
Los fenómenos climatológicos cada vez se tornan más mortíferos. Repase estas reseñas de horror, cuando dentro de pocos días se conmemorará –y valga la redundancia—el Día del Medio Ambiente
MAGGIE MARÍN
Terremotos, tsunamis, huracanes, inundaciones y sequías han roto todos los récords de intensidad y frecuencia. Al extremo de que, poniendo punto final a estas cuartillas, continuaban conociéndose más detalles de las secuelas dejadas por el sismo y el posterior tsunami del 11 de marzo en el noreste de Japón, uno de los mayores desastres naturales de la historia de la nación asiática y del planeta, que liberó una energía equivalente a 200 millones de toneladas de dinamita y que, según los últimos cálculos, sumará más de 17 mil víctimas entre muertos y desaparecidos, cientos de miles de desplazados y cuantiosos daños materiales. Un evento absolutamente trágico y que podría serlo mucho más si sobreviene una mayor gravedad del accidente nuclear.
Si a tales cataclismos sumamos las nevadas, las grandes tormentas, las olas de frío o de calor, los deslaves, las prolongadas sequías y hasta los tifones, es fácil colegir por qué 2010 clasificó como el de mayores catástrofes naturales en un siglo y este 2011 va discurriendo de manera similar. Datos recientes de la ONU no podrían ser más rotundos: durante el pasado año se originaron 950 desastres naturales, que provocaron miles de muertos e importantes daños económicos y emocionales.
Además, estos siniestros son cada vez más intensos y letales. Según una investigación publicada a fines de enero en Clarín, en los 14 meses anteriores murieron por esa causa más de medio millón de personas. El diario argentino ejemplifica con la tragedia de las lluvias, las inundaciones y deslaves en Sao Paulo y Río de Janeiro, Brasil, a principios de año -con casi mil víctimas mortales-, y lo acontecido simultáneamente en Australia, donde las aguas sepultaron pueblos y ciudades e inundaron una superficie del tamaño de Francia y Alemania juntas.
Por lo menos 70 muertos y más de siete mil millones de dólares en pérdidas le ocasionaron estas riadas a la isla continente. En tanto, en Paquistán las aguas cubrieron una superficie de 160 mil km2, desplazaron a dos millones de personas y dejaron 17 mil muertos, número idéntico al del total de fallecidos en accidentes aéreos en todo el mundo en los últimos 15 años.
Como la fuente citada no lo menciona, anoto por mi parte que Sri Lanka y Filipinas también sufrieron por esos días crecidas y aludes bíblicos, al punto de que en la primera sumaron un millón los afectados. Entretanto, en Colombia y Venezuela tuvieron lugar desde diciembre de 2010 los peores temporales de las últimas décadas, que ocasionaron cuantiosas pérdidas humanas y materiales y decenas de miles de damnificados. Quedaron bajo las aguas pueblos, puentes, carreteras, casas, escuelas.
En ambas naciones sudamericanas se perdieron los productos sembrados en miles de hectáreas. Colombia, con dos millones de perjudicados, sufrió otro rudo golpe: un hongo causado por la humedad arruinó más de la mitad de sus plantíos de café. Y todo ocurrió en momentos en que Argentina, Uruguay, Paraguay, e incluso algunas regiones del gigantesco Brasil, resistían una severa sequía, que también clasificó entre las peores registradas.
Mucho, ¿verdad? Pues no es todo: Panamá tuvo que cerrar el canal -primera vez en más de 20 años- cuando las lluvias desbordaron lagos que confluyeron hacia la obra de ingeniería, por donde trasiega el cinco por ciento del comercio mundial; y a finales de enero ocurrió algo insólito: se inundó Jeddah, la segunda ciudad en tamaño de Arabia Saudita, que se alza en medio del desierto.
El investigador argentino Vicente Barros, integrante de uno de los grupos de trabajo del Panel Intergubernamental de la ONU para el Cambio Climático (IPCC) asevera: “El calentamiento global produce una mayor capacidad de agua en la atmósfera y esto provoca que las lluvias se hayan incrementado en todo el planeta”. Una característica que se acentuará los próximos meses, añadió.
Y además de los fenómenos aludidos están las olas de calor y de frío, la caída de grandes cantidades de nieve, y los tornados, que causaron daños por cuatro mil 700 millones de dólares en el medio oeste de Estados Unidos. Este 2011, certifica la pesquisa periodística mencionada, “vamos a vivir peligrosamente”.

Estudios de la ONU
La oficina para la Reducción de los Desastres Naturales de la ONU reveló, en febrero de 2010, que en relación con la década anterior, en los últimos 10 años estos fenómenos se duplicaron, con la ocurrencia de tres mil 800 desastres naturales (60 por ciento de los cuales fueron terremotos), que le costaron la vida a 780 mil personas.
Los sismos, sostiene el estudio del organismo especializado, constituyen una grave amenaza para millones de personas, en especial porque ocho de las ciudades más pobladas del planeta, Tokio, México D.F., Nueva York, Bombay, Nueva Delhi, Shanghái, Calcuta y Yakarta, están construidas sobre fallas de la corteza terrestre.
Los huracanes fueron, en tanto, responsables del 22 por ciento de las víctimas fatales antes apuntadas, y por su parte las altas temperaturas causaron la muerte del 11 por ciento de las víctimas. Uno tras otro irrumpen nuevos sucesos provocados por el calentamiento global y que proyectan hacia el futuro noticias nada halagüeñas. Por ejemplo, tal como ha informado la Organización Meteorológica Mundial, 2010 fue el año más caluroso jamás registrado, y el secretario general de la entidad, Michel Jarraud, indica que los datos confirman esa tendencia a largo plazo.
¿Por qué hay tantas inundaciones en el mundo?, se preguntaba a comienzos de año la página web de la BBC, y tras referir las pérdidas en Brasil, Colombia, Australia, Filipinas y Sri Lanka, anotaba el criterio de los expertos: el principal responsable de este desaguisado es La Niña, un fenómeno en el que interactúan el mar y la atmósfera, y que se explica así, en pocas palabras: la corriente de agua fría que fluye normalmente en el Océano Pacífico hacia territorio australiano desde el este se acelera, y entibia el mar, produciendo masas de nubes que dejan caer extraordinarios volúmenes de lluvia.
Y amerita añadir que según Nicholas Klingman, meteorólogo de la Universidad de Reading, en el Reino Unido, aunque La Niña puede ser predicha, no es posible vaticinar la cantidad de precipitaciones. “Pronosticamos con meses de anticipación que el fenómeno iba a ser más intenso, pero lo que no podíamos saber es que, por ejemplo, se iba a romper a diario el récord de agua caída en Australia”. Así, la “pequeña” provocó en 2010 graves crecidas en Paquistán y la muerte de 130 personas en México, 163 en Guatemala, también lo acaecido en Colombia y Venezuela, y este 2011 fue responsable de la peor tragedia de la historia de Brasil. Es un fenómeno, dicen los meteorólogos, que causa considerables fluctuaciones climáticas en el océano y que tiene como consecuencia fuertes lluvias.
Por ende, no queda más remedio que admitirlo: a buena parte del clima del planeta lo gobiernan los caprichos de las corrientes de agua del Pacífico llamadas El Niño y La Niña. Kevin Trenberth, uno de los científicos más importantes del Centro Nacional de Investigaciones Atmosféricas (NCAR) del estado de Colorado, opinó: “La transición entre estas dos corrientes se realizó en forma muy rápida en mayo pasado. Cada vez que ocurrió esto en los últimos 50 años, se acentuaron los fenómenos de sequía o inundación, pero esta vez fue de una intensidad extrema. Acabó con la sequía australiana de 10 años en apenas unas semanas e inundó buena parte del país”, agregó. “Creo que vamos a ver una Niña muy caprichosa en los próximos meses y años”.

Cambio climático
Pero lo cierto es que son otros los factores primordiales que han llegado a convertir a los desastres naturales en el desafío más grande que tiene hoy la humanidad. El principal causante del deterioro del cambio climático y por tanto del deterioro del medio ambiente, de la destrucción de los ecosistemas, y de la mayor recurrencia y fuerza de los desastres, es sin duda la política de explotación irracional de los recursos naturales que llevan a cabo los gobiernos de los países altamente industrializados.
Está demostrado que el modelo de vida de esas sociedades es responsable del aumento de la emisión de gases de efecto invernadero y por ello del incremento de la temperatura media global
Es preciso frenar las políticas consumistas del capitalismo y hacer prevalecer un orden internacional más justo y racional para toda la humanidad. Es urgente, en fin, poner en práctica un modelo de desarrollo diferente. Como apuntaba Fidel en una de sus reflexiones: “El derroche y las sociedades de consumo capitalistas en su fase neoliberal e imperialista, están llevando el mundo a un callejón sin salida, donde el cambio climático y el costo creciente de los alimentos, conducen a miles de millones de personas hacia los peores índices de pobreza”.
En su reunión con intelectuales cubanos y extranjeros celebrada el 15 de febrero reciente, advirtió que hoy el problema más serio es que la especie humana está en peligro real de extinción.
“Hay un problema que si no se resuelve –afirmó– sobra todo lo demás. No hay ni siquiera Historia. Pienso que estamos ante una crisis de ese carácter. Si tuviera razón sería muy inconveniente, pero soy optimista, porque de lo contrario no hablaría de estos temas… No los hablaría si creyera que la vida no pudiera preservarse.”. Recordó que desde hace 20 años, en la Conferencia de la ONU sobre Medio Ambiente y Desarrollo, advirtió del peligro que se cierne sobre la humanidad, aunque entonces no era tan inminente como ahora., cuando están sucediendo cosas perturbadoras que no admiten dilación alguna “La humanidad –sentenció el Comandante en Jefe– hay que empezar a salvarla ya”
De modo que indudablemente las consecuencias del cambio climático pueden ser muy graves. De hecho, si la temperatura del planeta aumenta en varios grados, todo el orbe podría sufrir una oleada de hambrunas, sequías y enfermedades. Un impacto cuya magnitud dependería del nivel en que aumenten las temperaturas, que en unos cien años podrían oscilar entre 1,8 y 4 grados centígrados, de acuerdo con lo que informan los científicos europeos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC).
Los expertos esperan la aparición de ciclones y oleadas de calor en América del Norte y Central, mientras en América del Sur el cambio provocará hambrunas y la desaparición de varias especies. Ambos hemisferios sufrirán escasez de agua potable e incremento de enfermedades relacionadas con el calor, lo que acrecentará las tormentas y la contaminación. Para 2020 pueden derretirse íntegramente los glaciares del subcontinente, “reduciendo la capacidad hídrica y la generación de energía en muchos países”. Por su parte, el Caribe sufrirá frecuentes e intensos huracanes.
Advierten también los entendidos que un ascenso de la temperatura y la disminución del agua acumulada en el subsuelo podrían convertir en sabanas el este de la Amazonia y las zonas tropicales de México, en tanto en las zonas glaciares de Alaska y Canadá continuaría el deshielo, por lo que la supervivencia de algunas especies, como las focas, estaría en peligro.
Respecto a Europa, anotan que aunque la situación puede ser menos grave, el continente será “tocado” por los citados cambios. Creen los expertos que los países mediterráneos se enfrentarán a una reducción de cosechas y a mortíferas oleadas de calor, mientras que en las regiones alpinas el aumento de la temperatura pondrá en peligro al 60 por ciento de las especies vegetales y animales.
Asia también estará sujeta a cambios y entre 185 millones y 981 millones de sus habitantes sufrirán carencias hídricas para 2050. El deshielo de los glaciares del Himalaya causará inundaciones primero y desprendimientos de terreno después, cuando los ríos pierdan caudal por la falta de aguas procedente de los glaciares.
Con todo, el continente más afectado será el africano. “Quizás el 90 por ciento de su población sufra carestías de alimentos y agua potable para 2080, y la situación puede agravarse por el cólera, la meningitis y el dengue”, añaden los especialistas.
Lo que provoca más rabia y tristeza es que estos daños humanos y materiales, así como las incontables afectaciones provocadas al medioambiente, serían inferiores si no hubiésemos irrespetado tanto a la madre natura, una dama que, si bien nos cobija y provee, es implacable cuando sus leyes son quebrantadas.

Desastres en América Latina en 2010
Según la Comisión Económica para América Latina (Cepal), en 2010 la región sufrió 98 grandes desastres (79 climatológicos, 13 epidemiológicos y 6 geofísicos), que causaron 223 mil muertes, 13 millones 800 mil personas afectadas, y pérdidas por 49 mil 400 millones. La mayor cantidad de víctimas fatales, casi 250 mil, las sufrió Haití, por el terremoto de 7 grados Richter del 12 de enero, que dejó más de un millón de damnificados. El más afectado económicamente (30 mil millones de dólares) fue Chile, cuya región centro y sur fue sacudida el 27 de febrero por un sismo de 8,8 grados que mató a 523 personas y afectó a dos millones. Grandes pérdidas por estos eventos tuvieron además México (cinco mil 300 millones), Brasil (mil 30 millones) y Guatemala (mil 553 millones), y, aunque en menor medida, Colombia y Venezuela se vieron muy afectadas económicamente por las inundaciones.

Desastres más fuertes de la última década
Tsunami. Indonesia, 2004. Un sismo de 9,3 grados con epicentro en la costa occidental de Sumatra del norte provocó un tsunami con olas de 30 metros, que causó la muerte de 230 mil personas y la ruina total de la zona. Además, arrasó las costas de Indonesia, Sri Lanka, la India y Tailandia. Fue una tragedia sin precedentes. Terremoto. Perú, 2007. La sacudida, de 7,9 grados en la escala Richter, removió la región de Pisco -cuya destrucción fue casi total- y mató a 596 personas. Aún hoy los escombros cubren las calles de las localidades afectadas. Fue el primer país latinoamericano en experimentar un terremoto en el nuevo milenio. Terremoto. Italia, 2009. Más de 150 muertos, miles de heridos y 100 mil personas sin vivienda en la ciudad de L’Aquila fue el saldo. Tuvo 6,3 grados. Demostró que no bastan los recursos si no se actúa a tiempo para atacar los efectos de la tragedia. Terremotos en Haití y Chile, 2010. Al país caribeño, el más pobre del hemisferio occidental, le dejó terribles saldos el peor sismo de su historia. Otro movimiento telúrico, de 8,8 grados en el centro y el sur, y que causó la muerte de 237 personas, fue el más devastador en el Chile en los últimos 50 años.

Desastres más mortíferos de la historia moderna
1-Terremoto de Lisboa. 1o de noviembre de 1755 con 8,7 grados. Dejó cien mil muertos. 2-Huracán de San Calixto. Arrasó el Caribe (Antillas Holandesas, islas de Martinica, Santa Lucía, San Eustaquio y Barbados) entre el 9 y el 20 de octubre de 1780. El saldo fue de 27 mil 500 víctimas. 3-Erupción del Tambora. 1815. Isla Sumbawa, Indonesia. Más de 90 mil víctimas. La erupción más letal de la historia. 4-Terremoto de Tokio. 1o de septiembre, 1923. Con 7,9 grados, también afectó áreas de Yokohama. Más de 142 mil víctimas. 5-Inundación del río Amarillo. China, l8 de agosto, 1931. Ahogados: 300 mil. La pérdida de las cosechas y las epidemias acabaron con casi cuatro millones de personas. 6-Terremoto de Perú. 31 de mayo de 1970. De 7,9 grados. Se produjo al oeste de Chimbite. Hubo entre 30 mil y 50 mil muertes. 7-Ciclón Bhola, Paquistán Este (hoy Bangladesh). 12 de noviembre, 1970. El más mortífero de la historia, según el Centro Nacional de Huracanes de Florida. Hubo 500 mil muertos. 8-Terremoto de Tangshan. China, 28 de julio de 1976. De 7,5 grados. Redujo a escombros 47 km2 y acabó con la vida de 242 mil personas. 9-Terremoto de Irán. Verano de 1990. Con 7,7 grados, asoló las provincias de Zanjan y Gilán. Más de 40 mil muertos, 135 mil heridos y 400 mil desplazados. 10-Tsunami del Índico. 26 de diciembre, 2004. Un sismo de 9 grados con epicentro en la costa de Sumatra provocó olas de 30 metros que barrieron las costas de Indonesia, Sri Lanka, Tailandia, Malasia, India, Myanmar y Sumatra. Su energía equivalió a 23 mil bombas atómicas como la de Nagasaki. Algunas islas se sumergieron parcialmente. Otras doblaron su tamaño. Ocasionó 275 mil muertes.

América Latina: Los peores sismos en 50 años
Chile, 22 de mayo de 1960: El mayor jamás registrado: 9,5 grados en la Escala Richter. Dejó más de dos mil muertos. Generó varios tsunamis que borraron del mapa a ciudades enteras de la costa chilena y causaron víctimas mortales a cientos de kilómetros: 138 muertos en Japón, 61 en Hawai y 32 en Filipinas.
Perú, 31 de mayo de 1970: Ocurrió en los Andes peruanos. Provocó un deslave que enterró la ciudad de Yungay y mató a unas 66 mil personas. Fue el más devastador.
Nicaragua, 23 de diciembre de 1972: Tuvo 6,5 grados. Hasta 10 mil personas murieron en Managua, la capital.
Guatemala, 4 de febrero de 1976: El sismo marcó 7,6 grados. Aproximadamente 25 mil personas perdieron la vida.
México, 19 de septiembre de 1985: Golpeó a la capital. Dejó un saldo de al menos 9 mil 500 personas muertas.
Perú: 15 de agosto de 2007: De 7,9 grados. Con epicentro en la costa central. Mató a 519 personas y dejó a 300 mil sin hogar.
Costa Rica, 8 de enero de 2009: Unas 34 personas murieron en un sismo de 6,2 grados, con epicentro a 32 km de San José. Fue el más intenso cerca del volcán Poás en los últimos 150 años.
Haití, 12 de enero, y Chile, 27 de febrero, en 2010. (vea otros recuadros)