América despierta

Otro punto de vista sobre estas latitudes

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Jun 26 2012

La nueva doctrina de Obama: Un plan de seis puntos para la guerra global

¿Están los gringos “de vuelta” al patio trasero? No nos engañemos, siempre estuvieron vigilantes. Lean este magnífico artículo. Una recomendación de americadespierta

Por Nick Turse

En 2001, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld inició su “revolución en asuntos militares” orientando al Pentágono hacia un modelo militar ligero de fuerzas ágiles de alta tecnología. El concepto terminó tristemente en ciudades iraquíes asediadas.

En todo el globo, desde América Central y del Sur a África, Medio Oriente y Asia, el gobierno de Obama está desarrollando su fórmula para un nuevo modo de guerra estadounidense. Al hacerlo, el Pentágono y sus socios cada vez más militarizados se basan en todo, desde los preceptos clásicos de guerra colonial a las últimas tecnologías.

Parecía una escena sacada de una película de Hollywood. En plena oscuridad, hombres con equipo completo de combate, con armas automáticas y gafas de visión nocturna, agarraron un grueso cable colgado de un helicóptero Chinook MH-47. Luego, rápidamente, uno a uno se deslizaron sobre un barco. Después, “Mike” un SEAL de la Armada que no dio su apellido, alardeó ante un sargento de asuntos públicos del ejército de que mientras realizaban su juego, los SEALs podrían bajar 15 hombres a un barco en 30 segundos o menos.

Una vez que estuvieron en la cubierta de popa los soldados se dividieron en escuadrones y revisaron el barco mientras se balanceaba en Puerto Jinhae, Corea del Sur. Bajo cubierta y en el puente, los comandos ubicaron a varios hombres y los amenazaron con sus armas, pero nadie disparó un tiro. Era, después de todo, un ejercicio de entrenamiento.

Todos esos allanadores de barcos eran SEALs, pero no todos eran estadounidenses. Algunos eran del Grupo de Guerra Especial 1 de Coronado, California; otros de la Brigada Naval Especial de Corea del Sur. El ejercicio formaba parte de Foal Eagle 102, un ejercicio multinacional de servicios conjuntos. También era el modelo -y una pequeña muestra- de un publicitado “pivote” militar estadounidense del Gran Medio Oriente a Asia, una acción que incluye el envío de un contingente inicial de 250 marines a Darwin, Australia, la ubicación de barcos de combate litoral en Singapur, el fortalecimiento de vínculos militares con Vietnam e India, la realización de juegos de guerra en las Filipinas (así como un ataque de drones en ese país) y la transferencia de la mayoría de los barcos de la Armada hacia el Pacífico antes de finales de la década.

Ese modesto ejercicio de entrenamiento también reflejó otro tipo de pivote. La cara de la guerra al estilo estadounidense vuelve a cambiar. Olvidad las invasiones a gran escala y ocupaciones de amplia base en el continente eurasiático; en vez de eso hay que pensar en fuerzas de operaciones especiales que actúan independientemente pero que también entrenan o combaten junto a militares aliados (si no son directamente ejércitos testaferros) en puntos álgidos de todo el mundo. Y junto a esos consejeros, entrenadores y comandos de fuerzas especiales hay que esperar que cada vez más fondos y esfuerzan fluyan hacia la militarización del espionaje y la inteligencia, el uso de aviones no tripulados, drones, el lanzamiento de ataques cibernéticos y operaciones conjuntas del Pentágono con organismos gubernamentales “civiles” cada vez más militarizados.

Gran parte de esto se ha mencionado en los medios, pero ha escapado a la atención de qué forma todo esto se combina en lo que podría denominarse la nueva cara global del imperio. Y sin embargo, esto no representa nada que no sea una nueva doctrina Obama, un programa de seis puntos para la guerra del Siglo XXI, al estilo estadounidense, que el gobierno desarrolla y afina cuidadosamente. Su alcance global ya es imponente, aunque poco reconocido. al igual que las operaciones militares “ligeras” de Donald Rumsfeld y las operaciones de contrainsurgencia de David Petraeus, tendrá evidentemente su apogeo, y como ellas indudablemente desaparecerá de maneras que sorprenderán a sus creadores.

LA OPERACIÓN MILITAR CONFUSA

Durante muchos años, los militares estadounidenses han elogiado y promovido el concepto de la “operación militar conjunta”. Un helicóptero del ejército que descarga SEALs de la Armada en un barco coreano resume gran parte de estos principios al nivel táctico. Pero el futuro, parece, nos reserva algo diferente. Hay que pensar en ello como “operación militar confusa”, una especie de versión organizativa de la guerra en la cual un Pentágono dominante fusiona sus fuerzas con otras agencias gubernamentales -especialmente la CIA, el Departamento de Estado y la DEA (Administración de Cumplimiento de Leyes sobre las Drogas)– en complejas misiones combinadas en todo el globo.

En 2001, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld inició su “revolución en asuntos militares” orientando al Pentágono hacia un modelo militar ligero de fuerzas ágiles de alta tecnología. El concepto terminó tristemente en ciudades iraquíes asediadas. Una década después los últimos vestigios de sus numerosas fallas siguieron apareciendo en una guerra estancada en Afganistán contra una insurgencia minoritaria variopinta que no se puede derrotar. Desde entonces dos secretarios de Defensa y un nuevo presidente han dirigido otra transformación orientada a evitar ruinosas guerras terrestres en gran escala en las cuales EE.UU. ha mostrado consistentemente que no puede vencer.

Bajo el presidente Obama, EE.UU. ha expandido o lanzado numerosas campañas militares, la mayoría utilizando una mezcla de los seis elementos de la guerra estadounidense del Siglo XXI. Tomemos la guerra estadounidense en Pakistán, un ejemplo de lo que podría llamarse ahora fórmula Obama, si no doctrina. Comenzando como una campaña de asesinato por drones altamente circunscrita respaldada por incursiones limitadas de comandos a través de la frontera bajo el gobierno de Bush, las operaciones en Pakistán se han expandido a algo cercano a una guerra aérea robótica en gran escala, complementada por ataques de helicópteros a través de la frontera “equipos de asesinato” de fuerzas testaferras afganas financiadas por la CIA, así como misiones en el terreno de operaciones de fuerzas especiales de elite, incluida la incursión de los SEALs que mataron a Osama bin Laden.

La CIA ha realizado también misiones clandestinas de inteligencia y vigilancia en Pakistán, aunque su rol, en el futuro, puede que sea menos importante gracias al lento avance de las misiones del Pentágono. En abril, de hecho, el secretario de Defensa Leon Panetta anunció la creación de una nueva agencia de espionaje parecida a la CIA dentro del Pentágono llamada Servicio Clandestino de Defensa. Según Washington Post , su objetivo es expandir “los esfuerzos de espionaje militar más allá de las zonas de guerra”.

Durante la última década, la noción misma de zonas de guerra se ha confundido remarcablemente, reflejando la confusión de las misiones y actividades de la CIA y del Pentágono. Analizando la nueva agencia, y la “tendencia más amplia de convergencia” entre las misiones del Departamento de Defensa y de la CIA, el Post señaló que la “confusión también se evidencia en los rangos más altos de las organizaciones. Panetta sirvió previamente como director de la CIA, y ese puesto está ocupado actualmente por el general de cuatro estrellas retirado David H. Petraeus”.

Para no ser menos, el año pasado el Departamento de Estado, que solía ser la sede de la diplomacia, continuó su larga marcha hacia la militarización (y la marginación) cuando acordó combinar parte de sus recursos con el Pentágono para crear el Fondo Global de Contingencia de la Seguridad. Ese programa otorgará al Departamento de Defensa más influencia en la afluencia de la ayuda de Washington a las fuerzas testaferras en sitios como Yemen y el Cuerno de África.

Una cosa es segura: La guerra estadounidense (junto con sus espías y sus diplomáticos) se orienta cada vez más profundamente hacia “las sombras”. Hay que esperar aún más operaciones clandestinas cada vez en más lugares y por supuesto con más potencial todavía para repercusiones en el futuro.

LAS OPERACIONES EN EL “CONTINENTE NEGRO”

Un lugar que probablemente presenciará la llegada de espías del Pentágono en los próximos años es África. Bajo el presidente Obama, las operaciones en el continente se han acelerado mucho más allá de las intervenciones de los años de Bush. La guerra del año pasado en Libia; una campaña regional de drones con misiones desde aeropuertos y bases en Yibuti, Etiopía, y Seychelles, la nación-archipiélago del Océano Índico; una flotilla de 30 barcos en ese océano en apoyo de operaciones regionales; una campaña múltiple militar y de la CIA contra milicianos en Somalia que incluye operaciones de inteligencia, entrenamiento a agentes somalíes, prisiones secretas, ataques de helicópteros e incursiones de comandos estadounidenses; un masivo envío de dinero para operaciones de contraterrorismo en toda África Oriental; una posible guerra aérea de estilo antiguo, realizada secretamente en la región utilizando aviones tripulados; decenas de millones de dólares en armas para mercenarios aliados y tropas africanas; y una fuerza expedicionaria de operaciones especiales (reforzada por expertos del Departamento de Estado, enviada para ayudar a capturar o matar al líder del Ejército de Resistencia del Señor, Joseph Kony y sus altos comandantes, operando en Uganda, Sudán del Sur, la República Democrática del Congo, y la República Centroafricana (donde Fuerzas Especiales de EE.UU. tienen ahora una nueva base) solo describen muy superficialmente la rápida expansión de los planes y actividades de Washington en la región.

Aún menos conocidos son otros esfuerzos militares de EE.UU. con el fin de entrenar fuerzas africanas para operaciones que ahora se consideran necesarias para los intereses estadounidenses en el continente. Incluyen, por ejemplo, una misión de la Fuerza de Marines Recon de la Special Purpose Marine Air Ground Task Force 12 (SPMAGTF-12) para entrenar a soldados de la Fuerza Popular de Defensa de Uganda, que suministra la mayoría de los soldados de la Misión de la Unión Africana en Somalia.

A comienzos de año, los marines de SPMAGTF-12 también entrenaron a soldados de la Fuerza Nacional de Defensa de Burundi, el segundo contingente por su tamaño en Somalia; enviaron entrenadores a Yibuti (donde EE.UU. ya mantiene una importante base en el Cuerno de África en Camp Lemonier), y viajaron a Liberia donde se concentraron en la enseñanza de técnicas de control de disturbios a los militares de Liberia como parte de un esfuerzo dirigido por el Departamento de Estado para reconstruir esa fuerza.

EE.UU. también realiza entrenamiento de contraterrorismo y equipa a militares en Argelia, Burkina Faso, Chad, Mauritania, Níger y Túnez. Además, el Comando África de EE.UU. (Africom) planifica 14 grandes ejercicios de entrenamiento en 2012, incluyendo operaciones en Marruecos, Camerún, Gabón, Botsuana, Sudáfrica, Lesoto, Senegal y lo que podría convertirse en el Pakistán de África, Nigeria.

Incluso esto, sin embargo, no abarca toda la dimensión de las misiones de entrenamiento y asesoría de EE.UU. en África. Un ejemplo, no incluido en la lista de Africom, fue la reunión organizada por EE.UU. esta primavera de 11 naciones, incluyendo Costa de Marfil, Gambia, Liberia, Mauritania y Sierra Leona para participar en un ejercicio de entrenamiento marítimo bajo el nombre de código Saharan Express 2012.

DE VUELTA EN EL PATIO TRASERO

Desde su fundación, EE.UU. ha interferido frecuentemente cerca de casa, ha tratado al Caribe como su lago privado y ha intervenido a su gusto en toda Latinoamérica. Durante los años de Bush, con algunas notables excepciones, el interés de Washington por el “patio trasero” de EE.UU., perdió importancia en comparación con guerras más alejadas. Recientemente, sin embargo, el gobierno de Obama ha estado incrementando sus operaciones al sur de la frontera utilizando su nueva fórmula. Eso ha significado misiones de drones del Pentágono en México para ayudar en la batalla de ese país contra los cárteles de las drogas, mientras los agentes de la CIA y agentes civiles del Departamento de Defensa fueron enviados a bases militares mexicanas para participar en la guerra contra la droga de ese país.

En 2012, el Pentágono también reforzó sus operaciones contra las drogas en Honduras. Trabajando desde la Base Mocorón y otros campos remotos de ese país, los militares de EE.UU. apoyan las operaciones hondureñas con los métodos que perfeccionó en Iraq y Afganistán. Además, las fuerzas de EE.UU. han participado en operaciones conjuntas con tropas hondureñas como parte de una misión de entrenamiento llamada Beyond the Horizon 2012; Los Boinas Verdes también han estado ayudando a fuerzas de Operaciones Especiales hondureñas en operaciones contra el contrabando de drogas y un Equipo de Apoyo de Asesoría de la DEA, creado originalmente para afectar el comercio de amapolas de opio en Afganistán, ha sumado sus fuerzas a las del Equipo de Reacción Táctica de Honduras, la unidad de elite contra los narcóticos de ese país. Un aspecto de esas operaciones fue reportado en las noticias recientemente cuando agentes de la DEA, volando en un helicóptero estadounidense, estuvieron involucrados en un ataque aéreo contra civiles en el que murieron dos hombres y dos mujeres en la remota región de Costa de Mosquitos.

Menos visibles han sido las actividades de EE.UU. en Guyana, donde Fuerzas de Operaciones Especiales han estado entrenando a soldados locales en técnicas de ataque aéreo transportadas por helicóptero.”Es la primera vez que hemos tenido este tipo de ejercicio con la participación de Fuerzas de Operaciones Especiales de EE.UU. en una escala tan grande”, dijo a comienzos de año el coronel Bruce Lovell de la Fuerza de Defensa de Guyana a un funcionario de relaciones públicas estadounidense. “Nos da la posibilidad de validarnos y ver dónde estamos, cuáles son nuestros defectos”.

Los militares de EE.UU. también se han mostrado activos en otros sitios de Latinoamérica: finalizaron los ejercicios de entrenamiento en Guatemala, auspiciaron misiones de “construcción de la cooperación” en la República Dominicana, El Salvador, Perú y Panamá y llegaron a un acuerdo para realizar 19 “actividades” con el ejército colombiano durante el próximo año, incluyendo ejercicios militares conjuntos.

TODAVÍA EN MEDIO DE MEDIO ORIENTE

A pesar del final de las guerras de Iraq y Libia, de una próxima reducción de fuerzas en Afganistán y de copiosos anuncios públicos sobre su pivote de seguridad nacional hacia Asia, Washington no se está retirando de ninguna manera del Gran Medio Oriente. Aparte de la continuación de las operaciones en Afganistán, EE.UU. ha estado trabajando de modo consistente en el entrenamiento de tropas aliadas, la construcción de bases militares y en la organización de ventas y transferencias de armas a déspotas en la región de Bahréin a Yemen.

En los hechos, Yemen, como su vecina Somalia al otro lado del Golfo de Adén, se ha convertido en un laboratorio de las guerras de Obama. Allí, EE.UU. está realizando su nuevo tipo especial de guerra con tropas de “operaciones ocultas” como los SEALs y la Fuerza Delta del Ejército, realizando indudablemente misiones de asesinato/captura, mientras fuerzas “blancas” como los Boinas Verdes y los Rangers entrenan tropas indígenas y aviones robóticos persiguen y matan a miembros de al Qaida y sus afiliados, posiblemente con la ayuda de un contingente aún más secreto de aviones tripulados.

El Medio Oriente también se ha convertido en una región-ejemplo algo improbable para otra faceta emergente de la doctrina Obama: los esfuerzos de ciberguerra. En una alocución que mezcla las categorías, la secretaria de Estado Hillary Clinton apareció en una reciente Conferencia de la Industria de Operaciones Especiales en Florida, en la que destacó el entusiasmo de su departamento por sumarse al nuevo modo de guerra estadounidense. “Necesitamos Fuerzas de Operaciones Especiales que se sientan tan bien tomando té con dirigentes tribales como al atacar un complejo terrorista”, dijo a la multitud. “También necesitamos diplomáticos y expertos en desarrollo que estén dispuestos a la tarea de ser vuestros socios”.

A continuación Clinton aprovechó la oportunidad para destacar las actividades en línea de su organismo, orientadas a sitios web utilizados por la filial de al Qaida en Yemen. Cuando aparecieron mensajes de reclutamiento de al Qaida en estos últimos, dijo, “nuestro equipo llenó los mismos sitios con versiones alteradas… que mostraron el coste que los ataques de al Qaida han causado al pueblo yemení”. Además señaló que esa misión de guerra de la información fue realizada por expertos en el Centro de Comunicaciones Estratégicas de Contraterrorismo del Departamento de Estado con ayuda, lo que no sorprende, de los militares y de la Comunidad de Inteligencia de EE.UU.

Esos modestos esfuerzos en línea se suman a otros métodos más potentes de ciberguerra empleados por el Pentágono y la CIA, incluido el recientemente revelado programa “Juegos Olímpicos” de ataques sofisticados, desarrollados y utilizados por la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y la Unidad 8200, el equivalente israelí de la NSA, contra ordenadores de las instalaciones de enriquecimiento de uranio en Irán. Como en el caso de otras facetas del nuevo modo de guerra, esas actividades se iniciaron durante el gobierno de Bush pero se han acelerado significativamente bajo el actual presidente, quien se convirtió en el primer comandante en jefe estadounidense que ordena continuos ataques cibernéticos organizados para incapacitar la infraestructura de otro país.

DE PEQUEÑOS INCENDIOS A FUEGOS INCONTROLADOS

En todo el globo, desde América Central y del Sur a África, Medio Oriente y Asia, el gobierno de Obama está desarrollando su fórmula para un nuevo modo de guerra estadounidense. Al hacerlo, el Pentágono y sus socios cada vez más militarizados se basan en todo, desde los preceptos clásicos de guerra colonial a las últimas tecnologías.

EE.UU. es una potencia imperial castigada por más de 10 años de guerras fracasadas, de huella pesada. Cojea debido a una economía debilitada y está inundada de cientos de miles de veteranos recientes –un impresionante 45% de los soldados que combatieron en Afganistán e Iraq– que sufren incapacidades relacionadas con el servicio y necesitarán cuidados cada vez más costosos. No sorprende que la actual combinación de operaciones especiales, drones, juegos de espías, soldados civiles, guerra cibernética, y combatientes testaferros suene como un tipo más seguro, más sano, de actividad bélica. A primera vista, podrá parecer una panacea de los males de seguridad nacional de EE.UU. En realidad, puede ser todo lo contrario.

La nueva doctrina de huella ligera de Obama parece lograr que la guerra parezca una opción cada vez más atractiva y aparentemente fácil, un punto subrayado recientemente por el ex jefe del Estado Mayor Conjunto, Peter Pace. “Me preocupa que la velocidad facilita demasiado el empleo de la fuerza”, dijo Pace cuando lo consultaron sobre los recientes esfuerzos para simplificar el despliegue de Fuerzas de Operaciones Especiales en el extranjero”. “Me preocupa que la velocidad facilita demasiado que se encuentre una respuesta fácil –vamos a golpearlos con operaciones especiales– en lugar de encontrar una respuesta posiblemente más laboriosa para una mejor solución a largo plazo”.

Como resultado, el nuevo modo de guerra estadounidense representa un gran potencial de embrollos imprevistos y reacciones en serie. El inicio o avivamiento de pequeños incencios en varios continentes podría conducir a incendios incontrolados que se propagarían imprevisiblemente y que pueden ser difíciles, si no imposibles, de extinguir.

Por su propia naturaleza, los pequeños enfrentamientos militares tienden a aumentar de tamaño y las guerras tienden a extenderse más allá de las fronteras. Por definición, la acción militar tiende a tener consecuencias imprevistas. Para los que dudan, basta con que miren a 2001, cuando en un solo día tres ataques de baja tecnología provocaron más de una década de guerra que se ha propagado por todo el globo. La reacción a ese día comenzó con una guerra en Afganistán que se extendió a Pakistán, se desvió hacia Iraq, estalló en Somalia y Yemen, etc. Hoy los veteranos de esas intervenciones tratan de repetir sus dudosos éxitos en sitios como México y Honduras, la República Centroafricana y el Congo.

La historia demuestra que EE.UU. no tiene mucho éxito cuando intenta ganar guerras, ya que no ha logrado una victoria en conflictos importantes desde 1945. Intervenciones más pequeñas han sido una mezcla de modestas victorias en sitios como Panamá y Granada y resultados ignominiosos en el Líbano (en los años ochenta) y Somalia (en los noventa), por mencionar solo algunos.

El problema es que cuesta decir en qué se convertirá una intervención hasta que es demasiado tarde. Aunque siguieron caminos diferentes, Vietnam, Afganistán, e Iraq comenzaron todas relativamente pequeñas, antes de convertirse en grandes y desastrosas. La perspectiva de la nueva doctrina de Obama parecer lejos de ser halagüeña a pesar de los informes positivos de la prensa de Washington.

Lo que actualmente parece una fórmula de una proyección fácil del poder que impulsará los intereses imperiales a bajo coste podría convertirse pronto en un desastre absoluto que probablemente no será evidente hasta que sea demasiado tarde.

Fuente: http://www.patriagrande.com.ve/temas/opinion/la-nueva-doctrina-de-obama-un-plan-de-seis-puntos-para-la-guerra-global/

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Dic 20 2011

Los que cortan la pizza

Por Juan Gelman

Bloomberg News, la multimillonaria agencia global de información financiera, ha revelado cuál es la entidad que gobierna realmente en EE.UU.: una suerte de administración secreta con sede en Washington/Wall Street que toma decisiones a espaldas de la opinión pública y de los legisladores estadounidenses y vuela muy por encimita de lo que se considera un sistema democrático. Tras largo insistir, la empresa consiguió la desclasificación de miles de documentos que la Junta de Gobernadores del Sistema Federal de Reserva (FED, por sus siglas en inglés) guardaba celosamente en sus archivos (www.bloomberg.com, 28-11-11). Tenía sus buenas razones para hacerlo.

“La FED y los grandes bancos lucharon más de dos años para mantener en secreto los detalles de la operación de rescate financiero más vasta de la historia de EE.UU.”, se precisa en la investigación de Bloomberg. “Una nueva visión de la crisis financiera de 2007-2009 –agrega– surge de las 29.000 páginas de documentos de la FED y de más de 21.000 transacciones bancarias, obtenidas en virtud de la ley de libertad de información.”

Un ejemplo: el programa de rescate bancario TARP, que el Congreso aprobara en el 2008, fijó en 700.000 millones de dólares la suma destinada a ese fin. La documentación desclasificada muestra que, en realidad, el monto fue diez veces superior: 7,77 billones de dólares. Ni un solo parlamentario conoció la información y menos el ciudadano de a pie. Esta financiación secreta, a tasas de interés inferiores a las que regían en el mercado, permitió que los bancos más poderosos obtuvieran beneficios adicionales por valor de 13.000 millones de dólares, cantidad suficiente para dar empleo a un par de centenares de miles de desocupados. Y aun más. “Cuando se conoce la cantidad de dólares que recibieron los bancos, es difícil afirmar que eran instituciones exitosas”, manifestó Sherrod Brown, senador demócrata por Ohio que en el 2010 presentó –en vano– un proyecto de ley para limitar su dimensión. En efecto: pese a las declaraciones tranquilizadoras de sus ejecutivos, los documentos conseguidos por Bloomberg dan cuenta del estado tambaleante del sistema bancario estadounidense.

El Departamento del Tesoro se basó en las recomendaciones de la FED para decidir qué bancos recibirían fondos en el marco del programa TARP y eligió seis: JP Morgan, Bank of America, Citigroup Inc., Wells Fargo & Co., Morgan Stanley y Goldman Sachs. La investigación determinó que recibieron 160.000 millones de dólares vía TARP y préstamos de la FED por 460.000 millones. El rescate se prolongó desde agosto del 2007, bajo W. Bush, hasta abril del 2010, bajo Obama. El ex y el actual ocupante de la Casa Blanca tampoco en esta esfera difieren.

Al mismo tiempo que se debatía en el Congreso la reinstauración de la Ley Glass-Steagall con el objeto de combatir la especulación, separando la banca de depósito y la banca de inversión o Bolsa de Valores, la verdadera administración de EE.UU. utilizaba fondos públicos para acelerar las fusiones bancarias en favor de los más grandes. Según los datos de la misma FED, el activo de los seis bancos más importantes del país pasó de 6,8 billones de dólares en el 2006 a 9,5 billones en el 2011, un incremento del 40 por ciento que años de crisis ni rozaron. Al revés.

No falta la parte que las mantas del encubrimiento no lograron cubrir. Los seis grandes cabildearon mucho más para garantizar su aprovechamiento de la crisis: invirtieron en conjunto 22,1 millones de dólares en la tarea en el 2006, en el 2010, 29,4 millones, un tercio con creces más (www.opensecrets.org, 31-10-11). Poca sorpresa causa que el intento del senador Brown haya fallecido sin estrépito.

La crisis de la Eurozona acrece el apetito de los seis grandes, en particular de Goldman Sachs. Mario Monti, uno de sus hombres, hoy primer ministro de Italia, es miembro del consejo asesor internacional de Coca-Cola y consultor de Goldman Sachs. Este gigante financiero envió en agosto un informe sobre la crisis europea a sus clientes más importantes del mundo entero. El Wall Street Journal informó sin mucho detalle acerca del contenido de sus 54 páginas, en las que G-S aconseja “a los inversores en productos financieros sacar provecho de la crisis” y explica mecanismos conducentes (//online.wsj.com, 1-9-11). No cabe duda de que tales indicaciones servirán para hacer varios agostos.

Hoy se inició en Bruselas la reunión cumbre para “salvar al euro”, a la que el dúo Merkel-Sarkozy lleva una propuesta de austeridad durísima y el proyecto de que los jefes de Estado de la zona se conviertan directamente en sus propios ministros de Economía en el seno de un consejo ad hoc. En vez de dirigir políticamente la economía se propone que la economía dirija la política. Como ocurre desde hace largo tiempo, sólo que en adelante sin disfraz.

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Sep 12 2011

CAMILA VALLEJO, ESTE 11 DE SEPTIEMBRE, EN CHILE: “Tenemos una de las sociedades más desiguales”

Por Christian Palma, desde Santiago de Chile

Sin quererlo, Camila Vallejo, la presidenta de la Federación de Estudiantes de Chile (FECH), atrapa las miradas y los flashes de las cámaras. Desde que apareció en la marcha convocada por organizaciones de derechos humanos, en conmemoración del golpe militar del 11 de septiembre de 1973, estuvo rodeada de prensa. Mucha prensa.

En medio del acto que se desarrolló en el cementerio general aceptó hablar con Página/12. Ahí, la joven sostuvo que en este último tiempo ha habido torturas de estudiantes, la muerte de un menor y apremios ilegítimos, detenciones ilegales que responden a políticas represivas del gobierno que son responsabilidad del ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter. “Reafirmamos este 11 de septiembre la petición desde el movimiento estudiantil para que Hinzpeter renuncie, dada su responsabilidad política en estos hechos”, sostuvo.

–¿Qué es para ti el 11 de septiembre?

–Sin duda es una fecha de luto para el pueblo chileno, no sólo marca el comienzo de una de las peores dictaduras en la que se violaron sistemáticamente los derechos humanos sino que también significa el término de un proyecto revolucionario en el que la sociedad por primera vez se convertía en sujeto primordial de transformación para la construcción de una sociedad justa y digna para todos. Producto de este proceso es que hoy nos encontramos en una de las sociedades más desiguales del mundo y con tales niveles de precarización de nuestra educación, salud, vivienda, trabajo y, en definitiva, de desarrollo.

–En Chile, la Argentina y muchos otros países, Allende es un héroe. ¿Qué significa en tu opinión?

–Allende fue un hombre de futuro, fue un presidente que supo poner las prioridades para que Chile fuese un país digno e igualitario para todos los chilenos. Fue un héroe capaz de morir por sus ideales y por la causa de la clase obrera. Hoy su legado se refleja en todos quienes luchamos por una nueva educación y, más general, por una nueva sociedad.

Antes de seguir marchando con la caravana, Vallejo dijo que están convocando a una marcha junto con la Confederación Nacional de Funcionarios de Salud Municipalizada, porque “la situación es muy parecida a la de la educación y hay que defender la salud del avance de las privatizaciones”.

Dijo también que hasta el momento no han tenido más contactos con el ministro de Educación, Felipe Bulnes, y que hoy le harán entrega de un documento con las garantías que solicitan los estudiantes para iniciar un diálogo sin condiciones, restricciones y temas tabúes.

Allende, más vivo que nunca entre los movilizados

EN CHILE, AGRUPACIONES DE DERECHOS HUMANOS, ESTUDIANTES Y DIRIGENTES POLITICOS RECORDARON EL 11 DE SEPTIEMBRE

Entre fotos de Salvador Allende, banderas de todos los colores, tambores y gritos, la caravana avanzó sin pausa hacia el memorial de Santiago en la conmemoración de los 38 años del golpe que en 1973 cambió la historia del país.

Christian Palma

Desde Santiago

A las 11 partió desde Plaza Los Héroes, cerquita de La Moneda, la marcha convocada por las agrupaciones de derechos humanos, estudiantes y dirigentes políticos. Eran unos cientos, que se fueron haciendo miles a medida que el mar humano caminaba hasta el memorial levantado en honor de los caídos en la dictadura en el Cementerio General de Santiago. Ahí estaban, en primera fila, los más viejos, que ya tienen muchas de estas marchas en el cuerpo. Lorena Pizarro, presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos; Guillermo Teillier, presidente del Partido Comunista, y el renombrado escritor Pedro Lemebel, portaban un gran cartel con la leyenda: “La movilización social es un derecho”. Pasito a pasito avanzaban bajo el inclemente sol que se dejó sentir ayer en Santiago. Entre fotos de Salvador Allende, banderas de todos los colores, tambores y gritos, la caravana avanzaba sin pausa. Más atrás caminaba el recambio. Camila Vallejo, la carismática líder estudiantil que, si bien no vivió directamente los horrores de la dictadura, también estuvo presente en la conmemoración de los 38 años del golpe militar que en 1973 cambió para siempre la historia de este país, junto a muchos otros de su generación que entienden y comparten los ideales del presidente que prefirió quitarse la vida a caer en manos de los militares que bombardearon La Moneda.

Viejos y jóvenes, unos 15 mil, se dieron otra vez la mano como ha sido recurrente desde que llegó la derecha al poder hace un año y medio y salieron a las calles. “Y va a caer y va caer, la educación de Pinochet.” “Compañero presidente Salvador Allende, presente”, se sentía con fuerza. Las consignas gritadas a todo pulmón buscaban recordar la memoria del “compañero presidente” y criticar el modelo económico que rige en Chile, en especial la educación. Más tarde, mientras los vendedores ambulantes no daban abasto para atender las necesidades de agua y cerveza de la gran cantidad de gente, la marcha llegó al frontis del cementerio. Un acto musical y algunos discursos oficiales dieron paso a una caminata hasta el Memorial de los Detenidos Desaparecidos.

–¿Qué te parecen estos nuevos líderes que han surgido con el movimiento estudiantil y que se hacen presente en este día tan significativo? –preguntó Página/12 a Lorena Pizarro.

–Me parece fantástico. Esto es la semilla de una generación que luchó contra la dictadura y que se agotó de los 20 años de la transición política chilena que fue una basura, pues con la Concertación se profundizó el modelo político-económico. Esta generación es víctima de eso y el movimiento no es sólo de los estudiantes sino que tiene que ver con una ciudadanía que dice basta, incluso en demostraciones culturales en las poblaciones. Si uno escucha a los raperos, todas sus letras tienen una conciencia social abrumadora. Estamos en una situación más potente que otras que se han visto en estos últimos años: hoy hay madurez, conciencia de lo que hacen y saben que no sólo es por ellos. Camila Vallejo tiene mucho que ver con el ejemplo de Allende, porque ellos no están peleando para ellos sino que apuntan a cambiar Chile para terminar con los abusos, directamente contra de la herencia de Pinochet.

Dijo además que con la llegada a la presidencia de Sebastián Piñera se ha registrado un retroceso en las investigaciones sobre violaciones a los derechos humanos: “Se han puesto una serie de trabas y en los últimos años no ha habido más avances”.

Por su parte, Guillermo Teillier sostuvo que “hoy en día los estudiantes, los profesores y los profesores en general son portadores de las ideas de Allende. Son los jóvenes quienes nos llenan de esperanza”. Agregó que “también apuntamos a una nueva fuerza social que pueda instalar un gobierno que asuma las demandas que se ven en las calles, mediante la participación popular. Es el momento para hacerlo, no lo harán los partidos políticos sino que el pueblo”.

Mientras tanto, el homenaje se detenía en las tumbas de algunos ilustres como Violeta Parra o Víctor Jara, donde con cantos y poesía se recordó su legado cultural. Otros, los amigos y familiares de los asesinados por la represión militar hacían pequeños homenajes más íntimos.

En uno de las calles del cementerio, Hugo Gutiérrez, uno de los tres diputados comunistas chilenos, sostuvo a este diario que “el pueblo ha recobrado la memoria. Estamos reconstruyendo un movimiento contundente que quiere arrebatarle al poder económico y político a quienes han usufructuado en la dictadura y la concertación. La izquierda hoy está tomando confianza en su propia fuerza, por muchos años depositamos nuestra confianza en la Concertación para el cambio que el país necesitaba, pero lamentablemente se dedicó a gobernar con las políticas públicas heredadas por Pinochet y no alteró en nada eso”.

La calma reinante cambió pasadas las 2 de la tarde, cuando jóvenes a rostro cubierto atacaron con piedras y otros objetos contundentes a carabineros y a la prensa, los que fueron dispersos por tanques hidrantes y bombas lacrimógenas para evitar destrozos. En las escaramuzas, un policía montado a caballo resultó lesionado tras recibir una pedrada en su rostro.

Al final de esta jornada hubo más de 20 detenidos. Cifra que de seguro aumentó anoche, pues se esperan protestas en diversos lugares de Santiago y otras regiones.

Tomados de p12

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Sep 12 2011

Los atentados en el cine, un fracaso de taquilla

A 10 años del mayor ataque de la historia de los Estados Unidos, la herida aún está abierta o, por lo menos, eso es lo que parece demostrar la escasa convocatoria de las películas de Hollywood basadas en el 11-S

De acuerdo con distintos especialistas, una década no fue suficiente para que los estadounidenses pudieran superar el trauma y el dolor del ataque terrorista que dejó más de 3 mil muertos.

“No creo que el público quiera revivir uno de los momentos más dolorosos de la historia reciente de nuestra nación. Al menos, no tan pronto”, señala la periodista del diario USA Today, Claudia Puig, a la agencia Reuters.

“Una de las cosas que Hollywood quiere es un final feliz, pero no se lo pueden dar“, agrega el autor del libro Cine y televisión tras el 11-S, Wheeler Winston Dixon, para quien resulta difícil encontrar una historia optimista en el contexto de los atentados.

La opinión del cineasta Oliver Stone, uno de los pocos que se animó a filmar una película sobre el 11 de septiembre, parece ser la misma. El ganador de tres premios Oscar se inspiró para realizar World Trade Center (2006) en un hecho real, la historia de dos policías, interpretados por Nicholas Cage y Michael Peña, que fueron los últimos en ser desenterrados con vida de los escombros de las Torres Gemelas. Pero esta producción no estuvo exenta de patriotismo y el suyo uno de los tan remanidos finales felices.

“En todo el mundo la gente quiere esperanza, por eso las películas de Hollywood tienen éxito a nivel internacional”, justificó Stone en ese entonces, cuando además sostuvo que era demasiado pronto para proyectar una película compleja sobre el miedo y el terror del ataque del 11-S.

La duda que se plantea en Hollywood es en qué momento los espectadores -y los afectados- podrán soportar ver una película cruda y fuerte sobre los atentados y, más aún, los productores se preguntan cuánta de esa realidad podrán tolerar.

Siempre será algo difícil e incómodo, algo que de alguna manera no queremos ver. Pero, cuantas más películas, mejor, así no se olvida lo ocurrido”, asegura la hija de una pasajera de uno de los aviones estrellados, Allison Vadhan, cuya historia se refleja en el thriller United 93.

Sin embargo, en los hechos, la situación es distinta, con escasa recepción del público. El primer film que se acercó a la temática del 11-S fue The Guys, con Sigourney Weaver y Anthony LaPaglia, que se estrenó en 2002 en el Festival de Cine de Toronto. La trama estaba centrada en una periodista y un bombero que perdían a sus compañeros en el ataque. Pese a las buenas críticas, fue un fracaso en las salas.

En 2006, el cineasta británico Paul Greengrass se propuso recrear una historia “creíble” y estrenó United 93, sobre el cuarto vuelo secuestrado, que se estrelló contra el suelo de Pensilvania. La película de Greengrass y la de Oliver Stone, puestas en cartelera el mismo año, apenas lograron recaudar 250 millones de dólares juntas.

Algunos directores optaron por centrarse en otra etapa, como la posterior guerra contra Irak, la invasión a Afganistán o la seguridad en los aviones. La premiada The Hurt Locker y Vuelo nocturno, sobre el secuestro de una mujer en pleno viaje, son dos ejemplos.

El documental Fahrenheit 9-11 de Michael Moore y los once cortometrajes con historias que confluyen en el atentado de las Torres Gemelas que recopila 11’09’01 se suman a la lista de producciones sobre el 11 de septiembre.

En la televisión, distintos programas tocaron la temática, aunque la mayoría enfocándose en el antes o el después del ataque. The Path to 9/11 con Harvey Keitel fue una miniserie estrenada en 2006 que se enfocó en la explosión ocurrida en el World Trade Center en 1993 y otros hechos que marcaron el camino hacia el brutal atentado terrorista de 2001. Estaba centrada en la historia de un agente experto en  contraterrorismo del FBI, John O’Neill, quien también es el protagonista principal del multipremiado libro La torre elevada.

Más recientemente, Steven Spielberg produjo otra miniserie de ocho capítulos sobre el post 9-11, por ejemplo, cómo cambió Nueva York y de qué forma sobrellevaron el trauma distintos sobrevivientes. Testimonio de Esperanza: Zona Cero se emite actualmente por Discovery Channel.

En diez años, los films y las series sobre el 11-S no lograron ganarse al público, todavía sensibilizado sobre el tema. Habrá que ver qué sucederá más adelante, considerando que el tiempo cura las heridas. Eso sucedió, por lo menos, en el caso de Titanic -pasaron más de 80 años para que la película sobre la tragedia del crucero hundido en 1912 saliera a flote- y en el de Pearl Harbor, cuyo film rompió los récords de taquillas casi 60 años después del ataque japonés a la base norteamericana.

Tomado de Infobae.com

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Sep 12 2011

El 11-S estadounidense en números

Este también, según infobae.com

¿Cuántos murieron? ¿Cuántos cuerpos fueron recuperados? ¿Cuánto dinero se donó? ¿A cuántos funerales asistió el alcalde de Nueva York en esos días? La tragedia también se midió en cifras

Un informe del New York Magazine puso números a todos los aspectos del impactante ataque contra las Torres Gemelas del World Trade Center: desde la empresa que más empleados perdió hasta el número de niños huérfanos que dejó el atentado.

“Los números iniciales son indelebles”, dice el artículo. A las 8:46 de la mañana del 11 de septiembre se estrelló el primer avión contra una de las torres. El segundo, a las 9:02.

A partir de allí, la historia en números siguió de este modo:

Tiempo que resistieron en pie las torres incendiadas: 56 minutos una y 102 la otra

Tiempo que les tomó caer: 12 segundos

Número total de muertos en los ataques (cifra oficial establecida a partir del 05/09/02): 2.819

Número de bomberos y paramédicos muertos: 343

Número de agentes de policía de Nueva York muertos: 23

Número de policías de la Autoridad Portuaria muertos: 37

Número de empresas del World Trade Center que perdieron personal: 60

Número de trabajadores que murieron en la Torre Uno: 1.402

Número de trabajadores que murieron en la Torre Dos: 614

Número de empleados de Cantor Fitzgerald fallecidos: 658 (es la empresa que más personal perdió, murieron todos los que se encontraban ese día en sus oficinas de los pisos 101 a 105 de la torre uno del WTC)

Número de países que perdieron ciudadanos en el ataque: 115

Proporción entre hombres y mujeres muertos en los atentados: 3 a 1

Edad de la mayoría de los muertos: entre 35 y 39 años

Cadáveres hallados “intactos”: 289

Partes de cuerpos encontradas: 19.858

Familias de víctimas que no recuperaron restos: 1.717

Unidades estimadas de sangre donada para el New York Blood Center: 36.000

Total de unidades de sangre donada efectivamente utilizada: 258

Personas que perdieron a su pareja en el ataque: 1.609

Niños que perdieron a sus padres: 3.051

Porcentaje de norteamericanos que conocía a alguien herido o muerto en los ataques: 20%

Jubilaciones en el Departamento de Bomberos de Nueva York, entre enero y julio de 2001: 274

Jubilaciones en el Departamento de Bomberos de Nueva York, entre enero y julio de 2002: 661

Bomberos en licencia por problemas respiratorios en enero de 2002: 300

Funerales a los que asistió el alcalde de Nueva York Rudy Giuliani en 2001: 200

Vehículos del Departamento de Bomberos destruidos: 98

Toneladas de escombros removidos del WTC: 1.506.124

Puestos de trabajo perdidos en Nueva York: 146.100

Días de cierre de la Bolsa de Nueva York: 6

Días transcurridos entre el ataque y el comienzo de los bombardeos de los Estados Unidos contra Afganistán: 26

Pérdidas económicas para Nueva York en el mes posterior a los ataques: 105 mil millones de dólares

Costo estimado de la limpieza: 600 millones de dólares

Dinero gastado por la FEMA (Agencia Federal para el manejo de Emergencias): 970 millones de dólares

Dinero donado: 1.400 millones de dólares

Monto pagado en seguros en todo el mundo en relación al 11-S: 40.200 millones de dólares.

Aumento de solicitudes de ingreso al Cuerpo de Paz entre 2001 y 2002: 40 por ciento

Aumento de solicitudes de ingreso a la CIA entre 2001 y 2002: 50 por ciento

Canciones que el Clear Channel Radio consideró “inapropiadas” para ser emitidas después del 11 de septiembre: 150

Departamentos cuyos ocupantes solicitaron limpieza y testeo: 4.110

Estadounidenses que cambiaron el avión por el tren o el automóvil para sus vacaciones en 2001: 1,4 millones

Neoyorquinos que sufrieron desórdenes por estrés postraumático (estimación): 422.000

Tomado de Infobae

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Sep 12 2011

Los atentados más mortíferos desde el 11-S de 2001

Según infobae.com, son los siguientes:

Después de los ataques contra el World Trade Center y el Pentágono, que dejó 3.000 muertos, se registraron en el mundo otros actos terroristas con un alto saldo de víctimas

Esta es la cronología de los ataques más letales posteriores al 11 de septiembre de 2001

India, 26-29 de noviembre de 2008: 173 murieron personas en una serie de ataques en la ciudad india de Bombay. El gobierno de Nueva Delhi los atribuyó a un grupo terrorista paquistaní.

Sri Lanka, 16 de octubre de 2008: Un atentado suicida supuestamente perpetrado por rebeldes tamiles en la ciudad de Habarana causó al menos 100 muertos.

India, 11 de julio de 2006: Terroristas musulmanes atacaron la red ferroviaria en Bombay matando a 182 personas y dejando heridas a otras 770.

Rusia, 13 de octubre de 2005: Un numeroso grupo de presuntos extremistas islámicos atacó la ciudad rusa de Nalchik, en el Cáucaso Norte, causando la muerte de 130 personas.

Reino Unido, 7 de julio de 2005: Cuatro islamistas se hicieron volar por los aires en el sistema de transporte de Londres. Saldo: 56 muertos y 700 heridos.

Rusia, 1º de septiembre de 2004: Un grupo de 30 hombres y mujeres armados ocuparon una escuela en la ciudad de Beslán, en Osetia del Norte, y tomaron 1.100 rehenes. Más de 330 de ellos, en su mayoría niños, perdieron la vida durante la operación de las fuerzas de seguridad para poner fin al secuestro. También murieron 30 terroristas.

Rusia, 24 de agosto de 2004: Dos aviones rusos se estrellaron con un intervalo de una hora en el sur de Rusia, tras el estallido de explosivos a bordo de las naves. Según cifras oficiales, murieron 90 personas en estos atentados.

España, 11 de marzo de 2004: La explosión de diez bombas colocadas en trenes suburbanos en Madrid causó la muerte de 191 personas. La investigación policial apuntó a islamistas marroquíes como autores de la masacre.

Irak, 2 de marzo de 2004: Varios atentados suicidas se cobraron la vida de más de 180 personas en las ciudades iraquíes de Kadhimiya y Karbala.

Filipinas, 27 de febrero de 2004: Un atentado con bomba perpetrado por terroristas islámicas contra un ferry en Manila causó más de 110 muertos.

Irak, 29 de agosto de 2003: Al menos 120 personas murieron por la explosión de un coche bomba frente a una mezquita en la ciudad iraquí de Nayaf.

Rusia, 26 de octubre de 2002: Terroristas chechenos asaltaron un teatro en Moscú, tomando como rehenes a 800 personas. La operación de rescate se saldó con la muerte de 129 rehenes y 41 terroristas.

Indonesia, 12 de octubre de 2002: Un doble atentado con bomba contra discotecas en la isla indonesia de Bali causó la muerte de 202 personas.

Estados Unidos, 11 de septiembre de 2001: Terroristas islámicos estrellaron dos aviones comerciales estadounidenses contra las Torres Gemelas del World Trade Center en Nueva York y otro contra el Pentágono en Washington. Un cuarto avión secuestrado cayó en un campo en el estado de Pensilvania. En total mueren casi 3.000 personas.

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Sep 11 2011

Un septiembre diferente

Eduardo Contreras

Mal comenzó este mes tan especial. La adversidad, o un conjunto de errores, provocaron la tragedia de Juan Fernández. Por encima de la dureza del general a cargo de las explicaciones, crece transversalmente el consenso de que se trató de un protocolo inadecuado, un plan de vuelo equivocado, exceso de peso y escasez de combustible, impericia y además en una nave militar que, por su naturaleza, carece de caja negra y de seguros. Es decir, no pudo ser peor. Surge entonces la pregunta ¿porqué estos institutos armados que gastan millones y millones de dólares en aviones para una guerra que nunca se librará, en compras que se han prestado para coimas y negociados de los mandos y que restan recursos a la salud y a la educación de los chilenos, no invierten en naves de calidad y en vuelos seguros para cumplir tareas en tiempos de paz ? La tragedia del 2 de septiembre no era inevitable. Agreguémos que el mérito del rescate de los restos es por entero de los pescadores y buzos locales.

Párrafo aparte merece el caso de una de las víctimas, Galia Ortiz, que habría sido reintegrada a Cultura por un dictamen de Contraloría luego de ser despedida ilegalmente por el gobierno. Las palabras de buena crianza del ministro salen sobrando.

Este mes se ha cumplido otro aniversario del triunfo del pueblo con Allende el 4 de septiembre de 1970 que abrió paso al gobierno más democrático y avanzado de nuestra historia ; y está por cumplirse otro aniversario de la traición de los generales, del criminal golpe de la derecha y los militares dirigido y financiado por una potencia extranjera. El mes en que recordamos el asesinato de miles y miles de compatriotas, entre ellos a personalidades de la cultura como Victor Jara y, como todo parece indicar, también a Pablo Neruda respecto del que se habló por años de muerte por cáncer. La interrogante está abierta y serán los tribunales quienes decidan si era o no otra mentira. Es el mes en que evocaremos el lamentablemente fallido intento de tiranicidio. Un hecho que, con todo, contribuyó al fin de la dictadura. Es, en fin, el mes del aniversario de nuestras queridas Juventudes Comunistas de ejemplar desempeño en estos tiempos.

Pero en rigor lo que hace la diferencia y levanta a este septiembre como diferente es la clara percepción de que los estudiantes, con el amplio respaldo de los trabajadores y del conjunto del pueblo, han empezado a abrir alamedas. No sólo en materia de educación sino que, con mirada profunda y coincidente con los anhelos del movimiento popular, también respecto de los cambios políticos, sociales y económicos indispensables, que permitan hacer la transición real a la democracia y pongan fin a tantos años de componendas entre sectores que se las arreglaron para que todo siguiera prácticamente igual.

Los estudiantes se han ganado el corazón del pueblo y más allá de las fronteras a punta de esfuerzo, inteligencia y creatividad. Han logrado conquistas significativas y abierto las puertas a nuevos avances. Por eso es tan importante su unidad. Personalmente creo que esta “primavera colectiva” de la que habla Cristian Warnken no será efímera, que llegó para quedarse y que Chile no será más como hasta ahora.

Tomado de Rebelión

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Sep 11 2011

11 de septiembre de 1973

Editorial de hoy del periódico El Siglo,  de Chile

A muchos les incomoda la sola mención de la fecha. Se ha intentado echar tierra a los hechos que la precedieron, en busca de un blanqueo de culpables y responsables en grados diversos, incluyendo el silencio cómplice. “La historia juzgará”, dicen otros, mientras disfrutan de los dividendos del golpe de estado, botín escandalosamente sustraído al pueblo de Chile.

Mediante el expediente hipócrita de las “responsabilidades compartidas”, se omiten datos tan innegables y contundentes como la traición de los altos mandos castrenses, la conspiración de las derechas política y económica y, sobre todo, el decisivo accionar del imperialismo, personificado en la siniestra pareja Nixon-Kissinger.

La honda fisura instalada en el subsuelo de la conciencia de millones de chilenas y chilenos, ha jugado un papel de difícil cuantificación, aunque innegable, en los acontecimientos que han tenido lugar en los últimos años de nuestra historia política y social.

Grandes masas sufrían los diarios embates de la dictadura, con un repertorio que incluía desde la violencia extrema –asesinatos, desaparecimientos, torturas, relegaciones y exilio- hasta las más o menos sutiles formas de penetración vía terror, introducción de la droga para favorecer su consumo masivo particularmente en los combativos sectores de las periferias urbanas, las presiones vía políticas laborales, etc., etc. Pero esas mismas masas eran las que, de mil formas, participaban en las movilizaciones, luchas, protestas y formas agudas de resistencia para oponerse al opresivo dominio ejercido con el apoyo terrorista del estado.

La transición pactada, cuya propiedad intelectual sería ridículo discutirle al Departamento de Estado norteamericano, inauguró un nuevo estilo de gobierno y de relación entre una dirigencia –concertacionista- auto erigida en una “clase política” que monopolizaba la expresión libre de la ciudadanía.

Fue necesario que las limitaciones de los sucesivos gobiernos de “la transición” quedaran al desnudo ante el país, para que los millones de personas que se habían embarcado en la embriaguez del consumo y abandonado en manos ajenas su presente y su futuro, se liberaran de los espejismos y asumieran una conducta como la que vemos hoy en las calles y plazas de todo Chile.

Es claro, también ocurrió la vuelta de la derecha al gobierno, luego de 20 años de haber sido desalojada junto con el dictador, y tras más de medio siglo sin haberlo conseguido por la vía democrática.

Lo sustantivo del momento actual es que los grandes anhelos -“utopías”, por qué no- que marcaron el Chile de las primeras décadas de la segunda mitad del siglo pasado, han vuelto a transitar de la mano, particularmente, de las nuevas promociones de estudiantes de todos los niveles de la educación: secundarios, universitarios, y con la participación a su lado y activamente del extenso contingente de profesores y el apoyo aplastante de la ciudadanía.

Las palabras que hace 38 años pronunciara Salvador Allende en medio del bombardeo a La Moneda, alcanzan plena vigencia: “volverán otros hombres a abrir las anchas alamedas por donde pase el hombre libre del mañana”.

No se trata de tender un puente que desde el hoy alcance a ese año 1973, como si nada hubiera pasado. No, porque lo ocurrido fue terrible en demasía y las lecciones extraídas de los largos años de dolor y de lucha no pueden de ninguna manera ni bajo pretexto alguno ser olvidadas u omitidas.

Pero salgan a ver a la gente por las calles, pongan atento oído: ya este Chile no es el mismo de ayer. En las manos y los cantos de miles y miles de chilenos, y en primer lugar de su juventud, está el porvenir. Gracias a ellos, a su conciencia y su capacidad de encender con su decisión las certezas y esperanzas de todo un país, Salvador Allende no habrá muerto en vano.

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Sep 11 2011

Cómo está organizada la guerra contra el terrorismo

Néstor García Iturbe

Como seguramente todos recordaremos, la llamada “Guerra contra el Terrorismo” es una consecuencia de los sucesos del 11 de septiembre del 2001.

En todo momento, cuando me refiero a lo sucedido, digo “los sucesos” y nunca digo “el ataque terrorista”, porque siempre he pensado en la posibilidad de que esa operación estuviera dirigida y aprobada por el gobierno de Estados Unidos.

Revelaciones recientes, muy bien fundadas y apoyadas con elementos científicos sólidos, han demostrado la imposibilidad de que las famosas Torres Gemelas y el resto del complejo de edificios se pudiera destruir solamente porque dos aviones impactaran contra los mismos.

También hemos podido observar la grabación del momento en que le informan al entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, sobre lo que estaba sucediendo. Su cara y actitud demuestran o un gran acopio de “sangre fría”, o que le estaban informando de algo que ya esperaba.

Todos recordarán que en aquellos momentos la economía de Estados Unidos estaba sumida en una profunda recesión. En su libro “Decision Points”, después de referirse a la rebaja de impuestos como algo en que tenía cifrada sus esperanzas pudiera incrementar el consumo y ayudar a salir de la recesión, George W. Bush planteó. “But we were in for another massive economic hit that no one expected “. (Estábamos atentos a otro desarrollo económico masivo que nadie esperaba.)

Los sucesos del 11 de septiembre, además de las 2,973 vidas que costaron, más otras que después fallecieron como consecuencia de los mismos, también trajeron inmediatas consecuencias económicas.

La Bolsa de Valores de New York estuvo cerrada por cuatro días, lo cual afectó grandemente el comercio de bonos y acciones. Cuando reabrió, el índice Dow jones reflejó una caída de 684 puntos. El turismo sufrió una seria baja que implicó el cierre de algunos hoteles y restaurantes de dicha ciudad y que además afectó a las empresas de aviación, algunas de las cuales se declararon en quiebra.

Un número de empresas industriales despidieron parte de sus trabajadores debido a las cancelaciones de órdenes. A fin de año, más de un millón de estadounidenses habían perdido su trabajo como consecuencia de dichos sucesos. Para salvar a Estados Unidos de la gran crisis económica que estaba padeciendo, fue necesario iniciar “el desarrollo económico masivo que nadie esperaba”. La llamada “guerra contra el terrorismo.”

Debemos tomar en consideración que el presupuesto de Defensa Nacional en el año 2000 ascendió a 302,900 millones de dólares, mientras que el correspondiente al año 2011 asciende a 549,000 millones, casi el doble. Si comparamos este presupuesto con el del 2010, que ascendió a 531,000 millones, tenemos que de un año a otro se registró un incremento de 18,000 millones de dólares, un poco más que la cifra de la deuda externa de Estados Unidos. ¿Será esto lo que los tiene endeudados?

No puede olvidarse que esta cifra no incluye el costo de las guerras de Iraq y Afganistán, al igual que las “aventurillas” en Pakistan matando “sospechosos” con los cohetes Hellfire de los “drones”. Para esto existe otra partida del presupuesto de defensa, la cual en el 2011 asciende a la suma de 159,000 millones de dólares.

En el caso del presupuesto para el año 2011, como el señor Obama decidió enviar 30,000 hombres más a la guerra de Afganistán, es necesario incrementar la partida en 33,000 millones, un millón anual adicional por cada soldado involucrado.

Siempre me he preguntado cuánto gana anualmente de salario un soldado estadounidense. Suponiendo que gane 60,000 dólares anuales y que abastecerlo de un fusil, municiones, botas, uniformes, etc. tenga un costo de 40,000 dólares. Pongamos por caso que se gasten 100,000 dólares anuales en alimentarlo, lo que representa 270 dólares diarios (como si comiera en un restaurante de los más lujosos). ¿En que se gastan los otros 800,000 dólares?

Para las acciones en relación con Pakistán se han solicitado 1,200 millones de dólares, un “ligero” incremento en relación con los 700 millones de dólares que se gastaron en el 2010. De los fondos destinados a la Cooperación y Ayuda Exterior, se destinarán 75 millones para entrenar grupos militares en Yemen, con el fin de que estén capacitados para luchar contra el “terrorismo”.

Sacando una cuenta rápida de lo enunciado hasta ahora, tendremos que los 708,000 millones de dólares destinados a gastos del Pentágono, se han convertido en 742,275 millones de dólares, sin contar algunas partidas que se sitúan en presupuestos de otros Departamentos, como en el de Energía, por ejemplo, donde está el costo de producción y mantenimiento de la capacidad nuclear estadounidense, que asciende a más de 30,000 millones anuales.

Si consideráramos única y exclusivamente las guerras en Irak y Afganistán como las que Estados Unidos desarrolla contra el “terrorismo”, pudiéramos decir que estas, desde su inicio hasta el año 2011 han costado al contribuyente estadounidense la suma de 1,360.000 millones de dólares, sin contar las muertes y otras partidas que se derivan de ellas, como los Servicios a Veteranos, pues si no hubiera guerra, no debían haber muertes, ni veteranos.

Debemos tomar en consideración que los sucesos del 11 de septiembre trajeron como consecuencia una reorganización casi total de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos y que como el principal cambio dentro de esta debe señalarse la creación del Departamento de Seguridad de la Patria.

Entre otras medidas, se emitió la “Ley de reforma de Inteligencia y Prevención del Terrorismo “que además de la reorganización correspondiente, planteó un aumento de personal y de los presupuestos de las distintas agencias que forman la Comunidad de Inteligencia. Se creó el cargo de Director Nacional de Inteligencia en sustitución del Director Central de Inteligencia y se reforzaron los tres centros del gobierno para combatir el terrorismo, el Centro Contraterrorista de la CIA, el Centro Nacional de Contraterrorismo de la Dirección Nacional de Inteligencia y el Centro Antiterrorista del FBI.

Otro asunto de importancia dentro de esta restructuración fue la creación de la Misión para Cuba y Venezuela, que implicó una prioridad dentro del trabajo contra el “terrorismo” por parte de la Dirección Nacional de Inteligencia y el perfeccionamiento de los planes de operaciones encubiertas que las agencias de la Comunidad de Inteligencia desarrollan contra ambos países. El Director de esta Misión es Thimoty Langford, un experimentado oficial de la CIA.

El Departamento de Seguridad de la Patria, principal institución dentro de la Comunidad de Inteligencia para desarrollar la lucha “contra el terrorismo” y asegurar que sucesos como los del 11 de septiembre no se repitan, cuenta con un presupuesto para el año 2011 ascendente a 70,829,2 millones de dólares. Cuando el Departamento inició su trabajo, en el año 2005, el presupuesto era de 50,657,2 millones, por lo que en estos 6 años de existencia, hasta el 2010, el presupuesto ha tenido un aumento de 20,172,0 millones de dólares.

Este Departamento tiene ramificaciones en prácticamente todas las dependencias del gobierno de Estados Unidos. Dentro de su presupuesto existe una partida por 19,040,6 millones destinados al Departamento de Defensa, los cuales no están incluidos en la cifra total anterior que expusimos .

En total, durante todos los años de existencia el Departamento de Seguridad de la Patria ha gastado 636,000 millones de dólares. Se calcula que emplea cerca de un millón de personas, todas las cuales están involucradas en la lucha contra el “terrorismo”

En cuanto al personal involucrado en las actividades del Departamento de Defensa, Estados Unidos cuenta con 1,1 millones de personas dentro del servicio militar. Además de eso, 710,000 civiles trabajan en instalaciones militares de distintos niveles, incluyendo el Departamento de Defensa y formando parte de la Guardia Nacional se encuentran 820,000 personas. Se plantea, que excluyendo la Guardia Nacional, el 20 por ciento de los restantes están involucrados en la “lucha contra el terrorismo”, lo que totaliza casi 300,000 personas.
Si analizamos el origen de las muertes de los miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos encontramos un cuadro bastante interesante. Del año 1980 hasta el 2009, murieron 47,224 efectivos de las fuerzas armadas, de estos 24,481por accidente. Más de la mitad de los muertos son por descuidos, choques, errores al manipular las armas o explosivos y otros tipos de accidente. Es más peligroso servir que combatir.

Por acciones bélicas, en ese mismo período han muerto 4,370 miembros, menos del 10 por ciento. Por distintas enfermedades 8,278. Provocado por suicidios 6,529 y muertos debido a las acciones terroristas contra las tropas estadounidenses 428, menos del uno por ciento. En la guerra contra el terrorismo, las muertes provocadas por acciones terroristas están en el mas bajo nivel .

La guerra contra el “terrorismo” ha tenido su impacto en la industria estadounidense, principalmente la que se dedica a promover la fabricación de armamento. La variedad de productos que estas empresas ofrecían al Departamento de Defensa, ahora se encuentra incrementada por las que ofrecen al Departamento de Seguridad de la Patria.

Prácticamente todas las grandes corporaciones tienen ahora una división que se encarga de los productos relacionados con la seguridad y la vigilancia, esto incluye nombres conocidos como la General Electric Company, Raytheon, Honeywell, United Technologies, General Dynamics y otras. Han surgido un gran número de empresas, subsidiarias de estas o de otros consorcios ,que están dedicadas principalmente a la computación, nanotecnología, robótica y otras aplicaciones de los adelantos científicos al campo militar, la seguridad y la vigilancia.

En la lucha contra el “terrorismo” se están utilizando los rastreadores por GPS, las intercepciones telefónicas, digitales y de todo tipo de mensaje o conversación, la vigilancia mediante los aviones manipulados por control remoto, la aplicación de técnica de escucha, circuitos cerrados de televisión, programas automatizados de seguridad, sistemas para el control del personal y el acceso a instalaciones, además de otros métodos de inteligencia como la penetración e infiltración.

Como el objetivo principal de estas empresas es la obtención de ganancias, no precisamente el garantizar la seguridad extrema, se conoció que después de haber vendido miles de equipos detectores de metales para ser instalados en aeropuertos, que utilizaban la técnica del rayo X, una empresa sacó la técnica fundamentada en la frecuencia Terahertz, que no solamente descubre lo que se tenga oculto bajo la ropa, como puede hacerlo el rayo X, sino que también realiza un análisis de la composición química del producto y permite conocer si lo oculto es cocaína , explosivo u otra sustancia.

Como el presupuesto de Estados Unidos requiere la aprobación del Congreso, se realizó una pesquisa, por parte de un tanque pensante estadounidense, con el objetivo de conocer si algunos congresistas tenían inversiones en empresas que forman parte del Complejo Militar Industrial. Como resultado de la investigación se conoció que entre otros, formaban parte de los accionistas de esas empresas los Congresistas:

John Kerry (D) Mass
Rodney Frelinghuysen (R ) por New Jersey.
Robin Hayes ( R) por Carolina del Norte
James Sensenbrenner ( R ) Wissconsin
Jane Harman (D ) California
Fred Upton ( R ) Michigan

El listado es mucho más amplio, pero considero esto puede darnos una idea de la situación.

Periódicamente en la Casa Blanca se analizan situaciones relacionadas con la guerra contra el “terrorismo”. En estos análisis está presente el presidente Obama, que debe dar su aprobación a las acciones que se propongan. Para lograr la seguridad requerida para ese tipo de conversación las mismas se efectúan en un local denominado “Sensitive Compartmented Information Facility” (SCIF).

Esta habitación, que pudiéramos denominar en español “Local para Información Compartimentada y Sensitiva”, es de pequeño tamaño, aproximadamente 3 x 4 metros, situado en el centro del edificio, sin ventanas y con equipos de protección a todo su alrededor que impiden el poder grabar lo que se dice en su interior.

En la guerra contra el “terrorismo” se han discutido y aprobado en dicho local la colaboración de distintos países con los órganos de inteligencia estadounidense, entre ellos la que se estableció con la agencia de inteligencia pakistaní, Inter-Services Intelligence (ISI), en la cual no confiaban mucho, pues tenían evidencia de que estaba dando ayuda y armamento a los Talibanes Afganos.

También si discutió y fue aprobada, como una acción importante en la guerra contra el “terrorismo”, la utilización más frecuente de los aviones Pedrator, tripulados por control remoto. El objetivo era la utilización de los cohetes Hellfire del aparato para atacar a los efectivos de Al qaeda que se detectaran en suelo Pakistaní.

Entre otros aspectos, también se analizó en el SCIF el apoyo de la Agencia Nacional de Seguridad a la guerra contra el “terrorismo” mediante la intercepción de comunicaciones y su envío en el menor tiempo posible a los encargados de controlar y neutralizar las acciones “terroristas”. El sistema utilizado para estos fines fue denominado “Real Time, Regional Gateway” (RTRG).

De todo esto se desprende que la guerra contra el “terrorismo” ha tomado una importancia tal que el propio presidente de Estados Unidos aprueba personalmente las acciones que se proponen.

El problema es que si se acaba la guerra, se acaba el negocio, disminuye la producción, aumenta el desempleo y se pierde el control sobre el petróleo y el gas natural, que es el verdadero objetivo de las acciones de Estados Unidos en el Medio Oriente.

Tomado de Alainet

El autor es editor del Boletín Informativo El Heraldo, Cuba.

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Sep 11 2011

10 años del 11 de septiembre

David Brooks, de Progreso Semanal

“Si ves algo, di algo”. El mensaje oficial antiterrorista del gobierno estadounidense se repite en carteles, anuncios en las estaciones de metro, en los medios, mientras cada vez más cámaras graban los movimientos de ciudadanos, y en los aeropuertos los pasajeros son sometidos a múltiples inspecciones y una ley permite a las autoridades espiar a la población.

Pero a lo largo de estos 10 años después del 11-S, al parecer nadie vio ni dijo nada (oficialmente) de otra amenaza que ha causado más destrucción que ese atentado terrorista: la crisis económica. El “terrorismo” ha sido sustituido por la inseguridad económica como el asunto nacional de mayor preocupación en este país.

Sin embargo, poco ha cambiado en el discurso oficial (a fin de cuentas aún tienen que justificar varias guerras y medidas de seguridad). El clima de temor generado por los atentados del 11-S alcanzó toda esquina del país, nutrido por la cúpula política y por los grandes medios, y transformó el panorama político y social.

El 11-S justificó la creación de una nueva secretaría, tal vez la más grande burocracia federal después del Pentágono, que lleva el nombre ominoso de “Departamento de Seguridad Interna”. Su titular, Janet Napolitano, emitió un comunicado hace un par de días que resume la retórica oficial actual: “a medida que se acerca el décimo aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre, la seguridad de la población estadounidense sigue siendo nuestra principal prioridad”. Por ahora, reportó, aunque no se cuenta con información de que terroristas “estén planeando ataques en Estados Unidos para coincidir con el décimo aniversario del 11 de septiembre, seguimos en un máximo estado de vigilancia, con medidas de seguridad listas para detectar y frustrar ataques contra Estados Unidos, si surgieran”. Concluyó: “Les recordamos a nuestros socios locales, estatales y federales, y al público, que se mantengan atentos e informen de cualquier actividad sospechosa a las autoridades locales y agentes de la ley”.

Con el 11-S, el tema de “seguridad” se convirtió en el objetivo supremo de los gobernantes y se usó tanto para promover una política bélica internacional como para controlar, si no suprimir, la disidencia. La retórica oficial desde el 11-S hasta ahora es una combinación de convocatoria a “la unidad” patriótica con lo anunciado por George W. Bush: “o están con nosotros o están con los terroristas”.

Las consecuencias políticas del 11-S, dentro y fuera de Estados Unidos, fueron justo las pronosticadas por Noam Chomsky en entrevista con La Jornada tres días después del ataque, cuando expresó que los atentados son “un regalo a la derecha dura jingoísta estadounidense, y también a la de Israel… Ésta será una oportunidad maravillosa para imponer más reglamentación, más disciplina, promover los programas que desean aquí…” Y advirtió que los gobernantes “esperarán –tal vez fracasarán– poder aplastar a la disidencia interna. En general, las atrocidades y la reacción ante ellas fortalecen a los elementos más brutales y represivos en todas partes”.

En los primeros meses después del 11-S se atacaba a opositores de la política oficial casi como traidores. En ese clima se aprobó la Ley Patriótica, que otorgó nuevos poderes al Ejecutivo para espiar a la población y la FBI, entre otras agencias, empezó a usar esta ley para incrementar su vigilancia de diversas agrupaciones, sobre todo las musulmanas, pero también las que se oponen a la guerra. El llamado “gobierno secreto” multiplicó sus presupuestos y personal tanto para misiones internacionales como para la seguridad interna.

Diez años después, la opinión pública está dividida sobre las políticas antiterroristas que se impulsaron después del 11-S. Sólo una cuarta parte piensa que las guerras en Irak y Afganistán han disminuido las posibilidades de atentados terroristas en Estados Unidos; las mayorías creen que esas guerras han incrementado el riesgo de ataques terroristas o no han cambiado en nada ese riesgo, según un nuevo sondeo del Centro de Investigación Pew.

Con el paso del tiempo, cada vez menos estadounidenses piensan que es necesario ceder libertades civiles para frenar el terrorismo en el país; ahora el 40% piensa que sí es necesario, comparado con 55% de poco después de los atentados en 2001. Ahora, una mayoría, 68% contra 29%, se opone a la vigilancia de llamadas personales y correos electrónicos por parte del gobierno (www.pewresearch.org).

Pero todo está bajo vigilancia, o por lo menos ésa es la impresión que se quiere dar. Además de militares, policías y agentes del gobierno, hay más de un millón de guardias privados –muchos veteranos de guerra– en Estados Unidos, más del doble que hace una década, para vigilar desde campos de golf hasta malls y casas de ricos, reporta el Washington Post. Las videocámaras de seguridad están por todas partes (dicen). A tal grado que, una empresa de modas, Kenneth Cole, tenía una campaña de publicidad que sugería que como el ciudadano es fotografiado decenas de veces cada día, es importante vestirse y verse bien.

El temor como eje central de la vida política no es nada nuevo en este país, y la “amenaza” externa es columna vertebral del discurso estadounidense, incluida la “amenaza” de esos “otros” dentro del mismo país, donde juega una parte clave el asunto de la raza y los inmigrantes, como las “ideologías” ajenas. Ese temor se sigue nutriendo con menciones de “alertas máximas” repetidas hasta el cansancio.

Para el veterano comentarista Frank Rich, en un artículo en la revista New York, lo que sucedió después del secuestro de los aviones que perpetraron el 11-S fue “otro secuestro: el del 11-S por aquellos que lo explotaron por motivos grandes y pequeños, tanto ideológicos como abiertamente comerciales”, incluido el uso del ataque para lanzar una guerra contra un país que no había atacado a Estados Unidos, como para fines político-electorales.

Pero Rich afirma que al revisar la última década, “tal vez el suceso más consecuente de los últimos 10 años podría no haber sido el 11-S o la guerra en Irak, sino el saqueo de la economía estadounidense por los que están en el poder en Washington y Wall Street. Esto ocurrió a plena vista, o por lo menos así lo podemos ver ahora desde cierta distancia. En su momento, estábamos tan enfocados en la amenaza externa de Al Qaeda a Estados Unidos que no prestamos la atención apropiada a las amenazas más prosaicas dentro del país”.

Y es que una década después, otra amenaza ha sustituido a la del “terrorismo” como máxima preocupación nacional: la peor crisis económica desde la gran depresión que ha destruido las vidas de millones de familias en este país. La década que comenzó con el derrumbe de las Torres Gemelas, causado por el primer ataque externo a Estados Unidos, está concluyendo con los escombros económicos y sociales de una crisis económica que no fue provocada por “terroristas” extranjeros, sino por políticos y banqueros estadounidenses.

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