América despierta

Otro punto de vista sobre estas latitudes

Archive for Julio, 2011

Jul 31 2011

Café de artistas

 

He aquí la última crónica dominical del maestro Ciro Bianchi. Otro banquete. Para no variar

Ciro Bianchi Ross

Hace tres semanas, cuando en esta página hablamos sobre las posadas, mencionamos el primero de esos establecimientos que existió en La Habana. Con el nombre de Carabanchel, abrió sus puertas a fines del siglo XIX, en la esquina de San Miguel y Consulado, y, asegura el doctor Juan de las Cuevas, se trataba de un edifico de tres plantas con 22 habitaciones y apartamentos que tenían entrada independiente desde la calle.

Hoy hablaremos del primer cabaret o night club —llamémosle así— con que contó nuestra capital. Corrían los días de la Guerra de los Diez Años; La Habana más que una ciudad semejaba un cuartel o una plaza sitiada, y, para refocilarse, parecían bastar a los habaneros los espectáculos teatrales, las corridas de toros, las funciones de circo, los panoramas… cuando en la calle Habana y Amargura se instaló el primer café cantante que tuvo la villa. Lo curioso del asunto es que con dicha empresa surgía asimismo una figura que se entronizaría en nuestra vida nocturna: el llamado consumo mínimo. Por 25 centavos, que se abonaban al portero, se disfrutaba del espectáculo y se aseguraba el cliente un refresco.

El programa de aquel café cantante no difería, en lo esencial, de los de los centros nocturnos que le siguieron e incluso llegan hasta hoy. En espectáculos que duraban acaso una hora, se incluían canciones alegres, bailes picarescos, algún acto de zarzuela o comedia y también alguna que otra pieza con un tema de actualidad, como aquella que se titulaba Lo que pasa en la manigua… Por lo demás, mucho humo, mucha algazara, mucho ruido; parroquianos que exhalaban su gozo con gritos y carcajadas, mientras que otros que querían olvidarse del mundo, se enterraban en sus recuerdos con la pipa humeante entre los labios y el vaso de coñac en la mano.

El ancho salón está atestado de mesas y sillas, ocupadas en la más revuelta confusión por una multitud abigarrada. A la derecha se halla la cantina, donde de continuo se escucha el chinchín de las copas y el entrechocar de las bandejas. Al fondo, el pequeño escenario; y detrás del bar, otra figura que acompañaría la vida nocturna cubana hasta 1959, el garito, la sala de juego.

El calor es de mil demonios. Unos ventanillos en lo alto de las paredes dejan entrar el aire de la calle, pero también todos sus ruidos, el estrépito de los vehículos y la vocería de los cocheros. Las puertas auxiliares se mantienen cerradas para evitar que alguien penetre sin pagar y la puerta principal, celosamente controlada por el portero, permanece entornada.

Hay de todo en el público. Marineros con sus blusas azules y sus gorras con anclas y letreros pintorreteados echadas hacia atrás. Peones. Jornaleros. Carreteros. La crema de los descamisados, cubiertos con camisetas de punto manchadas de sudor y grasa. Soldados que vienen de la guerra contra los mambises o que saldrán en campaña de un momento a otro. Reclutas que quieren apurar los placeres de la ciudad, pero que no ocultan su inquietud por llegar al cuartel a la hora marcada por el pase. Mujeres descocadas que fuman, beben y gritan. Mercaderes que trabajaron duro durante todo el día y buscan ahora un rato de distracción. El chiste burdo y grosero es mejor acogido que la tiple que, con el respaldo del piano, se esfuerza por entonar lo mejor posible la canción de moda.

El director de la orquesta de aquel café de artistas, un profesor de violín que amenizaba los entreactos y que en ocasiones también acompañaba a los cantantes junto al piano, era el maestro Anselmo López, que andando el tiempo llegaría a ser propietario de una casa de música y almacén de pianos situada en la calle Obispo, a pocos pasos de la Plazoleta de Albear, en la acera de la derecha según se avanza hacia el mar. Fue la casa de música de López la que imprimió por primera vez la partitura de la Canción a Martí, y aunque se vendieron miles y miles de copias de la pieza, sus autores, el letrista Pancho Eligio y el músico Alberto Villalón, no recibieron, cosa frecuente en la época, un solo centavo del lucrativo negocio. Pero esa es otra historia que contaré quizá alguna vez.

La primera ruleta

Raro es encontrar, durante la Colonia, a un extranjero que escribiera sus impresiones sobre la Isla y no consignara una referencia principal al juego.

«No hay ciudad, pueblo ni rincón de la Isla hasta donde no se haya difundido este cáncer devorador: se juega desde la punta de Maisí hasta el cabo de San Antonio», escribía, en 1832, José Antonio Saco. Por esa misma fecha, el gobernador Miguel Tacón ponía en conocimiento del Gobierno de Madrid que más de 12 000 personas se mantenían en La Habana en las casas públicas de juego, cuando la capital contaba apenas con 100 000 habitantes. «Y son blancos y también negros, tanto libres como esclavos». Cinco décadas después, escribía Raimundo Cabrera: «Esta es la tierra donde el juego del monte y otros no menos ilícitos y escandalosos, se han establecido en calles y plazas, como medios de arbitrar fondos para edificar iglesias y donde las casas de juego han sido siempre objeto de pingües explotaciones».

Las casas de juego antecedieron pues a los cafés de artistas. La primera ruleta que funcionó en la Isla parece haber estado instalada en el café El León de Oro, en la Plaza de San Francisco. Fue este espacio —la segunda plaza con que contó la urbe por orden de antigüedad— el mercado público en los comienzos de la vida habanera, hasta que por petición de los frailes franciscanos lo trasladaron a la plaza que entonces llamaron Nueva y que nosotros conocemos como Plaza Vieja.

Pero con o sin mercado esa Plaza de San Francisco fue durante la Colonia el centro de la vida comercial y de toda clase de transacciones. Lugar de espera, carga y descarga de los carretones que acudían al muelle y a los almacenes que rodean aquel lugar. Depósito de mercancías y frutos… Todo era allí ruido, movimiento, vida; ir y venir de gente, trasiego de carretas y carretones… Por ella, dice el historiador Emilio Roig, desembarcaban también los inmigrantes que venían de la Península a hacer dinero en América o a morir de fiebre amarilla, sin haber logrado sus ansias de riquezas.

¿Y el juego?

Durante muchos años del período colonial fue precisamente esa Plaza uno de los escenarios principales del juego en La Habana. Con el pretexto de la feria de San Francisco, el más humilde de todos los santos, que comenzaba el 3 de octubre, se proporcionaban jornadas de esparcimiento más o menos lícito a ricos y pobres y en las que imperaba, por encima de todo, el juego. En la misma plaza se colocaban numerosas mesitas que facilitaban los lances de la «lotería de barajas, el gallo indio y el negro, la perinola y los dados», mientras en El León de Oro y en inmuebles aledaños hacían su agosto en las bancas, a costa de la clase distinguida y culta, toda una pléyade de astutos talladores.

En un país donde imperaba la esclavitud, el blanco cruzaba sus apuestas con el negro libre y este lo hacía con el esclavo… Los garitos tenían en la Cuba colonial un poder nivelador formidable y eficaz, que no se ponía de manifiesto con la exaltación del de abajo, sino con la depresión del de arriba.

Los juegos más corrientes eran los de naipes, y entre estos el llamado «monte» llevaba la supremacía. Cierto es que era un juego de origen español, pero la inteligencia y la astucia del cubano lo había dotado de mil y un complicadas combinaciones. Mas no se piense que imperaban los mismos entretenimientos en todos los garitos y sitios destinados a los juegos de azar. El bacará, el 30 y 40 y el póker, tal vez por su mismo abolengo extranjero, eran muy comunes entre los socios de clubes y casinos, así como de cualquier entidad con membresía reglamentada. La ruleta, en todas sus manifestaciones, era incentivo usual en ferias, romerías y jolgorios al por mayor, en tanto que el burro, el 31 y las siete y media se hacían habituales en tabernas, cantinas y billares. Las rifas y los acertijos de la charada china satisfacían a menestrales y domésticos.

La Metrópoli explotó la pasión por el juego y creó la Real Lotería de la Siempre Fiel Isla de Cuba. El 21 de abril de 1812 se celebró el primer sorteo. Fue, dicen especialistas, la renta más sólida y segura del Gobierno colonial que, por ese concepto y en menos de cien años, pudo sacar de Cuba más de 150 millones de pesos.

Baile, baraja y botella

Algunos gobernadores españoles no ocultaban su pasión por el juego. Francisco Dionisio Vives llegó a tener su propia gallería en el patio del Castillo de la Fuerza y para que atendiera sus crías sacó de la cárcel a un asesino alevoso de apellido Padrón, que era experto en esos menesteres.

También era aficionado a los gallos José Gutiérrez de la Concha. Verdugo de tantos patriotas, aquel funesto gobernante se deleitaba con los espolonazos de los jabaos y los pintos mientras clavaba su espolón de militarote feroz en las mismas entrañas del país. Fue uno de los pocos militares españoles que gobernó la Isla en tres ocasiones. La primera vez condenó a muerte a Narciso López, de quien fue subordinado en el ejército español, y mandó a fusilar en las faldas del Castillo de Atarés a 50 de los compañeros de aquel caudillo anexionista. En su segundo mandato ordenó dar garrote a Pintó y a Estrampes, pero salió de La Habana con el sambenito de débil. Claro, en su primer gobierno había tumbado más de 50 cabezas y solo dos en el segundo.

Pero a lo que iba. Si durante sus dos mandatos iniciales, Concha se bañó en sangre, en el tercero se bañó en oro. No le sucedería en esa tercera oportunidad lo de la primera vez, cuando, a su retorno a España, debió pedir dinero prestado. Esa vez, pese a que la insurrección mambisa estaba en su apogeo, Concha hizo un Gobierno que la gente definió como de las «b»: baile, baraja y botella. Ganaba y perdía grandes cantidades de dinero en la casa de la Condesa de Jibacoa, de quien era contertulio asiduo, y como apenas se ocupaba de la guerra, los intransigentes decían que estaba vendido al oro mambí.

Es Concha el protagonista de la anécdota con la que cerraré esta página. Marianao se había convertido en uno de los lugares preferidos de veraneo de las familias habaneras pudientes y allá fue Concha, con la suya, a disfrutar de las aguas medicinales, la limpieza del aire y la belleza del paisaje.

Una noche, el capitán pedáneo local, señor de horca y cuchillo, sorprendió una mísera timba en un cuchitril de La Ceiba. Uno de los arrestados dijo que en Marianao se jugaba fuerte, pero que el oro cerraba los ojos del capitán. Picado en su amor propio, el hombre se metió en una casa rica.

—Preso todo el mundo en nombre de la ley —vociferó al llegar a la sala de juego, donde jugaban a los naipes—. ¡Vengan! Pónganse en fila y díganme uno a uno sus nombres.

Concha, que estaba entre los jugadores y tallaba la mano en el momento de la interrupción, dijo su nombre y todos sus títulos con pasmosa frialdad, y pidió enseguida a uno de sus ayudantes que arrestase al capitán pedáneo y lo internase en el Morro.

Tres días después, apiadado de la familia del preso, el Gobernador ordenó a su secretario que buscase una capitanía para el sujeto.

—En Santa Clara, General, en la localidad de Jumento, hace falta un pedáneo —contestó el aludido.

—¡En Jumento! ¡Excelente! Ningún otro sitio parece destino mejor para ese animal —comentó Concha.

Fuentes: Textos de R. Cabrera, Villoch, Roig, De la Iglesia y Pérez Tarrau.

Tomado de Juventud Rebelde

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Jul 31 2011

EL MONSTRUO: 79 minutos con Anders Behring Breivik matando

El País.es ha hecho la siguiente reconstrucción de la matanza de la isla de Utoya: 69 cadáveres y un solo asesino

 ÁLVARO DE CÓZAR Y JUAN GÓMEZ

Entre los dirigentes laboristas noruegos es frecuente bromear sobre los viejos recuerdos de la isla de Utoya. Allí se formaron parejas que todavía duran y se trabaron amistades y enemistades para toda la vida. En sus folletos informativos, los jóvenes del Partido Laborista (AUF) animan a los suyos anunciando que “Utoya es el mejor lugar de Noruega para conocer gente: aquí encontrarás jóvenes de todo el país, habrá conciertos, discoteca y citas. ¡Hasta tenemos un Sendero de los Enamorados!”.

“Era lo mejor del verano”, afirma Asbj Kristoffersen, de 75 años, un sindicalista y veterano militante socialdemócrata que sigue trabajando en las oficinas del partido en Oslo. Esa pequeña isla, de poco más de 10 hectáreas, le unió para siempre a unas siglas y afianzó sus convicciones. “Fue el paraíso de mi juventud”, asegura.

Unos mil muchachos de entre catorce y veintitantos años habían empezado a viajar a la isla a lo largo del verano para repetir una experiencia similar a la de Kristoffersen. El 22 de julio, los jóvenes esperaban entusiasmados el discurso que el primer ministro, Jens Stoltenberg, iba a pronunciar al día siguiente. Justo en el momento en el que Stoltenberg prepara el texto, una bomba explota junto a la sede del Gobierno central en Oslo. La explosión mata a ocho personas y destruye casi todo el barrio de oficinas y ministerios. Los jóvenes oyen por la radio las noticias y siguen en todo momento lo que está pasando, preocupados por la situación del líder de su partido.

El viernes, 22 de julio, llovía en Utoya.

Es el cuarto día de acampada veraniega en el campamento y los chicos del AUF se congregan tras recibir la noticia del atentado. Eskil Pedersen y Asmund Aukrust, dirigentes laboristas, han suspendido ya todas las actividades del día y convocan a los 530 muchachos que siguen en la isla. A esas alturas muchos creen todavía que la bomba ha sido obra de algún grupo islamista internacional.

Johannes Dalen Giske está trabajando en el ferri Thorbjorn cuando un tipo alto y corpulento, con uniforme de policía y que lleva una bolsa, le pide que le lleve a la isla. Su nombre es Anders Behring Breivik. Es el autor de los atentados de Oslo. Nadie lo sabe entonces, pero el coche bomba solo ha sido una maniobra para despistar a la policía y desviar la atención de la isla de Utoya. Giske le deja pasar tras pedir permiso al capitán.

El visitante desembarca en Utoya a las 16.07. Minutos después abre fuego sobre Monica Bosei, de 45 años, llamada la madre de Utoya porque ella es quien ha organizado las acampadas de los últimos 10 años. Breivik también mata a Trond Berntsen, de 51 años, un policía fuera de servicio y hermanastro de la princesa noruega Mette-Marit. Tras cobrarse las primeras víctimas, emprende el camino hacia la casa principal del complejo de Utoya. Nueve jóvenes que escuchan los disparos se refugian en el barco de Giske. Sin entender muy bien la situación, este decide regresar con esos nueve pasajeros. Entre ellos se salva Eskil Pedersen, presidente de AUF (Partido Laborista noruego).

En su camino hacia el centro de la isla, Breivik dispara a discreción. Abate a Ingvild Leren Stensrud, una chica de 16 años que sobrevive a los tres impactos ocultándose a rastras entre los cadáveres. Al alcanzar la cafetería de la Isla, donde los jóvenes aún ignoran del todo lo que está pasando, Breivik los llama a voces: “Acercaos, que tengo información importante sobre el atentado de Oslo”. Mata, uno detrás de otro, a los que se pusieron en primera fila. Los demás huyen despavoridos.

En la cafetería se halla Alí Esbati, economista de 34 años invitado a Utoya para impartir un seminario. Esbati no da importancia a los primeros ruidos y gritos. Pero la expresión desencajada de los jóvenes que se refugian en la sala le lleva a tirarse al suelo con los demás. “¡Todos fuera de aquí!”, les gritan algunos muchachos a través de las ventanas. Esbati sale por una de ellas y evita así el embudo que se estaba formando en la puerta trasera. A la izquierda está el bosque. Decide esconderse allí.

Ya se han producido entre tanto las primeras llamadas de socorro. A las cinco y media de la tarde, la policía de Buskerut recibe las primeras desde la isla. Utoya es una trampa mortal. Breivik continua su recorrido tranquilamente, armado con el fusil automático que ha sacado de su bolsa. Cuando algún herido da señales de vida, lo remata con su pistola Glock.

Julie Bremnes, que ya ha hablado con su madre por teléfono, le envía un mensaje de texto a las 17.42: “Mamá, dile a la policía que se den prisa, la gente está muriendo aquí”. Marianne Bremnes, que vive cerca del círculo polar Ártico, le responde enseguida:

-Lo estoy intentando, Julie, la policía está en camino. ¿Te atreves a llamarme?

-No. Dile a la policía que hay un loco dando vueltas y disparándole a la gente. Que se den prisa.

-La policía lo sabe, ha recibido muchas llamadas. Todo va bien, Julie, la policía nos está llamando ahora. Envíanos una señal de vida cada cinco minutos, por favor.

-Tememos por nuestras vidas.

-Lo entiendo, cariño. Sigue escondida y no te muevas. La policía esta de camino, si es que no ha llegado ya. ¿Has visto a alguien herido o muerto?

-Estamos escondidos en las rocas de la costa.

-Vale. ¿Quieres que le diga a tu abuelo que pase a recogerte cuando haya pasado todo? Tú decides.

-Sí.

-Vamos a llamar al abuelo ahora.

-Te quiero, aunque me porte mal a veces. No siento pánico, pero estoy muerta de miedo.

-Lo sé, cariño. También te queremos mucho. ¿Sigues oyendo disparos?

-No.

Mientras Marianne trata de tranquilizar a su hija, Breivik continúa con la matanza. Los muchachos que se ocultan en el bosque orientan su huida según la dirección de donde les llegaba el sonido de los disparos. Kristoffer Niborg, de 24 años, corre con un grupo de amigos por los bosques de Utoya. Saben que Breivik les pisa los talones. Deciden abandonar la protección de los árboles para buscar la salvación tirándose al agua muy cerca de la zona nudista. El agua está fría. La ropa empapada tira de ellos hacia el fondo y su esfuerzo no les basta para alejarse lo suficiente. Breivik, tan tranquilo, se planta en la orilla y encara el rifle una y otra vez. Christopher logra escapar, pero varios de sus amigos mueren cerca de él.

Edvard Fornes, de 16 años, también se encuentra en la costa. Escondido entre la vegetación, ve cómo Breivik descubre a un grupo de compañeros ocultos en una zanja. Los chicos suplican piedad. Breivik abre fuego y los mata, “como a perros”, según dirá Fornes. Breivik se dirige a otros jóvenes que escapan: “Venid a jugar conmigo”. Fornes se tira al lago y empieza a nadar. Cuando se gira, ve cómo Breivik le apunta con su rifle y se sumerge para bucear. El agua está a dos grados. El muchacho escapa ileso.

Alertada por llamadas como la de Marianne Bremnes, la policía de Buskerut llega al punto del litoral más próximo a la isla de Utoya. Los agentes no pasan de ahí. La mayoría de los efectivos están concentrados en el centro de Oslo, donde unas horas antes había explotado el coche bomba de Breivik.

Así que el jefe de la policía de Oslo, Arnstein Gjengedal, ordena a las fuerzas de élite antiterroristas Beredskapstroppen que acaben con la matanza de Utoya. La policía solo tiene un helicóptero, que carece de suficiente capacidad para llevar desde Oslo a los policías con todos sus pertrechos. Los agentes no llegan a la orilla del Tyrifjorden hasta las 18.09. Tienen que esperar 16 minutos más hasta que un bote les lleve a la isla.

La televisión pública noruega sí que ha llegado hasta Utoya por aire. El ruido de las aspas de su helicóptero hace que Esbati, que seguía escondido en el bosque cercano a la cafetería, se crea rescatado ya por la policía. Tras pasar por diversos escondites en el bosque, la proximidad de los disparos de Breivik lo ha llevado hasta la costa. Las aspas, piensa, son de la policía y traen la salvación. Así que se relaja un tanto y se reúne con un grupo de muchachos, entre los que hay dos niños de 9 y 10 años. Uno de ellos llora: “Han matado a mi padre, he visto como mataban a mi padre”. Esbati cree ahora que era el hijo del policía Berntsen, la segunda víctima de Breivik.

El helicóptero solo lleva una cámara de televisión, que graba impotente las únicas imágenes de Breivik disparando en la isla. A ras de suelo, Esbati se percata de la presencia de otro adulto de uniforme. Lo toma por un policía hasta que abre fuego sobre un grupo de jóvenes. Esbati está a solo 10 metros del asesino. Se tira al agua y huye, temiendo que una bala lo alcance por la espalda en cualquier momento. Pero Breivik continúa su camino en dirección contraria.

Julie ha seguido enviando mensajes de texto a su madre a través del teléfono móvil.

-La policía está aquí.

-Dicen que el que dispara lleva uniforme de policía. Ten cuidado. ¿Qué está pasando?

-No lo sabemos.

-¿Puedes hablar ahora?

-No, sigue disparando.

-Una unidad antiterrorista está ahí intentando atraparlo.

-Ok.

-¿Te buscamos un vuelo a casa mañana?

-No estoy para eso ahora.

-Lo entiendo.

También el vicepresidente del Partido Laborista, Asmund Aukrust, que se había escondido en el bosque, se da cuenta de que los árboles no son un buen lugar para protegerse de Breivik. Elige una tienda de campaña del camping, donde se encierra con la esperanza de que Breivik no regrese a buscar más víctimas. En las primeras dos horas que pasa oculto en su tienda escucha muchos tiros y gritos. Al final, solo la lluvia golpeando la lona. Se aferra a un pensamiento que le permite mantenerse en calma: “Esto es una locura y tendrá que terminar antes o después”.

Se encargará de ello Jacob Bjertnaes, que desembarca en Utoya a las seis y media de la tarde con el comando de élite. Se dividen en dos grupos. Uno se encamina al norte y otro al sur. Es este último el que ve al terrorista a unos 350 metros. Los agentes gritan para que Breivik deponga las armas. Tienen orden de disparar si se resiste o tiene explosivos en su cuerpo. Breivik no se la juega. Levanta los brazos y, en el mismo gesto, arroja el arma a más de 15 metros de sí. No dice nada. Los agentes le esposan. Terminan los 79 minutos de Breivik en Utoya.

La conversación entre Julie y Marianne prosigue mientras tanto:

-¿Sabes si lo han cogido ya?

-Te tendremos informada, cariño. Estamos siguiéndolo todo por televisión. Eh, ¿sigues ahí?

-Si, los helicópteros están dando vueltas sobre nosotros…

-Así que debes estar bien…

-Buscan a gente en el agua, aún no nos han rescatado. ¿Qué dicen en las noticias?

-La policía ha llegado a Utoya en un bote. Por lo demás, nada nuevo. No sabemos qué ha pasado con el pistolero, así que sigue quieta.

-¡Ya lo tienen!

Aukrust permanece escondido durante horas. La clínica universitaria de Oslo acoge a 32 heridos, 23 de ellos de extrema gravedad. Breivik usó balas de punta hueca, que se fragmentan tras el impacto con el cuerpo y se dispersan así por el organismo causando daños impredecibles. Los médicos inducen el coma a varios de ellos. Preguntado hace unos días sobre el despertar de estos pacientes, el cirujano Aksel Naess explicó que el último recuerdo de estas personas son las carreras por la supervivencia en los bosques de Utoya. “Lo primero que hacen es preguntar si sus amigos siguen vivos”.

El balance de víctimas del asesino es, por ahora, de 69 muertos en la isla y 8 más por la explosión del coche bomba. -

 El monstruo que vestía de macho

El autor de la matanza en Noruega se crió en un barrio acomodado. Acusaba a su padre de cortar el contacto con los hijos, vivía aislado y estaba obsesionado con su apariencia física

Á. C. Y J. G.

El barrio de Skoyen, al oeste de Oslo, es un suburbio en el que las casas de color rojo y ocre se alternan con edificios de ladrillo visto. La mayoría tienen chimeneas, jardines cuidados y flores en los balcones. Las avenidas son anchas, la vegetación espesa y, en general, no parece que sus habitantes se vean demasiado afectados por los rigores de la vida moderna, el tráfico o la contaminación. En ese lugar tranquilo de familias acomodadas y escasa inmigración vivía el monstruo.

Nadie sabe exactamente cuándo Anders Behring Breivik dejó de ser un chico normal para convertirse en un tipo que se puso como misión la de eliminar al mayor número de personas posible. Peter Svaar, periodista de la televisión pública noruega y amigo de la infancia de Breivik, lo recuerda como un “chico agradable, inteligente y leal a sus amigos”. “Tenía todas las posibilidades, nunca le ha faltado nada. Nunca ha sido víctima de alguna injusticia social. ¿De dónde viene su odio?”, se pregunta Svaars.

Breivik nació en Londres en 1979. Su padre, un diplomático de la Embajada de Noruega, y su madre, enfermera, pelearon por la custodia del chico. Ella se hizo finalmente cargo de su educación. Aunque Breivik mantuvo cierto contacto con su padre, la relación se rompió en 1995. “Tiene cuatro hijos, pero ha cortado el contacto con todos ellos. Está claro de quién es la culpa”, explica el propio Breivik en el manifiesto de 1.500 páginas que envió a varias personas por Internet poco antes de cometer los asesinatos.

Aparentemente no sucedió nada traumático, pero lo cierto es que algo ocurrió en esos años que acabó por obsesionar a Breivik. En sus recuerdos de esa época su madre era una feminista moderada que le dio una educación que, según él, le convirtió en un débil. “No me gusta la educación superliberal, matriarcal, que me dieron. Carecía de disciplina. Aquello contribuyó a feminizarme”, cuenta Breivik.

Empezó a mostrar algún gesto de rebeldía. Se le daba bien el grafiti. Sus amigos le recuerdan por eso más que por otra cosa. En clase no llamaba la atención. Al final de la adolescencia, empezó a aislarse de alguna manera. No encajaba con los demás. Siempre pasaba desapercibido. Su complejo de inferioridad le llevó a preocuparse por su apariencia física. Ya maduro, empezó a tomar esteroides para aumentar la masa muscular. Incluso acabó pasando por el quirófano en Estados Unidos, donde se operó la nariz, la frente y el mentón. Se jactaba de salir con muchas mujeres pero no se le conoce novia alguna. En su manifiesto deja claro que no es homosexual, aunque algunos amigos suyos lo piensen. “Es gracioso”, dice, “porque yo soy 100% hetero”.

Trató siempre de cultivar una imagen de macho y llevó ese extremo hasta el pensamiento político. De alguna forma, lo que viene a decir Breivik en su manifiesto es que los socialdemócratas han hecho de Noruega un país de nenazas. En 1999 se afilió al Partido del Progreso, una formación conservadora que acabó abandonando en 2004 por considerarla demasiado tibia con el multiculturalismo y la corrección política, los grandes males de Europa, según Breivik. Había tonteado con el nazismo a los 18 años, pero pronto le pareció que no era su camino. Según él, el problema son los musulmanes, no los judíos.

El año de 1999 es la fecha que marca políticamente su ideología. El bombardeo de la OTAN sobre Serbia es descrito en su libro como una traición a la cristiandad en favor de los musulmanes.

No hizo el servicio militar, aunque no está claro por qué. Un amigo suyo citado por el periódico noruego Dagbladet dice que intentó entrar en sus filas pero que fue rechazado por “inestable”. Breivik dice no haberlo hecho porque defiende ideas en las que él no creía. En cualquier caso, en su cabeza empezó a organizar un ejército imaginario con él como general y soldado. Modificó un traje de gala al que colgó parches y medallas de su invención, se vio a sí mismo como un miembro de los templarios. Contactó en Internet con todas las personas y grupos que criticaban la religión islámica, leyó ensayos y debatió en foros las ideas que quería implantar. Muchos defienden en esa esfera la guerra contra el islam. Él la quería llevar a cabo. Empezó a organizar la misión que él mismo se había encomendado para salvar a Europa de la amenaza islamista que -a su entender- trae consigo la inmigración.

En mayo, alquiló una granja en las afueras de Rena, 160 kilómetros al norte de Oslo. Se entretenía viendo el festival de Eurovisión y jugando a los videojuegos, pero la mayoría del tiempo trataba de convertir seis toneladas de fertilizantes y polvo de aspirinas en material explosivo. Y escribía. “Intenté contactar con mi padre hace cinco años, pero me dijo que no estaba mentalmente preparado”, dice en otro momento de su manifiesto.

Días antes de cometer los atentados, Breivik se registró en Facebook. La foto de su perfil -pelo largo, abrigo, corbata, perilla recortada- dista mucho de la imagen que tiene en la actualidad, con el pelo rapado y bastante más gordo. En las últimas semanas, tomó drogas para sentirse más fuerte y eficiente, según relataría luego a su abogado.

El 22 de julio, Breivik se levanta temprano, hace las últimas pruebas con los explosivos y se viste de policía. “Creo que esta será mi última entrada de hoy. Es viernes, 22 de julio, las 12.51″, concluye.

En Skoyen, el barrio de casas de color rojo y ocre, una muchacha camina sola por la calle Hoffsveien. A mediodía son muy pocos los que transitan por las anchas aceras del vecindario. La chica indica amablemente que esa es la casa en la que se crió Breivik: “Ese es el edificio, el primer piso, el que tiene el balcón con las flores pequeñas. Saludo a su madre cada vez que la veo. A él lo he visto alguna vez, pero no le recuerdo muy bien. No tenía el aspecto de un monstruo”.

Tomado de El País.es

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Jul 28 2011

OLLANTA YA ES PRESIDENTE DE PERU

Maggie Marín

Con un discurso que dejó bien claro cual será la impronta de su gestión, este jueves llegó a la presidencia de Perú el excoronel nacionalista Ollanta Humala, quien estará al frente de los destinos de Perú durante los próximos cinco años, tras un largo y azaroso batallar desde que se alzó en rebeldía en 2000, comandando un movimiento militar que intentó expulsar de la presidencia al tristemente célebre Alberto Fujimori, actualmente preso por asesinatos y corrupción tras ser condenado a 25 años de cárcel.

De hecho al tomar hoy posesión de su cargo Ollanta Humala juró de acuerdo a la constitución de 1979 y no a la de 1993, rubricada por el entonces presidente Fujimori, lo que motivó protestas de los legisladores del partido del expresidente, en los mismísimos predios del Parlamento donde tuvo lugar la ceremonia de colocación de la banda presidencial al flamante mandatario, líder de la agrupación Gana Perú.

Su primer mensaje a la nación es descrito por los medios alternativos e incluso por no pocos falsimedios como de cambio y esperanzas.

Les reproduzco a continuación el perfil que brinda hoy Prensa Latina de este hombre de 49 años, cuya presidencia fortalecerá al grupo de gobiernos progresistas latinoamericanos que luchan por la unidad y la independencia, y contra el saqueo y la hegemonía gringa.

Nacido el 27 de junio de 1962, Humala era teniente coronel del ejército cuando el 29 de octubre de 2000 se declaró en rebeldía, pero rompió el molde latinoamericano de militares ambiciosos que dan golpes sangrientos.

Al frente de una pequeña tropa de unos 60 soldados, el oficial exigió en forma incruenta la renuncia del entonces gobernante Alberto Fujimori, que unos meses antes se había hecho reelegir por segunda vez en comicios de dudosa legalidad.

Miembro de una familia numerosa, provinciana y progresista, Humala dejó sus estudios universitarios de zootecnia para ingresar en 1979 a la Escuela de oficiales del ejército, en la que se graduó como oficial de Artillería.

Humala participó en la guerra interna contra los grupos armados, pero siempre aclara que lo hizo con honor y sin violar los derechos humanos.

En 1983 pasó un curso contrainsurgente en la Escuela de las Américas, de Estados Unidos, bajo una concepción represiva que siempre rechazó y que aplicaron diferentes gobiernos en aquel conflicto.

Participó en 1987 en un grupo de reflexión de oficiales críticos a los métodos de represión indiscriminada aplicados en esa contienda por los uniformados y similares a los usados por Estados Unidos en su agresión a Vietnam.

En 1995 intervino con el grado de capitán en la guerra registrada ese año con Ecuador y criticó en los cuarteles el aprovechamiento político del conflicto por Fujimori así como la corrupción y las violaciones de derechos humanos que caracterizaron a ese régimen.

Su rebeldía contra ese gobierno fue uno de los factores que precipitaron la fuga del gobernante y su dimisión, tras la cual Humala depuso su actitud y se entregó a los tribunales militares, para ser amnistiado en diciembre de 2000 y reintegrado a filas.

Tras un doctorado en ciencias políticas, fue nombrado agregado militar a la Embajada de Perú en Francia, donde estudió otro doctorado, en el Centro de Altos Estudios para América Latina, y luego trasladado en similar misión en Surcorea.

A su regreso, a fines de 2004, fue retirado de filas y emprendió la organización del Partido Nacionalista, junto a su esposa, Nadine Heredia, comunicadora social y con quien tiene tres hijos.

Fundó ese partido en octubre de 2005 con posiciones de cuestionamiento del modelo económico neoliberal implantado por Fujimori y de la política tradicional.

Al frente de una contradictoria coalición fue candidato presidencial en los comicios de 2005, ganando la primera vuelta, pero sucumbiendo por escaso margen en la segunda, ante una feroz campaña mediática de ataques que logró el triunfo del actual presidente Alan García.

Con más experiencia, Humala compitió este año al frente de la Gran Alianza Nacionalista (Gana Perú), a la que se sumaron fuerzas comunistas y otros sectores de izquierda y centro.

En la campaña de la segunda vuelta logró ampliar esa base política con más sectores de centro y consiguió que su proyecto de cambio, hoy moderado, llegue a nuevos sectores sociales y regiones.

Humala se define esencialmente como nacionalista y rehuye los formatos ideológicos, pero reivindica la lucha por la justicia y la igualdad.

Un académico brasileño aporta elementos dignos de tomar en cuenta:

La asunción al poder de Ollanta Humala en el Perú, significa un reordenamiento del tablero de ajedrez geopolítico mundial, afirmó el analista y académico brasileño, Igor Fuser según entrevista difundida hoy por Vermelho, página web del Partido Comunista de Brasil. “El Perú –comentó– es uno de los países más importantes de la región y su posición a la derecha ha dejado un gran vacío.”

Con el próximo gobierno, auguró, habrá un cambio en la alineación política de este país andino, lejos del eje de Washington, y un acercamiento a otro eje cuyos fundamentos son la integración regional, los proyectos nacionales de desarrollo económico y social.

Su llegada al poder encarna, además de una nueva era para el pueblo peruano, “una transformación muy importante para toda América Latina”, aseguró.

El experto recordó que es la primera vez en la historia del Perú republicano que la población elige a un gobierno progresista.

Esa nación tiene una situación interna bastante contradictoria porque posee uno de los mayores crecimientos económicos en el mundo que, sin embargo no le ha traído beneficios a la población, puntualizó.

Humala, subrayó, para poder aplicar cualquier tipo de proyecto social tendrá que enfrentarse a la oligarquía.

“En la actualidad, la situación en el Perú es un verdadero escándalo. Las empresas que obtienen riquezas en la explotación de los recursos naturales no renovables sólo dejan algunas migajas para la población”, remarcó.

Una pequeña minoría de peruanos muy ricos, aliados al capital transnacional, se ha quedado con las grandes ganancias.

La gran expectativa de los peruanos, dijo, es tener la redistribución del ingreso y la reducción de la pobreza.

En tanto, el hecho de que hoy misma tengan lugar en Lima sendas cumbres, la de la Unión de Naciones Sudamericanas y otra de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), es signo de la vocación integracionista que ha venido exhibiendo Humala desde que saltó a la arena política peruana. “En un mundo globalizado es importante mirar a Sudamérica como un espacio de oportunidades, de mercado, de inversiones, y también para resolver los problemas que todos los gobiernos tenemos, sobre todo los latinoamericanos, como el tema de la educación, la seguridad, la salud, y buscar espacios donde podamos unirnos o fortalecer nuestras relaciones”, ha dicho al respecto.

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Jul 28 2011

¿Solamente en Noruega?

Juan Gelman

Es notoria “la hazaña” de Anders Behring Breivik, que segó 76 vidas en Noruega y creó, además de muerte, una consternación asombrada en todo Occidente. ¿Cómo es posible que un “noruego de pies a cabeza” -así lo describió la policía-, blanco, católico, cometa dos atentados terroristas, además largamente urdidos? ¿El gobierno de Oslo está tan ocupado en las guerras de Irak y Afganistán que no vigila su propia retaguardia? Estas y otras preguntas recorren el mundo y las respuestas no son fáciles.

Algunas cosas están claras, sin embargo. Breivik es uno de los fundamentalistas cristianos que hace tiempo están empeñados en una guerra contra el Islam. La lectura de las 1500 páginas que dio a conocer antes de asesinar y el video que las acompaña, lo muestran como un antijihadista cuyo espejo es Bin Laden (//unitednations.ispnw.org). No se priva de respetar a Al Qaida, una de las pocas “organizaciones militantes exitosas” -dice- por su capacidad de “adaptación cultural”. A saber qué significa esto.

El manifiesto de Breivik, titulado “2083: Una declaración de independencia europea”, es a medias un diario de los preparativos del atentado, pero sobre todo está cargado de retórica ideológica destinada al enemigo: “el marxismo cultural” que, bajo la bandera de los filósofos de la Escuela de Frankfurt, domina partidos políticos, universidades y hasta ejerce una influencia determinante en “el capitalismo global”. Para el terrorista noruego, los que gobiernan Occidente son “traidores” que conspiran abiertamente con los islamitas para restablecer el imperio otomano en Europa e “islamizar” el continente entero. La fecha del título no es casual: evoca la derrota en 1683 de los otomanos que sitiaban Viena, una reivindicación de esa victoria cristiana cuatro siglos después.

La segunda parte del texto detalla la historia de un Islam implacable y mortífero y se caracteriza por apoyarse en escritos de islamófobos estadounidenses como Robert Spencer, Bernard Lewis y David Horowitz, un ex colaborador de los Black Panthers, que califican a los inmigrantes musulmanes de “peligro grave para la cultura occidental”. Breivik les plagia párrafos enteros modificando apenas algún adjetivo y lo mismo hace con escritos del también norteamericano Unanomber, Ted Kaczynsky, el matemático terrorista que se dedicaba a enviar bombas a las universidades. En la tercera parte de su “declaración”, Breivik brinda un paisaje de sus héroes, desde Vlad Draculea, El Empalador -olvidando que también empalaba cristianos, no solamente musulmanes-, hasta el zar Nicolás II.

La parte final llama a la acción: “los traidores marxistas” deben ser perseguidos y exterminados. Estos nuevos cruzados deben, en consecuencia, formar un ejército de asesinos y convertirse en la versión occidental “cristiana” de Al Qaida, en un antijihadismo tan extremo como el propio jihadismo. La necesidad del martirio que preconiza Breivik es hermana íntima de la visión de Osama bin Laden.

Los atentados en Noruega han despertado preocupaciones hasta ahora solamente destinadas al terrorismo islámico en países europeos como Suecia, donde los grupos fundamentalistas blancos están mejor organizados, o Gran Bretaña. En EE.UU. comienzan a preguntarse “¿y por casa cómo andamos?”: “La intensa atención centrada en la amenaza de los militantes islámicos ha denigrado injustamente a los musulmanes estadounidenses y subestimado peligrosamente la amenaza de ataques de otros extremistas locales” (www.nytimes.com, 24-7-11).

No le falta razón -en este caso- al diario neoyorquino: el Southern Poverty Law Center (SPLC, por sus siglas en inglés) -organización pro derechos civiles- lleva a cabo estudios anuales sobre los grupos “patrióticos” que propugnan el derrocamiento del gobierno porque no satisface las pretensiones del suprematismo blanco, y ha identificado a 824 de estos grupos en el 2010, de los que 330 son milicias armadas (www.splcenter.org, primavera de 2011).

Daryl Johnson, entonces asesor del Departamento de Seguridad Interior de EE.UU. (DHS, por sus siglas en inglés), dio cuenta de esta situación en el informe titulado “Extremismo de derecha”, en el que señalaba, entre otras cosas, que la situación económica imperante, la inmigración, la cuestión del aborto y un presidente afroamericano podía desatar acciones terroristas de esos grupos. “Los extremistas de derecha -indicaba– intentarán reclutar y radicalizar a los veteranos que regresan, a fin de explotar sus conocimientos adquiridos en combate y en el entrenamiento militar” (www.huffingtonpost.com, 14-4-09).

Estas conclusiones trascendieron y las críticas de diferentes grupos neoconservadores, incluso parlamentarios, llevaron a la directora del DHS, Janet Napolitano, a pedir disculpas por el informe, retirarlo de la circulación interna y renunciar a su autor. Pero Daryl no se equivocaba: en el 2010 los grupos de “patriotas” aumentaron un 60 por ciento respecto del año anterior: eran 512, incluidas 127 milicias, en el 2009. Pese a estas realidades, el representante republicano Peter King, presidente del comité de seguridad interior de la Cámara baja, declaró que no iba a incorporar la cuestión del fundamentalismo blanco en las sesiones del comité dedicadas a la presunta radicalización de los musulmanes estadounidense. Hombre, para qué.

(Tomado de Página 12)

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Jul 28 2011

Anders Behring, criatura de la nueva crisis

Ángel Guerra Cabrera

El asesinato en masa perpetrado por el fanático de extrema derecha noruego Anders Behring Breirik no es un hecho aislado ni el crimen casual de un loco en un país eminentemente pacífico. Esa es la explicación simplista de la derecha, que lamenta que el autor no haya sido de los “otros” y no quiere debate. Es significativo que el líder del racista e islamófobo Partido del Progreso de Noruega al deplorar que Behring haya militado en sus filas, enfatizara: “no es el momento de analizarlo”.

Pero el alegato del terrorista en el extenso pasquín colgado en internet revela la adopción al último extremo de estereotipos machacados, abierta o veladamente, por la cultura dominante: nacionalismo estrecho, racismo, chovinismo, odio a lo diferente, al islamismo,  al multiculturalismo, a la democracia, al marxismo y a algunos de sus exponentes más influyentes en los sentimientos de las masas y cercanos históricamente como Che Guevara y Fidel Castro. Este coctel ideológico es la semilla de la que germina la ideología nazifascista en algunos individuos y en situaciones de grave crisis del sistema capitalista puede arrastrar a millones de seres humanos,  como muestra la historia, si no emerge una alternativa revolucionaria.

Catalizador de esa ideología en este siglo ha sido la guerra sicológica de Estados Unidos, sus aliados y el complejo cultural-mediático a su servicio a partir de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. El presidente George W. Bush, en lugar de enfrentar aquel hecho como un delito -por más grave y afrentoso que fuera- para ser investigado y sancionar a sus autores conforme a la ley, declaró, sin fundamento jurídico ni moral alguno, la “guerra contra el terrorismo”. Tras la belicosa retórica  subyacía el propósito de controlar el petróleo de Irak, los ductos energéticos procedentes de Rusia, establecer puestos avanzados que amenazaran a ese país y a China y el debilitamiento de la resistencia árabe contra su aliado sionista.

El saldo ha sido la ocupación y arrasamiento de Afganistán e Iraq, el desencadenamiento de una guerra aérea contra los habitantes de las zonas tribales de Paquistán y Yemen, el bombardeo de Libia para “proteger” a la población civil matándola, cientos de miles de civiles muertos y un sentimiento antiestadunidense entre los musulmanes mucho mayor al existente antes del 11/s. Al emprender esa campaña Washington promovió una histérica islamofobia en “Occidente”, que equiparó a todos los musulmanes con islamitas radicales y a estos con terroristas.  El aumento meteórico del gasto militar aceleró el desencadenamiento del más grave trastorno de la economía de Estados Unidos y mundial, que ha puesto al desnudo la crisis civilizatoria más profunda de la historia humana. Ella va acompañada de la deslegitimación de las instituciones republicanas, incluyendo los partidos políticos. Pero también y aunque crece la rebeldía social, de la ausencia por ahora, de fuerzas capaces de instaurar alternativas de las dimensiones y la novedad de las que se requieren. El contexto es de empobrecimiento, desesperanza y beligerancia de la ultraderecha en Estados Unidos y Europa, que culpabiliza a los inmigrantes. La acción terrorista de Behring no puede desligarse de la crisis.

El  bienestar material y la ideología en los países nórdicos no han escapado a su onda expansiva, manifestada en aumento del racismo, la xenofobia y el liberalismo económico a ultranza. Hasta hace unos años no era tan visible en Noruega pero el Partido del Progreso y su inflamado racismo ha permeado en importantes sectores sociales, ha logrado convertirse en segunda fuerza parlamentaria y presiona a la socialdemocracia gobernante. No obstante, la juventud socialdemócrta, cuyos cuadros reciben formación  en la isleta de Utoya, defiende resueltamente el multiculturalismo, censura el racismo y solidariza con Palestina y otras causas justas, razón por la que fue escogida como su objetivo principal por el terrorista.

Volviendo a Estados Unidos, curiosamente el campeón de la lucha contra el terrorismo abriga a todos los terroristas que han actuado contra Cuba desde los años sesenta. A la vez, mantiene injustamente encarcelados con largas condenas a los jóvenes cubanos que los monitoreaban y no enjuicia por terrorista a Luis Posada Carriles, al igual que Behring asesino de 76 seres humanos. Estos son distintos, claro, eran cubanos en su mayoría y viajaban en un avión civil de esa bandera.

Tomado de La Jornada, de México

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Jul 27 2011

Sepa lo que es el capitalismo

Atilio Borón

El capitalismo tiene legiones de apologistas. Muchos lo hacen de buena fe, producto de su ignorancia y por el hecho de que, como decía Marx, el sistema es opaco y su naturaleza explotadora y predatoria no es evidente ante los ojos de mujeres y hombres. Otros lo defienden porque son sus grandes beneficiarios y amasan enormes fortunas gracias a sus injusticias e inequidades. Hay además otros (“gurúes” financieros, “opinólogos”, “periodistas especializados”, académicos “bienpensantes” y los diversos exponentes del “pensamiento único”) que conocen perfectamente bien los costos sociales que en términos de degradación humana y medioambiental impone el sistema. Pero están muy bien pagados para engañar a la gente y prosiguen incansablemente con su labor. Ellos saben muy bien, aprendieron muy bien, que la “batalla de ideas” a la cual nos ha convocado Fidel es absolutamente estratégica para la preservación del sistema, y no cejan en su empeño.

Para contrarrestar la proliferación de versiones idílicas acerca del capitalismo y de su capacidad para promover el bienestar general examinemos algunos datos obtenidos de documentos oficiales del sistema de Naciones Unidas. Esto es sumamente didáctico cuando se escucha, máxime en el contexto de la crisis actual, que la solución a los problemas del capitalismo se logra con más capitalismo; o que el G-20, el FMI, la Organización Mundial del Comercio y el Banco Mundial, arrepentidos de sus errores pasados, van a poder resolver los problemas que agobian a la humanidad. Todas estas instituciones son incorregibles e irreformables, y cualquier esperanza de cambio no es nada más que una ilusión. Siguen proponiendo lo mismo, sólo que con un discurso diferente y una estrategia de “relaciones públicas” diseñada para ocultar sus verdaderas intenciones. Quien tenga dudas mire lo que están proponiendo para “solucionar” la crisis en Grecia: ¡las mismas recetas que aplicaron y siguen aplicando en América Latina y África desde los años ochenta!

A continuación, algunos datos (con sus respectivas fuentes) recientemente sistematizados por CROP, el Programa Internacional de Estudios Comparativos sobre la Pobreza radicado en la Universidad de Bergen, Noruega. CROP está haciendo un gran esfuerzo para, desde una perspectiva crítica, combatir el discurso oficial sobre la pobreza elaborado desde hace más de treinta años por el Banco Mundial y reproducido incansablemente por los grandes medios de comunicación, autoridades gubernamentales, académicos y “expertos” varios.

Población mundial: 6800 millones, de los cuales

• 1020 millones son desnutridos crónicos (FAO, 2009)
• 2000 millones no tienen acceso a medicamentos (www.fic.nih.gov)
• 884 millones no tienen acceso a agua potable (OMS/UNICEF 2008)
• 924 millones “sin techo” o en viviendas precarias (UN Habitat 2003)
• 1600 millones no tienen electricidad (UN Habitat, “Urban Energy”)
• 2500 millones sin sistemas de drenajes o cloacas (OMS/UNICEF 2008)
• 774 millones de adultos son analfabetos (www.uis.unesco.org)
• 18 millones de muertes por año debido a la pobreza, la mayoría de niños menores de 5 años. (OMS)
• 218 millones de niños, entre 5 y 17 años, trabajan a menudo en condiciones de esclavitud y en tareas peligrosas o humillantes como soldados, prostitutas, sirvientes, en la agricultura, la construcción o en la industria textil (OIT: La eliminación del trabajo infantil: un objetivo a nuestro alcance, 2006)
• Entre 1988 y 2002, el 25 % más pobre de la población mundial redujo su participación en el ingreso mundial desde el 1.16 por ciento al 0.92 por ciento, mientras que el opulento 10 % más rico acrecentó sus fortunas pasando de disponer del 64,7 al 71.1 % de la riqueza mundial . El enriquecimiento de unos pocos tiene como su reverso el empobrecimiento de muchos.
• Ese solo 6.4 % de aumento de la riqueza de los más ricos sería suficiente para duplicar los ingresos del 70 % de la población mundial, salvando innumerables vidas y reduciendo las penurias y sufrimientos de los más pobres. Entiéndase bien: tal cosa se lograría si tan sólo se pudiera redistribuir el enriquecimiento adicional producido entre 1988 y 2002 del 10 % más rico de la población mundial, dejando intactas sus exorbitantes fortunas. Pero ni siquiera algo tan elemental como esto es aceptable para las clases dominantes del capitalismo mundial.

Conclusión: si no se combate a la pobreza (¡ni se hable de erradicarla bajo el capitalismo!) es porque el sistema obedece a una lógica implacable centrada en la obtención del lucro, lo que concentra la riqueza y aumenta incesantemente la pobreza y la desigualdad económico-social.

Después de cinco siglos de existencia esto es lo que el capitalismo tiene para ofrecer. ¿Qué esperamos para cambiar al sistema? Si la humanidad tiene futuro, será claramente socialista. Con el capitalismo, en cambio, no habrá futuro para nadie. Ni para los ricos ni para los pobres. La sentencia de Friedrich Engels, y también de Rosa Luxemburgo: “socialismo o barbarie”, es hoy más actual y vigente que nunca. Ninguna sociedad sobrevive cuando su impulso vital reside en la búsqueda incesante del lucro, y su motor es la ganancia. Más temprano que tarde provoca la desintegración de la vida social, la destrucción del medio ambiente, la decadencia política y una crisis moral. Todavía estamos a tiempo, pero ya no queda demasiado.

Tomado de Adital

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Jul 27 2011

María Magdalena

Por Frei Betto

La fiesta de María Magdalena es el 22 de julio. Considerada santa por las Iglesias católica, ortodoxa y anglicana, su nombre es mencionado en los cuatro evangelios.

Lucas (8,1-3) afirma que Jesús se hacía acompañar por el grupo de los doce (los apóstoles) y por mujeres, cuyos nombres cita: “María, llamada Magdalena, de la cual habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras, que le servían con sus bienes”.

El sobrenombre Magdalena indica su lugar de origen: Magdala, ciudad del lado occidental del lago de Galilea, cuyas ruinas visité cuando escribí Un hombre llamado Jesús, versión novelada de los evangelios. En tiempos de Jesús había allí un próspero centro dedicado al comercio de la sal.

La tradición asocia a Magdalena con la prostitución, debido al detalle de que de ella “habían salido siete demonios”. En la Biblia el número 7 significa infinito, así como, hoy, el símbolo matemático ¥ es parecido a un 8 acostado. Jesús liberó a Magdalena de sus múltiples pecados. Los “siete demonios” equivalen, teológicamente, a los siete pecados capitales (avaricia, gula, soberbia, lujuria, pereza, ira y envidia).

Hay todavía quienes, arbitrariamente, identifican como Magdalena a la “mujer de la ciudad, una pecadora” descrita por Lucas (7,36-50), como aquella que en una comida lavó los pies de Jesús con perfume y los enjugó con sus cabellos.

Los relatos evangélicos no fueron escritos según la óptica periodística, histórica o biográfica, sino teológica. Es inútil buscar en ellos detalles o informaciones respecto a la vida íntima de los personajes citados. Sin embargo, enseña la sabiduría, no leemos ni vemos con los ojos sino con la mente. Y quien tiene mente corrompida…

Mateo (27,56) narra que “muchas mujeres, mirando de lejos” presenciaron la crucifixión de Jesús. E informa también que se trataba de mujeres que lo seguían “desde Galilea y le servían”. Y cita nombres: “Entre ellas María Magdalena, María madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo”.

La mujer de Zebedeo se llamaba Salomé (Marcos 15,40), madre de dos apóstoles: Juan y Santiago. La segunda María citada era la madre de Jesús quien, según Mateo (13,55), tuvo hermanos y hermanas: “¿No es el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?”

Mateo (27,57) afirma que cuando “un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también se había hecho discípulo de Jesús”, llevó el cuerpo del crucificado al sepulcro excavado en la roca, “María Magdalena y la otra María (la madre de Jesús) estaban allí sentadas frente al sepulcro” (27,61). Dato confirmado por Marcos (15,40).

Al día siguiente al sábado, que corresponde a nuestro domingo, “María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro” (28,1), lo cual es confirmado por el evangelista Juan (20,1).

Hete aquí que un ángel se les aparece a ellas y les comunica que Jesús ya no está allí, pues “resucitó de entre los muertos” (28,7). Ellas salieron corriendo a avisar a los discípulos y se encontraron con el mismo Jesús, que las saludó exclamando: “¡Alégrense!” (28,9) y les ordenó: “Vayan a anunciar a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán” (28,10). Por tanto fueron las mujeres las primeras testigas de la resurrección y también las primeras apóstolas, anunciadoras de Cristo resucitado.

Juan (20,11-18) es el único que relata en detalle la aparición de Jesús a María Magdalena. Se encontraba ella junto al sepulcro vacío, llorando. No tenía ni idea de quién se habría llevado el cuerpo de Jesús ni por qué. Al mirar dentro del sepulcro vio “dos ángeles vestidos de blanco”, quienes le preguntaron que por qué lloraba. “Porque se llevaron a mi señor y no sé dónde lo han puesto”, respondió ella.

Luego se volteó y vio, fuera del sepulcro, a un hombre de pie, que le repitió la misma pregunta de los ángeles. Ella creyó que se trataba del jardinero del cementerio y le dijo: “Señor, si fue usted el que lo llevó, dígame dónde lo puso y lo iré a buscar”.

En ese momento el Resucitado pronunció su nombre: “¡María!” Ella lo reconoció y contestó en hebreo: “¡Raboni!”, expresión aplicable a Dios, equivalente a “Maestro” y más solemne que “Rabí”, de rabino. Magdalena se abalanzó a los pies de Jesús para abrazarlo. Él le dijo: “No sigas sujetándome, pues todavía no subí al Padre. Pero vete a mis hermanos y diles: ‘Subo a mi Padre y a su Padre, a mi Dios y a su Dios’”.

El relato de Juan termina de este modo (20,18): “María Magdalena fue a anunciar a los discípulos: ‘He visto al Señor’ y las cosas que él le mandó decir”.

Esto es lo que los cuatro evangelios nos informan sobre María Magdalena, discípula y apóstola.

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Jul 27 2011

Una juventud definitiva

Amigos esta es la segunda parte de Palpar, oler, saborearlo todo, publicado el 23 de julio. Debí subirla al blog ese propio domingo pero tuve algunas dificultades. Aquí se las dejo con mi recomendación de lectura, está de rechupete.

Ciro Bianchi Ross

Conchita Fernández nunca llamó don Fernando al Maestro; para ella fue siempre el doctor Ortiz, aunque, cuando lo aludía en tercera persona y ya en un plano de confianza, se refería a él como el illamba, que es como se dice jefe en un argot afrocubano. Fue su secretaria durante diez años a partir de 1934, y como tal fue la mecanógrafa de libros como Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar y Las cuatro culturas indias de Cuba, entre otras obras mayores, así como de todos los folletos, conferencias, artículos y discursos que preparó el sabio hasta 1944, cuando Conchita pasó a trabajar como secretaria del político Eduardo Chibás. Ortiz la llamaba «la insuperable traductora de mis jeroglíficos».

Muchos años después, Conchita no podía explicarse cómo aquel hombre era capaz de realizar todo lo que la vida lo llevó a acometer durante la etapa en la que fue su estrecha colaboradora. Atendía sus negocios, para los que tenía extraordinaria y rara habilidad; presidía la Institución Hispano Cubana de Cultura, formaba parte del ejecutivo de la Sociedad Económica de Amigos del País, editaba las revistas Ultra y Bimestre Cubano y participaba en campañas contra la discriminación racial, el fascismo y a favor de la escuela cubana.

«Tenía un sentido tremendo de la organización —recordaba Conchita—. Por las mañanas, en su oficina de la Compañía de Seguros contra Incendios El Iris, atendía sus negocios. Esta faceta de su trabajo concluía al mediodía con un buen almuerzo, pues el Doctor era fanático de los placeres de la buena mesa. De las cinco a las seis de la tarde llegaba al bufete de la calle San Ignacio número 140, que compartía con Barceló y Jiménez Lanier. Ya para entonces no se ocupaba de los asuntos jurídicos, pero tenía allí una oficina y su nombre se mantenía en la entidad porque su prestigio era mucho y no eran pocos los que acudían al lugar guiados por su fama. Ya yo era además la administradora de la Hispano Cubana de Cultura y despachábamos allí temas relacionados con ella hasta que la Hispano Cubana ocupó un cubículo en la Manzana de Gómez… Todo eso sin despreocuparse de sus investigaciones y de su obra escrita».

Conchita recordaba al illamba como un hombre jovial, generoso, preocupado siempre por los problemas de los demás. Con un sentido de humor extraordinario. «Eso sí, era muy estricto —precisaba Conchita—. Cuando pasaba tres o cuatro días sin aparecer por la oficina, ya yo sabía que regresaría cargado de trabajo. En efecto, de buenas a primeras llegaba su chofer con tres o cuatro capítulos escritos a mano del libro que el Doctor preparaba en ese momento y los diez, 15 o 20 volúmenes que citaba en su texto. Poco después arribaba Ortiz y decía: “Conchita, esto tiene que estar para el viernes en Minerva o en La Moderna Poesía”, que eran las casas que editaban su obra. “Pero, Doctor, si hoy es martes…”, respondía yo. Y él: “Lo siento. Pero te la tendrás que arreglar de alguna manera”».

Un libro capital de Ortiz es El engaño de las razas, publicado originalmente en 1945 y reeditado ahora; punto culminante de su indagación sobre el aporte negro a la cultura cubana y al desarrollo del país. Historia de una pelea cubana contra los demonios (1959) fue el último libro que publicó en vida. «Demoledor alegato contra las supersticiones religiosas provenientes de Europa, pues al cabo el africano no trajo a Cuba más supersticiones ni peores que las que vinieron amparadas en la Biblia y en el crucifijo».

El humanista

A lo largo de su vida, Ortiz animó o estuvo vinculado a múltiples instituciones culturales. Con la Hispano Cubana propició la visita al país de prestigiosos intelectuales españoles y latinoamericanos. Fue presidente y socio de mérito de los Amigos del País, y estuvo entre los fundadores de la Sociedad del Folclor Cubano. Presidió la Sociedad de Estudios Afrocubanos, y varios años después animó y presidió en México el Instituto Internacional de Estudios Afroamericanos. Organizó, en plena Guerra Mundial, la Alianza Cubana por un Mundo Libre, y presidió en 1945 el Instituto Cultural Cubano Soviético. Aparte de las revistas ya citadas, es obligado referirse dentro de esta línea de fundación acometida por don Fernando a la Colección de libros y documentos inéditos o raros y a la Colección de libros cubanos, que también auspició. Ortiz «pudo escribir, como Santa Teresa, su Libro de las fundaciones», dijo en una ocasión Juan Marinello. Añadió el destacado ensayista: «No fue hombre aparte, sino hombre entre los hombres».

Una opinión muy parecida a la de Marinello era la del mexicano Alfonso Reyes. Ortiz, decía el autor de El deslinde, es sabio en el concepto humanístico y sabio en el concepto humano. El estudio, añadía Reyes, no lo aísla del mundo, antes robustece en él los saludables intereses por la vida que nos rodea.

En 1946, los participantes en la I Conferencia Internacional de Arqueólogos del Caribe, celebrada en Tegucigalpa, hicieron una excursión científica a Copán, las ruinas de la cultura maya en Honduras. Ortiz debió hablar en la clausura del evento y su discurso, allí donde no eran fáciles las emociones, hizo que los asistentes, puestos de pie y con lágrimas en los ojos, le tributaran una cerrada y prolongada ovación. El cubano vertió en esa oración un canto de comprensión y una fecunda concepción de la cultura.

«Llevamos la lección de Copán en su vida y en su muerte. Desapareció por motivos que desconocemos, guerra, enfermedades, la infertilidad de su tierra —o por cualquier otro— y sobre ella se extiende la desolación de los siglos. Sus sabios, que dominaron la ciencia, no pudieron enseñar a vivir a su pueblo, y su serpiente emplumada voló a lo ignoto. Esa es la lección de Copán. Debemos aspirar a mejor vida, sin morirnos.

«Adiós, hermana Honduras, adiós a sus hombres heroicos, adiós a sus patojos. Adiós, viejecita Copán. Allá en La Habana narraré a mi hijita las cosas de Copán y le diré sobre mis rodillas lo que sé de una serpiente de verdes plumas».

Durando, amigo, durando

El triunfo de la Revolución Cubana sorprende a Fernando Ortiz con 78 años de edad. Quienes inquieren por su salud reciben la respuesta invariable: «Durando, amigo, durando».

En el último artículo que escribió para Bohemia y que se publicó el 10 de agosto de 1959, dice explícitamente:

«Ahora mis achaques, que van por dentro, me obligan a quietud y holganza… Tranquilo espero mi última partida de Cuba, que según me dicen será cualquier día, de repente, ya con el pasaporte visado. Un amigo me asegura que ha hecho por mí buenas reservaciones en el otro mundo, quizá en una “esquinita de fraile”. Pero si soy un bisabuelo, viejo de años y de arterias, no soy “reviejío”. Estoy desde hace tiempo plantado en la juventud definitiva. Para decirlo como decía en el siglo pasado un sabio italiano dado a los sorprendentes neologismos: “Viejo, pero no desjuvenecido”. Como aconsejaba otro pensador nada bobo, Langevin, aspiro a morir joven, pero lo más tarde posible».

¿Qué motiva ese artículo? Tres colaboradores de Bohemia, cada uno por su cuenta, lo elogian y uno de ellos lo emplaza para que se pronuncie sobre la Ley de Reforma Agraria que ya se implanta en Cuba.

Ortiz lamenta no poder extenderse como le ha sido siempre grato a lo largo de su vida, dedicada no por sacrificio sino gratis y por puro gustazo y necesidad de trabajo, a estudiar las cosas de nuestro pueblo, «esas que los cubanos no estudiamos como se debe: la esclavitud, los engañosos prejuicios racistas, el gran tesoro de la música popular de Cuba con su desbordante vitalidad afroide que ha conquistado el mundo; el contrapunteo económico y social del tabaco y el azúcar, etc.».

Don Fernando, por supuesto, está de acuerdo con el reparto de tierra entre los que las trabaja. Dice en su artículo: «Creo que la reforma agraria en Cuba, ya indispensable, será ante todo “la desamortización de las actuales manos muertas”, o sea la amorosa vivificación de las tierras solteronas, que necesitan ser fecundadas y producir». No se puede, sin embargo, olvidar en este punto que, en diciembre de 1958, Ortiz vendió las dos fincas dedicadas a la explotación de carbón y madera de que era copropietario en la Ciénaga de Zapata. Nada menos que un predio de 2 600 caballerías de las 3 000 que aparecían registradas en esa región. Su rara y extraordinaria habilidad para los negocios de las que hablaba Conchita Fernández…

«Viví, leí, publiqué, siempre apresurado y sin sosiego porque la fronda cubana era muy espesa y casi inexplorada, y yo con mis pocas fuerzas no podía hacer sino abrir alguna trocha o intentar derroteros. Y así ha sido toda mi vida y nada más», confesó y ya en sus años finales dijo a su íntimo amigo, el genial caricaturista Juan David: «Tengo más de 20 libros en la cabeza, pero temo que la vida no me alcance para tanto».

En su dedo pulgar derecho, refiere Miguel Barnet, había una zanja del grueso de un lápiz. Era la huella dejada por el trabajo en sus libros. Casi siempre sentado en la cama, como una tablita apoyada sobre las piernas, don Fernando escribió invariablemente a mano, en papeles de carta cortados al medio, que antes de pasar al mecanógrafo eran colocados entre dos cartulinas que apretaba con bandas elásticas. El trabajo me mejora, afirmaba. Trabajó mientras le alcanzaron las fuerzas, pese a la pérdida casi total de la visión, los bloqueos cardiacos, la esclerosis, la gangrena seca…

Decía: «Veo y no veo bien; estoy ciego. Oigo y no oigo bien; estoy sordo. Estoy en el momento más pesado de mi vida. Estoy viendo visiones». A partir de 1967 se reducen sus momentos de lucidez y en medio de letargos cada vez más prolongados cree verse en compañía de la madre, de los amigos muertos, de figuras famosas que le tocó conocer.

Cuando el 10 de abril de 1969, casi al filo de los 88 años, la muerte lo vino a interrumpir, hubo por supuesto el homenaje oficial y de las instituciones culturales, y su cadáver fue velado en los salones de la antigua Sociedad Económica. A ese homenaje se sumó el reconocimiento de todo un pueblo que sintió que con Ortiz perdía algo suyo y en los cabildos congo, yoruba y arará y en la ceremonia ritual de Orula resonaron los tambores para cantar el Ytuto y el enlloró que lo acompañarían en el momento de emprender su largo viaje a Guinea.

Nicolás Guillén escribió entonces: «Ortiz hizo familiar, cotidiana, la noción del mestizaje nacional, y fijó para siempre el carácter de nuestra cultura, partiendo de un punto de vista estrictamente científico. Bien pudiera, pues, el sabio cubano, libre ya de la materia que envolvió su más íntima condición, comparecer ante el grande y sabio Olorún, y decirle, con serena humildad: “Poderoso señor, misión cumplida”. Solo que don Fernando, volcado ansioso sobre la magia negra que tan profundamente llegó a conocer, nunca creyó del todo en lo que veía».

Tomado de Juventud Rebelde

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Jul 27 2011

Esa mujer

Rodolfo Walsh——————————————————————-

El coronel elogia mi puntualidad:
­Es puntual como los alemanes ­dice.
­O como los ingleses.
El coronel tiene apellido alemán.
Es un hombre corpulento, canoso, de cara ancha, tostada.
­He leído sus cosas ­propone­. Lo felicito.
Mientras sirve dos grandes vasos de whisky, me va informando, casualmente, que tiene veinte años de servicios de informaciones, que ha estudiado filosofía y letras, que es un curioso del arte. No subraya nada, simplemente deja establecido el terreno en que podemos operar, una zona vagamente común.
Desde el gran ventanal del décimo piso se ve la ciudad en el atardecer, las luces pálidas del río. Desde aquí es fácil amar, siquiera momentáneamente, a Buenos Aires. Pero no es ninguna forma concebible de amor lo que nos ha reunido.
El coronel busca unos nombres, unos papeles que acaso yo tenga.
Yo busco una muerta, un lugar en el mapa. Aún no es una búsqueda, es apenas una fantasía: la clase de fantasía perversa que algunos sospechan que podría ocurrírseme.
Algún día (pienso en momentos de ira) iré a buscarla. Ella no significa nada para mí, y sin embargo iré tras el misterio de su muerte, detrás de sus restos que se pudren lentamente en algún remoto cementerio. Si la encuentro, frescas altas olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y por un momento ya no me sentiré solo, ya no me sentiré como una arrastrada, amarga, olvidada sombra.
El coronel sabe dónde está.
Se mueve con facilidad en el piso de muebles ampulosos, ornado de marfiles y de bronces, de platos de Meissen y Cantón. Sonrío ante el Jongkind falso, el Fígari dudoso. Pienso en la cara que pondría si le dijera quién fabrica los Jongkind, pero en cambio elogio su whisky.
El bebe con vigor, con salud, con entusiasmo, con alegría, con superioridad, con desprecio. Su cara cambia y cambia, mientras sus manos gordas hacen girar el vaso lentamente.
­Esos papeles ­dice.
Lo miro.
­Esa mujer, coronel.
Sonríe.
­Todo se encadena ­filosofa.
A un potiche de porcelana de Viena le falta una esquirla en la base. Una lámpara de cristal está rajada. El coronel, con los ojos brumosos y sonriendo, habla de la bomba.
­La pusieron en el palier. Creen que yo tengo la culpa. Si supieran lo que he hecho por ellos, esos roñosos.
­¿Mucho daño? ­pregunto. Me importa un carajo.
­Bastante. Mi hija. La he puesto en manos de un psiquiatra. Tiene doce años ­dice.
El coronel bebe, con ira, con tristeza, con miedo, con remordimiento.
Entra su mujer, con dos pocillos de café.
Contale vos, Negra.
Ella se va sin contestar; una mujer alta, orgullosa, con un rictus de neurosis. Su desdén queda flotando como una nubecita.
­La pobre quedó muy afectada ­explica el coronel­. Pero a usted no le importa esto.
­¡Cómo no me va a importar!… Oí decir que al capitán N y al mayor X también les ocurrió alguna desgracia después de aquello.
El coronel se ríe.
­La fantasía popular -dice-. Vea cómo trabaja. Pero en el fondo no inventan nada. No hacen más que repetir.
Enciende un Marlboro, deja el paquete a mi alcance sobre la mesa.
-Cuénteme cualquier chiste -dice.
Pienso. No se me ocurre.
­Cuénteme cualquier chiste político, el que quiera, y yo le demostraré que estaba inventado hace veinte años, cincuenta años, un siglo. Que se usó tras la derrota de Sedán, o a propósito de Hindenburg, de Dollfuss, de Badoglio.
-¿Y esto?
­La tumba de Tutankamón -dice el coronel-. Lord Carnavon. Basura.
El coronel se seca la transpiración con la mano gorda y velluda.
-Pero el mayor X tuvo un accidente, mató a su mujer.
­¿Qué más? ­dice, haciendo tintinear el hielo en el vaso.
-Le pegó un tiro una madrugada.
­La confundió con un ladrón ­sonríe el coronel . Esas cosas ocurren.
­Pero el capitán N. . .
­Tuvo un choque de automóvil, que lo tiene cualquiera, y más él, que no ve un caballo ensillado cuando se pone en pedo.
­¿Y usted, coronel?
­Lo mío es distinto ­dice­. Me la tienen jurada.
Se para, da una vuelta alrededor de la mesa.
­Creen que yo tengo la culpa. Esos roñosos no saben lo que yo hice por ellos. Pero algún día se va a escribir la historia. A lo mejor la va a escribir usted.
­Me gustaría.
­Y yo voy a quedar limpio, yo voy a quedar bien. No es que me importe quedar bien con esos roñosos, pero sí ante la historia, ¿comprende?
­Ojalá dependa de mí, coronel.
­Anduvieron rondando. Una noche, uno se animó. Dejó la bomba en el palier y salió corriendo.
Mete la mano en una vitrina, saca una figurita de porcelana policromada, una pastora con un cesto de flores.
-Mire.
A la pastora le falta un bracito.
­Derby -dice. Doscientos años.
La pastora se pierde entre sus dedos repentinamente tiernos. El coronel tiene una mueca de fierro en la cara nocturna, dolorida.
­¿Por qué creen que usted tiene la culpa?
­Porque yo la saqué de donde estaba, eso es cierto, y la llevé donde está ahora, eso también es cierto. Pero ellos no saben lo que querían hacer, esos roñosos no saben nada, y no saben que fui yo quien lo impidió.
El coronel bebe, con ardor, con orgullo, con fiereza, con elocuencia, con método.
-Porque yo he estudiado historia. Puedo ver las cosas con perspectiva histórica. Yo he leído a Hegel.
­¿Qué querían hacer?
­Fondearla en el río, tirarla de un avión, quemarla y arrojar los restos por el inodoro, diluirla en ácido. ¡Cuanta basura tiene que oír uno! Este país está cubierto de basura, uno no sabe de dónde sale tanta basura, pero estamos todos hasta el cogote.
­Todos, coronel. Porque en el fondo estamos de acuerdo, ¿no? Ha llegado la hora de destruir. Habría que romper todo.
-Y orinarle encima.
­Pero sin remordimientos, coronel. Enarbolando alegremente la bomba y la picana. ¡Salud! -digo levantando el vaso.
No contesta. Estamos sentados junto al ventanal. Las luces del puerto brillan azul mercurio. De a ratos se oyen las bocinas de los automóviles, arrastrándose lejanas como las voces de un sueño. El coronel es apenas la mancha gris de su cara sobre la mancha blanca de su camisa.
­Esa mujer ­le oigo murmurar­. Estaba desnuda en el ataúd y parecía una virgen. La piel se le había vuelto transparente. Se veían las metástasis del cáncer, como esos dibujitos que uno hace en una ventanilla mojada.
El coronel bebe. Es duro.
­Desnuda ­dice­. Éramos cuatro o cinco y no queríamos mirarnos. Estaba ese capitán de navío, y el gallego que la embalsamó, y no me acuerdo quién más. Y cuando la sacamos del ataúd -el coronel se pasa la mano por la frente­, cuando la sacamos, ese gallego asqueroso…
Oscurece por grados, como en un teatro. La cara del coronel es casi invisible. Sólo el whisky brilla en su vaso, como un fuego que se apaga despacio. Por la puerta abierta del departamento llegan remotos ruidos. La puerta del ascensor se ha cerrado en la planta baja, se ha abierto más cerca. El enorme edificio cuchichea, respira, gorgotea con sus cañerías, sus incineradores, sus cocinas, sus chicos, sus televisores, sus sirvientas, Y ahora el coronel se ha parado, empuña una metralleta que no le vi sacar de ninguna parte, y en puntas de pie camina hacia el palier, enciende la luz de golpe, mira el ascético, geométrico, irónico vacío del palier, del ascensor, de la escalera, donde no hay absolutamente nadie y regresa despacio, arrastrando la metralleta.
­Me pareció oír. Esos roñosos no me van a agarrar descuidado, como la vez pasada.
Se sienta, más cerca del ventanal ahora. La metralleta ha desaparecido y el coronel divaga nuevamente sobre aquella gran escena de su vida.
­…se le tiró encima, ese gallego asqueroso. Estaba enamorado del cadáver, la tocaba, le manoseaba los pezones. Le di una trompada, mire -el coronel se mira los nudillos­, que lo tiré contra la pared. Está todo podrido, no respetan ni a la muerte. ¿Le molesta la oscuridad?
­No.
­Mejor. Desde aquí puedo ver la calle. Y pensar. Pienso siempre. En la oscuridad se piensa mejor.
Vuelve a servirse un whisky.
­Pero esa mujer estaba desnuda -dice, argumenta contra un invisible contradictor-. Tuve que taparle el monte de Venus, le puse una mortaja y el cinturón franciscano.
Bruscamente se ríe.
­Tuve que pagar la mortaja de mi bolsillo. Mil cuatrocientos pesos. Eso le demuestra, ¿eh? Eso le demuestra.
Repite varias veces “Eso le demuestra”, como un juguete mecánico, sin decir qué es lo que eso me demuestra.
-Tuve que buscar ayuda para cambiarla de ataúd. Llamé a unos obreros que había por ahí. Figúrese como se quedaron. Para ellos era una diosa, qué sé yo las cosas que les meten en la cabeza, pobre gente.
­¿Pobre gente?
­Sí, pobre gente.­El coronel lucha contra una escurridiza cólera interior­. Yo también soy argentino.
­Yo también, coronel, yo también. Somos todos argentinos.
­Ah, bueno ­dice.
­¿La vieron así?
­Sí, ya le dije que esa mujer estaba desnuda. Una diosa, y desnuda, y muerta. Con toda la muerte al aire, ¿sabe? Con todo, con todo…
La voz del coronel se pierde en una perspectiva surrealista, esa frasecita cada vez más rémova encuadrada en sus líneas de fuga, y el descenso de la voz manteniendo una divina proporción o qué. Yo también me sirvo un whisky.
­Para mí no es nada -dice el coronel­. Yo estoy acostumbrado a ver mujeres desnudas. Muchas en mi vida. Y hombres muertos. Muchos en Polonia, el 39. Yo era agregado militar, dése cuenta.
Quiero darme cuenta, sumo mujeres desnudas más hombres muertos, pero el resultado no me da, no me da, no me da… Con un solo movimiento muscular me pongo sobrio, como un perro que se sacude el agua.
­A mí no me podía sorprender. Pero ellos…
­¿Se impresionaron?
­Uno se desmayó. Lo desperté a bofetadas. Le dije: “Maricón, ¿ésto es lo que hacés cuando tenés que enterrar a tu reina? Acordate de San Pedro, que se durmió cuando lo mataban a Cristo.” Después me agradeció.
Miró la calle. “Coca” dice el letrero, plata sobre rojo. “Cola” dice el letrero, plata sobre rojo. La pupila inmensa crece, círculo rojo tras concéntrico círculo rojo, invadiendo la noche, la ciudad, el mundo. “Beba”.
­Beba ­dice el coronel.
Bebo.
­¿Me escucha?
-Lo escucho.
Le cortamos un dedo.
­¿Era necesario?
El coronel es de plata, ahora. Se mira la punta del índice, la demarca con la uña del pulgar y la alza.
­Tantito así. Para identificarla.
-¿No sabían quién era?
Se ríe. La mano se vuelve roja. “Beba”.
­Sabíamos, sí. Las cosas tienen que ser legales. Era un acto histórico, ¿comprende?
­Comprendo.
-La impresión digital no agarra si el dedo está muerto. Hay que hidratarlo. Más tarde se lo pegamos.
­¿Y?
­Era ella. Esa mujer era ella.
­¿Muy cambiada?
­No, no, usted no me entiende. lgualita. Parecía que iba a hablar, que iba a… Lo del dedo es para que todo fuera legal. El profesor R. controló todo, hasta le sacó radiografías.
­¿El profesor R.?
-Sí. Eso no lo podía hacer cualquiera. Hacía falta alguien con autoridad científica, moral.
En algún lugar de la casa suena, remota, entrecortada, una campanilla. No veo entrar a la mujer del coronel, pero de pronto esta ahí, su voz amarga, inconquistable.
­¿Enciendo?
­No.
­Teléfono.
­Deciles que no estoy.
Desaparece.
­Es para putearme ­explica el coronel-. Me llaman a cualquier hora. A las tres de la madrugada, a las cinco.
-Ganas de joder ­digo alegremente.
­Cambié tres veces el número del teléfono. Pero siempre lo averiguan.
­¿Qué le dicen?
­Que a mi hija le agarre la polio. Que me van a cortar los huevos. Basura.
Oigo el hielo en el vaso, como un cencerro lejano.
­Hice una ceremonia, los arengué. Yo respeto las ideas, les dije. Esa mujer hizo mucho por ustedes. Yo la voy a enterrar como cristiana. Pero tienen que ayudarme.
El coronel está de pie y bebe con coraje, con exasperación, con grandes y altas ideas que refluyen sobre él como grandes y altas olas contra un peñasco y lo dejan intocado y seco, recortado y negro, rojo y plata.
­La sacamos en un furgón, la tuve en Viamonte, después en 25 de Mayo, siempre cuidándola, protegiéndola, escondiéndola. Me la querían quitar, hacer algo con ella. La tapé con una lona, estaba en mi despacho, sobre un armario, muy alto. Cuando me preguntaban qué era, les decía que era el transmisor de Córdoba, la Voz de la Libertad.
Ya no sé dónde está el coronel. El reflejo plateado lo busca, la pupila roja. Tal vez ha salido. Tal vez ambula entre los muebles. El edificio huele vagamente a sopa en la cocina, colonia en el baño, pañales en la cuna, remedios, cigarrillos, vida, muerte.
-Llueve -dice su voz extraña.
Miro el cielo: el perro Sirio, el cazador Orión.
­Llueve día por medio ­dice el coronel-. Día por medio llueve en un jardín donde todo se pudre, las rosas, el pino, el cinturón franciscano.
Dónde, pienso, dónde.
­¡Está parada! -grita el coronel­. ¡La enterré parada, como Facundo, porque era un macho!
Entonces lo veo, en la otra punta de la mesa. Y por un momento, cuando el resplandor cárdeno lo baña, creo que llora, que gruesas lágrimas le resbalan por la cara.
­No me haga caso -dice, se sienta­. Estoy borracho.
Y largamente llueve en su memoria.
Me paro, le toco el hombro.
­¿Eh? -dice­ ¿Eh? -dice.
Y me mira con desconfianza, como un ebrio que se despierta en un tren desconocido.
-¿La sacaron del país?
-Sí.
­¿La sacó usted?
­Sí.
-¿Cuántas personas saben?
­DOS.
­¿El Viejo sabe?
Se ríe.
-Cree que sabe.
­¿Dónde?
No contesta.
­Hay que escribirlo, publicarlo.
­Sí. Algún día.
Parece cansado, remoto.
­¡Ahora! ­me exaspero­. ¿No le preocupa la historia? ¡Yo escribo la historia, y usted queda bien, bien para siempre, coronel!
La lengua se le pega al paladar, a los dientes.
-Cuando llegue el momento… usted será el primero…
­No, ya mismo. Piense. Paris Match. Life. Cinco mil dólares. Diez mil. Lo que quiera.
Se ríe.
­¿Dónde, coronel, dónde?
Se para despacio, no me conoce. Tal vez va a preguntarme quién soy, qué hago ahí.
Y mientras salgo derrotado, pensando que tendré que volver, o que no volveré nunca. Mientras mi dedo índice inicia ya ese infatigable itinerario por los mapas, uniendo isoyetas, probabilidades, complicidades. Mientras sé que ya no me interesa, y que justamente no moveré un dedo, ni siquiera en un mapa, la voz del coronel me alcanza como una revelación.
­Es mía -dice simplemente­. Esa mujer es mía.

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Jul 27 2011

EVITA

Como hace 59 años retumbó en la Avenida 9 de Julio el triste mensaje justo a las 20 horas 25 minutos: “Ha fallecido la señora Eva Perón, jefa espiritual de la Nación”. Muchas lágrimas derramaron miles de manifestantes, también al igual que 59 años atrás. Ahora, además, se levantaron antorchas y se vieron miles de dedos en V, símbolo de la Argentina de hoy, que va saliendo del bache en que la sumieran el saqueo criminal y el neoliberalismo a pulso. Es similar al retrato del Che ubicado en la fachada del Ministerio del Interior, en Plaza de la Revolución, en Cuba

MAGGIE MARIN

¿Pero cómo ustedes no conocen a Evita? Aquel periodista argentino al que por azares de la vida acompañaba por entonces a conocer un poquito a Cuba, durante una visita de unas dos semanas, no entendía que los cubanos no fuéramos “fans” como diríamos hoy, de una mujer como Eva Duarte de Perón. Corrían días de 1973 y es cierto, yo particularmente apenas sabía quién era Evita. No digo que fuera lo normal entre mis compatriotas, aunque en honor a la verdad creo que la figura de ese icono argentino tampoco era ni es algo que goce del favor de mis colegas. Como en muchos otros países, aquí la actuación de la sin par mujer en la vida política argentina siempre ha sido vista con un poco de aprensión.

Pero aquella pregunta del colega bastó para que me diera a la tarea de buscar información al respecto. En ese afán leí los libros que pude, luego vi las dos películas que le hicieron, y hasta conocí de la opera que le dedicaron. Sin embargo, nada me develó más a esa luchadora (que ciertamente no actuó a la manera clásica que muchos exigen para poder apreciarla como tal) que el cuento de Rodolfo Walsh Esa Mujer, y el documental de Tristán Bahuer La tumba sin paz. Estoy convencida de que cuando alguien es amado y odiado tanto, es porque su paso por la vida dejó una huella grande y vital.

Evita murió a las 8 y 25 de la noche del 26 de julio de 1952. Un cáncer de útero no la dejó seguir viviendo. Murió pues, joven y desde entonces el carisma y las luchas que caracterizaron los últimos años de su paso por la vida, se agigantaron, y nunca van a desaparecer.

Ayer, a la hora en que se cumplieron 59 años de haberla perdido, Argentina inauguró un gran mural en su honor, realizado justo sobre el lateral sur de la fachada del Ministerio de Desarrollo Social en una avenida principal de Buenos Aires, donde pronunciara su último discurso ante sus “cabecitas negras”, sus “descamisados”. Tiene 31 metros de alto por 24 de ancho y pesa 15 toneladas. Está iluminada con líneas de diodos emisores de luz de tono sepia. Lo podrán apreciar a diario millones, toda una alegoría cuando es sabido que ella dijo: “Volveré y seré millones”.

Una multitud acompañó la inauguración de la obra, “una nueva postal de la Argentina”, tal como dice Diego Martínez en Página 12, hoy.

La presidenta Cristina Fernández, única oradora, dijo al inaugurar el gigantesco retrato: “Que sea símbolo de unidad de todos los argentinos, de superar viejas antinomias” Y añadió: “Que desde la historia nos enseñe que es necesaria la unidad nacional para lograr los grandes objetivos”.

“La quise mirando al sur, hacia las fábricas, hacia los puentes que miles de trabajadores cruzaron el 17 de octubre para liberar a Perón”, explicó la mandataria, viuda del también peronista Néstor Kirchner. “No es sólo una representación política, Eva Perón es un icono cultural e histórico de todos los argentinos”, precisó la gobernanta.

La imagen de Evita está inspirada en la efigie del Che Guevara en la Plaza de la Revolución, en Cuba, que la presidenta pudo admirar una tarde del año 2009, en La Habana. Cristina Fernández recordó al respecto: “¿Cómo es posible que una sociedad rinda homenaje a un hombre que no es de su país y nosotros no lo hagamos con una mujer que significó no sólo el ingreso de la mujer a la política, no sólo la revolución social más importante del país, sino que asumió sin cortapisas la representación del pueblo y de la patria, tal vez con más pasión y amor que nadie?”.

Ella misma eligió la imagen, que reproduce a la que apareció en el libro de Evita La historia de Mi vida, y encomendó la misión a los artistas argentino Daniel Santero y Alejandro Marmo. Dentro de un año, en los 60 de su deceso, será inaugurado otro mural ahora en construcción, que se verá desde la zona norte y representará a la Evita Perón desafiante del 22 de agosto de 1951, la misma que les advirtió a dos millones de “queridos descamisados” que renunciaba a la vicepresidencia y a todos los honores, pero no a su puesto de lucha.

El reclamo de aquel colega argentino, en los años 70, dio en el blanco. Hace mucho tiempo que indago sobre Evita, para conocerla. No he terminado, pero más allá de las porfías que giran a su alrededor, la admiro profundamente.

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