un solo escritor o científico, casi todos sean ejecutivos o propietarios de empresas y todos inmensamente ricos? ¿O que la revista de más tirada de España –con casi 700 000 ejemplares– sea Hola? ¿O que los más famosos culebrones y telenovelas de la TV, seguidos por millones de espectadores, consistan en tratados de antropología de las clases altas (sus hábitos, sus problemas, sus placeres)?

Si los pobres no pueden compartir la riqueza, pueden al menos compartir sus ricos. Si no pueden consumir riqueza, pueden consumir vidas de ricos. Bill Gates, Carlos Slim, Warren Buffet, Amancio Ortega son la Luna y el Machupichu y la Capilla Sixtina y el Taj Mahal del capitalismo. Son el Sol y la Nieve y el Canto General mercado globalizado. Puede que sean los responsables de que el mundo se venga abajo, pero son también los artífices de este milagro: el de que estemos muy contentos y todo nos parezca bien mientras nos desplomamos.

¿Quién quiere igualdad? La desigualdad, ¿no es un derecho de los pobres? Que haya millonarios, ¿no es un derecho de los mileuristas? ¿No debemos defender, armas en mano, nuestro derecho a que otros sean ricos? ¿No debemos agradecerles sus despilfarros? ¿No debemos al menos votar por ellos?

Ese es el modelo que tratan de imponer Estados Unidos y Europa al resto del mundo. No el derecho a que haya estrellas y Machupichu y cataratas de Iguazú y Novena Sinfonía de Beethoven, sino a que haya ricos; no el derecho a pan y casa y zapatos, sino a saber quiénes son y cómo viven los millonarios.

¿Revolución? El Pan y la Luna. (A sabiendas de que «pan», en el diccionario socialista, quiere decir también leche y ropa y casa y hospitales y transportes públicos; y «luna» quiere decir también mar y música y verdades y soberanía política).

(Tomado de La Calle del Medio)

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