América despierta

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Mar 16 2010

BRASIL:El Cristo de Corcovado

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Célebre por sus futbolistas y por el carnaval carioca, el colosal país sudamericano tiene en el espectacular monumento otro excelso símbolo. El gigante se alza a más de 750 metros sobre Río de Janeiro ya que a los 40 de su altitud se suman los 713 del cerro, que pertenece a la Serra Da Carioca.

Por MAGGIE MARÍN

Hincado en la cúspide del más espigado de los cerros que rodean a Río de Janeiro y con la ciudad a sus pies, el monumental Cristo Redentor de Corcovado, la mayor escultura Art Déco del planeta, está a punto de cumplir 88 años desde el instante mismo en que se puso en las alturas su primera piedra.

Se afirma que Brasil es el país de los contrastes y que entre sus muchas urbes la más afamada –Río de Janeiro, Río de Enero en español— se lleva al respecto todas las palmas. Y aunque nombrada “Ciudad Maravillosa” y reconocida entre las más fascinantes del mundo, constituye una vitrina de los límites que pueden alcanzar la diversidad y las desigualdades.

Es así que en su relieve se aprecian altos morros desde donde se disfrutan algunas de las más extraordinarias vistas del mundo, hasta las hermosas playas abiertas de Capacabana, Ipanema, Leblon, Barra do Tijuca y Sao Conrado; y las anchas y largas avenidas costaneras, no lejos de empinadas callejuelas de lástima.

Mientras, en sus predios conviven juntos, pero no revueltos, ciudadanos de exquisito porte y despampanantes autos, con otros que duermen en las calles; lujosos hoteles, restaurantes, residencias y mercados de todo tipo, con humildes comercios y míseras Favelas.

En fin, allí coexisten los más abruptos paisajes, la opulencia y la miseria.

Pero el colosal monumento que los distingue –comparable a un edificio de 13 plantas por sus 40 metros de altura y mil 145 toneladas de peso– es orgullo de todos los brasileños más allá de sus castas y pedigríes.

La idea de construir el Cristo surgió a mediados del siglo XIX, pero no cuajó hasta 1921, y aún entonces hubo desacuerdos entre los políticos y la Escuela de Bellas Artes sobre su emplazamiento: ¿En el Pan de Azúcar, en el Monte de San Antonio o en el Corcovado?

Finalmente triunfaron las mejores concepciones estéticas y con ellas este último cerro, por su mayor altura –713 metros–, indiscutible belleza, y su privilegiada ubicación en medio de la casi provinciana ciudad de la época.

Financiada por el pueblo: La colocación de la primera piedra, el 4 de abril de 1922, transcurrió en medio de no pocas incertidumbres. De hecho, todavía un año después la competencia entre proyectos artísticos y arquitectónicos marchaba a la par de una campaña de recolección de fondos para una obra que pese a su envergadura, sólo recibió del gobierno de Epitácio Pessoa su aprobación.

Elegido el boceto del ingeniero Heitor Da Silva Costa y gracias al aporte de ciudadanos de todos los linajes y confines de la nación, en 1926 comenzaron las obras que duraron un quinquenio. “Fue financiada por el pueblo”, afirma el arquitecto Jorge Semenovith, autor del libro “Corcovado: la conquista de la montaña de Dios”.

El diseño definitivo es del artista Carlos Oswald y la estatua, del escultor francés Paul Maximilien Landowski, autor entre otros del monumento que adorna el Puente de la Tournelle sobre el Sena, en París, y quien si bien envío “en tiempo y forma” los moldes de yeso por barco, jamás fue a Río a disfrutar de su obra.

Fue inaugurado, al fin, el 12 de octubre de 1931.

Curiosidades: Para la ocasión la iluminación estaría a cargo de Guglielmo Marconi, ingeniero electrotécnico italiano premiado con el Nóbel de Física e inventor del primer sistema de señales de radio a distancia mediante antenas direccionales, y de la transmisión de ondas cortas. Desde su yate Electra fondeado en la bahía de Nápoles, Marconi debió emitir la señal eléctrica que en Dorchester, Inglaterra, se retransmitiría a Jacarepaguá, Río de Janeiro, y de ahí al monumento. Pero el mal tiempo impidió la fragorosa y espectacular acción, y la luz le llegó directamente desde la “Ciudad Maravillosa”.

Este no fue, sin embargo, el único hecho curioso acontecido al monolito desde su génesis hasta hoy. Algunos llegan incluso a clasificar en el ámbito de la chufleta y la candonga. Veamos.

De acuerdo al boceto original la imagen sería de metal y Cristo cargaría una cruz y un globo terráqueo. Pero los bromistas comentaron que sería un Cristo futbolista, lo que indignó a las más encumbradas autoridades eclesiásticas locales. Entonces Da Silva Costa decidió que tendría los brazos abiertos y sería de piedra, así en caso de guerra no sería fundido para fabricar cañones.

De hecho, fue construido en el periodo entre ambas guerras mundiales, cuando se popularizó como nunca el culto al Corazón de Jesús.

Nadie lo tocó durante 49 años. Ocurrió en 1980, para limpiarlo con motivo de la visita papal de Juan Pablo II.

Mediado el año 2000, y en medio de un fuerte racionamiento eléctrico que dejó a oscuras hasta a la sede gubernamental en Brasilia, el Palacio de Planalto, la iluminación del Cristo Redentor no sufrió percance alguno.

Ese año, ante anuncios impresos en biquinis y latas de cerveza, el arzobispo, Monseñor Eugenio Sales, amenazó demandar a las empresas que utilizaran al Cristo para vender sus productos.

Luego, con motivo de sus 70 años, se celebró allí una misa campal, y cariocas nacidos en 1931 picaron un pastel de dos metros de altura.

En 2003 y cuando la diseñadora francesa Agnes Winter fue encargada de cambiar a azul zafiro la habitual iluminación gris verdosa de la estatua, cayó tal cúmulo de torrenciales aguaceros que la ceremonia debió suspenderse. Para los supersticiosos la cuestión es que el Cristo no está acostumbrado a los cambios.

Al monumento se llega por carretera o en un tren inaugurado en 1889 por el emperador Pedro II, electrificado en 1906, y que ha transportado a Albert Eistein, a la princesa Diana de Gales, y a otros muchos ilustres y famosos.

La estatua, que se ve desde cualquier sitio de Río, recibe a diario la visita de unas 2 mil personas, aunque en la nación con mayor número de católicos del mundo, sólo el diez por ciento de los cariocas han subido el cerro de Corcovado para agasajarlo.

Oteando desde las alturas: La escultura de granito es de líneas y contornos nítidos y definidos y formas estilizadas y simétricas, características propias del Arte Decó, un sofisticado e innovador estilo que en las décadas de 1920 y 1930 impusiera una estética nueva para celebrar el auge de la maquinización y la industrialización.

En 1990, un convenio entre la Red Globo de TV, la Mitra Arquiepiscopal de Río de Janeiro, el Instituto Brasileño de Medio Ambiente, la alcaldía local y la suma de varias empresas e instituciones, promovió una amplia reforma del monumento.

En 2001, cuando arribó a su séptima década, se iniciaron las obras de construcción e instalación de ascensores, pasarelas y escaleras metálicas, para facilitar la llegada al pedestal sin necesidad de subir los arcaicos 226 escalones. El proyecto concluyó en 2003 y ha logrado aumentar el número de visitantes.

Desde el pedestal de la, hoy por hoy, principal atracción turística de la urbe carioca, se contempla una privilegiada vista panorámica de la ciudad y la bahía de Río de Janeiro

El ciclópeo monolito otea desde su altura con los brazos abiertos, en gesto paternal de abrazo y protección. “Es muy brasileño, un descomunal monumento a la hospitalidad y la redención de los pecadores”, sostiene el ya nombrado arquitecto Jorge Semenovith. “Su simbolismo es tan poderoso que en cualquier parte del mundo el Cristo es asociado a Brasil”, asegura una ejecutiva de la agencia turística RioTur.

Está valuado como Patrimonio Histórico Nacional, enlistado entre los Bienes Culturales del Municipio de Río de Janeiro, fue declarado Santuario, por lo que pueden celebrase allí matrimonios, bautizos y otros sacramentos religiosos, y es una de las 7 Maravillas del Mundo Moderno.

Pero en rigor y por encima de historias, curiosidades, leyendas y títulos, para los brasileños su Cristo Redentor es más que todo símbolo de fraternidad y amor.

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