América despierta

Otro punto de vista sobre estas latitudes

Ago 26 2010

Una suciedad chiquita

Con el calado y la envidiable economía de recursos que le son inherentes, Juan Gelman nos habla en este artículo de las oscuras telarañas que se ciernen sobre el coordinador del sitio WikiLeaks, Julian Assange (en la foto). Bien mirado, esto pareciera el guión de una novela negra. Seguramente Hollywood comprará los derechos para hacer una gran producción…Pero esta es una historia verdadera.

Hay guerras sucias de todo tipo, enormes como la que segó la vida de 30.000 personas inermes a manos de la más reciente dictadura militar argentina. Otras son chicas y, al parecer, el Pentágono habría desatado una contra Julian Assange, el coordinador del sitio WikiLeaks que difundió 75.000 mil documentos internos de las fuerzas armadas que combaten en Afganistán. Abundan en informes sobre matanzas de civiles y ejecuciones extrajudiciales, entre muchas otras cosas, y su publicación en periódicos importantes puso los pelos de punta a la Casa Blanca.

Assange, ciudadano australiano que reside actualmente en Suecia, fue acusado de violar a dos mujeres y todo resultó muy extraño. La fiscal María Häljebo Kjellstrand emitió en las últimas horas del viernes 20 una orden de arresto contra Assange en razón de la denuncia de las dos presuntas violadas, que afirmaban que lo fueron en un espacio de tres días. Eva Finné, la fiscal general, anuló la orden 24 horas después por falta de pruebas. Declaró que estaba en curso una investigación por acoso sexual, un delito mucho menos grave que la violación para la Justicia sueca (www.telegraph.co.uk, 22/8/10). Lo mejor vino después.

Una de las dos mujeres dio marcha atrás rápidamente: el domingo dijo al diario Aftonbladet que la sorprendía el cargo de violación propinado a Assange, negó que hubiera violencia en el encuentro que tuvieron y sugirió que, en realidad, habían discutido porque él se negaba a usar condón. En tanto, el ombudsman del sistema judicial ordenó que se investigue cómo se filtró la noticia a la prensa, ya que apenas habían transcurrido minutos entre la emisión de la orden de arresto y su aparición en un tabloide. Según el británico The Guardian, la información habría sido proporcionada por la policía sueca. Curioso, sí.

Assange se apresuró a señalar con el índice al Pentágono, que calificó de “absurda” esa pretensión. “El 11 de agosto –señaló Assange–, los servicios de inteligencia de Australia me advirtieron que debía esperar cosas de este tipo” (//news.smh.com.au, 24/8/10). Afinó luego esta imputación: “No tenemos evidencias directas de que esto viene de la inteligencia estadounidense o de alguna otra. Algo podemos sospechar pensando a quién beneficia la historia”. No parece casual que el escándalo estalle ahora: Assange había prometido publicar otros 15.000 documentos secretos de la guerra de Afganistán y ofreció al Pentágono que los leyera antes para borrar todo aquello que podía afectar el curso de la guerra y/o la seguridad de los informantes. El Pentágono se negó: su política es borrar a WikiLeaks de la faz de Internet.

Otra extravagancia. Una de las mujeres afirmó que había conocido a la otra en una conferencia impartida por Assange (www.telegraph.co.uk, 22/8/10). No existen estadísticas sobre el número de violadas que asisten a las conferencias de sus violadores, pero no deben ser muchas. Según The Telegraph, la segunda se acercó a la primera, le confió lo sucedido y logró que ésta la acompañara a la policía para presentar la denuncia. ¿Es que las mujeres que padecen esa bárbara violencia se reconocen a primera vista?

Algo interesante: la entrevistada por Aftonbladet “descartó la idea de muchos teóricos de la conspiración de que las incriminaciones de violación se debían a alguna ‘sucia trampa’ por la actitud de desafío al gobierno de EE.UU. asumida por WikiLeaks. Dijo: ‘Los cargos contra Assange no fueron, desde luego, orquestados por el Pentágono’”. Un “desde luego” que no puede evitar el olor a excusa anticipada. En particular, porque el Pentágono difundió las acusaciones por Twitter con bastante frenesí.

Scott Horton reveló hace meses la existencia de un documento clasificado del Centro de Inteligencia del Ejército que subrayaba la necesidad de no limitarse a anular los servidores y las bases de datos de WikiLeaks: además había que neutralizar a los individuos que operan el sitio (//file.wikileaks.org, 15/3/10). En las 32 páginas del informe se nombra a Assange a saciedad, se califica de “acto delictuoso” su labor y se aboga por incoar un proceso que “logre con éxito destruir el centro de gravedad” de WikiLeaks. Ese centro no es otro que Assange mismo.

Las denuncias contra el australiano fueron precedidas de una campaña contra Bradley Manning, analista de inteligencia preso en Kuwait por filtrar a WikiLeaks el video Asesinato colateral. Filmado desde un helicóptero Apache, muestra claramente el asesinato de un miembro de la agencia Reuters y el ataque a quienes acudieron a ayudarlo, entre ellos dos adolescentes que resultaron heridos. Manning es sospechoso de pasar los documentos que Assange difundió y la campaña se centró en su condición declarada de gay. Típico de EE.UU.: es notorio que las noticias, ciertas o falsas, sobre la sexualidad de un político, un candidato, un periodista, pueden acabar con su carrera. Casi le quitan la presidencia a Bill Clinton.

Tomado de P12/ 26.8.10

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Jul 30 2010

El 373

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Juan Gelman

Los 75.000 documentos clasificados sobre la guerra en Afganistán que dio a conocer el sitio Wikileaks (//wikileaks.org) provocaron la airada reacción de la Casa Blanca, del Pentágono y de los neoconservadores de todo pelaje que pululan en Washington. No es para menos: se trata de informes internos de las fuerzas armadas de EE.UU. y la OTAN que combaten en territorio afgano y dan cuenta de hechos ominosos que no se declaran oficialmente y aun se niegan. El fundador y alimentador del sitio, Julian Assangem, les dio amplia difusión enviándolos a The New York Times, Der Spiegel y The Guardian y anunció que está analizando con su equipo otros 17.000 documentos que pronto dará a conocer. El gobierno de Obama condenó en duros términos semejante filtración, histórica por el volumen de registros secretos develados.

El vocero del Departamento de Defensa, Geoff Morrell, anunció que se ha lanzado una caza del hombre para encontrar al responsable de un acto que revela, por un lado, el poder de la informática y, por el otro, las fragilidades del Pentágono. La documentación cubre el período junio 2004-diciembre 2009 de la guerra y va de lo torvo, como el ocultamiento estadounidense de la muerte de civiles, a lo francamente ridículo, como el informe sobre un presunto complot del servicio de inteligencia de Pakistán (ISI, por sus siglas en inglés) para asesinar al presidente afgano Hamid Karzai envenenando su cerveza.

Esta hemorragia informativa pinta el verdadero rostro de la guerra en Afganistán, los llamados “daños colaterales” -el eufemismo inventado en la guerra de Vietnam para disimular el asesinato de civiles- que los mandos invasores encubren, las matanzas indiscriminadas en las aldeas, el accionar de escuadrones de la muerte, los bombardeos de aviones sin tripulación manejados a control remoto desde una base estadounidense, la complicidad del ISI con los talibán, los estragos que el “fuego amigo” provoca en la policía y el ejército afganos y otros detallitos que los Pactos de Ginebra califican de crímenes de guerra. Pero quién se acuerda de eso en Afganistán.

Asciende a 144 el número de incidentes que segaron la vida de simples ciudadanos en el período de referencia. Un par de días antes de la difusión de los documentos, un misil impactó en un caserío de la provincia de Helmand causando la muerte de 52 civiles (www.latimes.com, 26-7-2010). El servicio de inteligencia del ejército estadounidense registró “seis insurgentes muertos, incluido un comandante talibán”, pero el aldeano Abdul Ghaffar manifestó a la AP que había llevado siete niños heridos a un hospital de Kandahar. Marjan Agha, otro vecino, dijo que un grupo de pobladores fue al encuentro de las tropas alzando una bandera blanca y fueron recibidos a balazos con un saldo de dos víctimas.

Uno de estos “errores”: 300 campesinos afganos pasaron a mejor vida en el valle de Baghni por un ataque aéreo que, según un comunicado de la base de Bagram, se produjo “después de tener por seguro que no había afganos inocentes en los alrededores”. A Seguro se lo llevaron preso, recuerda el dicho popular. Las Naciones Unidas asentaron la muerte de 2412 civiles en 2009, un aumento del 14 por ciento respecto del año anterior. Esa clase de contabilidad suele minimizar los guarismos por un lógico prurito de considerar solamente lo probado.

Otro capítulo sombrío es el de las ejecuciones sin proceso que lleva a cabo el Grupo de Tareas 373 del ejército de EE.UU., la “unidad negra” de las fuerzas especiales. Sus efectivos se ocupan de capturar y sobre todo asesinar a dirigentes y activistas talibán considerados importantes, aunque hay en su haber más víctimas civiles, incluidos niños y mujeres -y hasta policías afganos- que insurgentes. Un ejemplo es el ataque que el 373 lanzó el 17 de junio de 2007 para liquidar al combatiente libio Abu Laith al Libi quien, según los datos de inteligencia, se escondía en Nangar Khel, poblado de la provincia de Patitka.

Los del GT 373 utilizaron un arma nueva cargada con seis misiles y transportable en la parte trasera de una camioneta. No encontraron a Libi, pero al acercarse a la aldea, cumplido el ataque, encontraron en la madrasa o escuela religiosa del lugar a seis niños muertos y uno herido que falleció 20 minutos después. Un comunicado de prensa del comando ocupante alegó que las tropas “habían vigilado el sitio todo el día y no hallaron indicación alguna de que hubiera niños en el edificio”. Pero había.

Preguntado si estimaba que el secreto de Estado es legítimo, Julian Assangem declaró a Der Spiegel que lo era tanto como el derecho a la apertura. “Desgraciadamente -aclaró-, los que cometen desmanes contra la humanidad o contra la ley abusan de la legitimidad del secreto para taparlos” (www.spiegel.com, 26-7-10). El inconveniente es que tres personas pueden guardar un secreto si dos de ellas están muertas, anotó Benjamin Franklin.

Fuente: Página 12

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Jun 30 2010

Un año del golpe en Honduras. El recurso del método

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Por Raúl Zibechi

Zibechi es periodista uruguayo, docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales. En este artículo suyo el autor hace un amplio y bien documentado análisis de lo ocurrido en el país centroamericano el 28 de junio de 2009, y de lo que ha venido ocurriendo hasta hoy, un año después.

La creciente militarización de la política de Estados Unidos hacia la región está lejos de ser un mal paso: es la consecuencia del desgaste de las estrategias que le garantizaron al hegemonía en América Latina, sumadas al declive de su papel de superpotencia y la aparición de serios competidores. En adelante, se repetirán situaciones similares a la de Honduras.

“Obama es una continuación de Bush, igual que Bush fue una continuación de Clinton, y Clinton de Bush padre. La política exterior y la política imperial estadounidense es continua”, asegura Tariq Ali (Diagonal, 20-VI-10). El intelectual paquistaní estima que existe una decadencia económica de la superpotencia, pero en absoluto política ya que cuenta con la mayor fuerza militar del mundo. “Usa su fuerza militar para dominar el mundo y nadie en este momento puede amenazar ese poderío militar. No hay ninguna evidencia que demuestre que están perdiendo su poder”, concluye.

“América Latina ha dejado de ser el patio trasero. Hemos remodelado la casa, así que el patio está muy revaluado”, dijo Marco Aurelio García, Asesor Especial en Política Externa del presidente Luiz Inacio Lula da Silva en un reciente encuentro convocado por la Fundación Friedrich Ebert en Berlín (Deutsche Welle, 18-VI-10). Al contrario que Ali, García enfatiza el cambio por encima de las continuidades: “Doce países de la región con quienes compartimos fronteras y otros con los que tenemos una amistad sin límites creen, al igual que nosotros, que hay un gran cambio en la situación mundial. Nos encontramos ahora ante un mundo multipolar y queremos tener un lugar en él”.

Una parte importante de las izquierdas y el progresismo piensan como el historiador paquistaní. Otros tantos lo hacen como los dirigentes brasileños. Análisis contradictorios, pero anclados en la misma realidad, tan contradictoria que, en un período de cambios y turbulencias profundas, tiende a generar visiones contrapuestas incluso entre quienes comparten objetivos comunes.

Definir prioridades

A la hora de considerar las relaciones entre Estados Unidos y América Latina esas divergencias de análisis son también importantes. Una de las preguntas clave es qué tan importante es el continente latinoamericano en la estrategia de Washington. Muchos análisis sostienen que la superpotencia está tan ocupada por las dos guerras que libra (Irak y Afganistán), con su ofensiva contra Irán y por las crecientes desavenencias entre sus aliados, que no tiene capacidad para ocuparse del “patio trasero”.

Entre los graves problemas globales que enfrenta, tal vez el más acuciante sea Afganistán. Un conflicto que no puede ganar y que amenaza con quebrar el frente interno. Un buen ejemplo es lo sucedido estos días con el general Stanley McChrystal, el máximo responsable militar de Estados Unidos y de la OTAN en Afganistán, quien fue forzado a renunciar por un artículo en la revista Rolling Stone donde vierte fuertes críticas al gobierno de Barack Obama. El artículo “retrata la división entre el estamento militar y los asesores de Obama, en un momento delicado para el Pentágono, que se enfrenta a las críticas por su estrategia para intentar dar un giro a la guerra afgana” (El País, 22-VI-10). Otros análisis, como el del portal estratégico europeo Dedefensa, estiman que un año después de haber sido nombrado McChrystal para darle un giro victorioso al conflicto, “la guerra en Afganistán se desintegra, se disuelve” (Dedefensa.com, 21-VI-10).

Los problemas internos que debe afrontar Obama son igualmente graves. El último informe del Laboratorio Europeo de Anticipación Política (LEAP), vuelve a insistir en que la crisis sistémica ha ingresado en la fase de “desarticulación geopolítica” que conduce a la “descomposición estratégica, financiera, económica y social” del sistema internacional (Leap 2020, 17-VI-10). El país más afectado es Estados Unidos que fracasó al pretender establecer, hace sólo un año, al G-20 como el núcleo de una nueva gobernanza global en sustitución del alicaído G-7, lo que torna imposible que los principales países puedan afrontar de modo unificado las dificultades presentes. Prueba de ello son las posiciones en liza frente a Irán.

Entre los graves problemas internos, figuran: el derrame de petróleo en el Golfo de México, que no pocos estiman tiene un impacto similar a los atentados del 11 de setiembre, niveles de desocupación que en algunas ciudades bordean el 40 por ciento, déficits que amenazan a las administraciones locales y estados con la cesación de pagos, deuda pública equivalente al 90 por ciento del PIB, recortes de servicios sociales y otras situaciones inimaginables años atrás. “En muchas localidades no hay recolección frecuente de la basura domiciliaria (o se debe pagar más impuestos), perdieron un día de distribución del correo, disminuyó la protección por falta de policías, deben hacer colas interminables frente a las ventanillas de las administraciones como consecuencia del despido de funcionarios, sus hijos tienen menos profesores en las escueles, las que a su vez brindan menos servicios”, señala el informe. Washington y todo el mundo desarrollado están abocados a una era de austeridad.

Frente a este panorama, preguntarse por el papel de América Latina en la estrategia estadounidense no es ocioso. Empezando por México, país que viene perdiendo la guerra contra el narcotráfico, como lo vienen reconociendo sus autoridades. Convivir con un “Estado fallido”, o en riesgo de serlo, no es un panorama nada auspicioso. En la región se pueden establecer dos tendencias convergentes: una creciente militarización y polarización como forma de estirar el declive de Estados Unidos. Por diversas razones, que van más allá del declive económico y de los problemas internos, la tendencia a buscar atajos por la vía autoritaria cobra cada vez mayor fuerza bajo la presidencia de Obama, lo que la acerca a la de su predecesor.

Un año después de Honduras

A principios de junio el presidente Evo Morales aseguró que la agencia para el desarrollo de los Estados Unidos (USAID) está intentando desestabilizar su gobierno. En concreto, la acusó de infiltrarse en los movimientos sociales para provocar conflictos y amenazó con expulsarla del país (Bolpress, 16-VI-10). La periodista Eva Golinger cita un artículo de The Washington Post firmado por Jeremy Scahill, que asegura que la administración de Obama acaba de autorizar la expansión de la guerra secreta contra los enemigos de Washington: las “fuerzas especiales” se despliegan ahora en 75 países, cuando un año atrás estaban en 60, con 13 mil efectivos civiles y militares (Rebelión, 6-VI-10).

Según el mencionado artículo, un alto militar del Pentágono aseguró que Obama está permitiendo muchas acciones y operaciones que no fueron autorizadas durante el gobierno de George W Bush y que ahora hay más facilidades para las operaciones encubiertas. Este tipo de operaciones forma parte de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS por sus siglas en inglés) difundida por Obama el 27 de mayo. Este año la única novedad que incluye es la apelación al buen estado de la economía para mantener la supremacía global. Por lo demás, el texto de 52 páginas repite el compromiso del actual presidente de mantener la superioridad militar como punto neurálgico de su política exterior, lo que suena contradictorio con los intentos por recuperar la economía ya que supone aumentar el ya abultado presupuesto militar (Jim Lobe en IPS, 28-VI-10).

Estados Unidos enfrenta por lo menos cuatro problemas en la región para los cuales no tienen soluciones a corto plazo: el ascenso de Brasil al rango de potencia global, a caballo de la integración regional; la creciente presencia de China que teje acuerdos estratégicos con países clave; el fracaso de la guerra contra las drogas y la falta de alternativas; y la debilidad de su economía que ya no es gancho para tejer alianzas. En suma, los pilares sobre los que había descansado la hegemonía en la región están seriamente afectados.

“Después de la invasión china de África ahora es el turno de América Latina”, afirma O Estado de Sao Paulo (20-VI-10) a la hora de explicar que el país asiático ha prestado 50.000 millones de dólares a países de la región en el último año y medio. China está tejiendo acuerdos estratégicos dando prioridad a Brasil y Argentina que se han convertido en “importantes puntos de apoyo en América Latina” (Diario del Pueblo, 10-VI-10). Los mandos militares del Pentágono observan con gran preocupación la presencia china en el continente, pero no atinan a diseñar propuestas para contenerla.

Un informe del Servicio de Investigación del Congreso de los Estados Unidos sobre la política de Washington hacia las drogas y la región desde la década de 1970, establece que “en América Latina y el Caribe el narcotráfico ya reemplazó a los conflictos políticos y regionales como la mayor fuente de violencia” (Contralínea, 20-VI-10). El fracaso del combate a las drogas tiene cifras impresionantes: entre 2003 y 2008 las muertes violentas en la región atribuidas al narcotráfico escalaron de 19,9 personas cada mil habitantes a 32,6. De ahí que, en opinión de los autores del trabajo publicado el 30 de abril, se pueden detectar “señales de un distanciamiento entre varios países de la región con la postura estadounidense y apelan a una revaluación de sus políticas antidrogas”.

Socios o competidores

El tercer problema es Brasil. Immanuel Wallerstein cree que Estados Unidos interpreta de modo equivocado la política exterior brasileña. En base a un informe del Consejo de Relaciones Exteriores, cercano a la Casa Blanca, sostiene que Washington le propone a Brasil “asociarse” en temas como el etanol para construir una relación más sólida. Para Estados Unidos, “Brasil debería actuar como una potencia regional, es decir, como un poder subimperial” para estabilizar la región, lo que supone incorporarse como “socio menor” de la superpotencia (La Jornada, 1-II-10). En los últimos meses se hizo evidente que Brasil va a jugar un papel independiente en el escenario global y, sobre todo, en el regional, ya que Brasilia no quiere actuar como disciplinador de la región sino como portavoz de un área cada vez más integrada y autónoma respecto al Norte.

El fracaso de su política antidrogas (que le permitió establecer sólidos lazos con las derechas de la región), el atractivo económico de China en desmedro de Washington y el ascenso de Brasil como potencia, dejaron a Estados Unidos sin política. O sea, sin la capacidad de mantener su hegemonía. De ahí que haya un progresivo deslizamiento hacia la dominación, o sea, coerción sin consentimiento. En los hechos, la administración demócrata está “fortaleciendo su fuerza nuclear y reforzándose con una devastadora ‘disuasión convencional’” (Asia Times, 5-V-10), escribe Jack A Smith, ex editor del semanario estadounidense The Guardian al comentar las últimas decisiones en materia de defensa.

Según el analista, ya no le es suficiente al Pentágono con la vieja doctrina de combatir dos guerras simultáneas, sino que está empeñado en hacer frente a “una multiplicidad de amenazas, incluyendo dos agresiones de Estados-nación”. Estima que “el Pentágono tiene previsto participar en numerosas guerras futuras interrumpidas por breves períodos de paz mientras se prepara para la próxima guerra”. El secretario de Defensa, Robert Gates, tiene muy presente el declive de su país, como toda la clase dirigente. Por eso un año atrás escribió en la prestigiosa revista Foreign Affairs (enero-febrero de 2009), que Estados Unidos tiene que invertir en todo aquello “que le garantice la dominación”. En buen romance, superioridad militar aplastante, no sólo nuclear, sino ahora sobre todo convencional.

Un año después del golpe de Estado en Honduras, cabe preguntarse si fue un hecho aislado o si inaugura un nuevo período, caracterizado por intervenciones blandas de Washington, a través de respetables instituciones o de agencias internacionales. Lo sucedido este año debería servir de ayudamemoria: masiva invasión militar en Haití; once nuevas bases militares a disposición en Colombia y Panamá; creciente intervención subvencionando una amplia gama de organizaciones, desde movimientos sociales hasta fundaciones y medios de comunicación. Existe una potente tendencia a la polarización, con tres focos decisivos: la región andina, el Caribe y la Amazonia.

En cada una de ellas existen diversos intereses que pasan siempre por el control de los hidrocarburos, los minerales y la biodiversidad. Pero hay algo más en juego, algo más decisivo aún que las riquezas materiales, que es la llave para conquistarlas: el control, a secas. La estrategia imperial pasa, por sobre todo, por impedir que surjan competidores del tipo que sean, estatales o no estatales. La lección de México debería hacernos reflexionar: en su empeño por no perder el control, las clases dominantes están a punto de destruir el Estado. Mantener el control en todo el mundo, o sea el poder de decisión, cuando se atraviesan graves dificultades y se está perdiendo el carácter de potencia hegemónica, es tarea harto compleja y tal vez imposible en el largo plazo. El recurso al autoritarismo es, en la mentalidad hegemónica en Estados Unidos, la mejor forma de estirar la agonía. Es cierto que la presidencia guerrista de George W. Bush no hizo más que acelerar el declive, pero una característica otoñal de la vida es la incapacidad de aprender, incluso de lo vivido en carne propia.

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Nov 08 2009

LOS HÉROES INÚTILES Y LAS GUERRAS HACIA NINGÚN LADO

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Las guerras sólo sirven para vender armas y potenciar el complejo militar industrial y los intereses imperiales, advierte el argentino sin par y Premio Nóbel por la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, en comentario publicado recientemente por La Jornada, de México, que reproduzco textualmente.

¿Cuántos soldados estadounidenses, británicos y de otras naciones murieron en las guerras contra Afganistán e Iraq? ¿Cuántos más tendrán que morir antes de terminar las guerras?

Se cuentan los muertos de los países invasores, pero nada se dice de los muertos en las naciones invadidas y la resistencia de afganos e iraquíes. Se silencian las miles de muertes de mujeres y niños, las poblaciones devastadas por la destrucción y el saqueo de la OTAN del patrimonio de la humanidad y de los recursos de esos dos países.

Toda la destrucción y muerte se hace en nombre de la “libertad”, de la “democracia”, de liberar a esos países de la dictadura, cuando les conviene. La OTAN es aliada de Estados Unidos, como lo fue Saddam Hussein, utilizado en la guerra contra Irán.

El primer ministro británico, Gordon Brown, ha rendido honores póstumos a los 221 soldados muertos en la guerra contra Afganistán y se compromete a enviar más militares. Estados Unidos rinde homenaje a sus soldados caídos en las guerras que sostiene en diversas partes del mundo. Las viudas y familiares de los soldados muertos recibirán una medalla, una pensión y el olvido de sus vidas que engrosarán las páginas de los héroes inútiles de las guerras hacia ningún lado. Guerras que sólo sirven para vender armas y potenciar el complejo industrial militar y los intereses hegemónicos del imperio.

Los costos en vida y la destrucción de otros pueblos no cuentan en la agenda del “debe y haber” del Pentágono, la Agencia Central de Inteligencia y el Departamento de Estado, ni en los países de la OTAN involucrados en el conflicto armado. La complicidad de los monopolios informativos es pavorosa e hipócrita.

En la mitología griega, Sísifo, dios del Olimpo, fue castigado por el dios supremo, Zeus, y tiene que cargar en sus hombros por toda la eternidad una gran piedra que debe colocar en la cima de la montaña. Una y otra vez Sísifo hace el gran esfuerzo que nunca logra concretar de llegar a la cumbre, y la piedra cae, y así en permanente devenir por toda la eternidad vuelve a buscar la piedra al pie de la montaña.

Albert Camus ha retomado el mito de Sísifo, a quien llama “el héroe inútil”, en la incesante derrota de sí mismo en su camino existencial. Es la situación del hombre moderno, de los gobernantes y del sistema dominante, que vuelven una y otra vez a repetir las mismas derrotas de la conciencia y los actos inútiles, como si fueran grandes logros de la imbecilidad humana.

En nombre de la libertad se impone el sometimiento a otros pueblos, como ocurre en la franja de Gaza contra el pueblo palestino, testigo de los crímenes de guerra de Israel, condenados por la ONU. Y también en Colombia, con la intervención de los grupos paramilitares, Estados Unidos e Israel, se cometen crímenes contra el pueblo. Las guerrillas y el narcotráfico generan la incertidumbre, la muerte y suman héroes inútiles, a la inutilidad de la violencia social y estructural.

En nombre de la democracia, Estados Unidos invade, tortura y realiza vuelos clandestinos en diversos países, con secuestros y asesinatos contra quienes considera “terroristas”. Justifica el horror y los llamados “daños colaterales”: la muerte de miles de niños, mujeres y población civil.

Nada de esto figura en los medios de comunicación y los noticieros de la BBC y de la CNN, ni en las estadísticas. Los muertos son considerados “no personas”. De eso “no se habla”.

Las muertes de soldados de Estados Unidos, Gran Bretaña y los aliados de la OTAN, nada tienen de gesta heroica, sino de rapiña, destrucción y muerte. Los soldados no saben por qué van a la guerra, simplemente van a matar o morir; les prometen la nacionalidad de Estados Unidos y lo único que logran es la ciudadanía de la muerte en tierras extrañas. Los sobrevivientes y mutilados sólo tendrán la mirada del horror y recordarán las muertes de otros jóvenes, como ellos, héroes inútiles.

Vietnam vuelve a repetirse. Es hora de que el pueblo de Estados Unidos despierte, que Obama, galardonado con el Premio Nobel de la Paz, ponga la “barba en remojo”, pero como no la tiene debe poner “otras cosas en remojo” y sacudirse el yugo a que está sometido Si llegó al gobierno, que gobierne. Es urgente terminar con las guerras, es necesario que actúe en bien de la humanidad, que pida el apoyo de su pueblo y el mundo para evitar mayor destrucción y muerte. Es su obligación.

No puede continuar enviando soldados a matar y destruir otros pueblos; no es justo, es inmoral y atenta contra toda la humanidad. Que no termine siendo otro Sísifo que cargue la piedra del horror, la destrucción y la derrota de Estados Unidos, que suma guerras perdidas porque no tiene ideales. Las tropas no tienen mística ni causa justa que defender. Y una y otra vez cargará la piedra, cada vez más pesada, que no podrá colocar en la cumbre de la montaña, porque la derrota está en la mente y el corazón de Estados Unidos transformado en Sísifo en su incesante devenir de la angustia existencial.

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Nov 07 2009

La matanza, las bases y la ex gobernadora

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Por Maggie Marín

Barack Obama, Álvaro Uribe, Nidal Malik Hasan, y Janet Napolitano. ¿Y esa ringlera de nombres, podría preguntar cualquiera? Pues se pueden vincular más de lo que pudiera pensarse. Voy por partes y de atrás hacia delante.

Janet Napolitano, newyorkina y exgobernadora de Arizona, lleva 10 meses al frente del Departamento de Seguridad Nacional de EE UU. Monda y lironda, ayer mismo le dijo a un periodista de El País de España que Estados Unidos es ahora más seguro que antes del 11-S; más que hace cuatro años, más que hace un año. “Cada día mejoramos en cómo reducir los riesgos de otro atentado terrorista y cómo responder si ocurre”.

¿Gringolandia tranquilita ocho años después de lo que aún muchos aseguran que fue un auto atentado que permitió soltar los demonios de la guerra y la violencia a quienes llevaron y amparaban a Bush en la Casa Blanca?

Pues parece que en ese preciso instante Janet desconocía los detalles de la carnicería que acababa de protagonizar en Texas el comandante y psiquiatra militar Nidal Malik Hasan, y que con un saldo de 13 muertos y unos 30 heridos clasificó como la peor matanza en la historia de las bases militares estadounidenses.

A despecho de que hasta hoy nada indica que la reacción del militar (musulmán, de ascendencia jordana y con 39 años) fuera un acto terrorista u obedeciera a fanatismo religioso alguno, se trata sin dudas de un hecho que pone al descubierto una vez más que las inseguridades rodean a los estadounidenses en su propio territorio.

Nidal Malik Hasan llevaba tiempo intentando abandonar el ejército y estaba haciendo todo lo posible por no ser destinado al frente afgano. Se había sentido perseguido y rechazado por sus compañeros tras los ataques del 11-S.

El escenario del degolladero, Fort Hood, en Texas, es la mayor instalación militar estadounidense (alberga en sus predios a 55 mil militares) y una de las puertas de salida de los efectivos que parten hacia las guerras en Iraq y Afganistán. De hecho, de los 4 mil 600 soldados estadounidenses que han muerto en Iraq, 500 pertenecían a las tropas de Fort Hood.

Pienso que sin proponérselo, la acción del comandante estadounidense hizo mas patente la suerte de anexión de Colombia a Estados Unidos que acaba de producirse, porque los hechos sangrientos de Texas ocurrieron menos de una semana después de la firma entre Washington y Bogotá de un “acuerdo militar” que le permitirá a la potencia “conducir operaciones de espectro completo por toda América del Sur” desde siete instalaciones militares: Palanquero, Malambo, Tolemaida, Larandia, Apíay, Cartagena y Málaga. Y más, porque ese pacto aprueba el acceso y uso de las otras instalaciones y ubicaciones castrenses existentes en territorio colombiano, sin restricciones y en condiciones de una inmunidad tan total que es mejor llamarla por su nombre: completa impunidad.

La abogada y escritora venezolano-estadounidense Eva Golinger apuntaba ayer que aunque Barack Obama y Álvaro Uribe han mantenido públicamente que dicho acuerdo militar ampara solamente operaciones y actividades dentro del territorio colombiano para combatir el narcotráfico y el terrorismo interno y que ello no afectará a los países vecinos, “el documento de la Fuerza Aérea de EEUU confirma lo contrario e indica que las verdaderas intenciones y objetivos detrás del acuerdo son para poder realizar operaciones militares a nivel de la región para combatir la “amenaza constante de los gobiernos anti-estadounidenses”.

Pero la verdad es que la mayoría de los medios de comunicación del orbe se ocupan más de la degollina tejana, en menor medida del segundo golpe de estado que acaba de producirse en la martirizada Honduras (una acción gravísima que debiera levantar una ola de repudio mundial) y dejaron ya en el pasado el hecho “gravísimo y trascendente”, como calificará Fidel Castro a estos siete puñales clavados en el corazón latinoamericano y que por ello amerita no solo mil y una denuncias, sino la más férrea oposición de la totalidad de los países de Nuestra América.

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Nov 01 2009

No aprenden

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Juan Gelman nos regala este comentario. Aquí aborda magistralmente ciertos entretelones de la crisis económico-financiera en curso. Tomado de Página 12, de Argentina

Se escucha a líderes de los países desarrollados declamar que ha tocado fondo la crisis económica global. Para el presidente Obama ha terminado, aunque el número de desocupados en EE.UU. alcanzó en pocos meses la cifra record real del 16,9 por ciento de la fuerza laboral (foro.univision.com, 27-9-09). Se saldrá del pozo con lentitud, atenúan, y la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) ha dado a conocer indicadores alegres: “Ahora son visibles las claras señales de recuperación de todas las economías más importantes, en particular de Italia y Francia”, afirma (www.oecd.org, septiembre 2009). Alan Greenspan, ex director de la Reserva Federal y considerado un mago de las finanzas, pronostica una tasa de crecimiento del 3 por ciento para su país. Aparece la luz al final del túnel. O más bien parece que aparece: los que derraman optimismo hoy son los mismos que decían en 2008 que todo estaba bien, que nada había que temer y que el peligro de una depresión era inexistente.

El Banco de Pagos Internacionales (BPI) –del que muy poco y nada se habla– tiene otras opiniones que merecen atención. Este banco central de los bancos centrales del mundo coordina sus operaciones a nivel global y es la institución financiera más prestigiosa del planeta. No rinde cuentas a ningún gobierno y a su sede en Basilea acuden cada dos meses los representantes de los bancos centrales para analizar la situación imperante. El BPI les garantiza “una confidencialidad y un secreto que superan a los de cualquier banco clasificado triple A” (James Calvin Baker, The Bank for International Settlements, Greenwood Publishing Books, 2002). Conviene tomar en cuenta sus advertencias, sobre todo porque acostumbra no equivocarse: ha insistido en la presencia de graves desequilibrios del sistema financiero global desde el año 2003, pero no conmovió a quienes estaban ocupados en acumular ganancias fabulosas con infatigable rapacidad.

El BPI señaló en su informe más reciente que se corre el peligro de que estallen otras burbujas financieras, más graves aún que la inmobiliaria que llevó a la Casa Blanca a destinar billones de dólares al salvamento de los bancos. Señala, entre otras cosas, que la inversión en mercados derivativos había aumentado un 16 por ciento en el segundo trimestre de 2009, lo cual entraña “grandes riesgos sistemáticos” en el sector financiero internacional (www.bis.org, 14-9-09). El especialista Andrew Gavin Marshall subraya que al día siguiente de la publicación de este informe el ex jefe del departamento económico del BPI, William White, avisó que las acciones del gobierno estadounidense “para socorrer a la economía a corto plazo podrían estar sembrando las semillas de crisis futuras” y acarrear una recesión aún más profunda y prolongada (www.global research.ca, 8-10-09).

El llamado “paquete de estímulo económico” de la Casa Blanca no es pequeña cosa. “El gobierno de EE.UU. y la Reserva Federal invirtieron, prestaron o destinaron 12,8 billones de dólares (al salvamento), suma 14 veces superior al efectivo circulante. El PBI del país fue de 14,2 billones en el 2008” (www.blo om berg.com, 31-3-09). Esta evaluación fue en marzo. Cuatro meses después, el monto del paquete llegaba casi al doble. Los bancos más importantes utilizaron la ayudita para consolidarse, comprar bancos más pequeños y absorber unidades productivas. También los destinaron a especular y a inflar las cotizaciones de la Bolsa. Movidos por una sed insaciable del beneficio máximo, no quieren aprender nada de la crisis actual y la burbuja crece.

Gerald Celente dirige el Trends Research Institute (Instituto de Investigación de Tendencias) y suele acertar con sus análisis: predijo el derrumbe de la Bolsa de 1987, la implosión de la Unión Soviética, la crisis económica rusa de 1998, la recesión del 2001, el colapso del mercado inmobiliario de 2007, entre otras cosas. De él dijo el New York Post: “Si Nostradamus viviera, le sería muy difícil competir con Celente”. En mayo pasado anunció que se avecina “la Madre de todas las burbujas” provocada por “el paquete de estímulo”, que definió así: “Dólares fantasmales, impresos en aire inconsistente, respaldados por nada y produciendo casi nada” (geraldcelentechannel.blogspot.com, 13-5-09). Cuando esa burbuja estalle no habrá recursos para inflar otra y Celente piensa que esto podría empujar a EE.UU. a lanzar una guerra de proporciones impensables. ¿Será por eso que Obama enviará otros 45.000 efectivos a Afganistán, elevando el número de sus tropas a más de 100.000 (www.telegraph.co.uk, 14-10-09)? ¿Para combatir a los menos de 100 terroristas de Al Qaida que, según estimaciones de la Casa Blanca, siguen allí? (AP, 6-10-09). Qué desperdicio.

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