Nov 22 2010
Mapuches, gente de la tierra, la sangre y el fuego
Las luchas mapuches son reprimidas y criminalizadas. Les aplican la Ley Antiterrorista de Pinochet por luchar contra intereses privados
El estado chileno tiene una gran deuda histórica con este pueblo que con la reciente huelga de hambre amplió el escenario de sus luchas. En la foto Luis Marileo, uno de los dos menores que protagonizaron la huelga
Su cultura es milenaria. Tienen lengua, medicina, vestimentas y otras formas culturales propias
Maggie Marín
Las serpientes Kai Kai y Ten Ten se pelearon. Luego diluvió durante meses. Obligados a refugiarse en un cerro cercano al Biobío, río del centro-sur de Chile, los contendientes comenzaron a poblar la tierra. Esa es, en apretadísima síntesis, la leyenda sobre el surgimiento de los mapuche (Gente de la Tierra).
Lo real es que ellos habitan aquellos territorios desde al menos 500 años antes de nuestra era, como bien muestran vestigios hallados. Territorios, la verdad sea dicha, de los que han sido y son desterrados con la excusa del progreso, el desarrollo, la modernidad. Así que aunque para entonces fuese una cifra colosal, a la llegada de los españoles sumaban nada menos que un millón. Al presente se calcula que unos 900 mil viven en el sur de Chile –país andino de 17 millones de habitantes donde es la mayor etnia originaria–, y otros 150 mil en el suroeste de Argentina.
Ese exiguo aumento de su número muestra crudamente una de las terribles herencias de la colonización y la neocolonización, así como de la intolerancia, el segregacionismo y el racismo de los estados modernos. Una tendencia que se acentuará si no cesan el despojo y el acoso de que son víctimas, y con ello, el drama de ese pueblo originario. Gente de la tierra Establecidos, pues, en el centro-sur de Chile y el suroeste de Argentina desde remotos tiempos, sus principales asentamientos están en Araucanía, a unos 600 kilómetros al sur de Santiago, donde les fueron arrebatadas sus tierras ancestrales. Porque este pueblo de cultura milenaria que tiene lengua, medicina, vestimentas y otras formas culturales propias, ha sido condenado al exterminio progresivo pero radical, primero por los conquistadores, después por los gobiernos
Pero a pesar de las matanzas sufridas en los siglos XVIII y XIX han resistido hasta lograr un proceso de asimilación de su cultura patrimonial durante parte del siglo XX. Hoy, 90 por ciento de ellos sobreviven penosamente entre la prisión, las enfermedades y el hambre. Su lucha es, por ende, por su existencia, y se articula con la relación casi sagrada que mantienen con la tierra y su hábitat.
Los latifundistas, la derecha y la ultraderecha han sido los principales enemigos y detractores del pueblo mapuche, cuya lucha, que podría definirse como un auténtico conflicto interminable, ha chocado con la discriminación, el maltrato, el autoritarismo, la represión y hasta las torturas. De hecho el batallar mapuche ya acumula 464 años. Luchadores y aguerridos, su primera insumisión y gran batalla por la tierra se remonta a 1546. También resistieron las embestidas del ejército argentino entre 1860 y 1883. Finalmente derrotados, sus territorios fueron desmembrados y transferidos al estado y de ahí a particulares –naturales o foráneos, individuos o corporaciones–, que se han ido adueñando de esas áreas al punto de que las comarcas y asentamientos mapuche han sido militarizados.
Ese y no otro es el germen del conflicto mapuche que llega hasta nuestros días. Porque si bien su lucha nunca está en las agendas informativas de los grandes medios transnacionalizados, sus demandas por autonomía y por las tierras nunca han cesado. En su página web www.mapuexpress.net denuncian que miles de hectáreas de sus tierras ancestrales están en manos de grandes terratenientes o de empresas forestales y proveedoras de energía (hidroeléctricas) privadas, y también que los recursos naturales de esos dominios son explotados de forma irracional, lo que pone en peligro la vida de los animales y la existencia de ecosistemas en que descansa el equilibrio de la vida.
En efecto, desde hace años los mapuche que habitan en Chile reclaman para sí unos tres millones de hectáreas en el sur del país, que han sido gradual e inexorablemente invadidas para destinarlas a diversos proyectos privados de explotación, sin la aquiescencia de quienes en correspondencia con su cultura y su cosmogonía, defienden con uñas y dientes más que la propia posesión, la salud de la madre tierra y de su hábitat original.
Así las cosas, la huelga de hambre que 38 presos mapuches (dos de ellos menores de edad) mantuvieron durante 90 días –desde el lunes 12 de julio y hasta el reciente 9 de octubre— en diversas cárceles del propio sur de Chile para exigir juicios justos y el fin de la aplicación de leyes extremas, fue prácticamente silenciada por los falsimedios. Cuando más, tratada como noticia de relleno.
Siempre arrinconados por las corporaciones mediáticas, por demás en esta ocasión la heroica huelga resultó velada por la espectacular cobertura que tuvo en Chile y en el ámbito mundial el hallazgo y salvamento de los 33 mineros atrapados a 688 metros bajo tierra en la mina San Antonio, en pleno desierto de Atacama.
Fueron organizaciones humanitarias las que, casi en exclusiva, llamaron la atención respecto a que la situación más grave de los comuneros mapuche actualmente y que los impulsó a adoptar la medida extrema es precisamente que decenas de sus líderes y activistas han sido juzgados y condenados por supuestos actos de terrorismo, bajo preceptos de una Ley Antiterrorista que impide las excarcelaciones durante los juicios y permite el doble enjuiciamiento en la justicia civil y militar y el uso de testigos sin rostro en las causas.
Implantada por la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) para sancionar a sus opositores, la citada ley –aún vigente excepto pequeñas modificaciones– ha sido criticada por la Organización de Naciones Unidas (ONU) porque, además de las arbitrariedades ya apuntadas, consiente que los acusados estén en prisión preventiva durante dos años e impide a los abogados defensores el acceso a la investigación y la presentación de testigos.
Tan manifiesta es la justeza de la lucha de ese pueblo amerindio que durante la huelga recibieron abierto respaldo de intelectuales, dirigentes sociales y religiosos chilenos, algunos de los cuales iniciaron ayunos solidarios. Además, el relator especial de la ONU sobre la situación de los derechos humanos y las libertades fundamentales de los indígenas, James Anaya, llamó al gobierno chileno a no aplicarles la ley antiterrorista y a buscar todas las alternativas jurídicas o políticas para solucionar el conflicto.
Otros organismos locales e internacionales, así como individuos de diversas entidades, sostienen posturas similares.
Para la directora del Programa de Estudios de Antropología Jurídica e Interculturalidad de la Facultad de Derecho de la estatal Universidad de Chile, Milka Castro, no hay duda, actualmente “se está violando el Convenio 169″ de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre pueblos indígenas y tribales, ratificado por Chile en 2008, porque no se consulta debidamente a los mapuche.
Castro admitió a IPS su sorpresa al constatar por la prensa que profesionales de la esfera pública y funcionarios del Estado conocen poco el Convenio y la Declaración de la ONU sobre los derechos de los pueblos indígenas (de 2007), también firmada por Chile. Más aún, agregó, desconocen la diversidad cultural del país.
“Hay un estado de ignorancia histórica e intencionada que arranca desde la educación básica hasta llegar a la universidad”, añadió la antropóloga en referencia al proceso usurpatorio de tierras mapuches llevado a cabo por el estado a fines del siglo XIX y luego entregadas a particulares.
Por su parte el profesor de la Escuela de Antropología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, José Bengoa, explica: “Hay un grupo importante del pueblo mapuche que está planteando una relación diferente con la sociedad chilena en general, y con el Estado chileno, en particular”. En términos precisos y concretos, dice el académico, esto significa un proceso de descolonización frente al cual a los estados les cuesta mucho reaccionar, les cuesta mucho comprender.
La sociedad chilena sólo entiende la cuestión mapuche e indígena como una “relación subordinada”, con “la imagen del indígena respetuoso, que no hace gala de todos sus derechos” agregó Bengoa, autor de varios libros sobre el pueblo mapuche.
No corresponde a la realidad pensar que por demandar mejores condiciones de vida, los mapuches no quieren grados importantes de autogestión o autonomía. “Obviamente quienes demandan eso siempre han sido, en todas partes del planeta, las vanguardias, los grupos jóvenes, las elites, los intelectuales, las personas que piensan al pueblo como un colectivo, los que piensan a la nación mapuche como una proyección hacia el futuro”, sostuvo Bengoa.
La citada antropóloga Milka Castro hace diana cuando especifica que el del territorio es un asunto clave. “¿Quiénes están estudiando y discutiendo este tema de forma responsable y rigurosa en el país? ¿Cómo Chile puede solucionar ese problema?”, se pregunta. La reivindicación mapuche choca con intereses empresariales, sobre todo forestales, propietarios de tierras usurpadas a los indígenas en el sur, razona la académica.
Héctor Llaitul, dirigente de la Coordinadora Arauco Malleco, fue uno de los cinco presos políticos mapuche en huelga de hambre en la Cárcel El Manzano, de Concepción. Cuando Telesur lo entrevistó llevaba más de 50 días de ayuno y había perdido 17 kilos. Ha sido condenado a 103 años de prisión. “El mapuche sigue viviendo la invasión, dice. Está bajo una dictadura militar. Hasta hoy no salimos de la ocupación ancestral de nuestro territorio por sucesivos Estados. Arrastramos históricamente la dominación.
“Estamos en miserables tierras bajo una legislación de ocupación. La posibilidad que el Estado ofrece de recuperar tierras es si hay título de merced, los cuales fueron concedidos después de la ocupación, por una mínima parte del territorio. Pero toda la tierra ancestral que se recupere, es considerada ilegal. El Estado no nos ha consultado ni antes ni ahora sobre nada; han resuelto el tema dentro de su estructura material, ideológica y cultural. Nuestra lucha mapuche apunta a sentar las bases para crear una propuesta de liberación nacional”, añade.
El luchador refiere que en las ONU le hicieron 24 cuestionamientos al gobierno saliente de Michelle Bachelet por su accionar contra el pueblo mapuche. Y se pregunta cuántos puntos tendrá que responder el actual, presidido por el multi millonario Sebastián Piñera, cuando le pregunten. “La práctica de la tortura, la muerte y los allanamientos no comenzó ahora. Pero se agudizó. Porque la derecha ya tenía todo, sólo le faltaba el poder político. Ahora se intensifica el avance de las forestales y mineras, para seguir apoderándose de los territorios mapuche y otros pueblos. El Plan Araucanía que impulsa el gobierno, para nosotros es una copia en pequeño del Plan Colombia”, precisa.
Sobre la ley antiterrorista de marras expresó que la luchar para derogarla trasciende la causa mapuche. “Si bien hoy nos la aplican a nosotros, tarde o temprano se la aplicarán a cualquier otro movimiento que luche por condiciones más dignas de vida, por un proyecto político más justo, más humano”.
A comuneros y líderes mapuche como Héctor Llaitul, que solo podían ofrecer sus cuerpos para hacerse oír y que arrostraron la posibilidad de morir de inanición, deben su pueblo y otros luchadores sociales que el debate sobre la Ley Antiterrorista, la reforma de la justicia militar y la criminalización de las luchas sociales saltara del socavón de olvido en que se hallaba. De hecho la huelga fue suspendida luego de que al gobierno no le quedó otro remedio que firmar un acuerdo según el cual ajustará reformas a la ley y a las normas para el enjuiciamiento de los mapuche.
En la persona del ministro secretario general de la presidencia, Cristán Larroulet, el gobierno se comprometió a retirar las querellas que al amparo de la ley de marras enfrentaban los indígenas presos, acusados por la fiscalía de acciones violentas.
Sin embargo no lograron, como querían, la participación de la fiscalía en el acuerdo y que los fiscales retiren los procesamientos por la controvertida ley. Algunos líderes aducen que no obstante ese compromiso en verdad no hay garantías de que dicha legislación no se vuelva a aplicar a la protesta social mapuche. Luego es seguro que la batalla, lejos de terminarse, va a continuar.
Bien dicen los chilenos de bien que no habrá democracia verdadera en Chile mientras existan códigos represivos como la Ley Antiterrorista, y actitudes racistas y de marcada injusticia como las que han sufrido y sufren los mapuche. De momento esta protesta heroica puso sobre el tapete la gran deuda histórica del estado chileno con este pueblo y amplió el escenario de las luchas mapuches y los desafíos que deben enfrentar. La Gente de la Tierra, que duda cabe, los aceptará.
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Dícese que dicen…
Dicen los que saben, que los más antiguos de los antiguos estaban hechos de lluvia azul (…). Algunos dicen que, en realidad, eran dioses orlados de viento que buscaban la mejor tierra para sembrar sueños y, de pronto, sin previo aviso, en una tormenta imposible de relámpagos y volcanes fulgentes, se dibujó en toda su morena hermosura la primera lagmien mapuche. Toda esta tierra es tuya, le susurraron con fuego para que jamás nunca se le olvidara, ni a sus hijos, ni a los hijos de sus hijos. Y así a la gente de la tierra se les dio el Meli Witran Mapu – los cuatro puntos cardinales – para que allí hicieran el amor sin prisa y, también sin urgencia, compartieran los frutos de sus entrañas que eran, les dijeron, de todos y de nadie. Que aquí podrían construir su Mundo y su País, y les dieron choroyes y arrayanes, quilas y bandurrias, lagos y montañas, y en el centro de su corazón les dibujaron un río tan bello y tan azulado que daban ganas de llorar (…). Hilar su Mundo y su País, les dijeron, pero, con un dejo de tristeza y con descomunal pesadumbre, entornaron sus ojos de lluvia para advertirles que desde allende los mares vendrían de yelmo y alabardas para matarlos a todos en nombre de un dios ajeno. Que tuvieran cuidado, porque aquende la muerte se vestiría de uniforme chileno y argentino; y todo se lo dijeron en tiempos en que no existían ni Chile y Argentina, sino tan sólo el Wallmapu, el País Mapuche, su país de tierra fértil y pródiga y, por lo mismo, apetecible por forasteros de distinto signo.
(Fuente: Mundo Mapuche, de Tito Tricot, Telesur)
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