América despierta

Otro punto de vista sobre estas latitudes

Ago 17 2010

Desigualdad Social en el Brasil

Published by Maggie under En Nuestra América, General

Con más de 200 mil habitantes, la favela Rocinha, en Río de Janeiro, es la más poblada de América Latina. Se calcula que en la cidade maravilhosa, que tiene más de 6 millones de habitantes, más de millón y medio de personas –la cuarta parte del total– vive en estas barriadas, una realidad irrebatible de las ciudades brasileñas. Las más populosas se encuentran en San Pablo y Río de Janeiro y se calcula que están habitadas por más de 12 millones de personas. Ellas son la mejor prueba de la distancia existente entre ricos y pobres en el gigante sudamericano

FREI BETTO

Un informe de la ONU (Pnud), divulgado en julio, señala al Brasil como el tercer peor índice de desigualdad en el mundo. En cuanto a la distancia entre pobres y ricos, nuestro país empata con el Ecuador y queda detrás de Bolivia, Haití, Madagascar, Tailandia y Sudáfrica.

Tenemos una de las peores distribuciones de la riqueza del planeta. Entre los 15 países con mayor diferencia entre ricos y pobres, 10 se encuentran en América Latina y el Caribe. Las mujeres (que reciben salarios menores que los hombres), los negros y los indígenas son los más afectados por la desigualdad social. En el Brasil, apenas el 5,1% de los blancos sobreviven con el equivalente a 30 dólares por mes. El porcentaje sube al 10,6% en relación a indios y negros.

En América Latina la desigualdad es menor en Costa Rica, Argentina, Venezuela y Uruguay. La ONU señala como causas principales de la disparidad social la falta de acceso a la educación, la política fiscal injusta, los bajos salarios y la dificultad para disponer de servicios básicos, como salud, saneamiento y transporte.

Es cierto que en los últimos diez años el gobierno brasileño invirtió mucho en la reducción de la miseria. Pero ni aún así se consiguió evitar que la desigualdad se propague entre las futuras generaciones. Según la ONU, el 58% de la población brasileña mantiene el mismo perfil social de pobreza entre dos generaciones. En el Canadá y en los países escandinavos este índice es del 19%.

Lo que permite la reducción de la desigualdad es especialmente el acceso a la educación de calidad. En el Brasil, por cada 100 habitantes sólo 9 poseen un diploma universitario. Basta decir que cada año sólo 130 mil jóvenes en todo el país se matriculan en cursos de ingeniería. Sobran 50 mil plazas… Y de ellos apenas 30 mil llegan a graduarse. Los demás desisten por falta de capacidad para proseguir los estudios, de recursos para pagar la mensualidad o por necessidad de abandonar la carrera para garantizarse un puesto en el mercado de trabajo.

En las elecciones de este año votarán 135 millones de brasileños. El 53% de ellos no terminaron la enseñanza básica. ¿Qué futuro le espera a este país si no se frena la sangría de la desescolarización?

Sí se dan mejoras en nuestro país. Entre 2001 y 2008 la riqueza del 10% de los más pobres creció seis veces más rápidamente que la del 10% de los más ricos. La de los ricos creció el 11,2%; la de los pobres el 72%. Pero es que hace 25 años, de acuerdo a los datos del IPEA, que este índice no cambiaba: la mitad de la riqueza total del Brasil está en manos del 10% de los más ricos del país. Y el 50% de los más pobres se reparten apenas el 10% de la riqueza nacional.

Para lograr una drástica reducción de la desigualdad imperante en nuestro país es urgente promover la reforma agraria y multiplicar los mecanismos de transferencia de la riqueza, como la Previsión Social. Hoy día 81,2 millones de brasileños son beneficiados por el sistema previsional, que promueve de hecho la distribución de la riqueza.

Más da la mitad de la población del Brasil posee menos del 3% de las propiedades rurales. Y sólo 46 mil propietarios son dueños de la mitad de las tierras. ¡Nuestra estructura agrícola es la misma desde que el Brasil era imperio! Y quien da empleo en el campo no es el latifundio ni el agronegocio sino la agricultura familiar, que ocupa apenas el 24% de las tierras pero emplea al 75% de los trabajadores rurales.

Hoy día los programas de transferencia de riqueza del gobierno -incluyendo la asistencia social, la Bolsa Familia y las jubilaciones- representan un 20% del total de la riqueza de las familias brasileñas. En el 2008, 18,7 millones de personas vivían con menos del salario mínimo. Si no fuera por las políticas de transferencia, serían 40,5 millones. Eso significa que, en estos últimos años, el gobierno de Lula sacó de la miseria a 21,8 millones de personas. En 1978, sólo el 8,3% de las familias brasileñas recibían transferencia de riqueza. En el 2008 eran el 58,3%.

Es una falacia decir que, al promover transferencia de riqueza, el gobierno está “manteniendo vagos”. El gobierno mantiene vagos cuando no castiga a los corruptos, el nepotismo, las licitaciones amañadas, la malversación de dinero público. Transferir riqueza a los más pobres es un deber, sobre todo en un país en que el gobierno ayuda al mercado financiero engordando la fortuna de los especuladores que no producen nada. La cuestión reside en enseñar a pescar, en vez de dar el pez. Entiéndase: encontrar la puerta de salida del programa Bolsa Familia.

Todas las investigaciones comprueban que los más pobres, cuando obtienen un poco más de riqueza, invierten en calidad de vida, como salud, educación y vivienda.

El Brasil es rico, pero no es justo.

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Ene 11 2010

Ya están Los 5 en el Aconcagua

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atilio-boron-y-santiago-con-bandera-300x2251El andinista Santiago Vega y el politólogo argentino Atilio Borón, con la bandera que ya ondea en la cúspide de la montaña. Ostenta el logo creado por Gerardo Hernández, uno de los antiterroristas cubanos

Por Maggie Marín

Tras desafiar temperaturas extremas y grandes riesgos, y tal como estaba previsto, ayer domingo llegaron la cima del Aconcagua, una de las siete cumbres más altas del planeta, los tres jóvenes alpinistas argentinos cuya misión fue hincar allí un estandarte que es un grito por la libertad de Los Cinco proyectado hacia la infinitud del firmamento, ya que se encuentra nada menos que a 6 mil 962 metros sobre el nivel del mar.

Naturales de la provincia de Neuquén, el colega Santiago Vega, el empleado bancario Aldo Bonavitta, y el activista social Alcides Bonavitta lograron finalmente culminar con éxito la hazaña. PL informa que llegaron pues, eufóricos el domingo al campamento Penitentes, primera escala del descenso, de acuerdo con el comunicador neuquino Pablo Javier Fernández, quien a su vez recibió la confirmación de Alejandro Miranda, el andinista de la provincia de Mendoza que durante estos días mantuvo el contacto con los intrépidos escaladores, desde las mismas estribaciones del Aconcagua.

Los tres jóvenes unieron sus esfuerzos al clamor mundial por la liberación de Ramón Labañino, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero, Fernando González y René González, y facilitar así una singular divulgación a la injusticia de que son víctimas y que los falsimedios callan o manipulan a su antojo.


Alejandro Miranda prometió pormenores y hasta fotos para hoy lunes, cuando se espera que mejoren las condiciones de comunicación. Los expedicionarios deben estar en Neuquén (a más de mil 100 kilómetros al suroeste de Buenos Aires) el lunes 18. Entonces, a sus espaldas y en las alturas quedará una experiencia de vida inolvidable y un gesto altruista que le agradecen las mujeres y los hombres dignos y justos del mundo.

Una respuesta hasta ahora

Ene 04 2010

LOS CHICOS DEL ACONCAGUA

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Por Maggie Marín

A la extrema izquierda de la primera foto vemos al colega Santiago Vega, conductor de programas radiales y televisivos y que ya ascendió el Aconcagua con anterioridad; en el centro está Aldo Bonavitta, que labura como empleado en un banco, y en el extremo derecho aparece Alcides Bonavitta, militante social. La instantánea fue tomada poco antes del ascenso de los neuquinos a la cúspide del volcán Lanin, de 3 mil 776 metros sobre el nivel del mar, enclavado en Neuquén, que presta su nombre al Parque Nacional que lo rodea, y se halla a poco más de 100 Km. de la ciudad de San Martín de los Andes, en el suroeste de la provincia argentina de Neuquén.

En las otras imágenes aparece primero Aldo, colmado por los triquimiquis propios de los alpinistas, y en la última, Alcides (con la pica y barba). Según el plan de ascenso ayer estuvieron en fase de descanso y aclimatación en el campamento 1. Hoy, lunes 4, deben estar transportando sus chécheres al campamento 2 (que se encuentra a 5 mil 800 msnm).Luego retornarán al 1 para de nuevo dedicar el día de mañana a descansar y aclimatarse, porque el miércoles 6 deben estar listos para subir y pernoctar en el 2, camino a la cumbre del coloso americano, de 6 mil 962 msnm.

Por cierto, fundada en 1898 a orillas del lago Lácar, San Martín de los Andes es precisamente la ciudad capital del departamento de Lácar, y está a mil 575 Km. de Buenos Aires. Se alza a 640 metros de altitud en medio de un valle de los Andes Patagónicos, entre bosques y lagos, lo que unido a una arquitectura cuyos principales elementos son la madera y la piedra, le imprime una gran belleza y un talante muy especial. De hecho, es un centro turístico. Cuenta con la estación de esquí Chapelco, muy demandada por esquiadores

Para la ascensión al Aconcagua, Aldo es el responsable de la logística, mientras que la misión de Alcides y Santiago es la de colocar en la cúspide del Centinela de América una bandera en reclamo de la liberación de los cinco luchadores antiterroristas cubanos encarcelados desde 1998 en Estados Unidos: Ramón Labañino, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero, Fernando González y René González.

Recapitulemos: Este valeroso trío de jóvenes argentinos, bien entrenados y con experiencia en el montañismo, iniciaron el pasado 25 de diciembre la ascensión a la montaña más alta de América, y deben asaltar la cumbre entre el viernes y domingo próximo.

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Nov 18 2009

Los bárbaros a la conquista

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Gringolandia está devorando a Colombia con la facilidad con que un lagarto captura una mosca

Por MAGGIE MARÍN

El gobernante del país más amenazado por las siete bases estadounidenses que Colombia instalará en su territorio tuvo que salir al paso a cínicas acusaciones en su contra, de Bogotá y de la contrarrevolución interna. El llamado a los militares y al pueblo para que estén preparados ante el peligro que representan esas instalaciones, dijo Hugo Chávez Frías recién, es una medida de precaución. “No hemos llamado a la guerra sino a defender la soberanía de Venezuela”.

La situación es tan grave que al repudio de los gobernantes de Bolivia, Evo Morales; de Ecuador, Rafael Correa; de Nicaragua, Daniel Ortega y de Paraguay, Fernando Lugo; se suma el rechazo de los de Argentina, Cristina Fernández, y de Brasil, y Luiz Inacio Lula da Silva, así como del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), UNASUR (Unión de Naciones Sudamericanas), el Parlamento Andino, la Plataforma Interamericana de Derechos Humanos, los movimientos y organizaciones adscriptas al Foro Social Mundial, asociaciones de profesionales y los Premios Nóbel por la Paz Adolfo Pérez Esquivel y Rigoberta Munchú, entre otras entidades y personalidades de prestigio.

Con todo, en la cumbre del ALBA de diciembre próximo en La Habana, por los cinco años del ente integrador, el asunto de las bases volverá a ser tema principal.

La beligerancia es inherente y consustancial en las relaciones de poder y dominación de los imperios. De manera que tal como los que le antecedieron, para el que hoy se asienta en la América del Norte, guerra y militarización son vías que sustentan sus ejes de dominación. En Oriente Medio, en nuestra región y en el resto del mundo. Para él, dominar es controlar gobiernos, mercados, recursos y gentes. Dominar es tomar providencias para que nada ponga en peligro su tan cacareada y sacrosanta seguridad nacional, que la mayoría de las veces huele a petróleo.

Y dominar es además intervenir directamente y torcer los acontecimientos que no se ajusten a sus intereses, o entrometerse con los peores modos para mantener a raya a sus adversarios. Conque urdir una maniobra tras otra para sojuzgar y afirmarse está en el código genético de las esferas de poder de EE.UU.

Así, a inicios de este siglo las diversas modalidades del militarismo gringo marchaban “a buen paso” en Latinoamérica. En la fragua, por ejemplo, de instituciones militares dependientes; en la “lucha conjunta” contra el crimen internacional (terrorismo, narcotráfico, corrupción, inmigración ilegal y tráfico de armas, entre otras) y en los ejercicios militares de entrenamiento de las fuerzas armadas, por supuesto bajo la tutela del Comando Sur.

Según cifras del propio Comando, en 2006 se ejecutaron 60 “ejercicios conjuntos” en 22 países. Dos años más tarde, en 2008, superaron los 120 en más de 26 naciones. Y no es todo, porque a las usuales se sumaron modalidades injerencistas más sofisticadas: trabajos de inteligencia, control de fronteras, creación de bancos de información de datos personales, introducción de nuevas funciones y estilos en las fuerzas que se ocupan de la seguridad interna. E incluso, modificación del estatuto de la seguridad en el conjunto de responsabilidades y derechos de los estados.

Y junto al eje de dominación militar pretendieron “reorganizar”, “ordenar” y “disciplinar” a nuestras sociedades con mecanismos económicos. Como es lógico, la crisis que generó el neoliberalismo parió rebeldías. Y aún así siguieron intentándolo y ensayaron otras fórmulas de control. Pero la ola de insubordinaciones creció y ha sido a punta de rebeldía que se ha venido diseñando una América Latina que se sirvió de otra sagrada institución moldeada por EE.UU. para nosotros, la “democracia”, para elegir a gobernantes comprometidos con sus pueblos, no con los postulados ideológicos, políticos, económicos, culturales y militares gringos.

Hoy el supuesto enfrentamiento al narcotráfico y al terrorismo encubre en realidad otra invasión a América Latina, ya no tan silenciosa como querían los norteños y exigía el diseño contrainsurgente original. Es justamente en esa invasión que las bases militares tienen una particular importancia.

La militarización de América Latina por EEUU se aprecia, además de lo antes dicho, en el fortalecimiento de sus instalaciones de control y comunicaciones en el subcontinente, al punto de que pueden realizar operaciones de inteligencia, fijas y móviles, en toda la región y han logrado incrementar su presencia militar y extender cada vez más sus bases militares a lo largo y ancho del territorio, lo que a su vez les permite introducirse en el espacio aéreo, terrestre, marítimo y fluvial de la mayor parte de nuestros países.

La puesta en funciones de las susodichas bases optimizará todo el dispositivo geoestratégico que apunta a la reconquista de América Latina. Porque, ¿qué tiene en miras el Imperio con esta suerte de diplomacia de las cañoneras? Pues claro que el petróleo, el agua, la energía, y la biodiversidad. Pero primero necesitan cercar, dominar, y destrozar si es posible, a los gobiernos díscolos. En primer lugar al de la Venezuela Bolivariana. Y de paso, acabar con la insurgencia colombiana.

No debe extrañar, pues, que el rechazo surgido cuando en enero se filtró la posibilidad de que Colombia cediese al poderoso vecino tres bases militares (solo de tres se habló entonces), se trocase en las exigencias actuales de que se respete la soberanía y la independencia de las naciones latinoamericanas y la paz regional. Desde entonces las posturas de los gobernantes de Venezuela, Ecuador, Bolivia y, Nicaragua han sido claras y fuertes al respecto, y han salido al paso a la reiterada pretensión colombiana y estadounidense de vincular a Caracas no solo con declaraciones sino con acciones guerreristas, como los sangrientos sucesos acaecidos en la frontera colombo-venezolana días atrás.

“Cualquier persona medianamente informada –escribió Fidel Castro en su reflexión del reciente 6 de noviembre– comprende de inmediato que el edulcorado “Acuerdo complementario para la Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos”, firmado el 30 de octubre y publicado en la tarde del 2 de noviembre, equivale a la anexión de Colombia a Estados Unidos”. No es honesto, dice, “guardar silencio ahora y hablar después sobre soberanía, democracia, derechos humanos, libertad de opinión y otras delicias, cuando un país es devorado por el imperio con la misma facilidad con que un lagarto captura una mosca”.

Y enumeró en su artículo los antecedentes de “la vergonzosa absorción que convierte a Colombia en territorio de ultramar”, antes de enfatizar que lo que el imperio pretende ahora es enviar a los colombianos “a luchar contra sus hermanos venezolanos, ecuatorianos y otros pueblos bolivarianos y del ALBA, para aplastar la Revolución Venezolana, como trataron de hacer con la Revolución Cubana en abril de 1961”.

Por supuesto que nada justifica convertir a Colombia propiamente en base militar de Estados Unidos porque tal como sigue siendo denunciado tras filtrarse los detalles del abultado acuerdo (de 48 páginas y que puede ampliarse cada 10 años) las Fuerzas Armadas norteamericanas entrarán en posesión al mismo tiempo de los aeropuertos civiles, de cualquier otra instalación que les convenga y del espacio radioeléctrico. Tendrán además total impunidad si cometen delitos contra personas, bienes y hasta contra las mismísimas leyes de la nación sudamericana.

Por demás Gringolandia puede solicitar modificaciones en el total de sus soldados allí apostados, y los portaaviones y barcos de guerra que visiten las bases navales llevarán cuantos tripulantes requieran. Y pueden ser miles en uno solo de sus grandes portaaviones, dice también Fidel en su reflexión, que termina expresando que el gravísimo y trascendente problema que tiene lugar en Colombia no puede pasar inadvertido por los gobiernos latinoamericanos, y su convencimiento de que los pueblos reaccionarán.

“Sentirán el puñal que se clava en lo más profundo de sus sentimientos, en especial el de Colombia: ¡se opondrán, jamás se resignarán a tal infamia!”.

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