Oct 29 2010
Una mujer inamovible
Trabajar junto con Piedad Córdoba le permite a Estefanía Uribe Wolff afirmar que nadie como la senadora, recientemente destituida, defiende con tanta verticalidad y coherencia los ideales de paz. El diplomado de periodismo en Cuba fue para ella la mejor experiencia académica que ha vivido
SUSADNY GONZÁLEZ RODRÍGUEZ
Estuvo recientemente en Cuba, participando en un diplomado de periodismo, donde coincidimos. Con una espontaneidad que impresiona se presentó ante los colegas de distintas latitudes: “Mi nombre es Estefanía Uribe y estoy aquí porque mi jefa quiso que pasara este curso”.
De inmediato develó la identidad de la “jefa”. El programa académico proponía para el 28 de septiembre una conferencia de lujo bajo el título de “Paz en Colombia, paz en la región”. Y aquella joven rebelde nos ofrecía de primera mano la confirmación: “Acabo de hablar con la senadora Piedad Córdoba, y me dijo que vendrá a darla”.
Tenía unos 11 años cuando Estefanía Uribe la vio por primera vez. Su abuela Lucinés le subía el volumen al televisor siempre que Córdoba se pronunciaba a favor del ex presidente Ernesto Samper, y le decía: “Niña, póngale cuidado a esa señora. La próxima vez voto por ella”.
Años después, Estefanía se involucró en la política de la manera que más le choca: asistiendo a las urnas. “Alguien debía votar por esa señora que, además de ser negra y liberal, defiende a las minorías marginadas”, afirma esta apasionada “piedadcista”, el único credo en el que podrían encasillarla.
El trabajo por la paz continúa
Un día antes del esperado encuentro con la senadora, nos sorprendió la noticia de su destitución. “Esa tarde revisé el correo y tenía dos mensajes muy extraños”, cuenta Estefanía. “Uno, de un periodista preguntando qué le había pasado a mi senadora. El otro decía: ‘Ese maldito procurador es la sirvienta de la casa de Nariño (sede del Gobierno); le está haciendo un favor a Uribe’. Las noticias me lo confirmaron todo. No sabía cómo reaccionar ante ese golpe”.
El Procurador General de la Nación, Alejandro Ordóñez Maldonado, alias Monseñor — “que parece extraído con pinzas de la era de la Santa Inquisición”-, destituyó e inhabilitó por 18 años para ejercer cargos políticos a Piedad Córdoba, dada su supuesta promoción y colaboración con FARC.
No es el primer ataque institucional que recibe la legisladora. Sin embargo, con esta maniobra del Gobierno de Bogotá se eliminó el mayor obstáculo que en la esfera pública le hacía contrapeso al “uribismo”, o al propio “santismo”, si se quiere; y la derecha encuentra el camino más despejado.
Según una información emitida por el diario colombiano El país, los problemas de la congresista comenzaron el 5 de agosto de 2007, cuando, en su tradicional alocución dominical, Hugo Chávez Frías se ofreció a mediar entre el gabinete de Colombia y las FARC, para lograr un acuerdo que permitiera la liberación de secuestrados por la guerrilla.
Y desde la selva la activista empezó su gestión humanitaria. Con la venia de Uribe y de manera pública —razón para que las actividades en ese marco estén protegidas—, Córdoba creó puentes concretos de comunicación con los grupos armados. Devino factor clave en la solución de un conflicto de raíces sociales históricas. Defendió la demanda de una salida política a través de la única vía posible: el diálogo.
“El caso de Córdoba no obedece solamente a una persecución política y de opinión”, explica Estefanía, quien no teme punzar a la gente con el peso de la verdad.
“Ella y otros líderes de una cosa amorfa que se llama oposición en Colombia hicieron un llamado a la Unión Europea e invitaron a algunos eurodiputados al país para que conocieran la aciaga realidad, evitando que se firmara el Tratado de Libre Comercio. Esto obstaculizó los intereses de las multinacionales y las aspiraciones políticas de nuestros dirigentes, por lo que el proceso que se le llevaba en la Procuraduría se aceleró.
“De fondo, además, está la masacre de Naya, un pequeño poblado en el sur del país. Ese caso lo investigaban la senadora y la Comisión de Derechos Humanos del Congreso y se iba a presentar en un debate televisivo en horario estelar.
“En Colombia esto ni siquiera puede mencionarse. Corres el riesgo, en el mejor de los casos, de ser judicializado hasta que abdiques, agaches la cabeza o termines asesinado por el Estado o algunos fanáticos nacionalistas.”
Pero Estefanía se regocija del valor de su carnala —“así nos llamamos ella y yo”—, pues no ha cejado, a pesar de que es víctima de una persecución criminal desde 1979. Sus teléfonos y su correspondencia fueron interceptados. Hay testimonios de que la agencia de inteligencia del Estado puso micrófonos en su carro. Entraron en su casa sin una orden judicial y robaron cámaras fotográficas y de vídeo”.
Ahora la ex senadora no podrá defender la causa de miles de colombianos desde las estructuras políticas, pero lo hará desde dentro de la sociedad civil, que ve en ella una garantía. Así lo comunicó en una rueda de prensa: “Seguiré trabajando por la paz de Colombia”.
Historia de un secuestro
Piedad Córdoba constituye un elemento desestabilizador del sistema, al que no han podido callar, ni “por la buenas” —ofreciéndole dinero—, ni por la vía de la violencia. En 1998, el comandante Carlos Castaño, al frente de las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), la secuestró con el fin de asesinarla. Me cuenta Estefanía que hoy se encuentra con gente que le ha dicho: el único error de Castaño fue no haber dado la orden de que la mataran.
Ahora acuden a las vías del derecho con la estratagema de la “información comprometedora” de los ordenadores, utilizada para eliminar adversarios que atenten contra la salida que la derecha pretende darle al conflicto colombiano.
La vida por usted
Desprejuiciada, auténtica, “Tefita” —como cariñosamente le dice Piedad— confiesa que la primera vez que habló con la senadora estaba completamente ebria. “Ella misma me recordó después que le dije: yo por usted doy la vida. Dice que mi frase la conmovió. Desde entonces empezó una comunicación muy bonita”.
“Me invitó a unas vacaciones con su familia. De repente me vi viajando a su lado, con la fortuna de ser asesorada por una mujer a la que he admirado desde mi inocencia política. Luego empezó a encargarme escritos. Ella dice que soy su escritora preferida, que tengo mucho potencial. Fue bastante honroso que me llevara a su gira por la paz. Me fascina escuchar sus discursos. Siempre está abierta a críticas y no me pareció tan terca como me alertaron”.
Me asegura la joven que estos meses de trabajo al lado de Piedad han significado un proceso de sensibilización. Durante los días pasados de renovación estudiantil Estefanía Uribe se convirtió en uno de esos personajes populares que suele tener cada grupo. Pareciera que vino —por segunda vez— con la misión de sensibilizarnos a todos. Para hacernos partícipes del peligro que sufre su pueblo. Ella también, si bien estima que “si Piedad está conmigo, quién puede estar contra mí”.
Y mientras sus narraciones nos enorgullecían de vivir en esta isla —de la que dice estar enamorada—, al menos nosotros pudimos percibir su convicción de que algún día el pueblo colombiano despertará, aunque para ello, me advirtió, se requiere de “una mujer inamovible, misionaria, de paz, como Piedad Córdoba”.
NOTA: La autora de esta entrevista, Susadny González, es una colega recién salida del horno, perdón de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana. Integra el colectivo de la centenaria revista BOHEMIA, donde forma parte del equipo del Departamento de Internacionales. Accedió de inmediato cuando le pedimos autorización para publicar su texto en americadespierta

Al oír sobre la destitución proliferada por el “inquisidor” me indigne totalmente, no pude expresarle todo mi apoyo a Estefanía y aprovecho este espacio para hacerlo. Puedo decir que admiro la verraquera de estas dos mujeres que no tienen pelos en la lengua para decir las cosas que en verdad piensan.
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