América despierta

Otro punto de vista sobre estas latitudes

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Mar 08 2010

¡Argentina! ¡Argentina!

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Juan José Campanella, director de “El secreto de sus ojos”, recibe el Oscar de manos de Pedro Almodóvar

Argentina tiene otro Oscar desde ayer y, lógico, está de fiesta. El anterior, obtenido con la magnífica cinta “La historia oficial”, se remonta a 1985, hace nada menos que 25 años, una contradicción flagrante porque el País del Plata ha hecho historia en lo que a cine del bueno se trata.

“El secreto de sus ojos”, de Juan José Campanella, fue la triunfadora como Mejor Filme Extranjero en esta 82 edición de los Premios Oscar. Hasta el momento la película, descrita como una historia de amor, muerte y dolor en el conflicto social argentino de los años 60 del pasado siglo, ha sido vista por más de 2 millones y medio de personas, según el periódico local Clarín.

Tras recibir la estatuilla de manos de Pedro Almodóvar y Quentin Tarantino, dos auténticos “monstruos” del cine, Campanella se pasó del tiempo establecido por los organizadores para el agradecimiento, de modo que le pusieron la musiquita para invitarlo a salir del escenario. Muy emocionado, pero nada corto ni perezoso, Campanella añadió: ¡Vamos Argentina y un abrazo a los hermanos de Chile!”, en recuerdo a la nación vecina que acaba de sufrir un terremoto catalogado como el peor de su historia.

Aunque nos alegramos un montón por Argentina lo sentimos por Perú, que tenía nominada “La teta asustada”, otro filme de calidad que puede exhibir con orgullo Nuestra América.

Como de verdades se trata no hay que olvidar que este es un certamen muy polémico, aunque como todo en la vida –que tiene dos caras como las monedas– la otra verdad es que todos deseamos que ganen nuestros films favoritos y por supuesto saber quiénes han sido todos los ganadores. ¿No ese así? Pues acá tenemos a todos los nominados y a los que se hicieron con la famosa estatuilla.

Mejor Película

‘Avatar’
‘The Blind Side’
‘District 9′
‘An Education’
‘The Hurt Locker’ - Ganadora
‘Inglourious Basterds’
‘Precious’
‘A Serious Man’
‘Up’
‘Up in the Air’

Director

James Cameron, ‘Avatar’
Kathryn Bigelow, ‘The Hurt Locker’ - Ganadora
Quentin Tarantino, ‘Inglourious Basterds’
Lee Daniels, ‘Precious’
Jason Reitman, ‘Up in the Air’

Actor

Jeff Bridges, ‘Crazy Heart’ - Ganador
George Clooney, ‘Up in the Air’
Colin Firth, ‘A Single Man’
Morgan Freeman, ‘Invictus’
Jeremy Renner, ‘The Hurt Locker’

Actriz

Sandra Bullock, ‘Blind Side’ – Ganadora
Helen Mirren, ‘The Last Station’
Carey Mulligan, ‘An Education’
Gabourey Sidibe, ‘Precious’
Meryl Streep, ‘Julie and Julia’

Actor de Reparto

Matt Damon, ‘Invictus’
Woody Harrelson, ‘The Messenger’
Christopher Plummer, ‘The Last Station’
Stanley Tucci, ‘The Lovely Bones’
Christoph Waltz, ‘Inglourious Basterds’ - Ganador

Actriz de Reparto

Penelope Cruz, ‘Nine’
Vera Farmiga, ‘Up in the Air’
Maggie Gyllenhaal, ‘Crazy Heart’
Anna Kendrick, ‘Up’
Mo’nique, ‘Precious’ - Ganadora

Largometraje animado

‘Coraline’
‘Fantastic Mr. Fox’
‘The Princess and the Frog’
The Secret of Kells’
‘Up’ - Ganadora

Película Extranjera

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Israel – ‘Ajami’
Argentina – ‘El Secreto de sus Ojos’ - Ganadora
Perú – ‘The Milk of Sorrow’
Francia – ‘Un Prophete’
Alemania – ‘The White Ribbon’

Guión Original

Mark Boal, ‘The Hurt Locker’ – Ganadora
Quentin Tarantino, ‘Inglourious Basterds’
Alessandro Camon and Oren Moverman, ‘The Messenger’
Joel Coen and Ethan Coen, ‘A Serious Man’
Peter Docter, Bob Peterson, Tom McCarthy, ‘Up’

Guión adaptado

Neill Blomkamp and Terri Tatchell, ‘District 9′
Nick Hornby, ‘An Education’
Jesse Armstron, Simon Blackwell, Armando Iannucci, Tony Roche, ‘In the Loop’
Geoffrey Fletcher, ‘Precious’ - Ganador
Jason Reitman, Sheldon Turner, ‘Up in the Air’

Largometraje documental

‘Burma VJ’
‘The Cove’ – Ganador
‘Food, Inc.’
‘The Most Dangerous Man in America: Daniel Ellsberg and the Pentagon Papers’
‘Which Way Home’

Música Original

‘Avatar’, James Horner
‘Fantastic Mr. Fox’, Alexandre Desplat
‘The Hurt Locker’, Marco Beltrami y Buck Sanders
‘Sherlock Holmes’, Hans Zimmer
‘Up’, Michael Giacchino - Ganadora

Canción original

‘Almost There’ de ‘The Princess and the Frog,’ Música y letra por Randy Newman
‘Down in New Orleans’ de ‘The Princess and the Frog,’ Música y letra por Randy Newman
‘Loin de Paname’ de ‘Paris 36,’ Música por Reinhardt Wagner Letra por Frank Thomas
‘Take It All’ de ‘Nine,’ Música y Letra por Maury Yeston
‘The Weary Kind’ de ‘Crazy Heart,’ Música y letra por Ryan Bingham y T Bone Burnett - Ganadora

Edición

‘Avatar’
‘District 9′
‘The Hurt Locker’ - Ganadora
‘Inglourious Basterds’
‘Precious’

Cinematografía

‘Avatar’ - Ganadora
‘Harry Potter and the Half-Blood Prince’
‘The Hurt Locker’
‘Inglourious Basterds’
‘The White Ribbon’

Cortometraje animado

‘French Roast’, Fabrice O. Joubert
‘Granny O’Grimm’s Sleeping Beauty’, Nicky Phelan and Darragh O’Connell
‘The Lady and the Reaper (La Dama y la Muerte)’, Javier Recio Gracia
‘Logorama’, Nicolas Schmerkin - Ganadora
‘A Matter of Loaf and Death’, Nick Park

Cortometraje no animado

‘The Door’ Juanita Wilson y James Flynn
‘Instead of Abracadabra’ Patrik Eklund y Mathias Fjellström ‘Kavi’ Gregg Helvey
‘Miracle Fish’ Luke Doolan y Drew Bailey
‘The New Tenants’ Joachim Back y Tivi Magnusson - Ganadora

Maquillaje

‘Il Divo’ Aldo Signoretti y Vittorio Sodano
‘Star Trek’ Barney Burman, Mindy Hall y Joel Harlow - Ganadora
‘The Young Victoria’ Jon Henry Gordon y Jenny Shircore

Dirección de Arte

‘Avatar’ - Ganadora
‘The Imaginarium of Doctor Parnassus’
‘Nine’
‘Sherlock Holmes’
‘The Young Victoria’

Vestuario

‘Bright Star’
‘Coco Before Chanel’
‘The Imaginarium of Doctor Parnassus’
‘Nine’
‘The Young Victoria’ – Ganadora

http://oscar.go.com/oscar-night/winners

http://www.celestrellas.com/premios-oscar/

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Mar 08 2010

CHILE, relato de un náufrago

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He aquí el litoral de la isla Robinson Crusoe desde uno de sus cerros, en una imagen tomada en diciembre de 2009, y el retrato de Miguel Rojas, quien relata sus vivencias de la madrugada del pasado 27 de febrero, cuando un ‘tsunami’ devastó el archipiélago minutos después del terremoto que asoló la parte central del Chile continental

Días después del devastador ‘tsunami’ que arrasó la isla chilena Robinson Crusoe, Miguel Rojas relata los horrores y milagros de sus vecinos supervivientes de San Juan Bautista. Otros muchos no pudieron contarlo. La ola se llevó a ocho personas y otras tantas siguen desaparecidas. A salvo, con su familia en Santiago de Chile, Miguel recoge los testimonios de los náufragos del siglo XXI

“Eran las 3.40 de la madrugada cuando sentimos un temblor suave. De inmediato, suena el teléfono. Preguntaban por Paula, la bióloga marina que estaba alojada en mi casa junto a tres compañeros más. En la conversación telefónica, el padre de Paula le dice que ha habido un terremoto en el continente y que suba unos 50 metros al cerro para quedarse él más tranquilo. Paula no nos cuenta esta conversación y se acuesta nuevamente. No supimos lo que le dijo su padre hasta que vimos a éste por la televisión donde lo contaba en una entrevista. Yo me fui a acostar. Seguí inquieto hasta que sonó el gong a las 4.20 más o menos. En ese momento, miro por el ventanal de mi casa y veo que la cancha de fútbol que está a unos 80 metros de mi casa estaba cubierta de agua. Fue la primera ola, la primera llenada de mar. No le dije nada a mi mujer para que no le entrara el pánico. Le dije que se vistiera rápido y vestimos a nuestro hijo, todo muy rápido. Saqué la linterna que siempre dejaba colgada junto a la puerta y cogí el mando de la televisión para quitarle las pilas. Estaba oscuro, se había ido la luz. Entonces vimos que venía la segunda ola, grande, con mucha fuerza. Grité a los biólogos; Florian, Richard, Luis y Paula.

-¡Corran güevón, el agua esta en la cancha! -les grité, y reaccionaron conmigo y corrimos. Paula se volvió a buscar algo. Mi hijo corría como una gacela, tiene 8 años y se llama Cristóbal. ‘¡Corre, corre Cristóbal, corre!’, le dije, y no paró de correr. Cuando estábamos corriendo frente al Restaurante Cumberland vimos que la ola venía a unos 60 metros de la polvora [el camino de evacuación] en dirección a nosotros. Teníamos que correr más rápido. Llegamos a una especie de cortafuegos y empezamos a subir. Mi hijo iba por delante; estaba ya lejos, pero las mujeres, Paula y mi mujer Mariela, estaban retrasadas. Me detengo y miro hacia atrás. La ola estaba a unos 5 metros de mi mujer y Paula no estaba. Los cables eléctricos se cortaban a nuestras espaldas. En ese momento, me percaté de que era un monstruo de 200 metros de ancho por 15 de altura lleno de escombros y que rugía como mil demonios comiéndose todo a su paso. Cuando llegaron al cerro todos vomitaron todo lo que comieron. Ismael, el novio de Paula, se volvió a buscarla pero no la encontró hasta el otro día, a unos 100 metros de donde se la llevó la ola. Fue desgarrador reconocer el cadáver, rompimos a llorar sobre ella. Me ponía en el lugar de Ismael y me sentía afortunado porque los míos estaban vivos.

Cuando estábamos saliendo de la casa y les gritaba a los biólogos, Marcelo Rossi, propietario de una hostería, y su familia, intentaban escapar en su camioneta pero la primera ola los atrapó y se llevó a su mujer. Los niños y Marcelo quedaron en el interior de la camioneta. Esta empezó a subir por la fuerza del mar y cuando estaban flotando a unos 5 metros arrojó a su hijo a los brazos de Leopoldo, el alcalde de San Juan Bautista, que es vecino. El mar se recogió pero no podía salir de la camioneta. Llegó la segunda ola y lo levantó nuevamente, esta vez más alto, unos 10 metros. Salió de la camioneta, se agarró a una rama pero su hija seguía en la camioneta. Se lanzó sobre ella y trató de romper los cristales pero no lo logró. Se da cuenta de que la otra puerta estaba abierta y saca a su hija que estaba aguantando la respiración. Logra agarrarse a un árbol. Mientras, el mar se enfurece aún más, la camioneta se eleva y se queda sobre un árbol a unos 12 metros de altura. El resto de las personas de las casas vecinas escapaban por los cerros, salvo una pareja de ancianos que murieron juntos en el mar.

Con la primera ola, Pedro Niada, su mujer con sus dos hijos, más un amigo de ellos, Matías, dormían en el Pez Volador, su hostería. Despertaron en medio de la bahía rodeados de agua. La casa se parte por la mitad pero no se separa, se quedaron en la hendidura que se formó. Trataron de subir y llegar a una ventana del segundo piso y así pudieron agarrarse a un bote que había al lado y se lanzaron al mar. Estaban casi desnudos, llegaron al bote y se subieron. Entonces llegó la segunda ola y el bote empezó a dar vueltas y los fue a dejar a la playa a unos 500 metros de donde estaban al principio. En el momento de la primera ola, había una fiesta de despedida en el Marenostrum. Les pilló y empezaron a correr. Germán, el dueño del local, se quedó el último y se lo llevó el mar. Se subió al bote El Galileo y arrancó el motor y se así pudo recoger a personas del agua, entre ellos, la mujer de Marcelo Rossi y a Ilka Paulentz, curiosamente la dueña del bote.

Más al norte estaba la hostería Martínez Green en donde vivía Joaquín, más conocido como Puntito por su pequeño tamaño. Su madre tuvo la mala suerte de elegir lo peor que hacer en estos casos y se escondió bajo la cama con Joaquín y Pablo, sus hijos menores. El mar se llevó al más pequeño y no se supo nada de él. Mientras se escondían bajo la cama, Martina golpeaba el gong aterrada porque no salía su familia de su casa. Ella estaba inquieta por el temblor que ocurrió 35 o 40 minutos antes y alertó a su familia pero no le hicieron caso. Martina se vistió y llenó una mochila con ropa y vio por la ventana que subía el mar. Despertó a su papá y fue a tocar el gong que estaba a unos 60 metros. Cuando salieron de su casa, Ignacio Maturana, cabo primero de carabineros relevó a Martina y le dijo que corriese al cerro. Con lágrimas en sus ojos golpeó el gong con más violencia aún viendo como llegaba la segunda ola, devastadora. Empezó a correr cuando calculó que la ola no le atraparía.

En la zona del cementerio, una de las más afectadas por el tsunami, Chicho, el pescador que construyó su casa con botellas, escucha ruidos y se despierta. Ve el agua en la cancha de fútbol y corre a alertar a sus vecinos. Los despierta y se sube a un eucalipto. Ahí se quedó cuando llegó la segunda ola y vio como se destruía todo. Manique, uno de sus vecinos, lloraba porque el mar le arrancó a su hijo Javier de las manos. Lo mismo le pasaba a Omar con su hija Axa, y a Danilo con su hija Maite. Mucha gente más se salvó al subir corriendo a los cerros porque escuchó el gong que tocó Martina. Estos son los horrores y milagros que no quiero volver a vivir nunca más”.

MIGUEL ROJAS 08/03/2010 Tomado de El País

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Mar 08 2010

LOS PELIGROS QUE NOS AMENAZAN

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“Tres hechos ocurrieron en solo 71 días, que la humanidad no puede pasar por alto”.

No se trata de una cuestión ideológica relacionada con la esperanza irremediable de que un mundo mejor es y debe ser posible.

Es conocido que el homo sapiens existe desde hace aproximadamente 200 mil años, lo que equivale a un minúsculo espacio del tiempo transcurrido desde que surgieron las primeras formas de vida elementales en nuestro planeta hace alrededor de tres mil millones de años.

Las respuestas ante los insondables misterios de la vida y la naturaleza han sido fundamentalmente de carácter religioso. Carecería de sentido pretender que fuese de otra forma, y tengo la convicción de que nunca dejará de ser así. Mientras más profundiza la ciencia en la explicación del universo, el espacio, el tiempo, la materia y la energía, las infinitas galaxias y las teorías sobre el origen de las constelaciones y estrellas, los átomos y fracciones de los mismos que dieron origen a la vida y la brevedad de la misma, y los millones y millones de combinaciones por segundo que rigen su existencia, más preguntas se hará el hombre en busca de explicaciones que serán cada vez más complejas y difíciles.

Mientras más se enfrascan los seres humanos en buscar respuestas a tan profundas y complejas tareas que se relacionan con la inteligencia, más valdrán la pena los esfuerzos por sacarlos de su colosal ignorancia sobre las posibilidades reales de lo que nuestra especie inteligente ha creado y es capaz de crear. Vivir e ignorarlo es la negación total de nuestra condición humana.

Algo, sin embargo, es absolutamente cierto, muy pocos se imaginan cuán cerca puede estar la desaparición de nuestra especie. Hace casi 20 años, en una Cumbre Mundial sobre el Medio Ambiente en Río de Janeiro, abordé ese peligro ante un público selecto de Jefes de Estado y de Gobierno que escuchó con respeto e interés, aunque nada preocupado por el riesgo que veía a distancia de siglos, tal vez milenios. Para ellos, con seguridad, la tecnología y la ciencia, más un sentido elemental de responsabilidad política, serían capaces de enfrentarlo. Con una gran foto de personajes importantes, los más poderosos e influyentes entre ellos, concluyó feliz aquella importante Cumbre. No había peligro alguno.

Del cambio climático apenas se hablaba. George Bush, padre, y otros relumbrantes líderes de la Alianza Atlántica, disfrutaban la victoria sobre el campo socialista europeo. La Unión Soviética fue desintegrada y arruinada. Un inmenso caudal del dinero ruso pasó a los bancos occidentales, su economía se desintegró, y su escudo defensivo frente a las bases militares de la OTAN, había sido desmantelado.

A la antigua superpotencia que aportó la vida de más de 25 millones de sus hijos en la segunda guerra mundial, le quedó solo la capacidad de respuesta estratégica del poder nuclear, que se había visto obligada a crear después que Estados Unidos desarrolló en secreto el arma atómica lanzada sobre dos ciudades japonesas, cuando el adversario vencido por el avance incontenible de las fuerzas aliadas no estaba ya en condiciones de combatir.

Se inició así la Guerra Fría y la fabricación de miles de armas termonucleares, cada vez más destructivas y precisas, capaces de aniquilar varias veces la población del planeta. El enfrentamiento nuclear sin embargo continuó, las armas se hicieron cada vez más precisas y destructivas. Rusia no se resigna al mundo unipolar que pretende imponer Washington. Otras naciones como China, India y Brasil emergen con inusitada fuerza económica.

Por primera vez, la especie humana, en un mundo globalizado y repleto de contradicciones, ha creado la capacidad de destruirse a sí misma. A ello se añaden armas de crueldad sin precedentes, como las bacteriológicas y químicas, las de napalm y fósforo vivo, que son usadas contra la población civil y disfrutan de total impunidad, las electromagnéticas y otras formas de exterminio. Ningún rincón en las profundidades de la tierra o de los mares quedaría fuera del alcance de los actuales medios de guerra.

Se conoce que por estas vías han sido creados decenas de miles de artefactos nucleares, incluso de carácter portátil.

El mayor peligro deriva de la decisión de líderes con tales facultades en la toma de decisión, que el error y la locura, tan frecuentes en la naturaleza humana, pueden conducir a increíbles catástrofes.

Han transcurrido casi 65 años desde que estallaron los dos primeros artefactos nucleares, por la decisión de un sujeto mediocre que tras la muerte de Roosevelt quedó al mando de la poderosa y rica potencia norteamericana. Hoy son ocho los países que, en su mayoría por el apoyo de Estados Unidos, disponen de esas armas, y varios más disfrutan de la tecnología y los recursos para fabricarlas en un mínimo de tiempo. Grupos terroristas, enajenados por el odio, podrían ser capaces de acudir a ellas, del mismo modo que gobiernos terroristas e irresponsables no vacilarían en usarlas dada su conducta genocida e incontrolable.

La industria militar es la más próspera de todas y Estados Unidos el mayor exportador de armas.

Si de todos los riesgos mencionados se libera nuestra especie, existe uno todavía mayor, o al menos más ineludible: el cambio climático.

La humanidad cuenta hoy con siete mil millones de habitantes, y pronto, en un plazo de 40 años, alcanzará nueve mil millones, una cifra nueve veces mayor que hace apenas 200 años. En tiempos de la antigua Grecia, me atrevo a suponer que éramos alrededor de 40 veces menos en todo el planeta.

Lo asombroso de nuestra época es la contradicción entre la ideología burguesa imperialista y la supervivencia de la especie. No se trata ya de que exista la justicia entre los seres humanos, hoy más que posible e irrenunciable; sino del derecho y las posibilidades de supervivencia de los mismos.

Cuando el horizonte de los conocimientos se amplía hasta límites jamás concebidos, más se acerca el abismo adonde la humanidad es conducida. Todos los sufrimientos conocidos hasta hoy son apenas sombra de lo que la humanidad pueda tener por delante.

Tres hechos ocurrieron en solo 71 días, que la humanidad no puede pasar por alto.

El 18 de diciembre de 2009, la comunidad internacional sufrió el mayor descalabro de la historia, en su intento de buscar solución al más grave problema que amenaza el mundo en este instante: la necesidad de poner fin con toda urgencia a los gases de efecto invernadero que están provocando el más grave problema enfrentado hasta hoy por la humanidad. Todas las esperanzas habían sido puestas en la Cumbre de Copenhague después de años de preparación con posterioridad al Protocolo de Kyoto, que el Gobierno de Estados Unidos -el más grande contaminador del mundo- se había dado el lujo de ignorar. El resto de la comunidad mundial, 192 países, esta vez incluyendo a Estados Unidos, se habían comprometido a promover un nuevo acuerdo. Fue tan vergonzoso el intento norteamericano de imponer sus intereses hegemónicos que, violando elementales principios democráticos, intentó establecer condiciones inaceptables para el resto del mundo de forma antidemocrática, en virtud de compromisos bilaterales con un grupo de los países más influyentes de las Naciones Unidas.

A los Estados que integran la organización internacional se les invitó a firmar un documento que constituye una burla, en el que se habla de aportes futuros meramente teóricos para frenar el cambio climático.

No habían transcurrido todavía tres semanas cuando, al atardecer del 12 de enero, Haití, el país más pobre del hemisferio y el primero en poner fin al odioso sistema de la esclavitud, sufrió la mayor catástrofe natural en la historia conocida de esta parte del mundo: un terremoto de 7,3 grados en la escala Richter, a solo 10 kilómetros de profundidad y a muy corta distancia de la orilla de sus costas, golpeó la capital del país, en cuyas débiles casas de barro vivían la inmensa mayoría de las personas que resultaron muertas o desaparecidas. Un país montañoso y erosionado de 27 mil kilómetros cuadrados, donde la leña constituye prácticamente la única fuente de combustible doméstica para nueve millones de personas.

Si en algún lugar del planeta una catástrofe natural ha constituido una inmensa tragedia era Haití, símbolo de pobreza y subdesarrollo, donde viven los descendientes trasladados de África por los colonialistas para trabajar como esclavos de los amos blancos.

El hecho conmocionó al mundo en todos los rincones del planeta, estremecido por las imágenes fílmicas divulgadas que rayaban en lo increíble. Los heridos, sangrantes y graves, se movían entre los cadáveres clamando por auxilio. Bajo los escombros yacían los cuerpos de sus seres queridos sin vida. El número de víctimas mortales, según cálculos oficiales, superó las 200 mil personas.

El país ya estaba intervenido por fuerzas de la MINUSTAH, que las Naciones Unidas enviaron para restablecer el orden subvertido por fuerzas mercenarias haitianas que, instigadas por el Gobierno de Bush, se lanzaron contra el Gobierno elegido por el pueblo haitiano. Algunos edificios donde moraban soldados y jefes de las fuerzas de paz también se desplomaron, causando dolorosas víctimas.

Los partes oficiales estiman que, aparte de los muertos, alrededor de 400 mil haitianos fueron heridos y varios millones, casi la mitad de la población total, sufrieron afectaciones. Era una verdadera prueba para la comunidad mundial, que después de la bochornosa Cumbre de Dinamarca estaba en el deber de mostrar que los países desarrollados y ricos serían capaces de enfrentar las amenazas del cambio climático a la vida en nuestro planeta. Haití debe constituir un ejemplo de lo que los países ricos deben hacer por las naciones del Tercer Mundo ante el cambio climático.

Se puede creer o no, desafiando los datos, a mi juicio irrebatibles, de los más serios científicos del planeta y la inmensa mayoría de las personas más instruidas y serias del mundo, quienes piensan que al ritmo actual de calentamiento, los gases de efecto invernadero elevarán la temperatura no sólo 1,5 grados, sino hasta 5 grados, y que ya la temperatura media es la más alta en los últimos 600 mil años, mucho antes de que los seres humanos existieran como especie en el planeta.

Es absolutamente impensable que nueve mil millones de seres humanos que habitarán el mundo en el 2050 puedan sobrevivir a semejante catástrofe. Queda la esperanza de que la propia ciencia encuentre solución al problema de la energía que hoy obliga a consumir en 100 años más el resto del combustible gaseoso, líquido y sólido que la naturaleza tardó 400 millones de años en crear. La ciencia tal vez puede encontrar solución a la energía necesaria. La cuestión sería saber cuánto tiempo y a qué costo los seres humanos podrán enfrentar el problema, que no es el único, ya que otros muchos minerales no renovables y graves problemas requieren solución. De una cosa podemos estar seguros, a partir de todos los conceptos hoy conocidos: la estrella más próxima está a cuatro años luz de nuestro Sol, a una velocidad de 300 mil kilómetros por segundo. Una nave espacial tal vez recorra esa distancia en miles de años. El ser humano no tiene otra alternativa que vivir en este planeta.

Parecería innecesario abordar el tema si a solo 54 días del terremoto de Haití, otro increíble sismo de 8,8 grados de la escala Richter, cuyo epicentro estaba a 150 kilómetros de distancia y 47,4 de profundidad al noroeste de la ciudad de Concepción, no ocasionara otra catástrofe humana en Chile. No fue el mayor de la historia en ese hermano país, se dice que otro alcanzó 9 grados, pero esta vez no fue solo un fenómeno de efecto sísmico; mientras en Haití durante horas se esperó un maremoto que no se produjo, en Chile el terremoto fue seguido por un enorme tsunami, que apareció en sus costas entre casi 30 minutos y una hora después, según la distancia y datos que todavía no se conocen con toda precisión y cuyas olas llegaron hasta Japón. De no ser por la experiencia chilena frente a los terremotos, sus construcciones más sólidas y sus mayores recursos, el fenómeno natural habría costado la vida a decenas de miles o tal vez cientos de miles de personas. No por ello dejó de ocasionar alrededor de mil víctimas mortales, según datos oficiales divulgados, miles de heridos y tal vez más de dos millones de personas sufrieron daños materiales. Casi la totalidad de su población de 17 millones 94 mil 275 habitantes, sufrió terriblemente y aún padece las consecuencias del sismo que duró más de dos minutos, sus reiteradas réplicas, y las terribles escenas y sufrimientos que dejó el tsunami a lo largo de sus miles de kilómetros de costa. Nuestra Patria se solidariza plenamente y apoya moralmente el esfuerzo material que la comunidad internacional está en el deber de ofrecerle a Chile. Si algo estuviera en nuestras manos, desde el punto de vista humano, por el hermano pueblo chileno, el pueblo de Cuba no vacilaría en hacerlo.

Pienso que la comunidad internacional está en el deber de informar con objetividad la tragedia sufrida por ambos pueblos. Sería cruel, injusto e irresponsable dejar de educar a los pueblos del mundo sobre los peligros que nos amenazan.

¡Que la verdad prevalezca por encima de la mezquindad y las mentiras con que el imperialismo engaña y confunde a los pueblos!

Fidel Castro Ruz

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