América despierta

Otro punto de vista sobre estas latitudes

Archive for Marzo 1st, 2010

Mar 01 2010

LO ÚLTIMO DE CHILE Y UN POEMA DE NERUDA

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El estado de excepción decretado en Chile y la preeminencia de altos mandos militares al frente de los operativos, dijo la presidenta que vemos en la foto durante un recorrido, es para garantizar “la tranquilidad y el orden”.

El Instituto Geológico de Estados Unidos informó que el domingo por la noche tres nuevas replicas de 5,8, 5,4 y 5,1 en la escala de Richter sacudieron nuevamente a las dos zonas chilenas más castigadas por el terremoto del pasado sábado 27 de Febrero: los departamentos de Maule y Biobío

Las dos más potentes se registraron a las 23:44 horas locales (02:44 GMT) y 22:10 (01:10 GMT) respectivamente, a 95 y 30 kilómetros de Talca, en la región del Maule. El epicentro del primero fue localizado a 35 grados latitud sur y 72,6 grados longitud este, a 26 kilómetros de profundidad bajo el nivel del mar. El segundo se localizó a 35,1 grados latitud sur y 71,7 grados longitud este, a 42,6 kilómetros de profundidad bajo el nivel del mar.

El tercero de 5,1 grados, fue registrado a las 00:07 horas locales (03:07 GMT), a 80 kilómetros de Chillan, en la región de Bío Bío y su epicentro se localizó a 36,1 grados latitud sur y 72,7 grados longitud este, a 40 kilómetros de profundidad bajo el nivel del mar.

La presidenta, Michelle Bachelet, notificó que la cifra de muertos ya asciende a 708 (541 en Maule, 64 en Biobío y 103 en otras regiones) y anunció la declaratoria del estado de excepción por 30 días, que incluye toque de queda en Maule, así como en Biobío, en donde ya ocurrieron saqueos.

Añadió que es probable que siga creciendo el número de personas desaparecidas. Respecto a medidas como el estado de excepción y el nombramiento de altos militares en diversas labores y operativos dijo que se busca “garantizar el orden público y garantizar la entrega de ayuda humanitaria”.

Michelle Bachelet insistió en que su Gobierno “trabajará” sin descanso hasta el 11 de marzo, día en que debe entregar la banda presidencial al recién elegido Sebastián Piñera, el empresario multimillonario acusado de haber hecho su fortuna gracias a sus vínculos con el dictador Augusto Pinochet.

Es probable que hoy lunes se restablezcan los vuelos (nacionales e internacionales) y la energía eléctrica. También se trabaja con las Fuerzas Armadas chilenas para asegurar el abastecimiento de agua y para distribuir “dos millones de raciones diarias” de alimentos, aseguró la mandataria.

En tanto, el ministro de Defensa, Francisco Vidal, admitió que la Marina erró al descartar un maremoto en las costas del sur de Chile. “Afortunadamente cuando se produce la evaluación se activa el sistema que la propia unidad tiene, eso ayudó a salvar centenares, sino miles de personas”, dijo. “Con ese sistema, a pesar del error de diagnóstico, se pudo avisar y la gente pudo arrancar hacia los cerros (…) Sin ese aviso previo, tendríamos que lamentar más víctimas”, explicó.

Evidentemente mal informada, inmediatamente después del terremoto registrado a las 03H43 locales del sábado (06H34 GMT), la Bachelet descartó el tsunami y realizó llamados a la calma. No obstante, grandes olas asolaron a una amplia zona costera de las señaladas regiones del Maule y Biobío, epicentros del terremoto.

El error ha provocado una polémica entre la Armada y la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior (ONEMI) de Chile, cuya directora, Carmen Fernández, dijo sin cortapisas en referencia a la negativa de los militares sobre el tsunami: “Llámenlo como quieran, pero una gigantesca ola ha cubierto la isla de Juan Fernandez” como respuesta a quienes decían que no había Tsunamis ó Maremotos.

Lo cierto es que más de tres kilómetros de la costa hacia el interior quedaron totalmente destruidos. Cementerios, iglesias, recintos deportivos y el único colegio de la zona fueron reducidos a tablas sueltas y vidrios rotos. “Ha sido desolador, realmente sacado de una película de terror (…) nunca imaginé que tanto desastre podía afectarnos”, dijo Margot Salas, una lugareña.

La mala coordinación entre la ONEMIi y la Armada afectó no solo a Juan Fernández, sino a la mayor parte de la costa de las mentadas regiones de Maule y Bio Bío. La localidad de Iloca, por ejemplo, quedó destruida, y en el puerto de Talcahuano algunos barcos llegaron hasta la plaza de la ciudad. “Las embarcaciones están en los cerros y las casas en el mar, en Dichato”, dijo el alcalde de Tome.

Mientras, horas después del devastador sismo ocurrido en Chile, en Argentina dos personas murieron y varias resultaron heridas por un terremoto de magnitud 6,1 en la escala de Richter, cuyo epicentro se registró a unos 10 Km. al sur de la capital de la provincia de Salta, al norte del país y fronteriza con Chile.

Los salteños contaron que “primero se escuchó un ruido como de galope de caballos, como un tronar” y luego “comenzó a moverse todo.

Actualmente se evalúa el número de damnificados y los daños materiales que sufrió Salta, donde según la Defensa Civil argentina es la primera vez que se registra un movimiento de este tipo.

Por su parte en el paupérrimo y devastado Haití ya comenzaron fuertes lluvias, y como resultado de las inundaciones que han provocado, 13 personas murieron, 3 están desaparecidas y debieron ser evacuadas tres mil personas.

Varios barrios de Cayes (160 kilómetros al sur de Puerto Príncipe y una de las ciudades menos golpeadas por el sismo del 12 de enero) quedaron bajo el agua. “Decenas de personas debieron refugiarse en los tejados”, dijo un parlamentario en la zona.

Luego si persistía alguna duda, este fin de semana quedó claro que el mayor responsable de las grandes pérdidas humanas y materiales en la nación caribeña ha sido el gran nivel de pobreza allí existente desde antes . En Chile, aún cuando el número de víctimas y de pérdidas materiales seguirá subiendo, este terremoto, de mayor intensidad y por tanto aparentemente más destructor, no representará ni la quincuagésima parte del drama que está viviendo Haití.

(Redactado con informaciones de agencias noticiosas y de varios sitios Web)

No tan alto

Pablo Neruda

De cuando en cuando y a lo lejos

Hay que darse un baño de tumba.

Sin duda todo está muy bien

y todo está muy mal, sin duda.

Van y vienen los pasajeros,

crecen los niños y las calles,

por fin compramos la guitarra

que lloraba sola en la tienda.

Todo está bien, todo está mal.

Las copas se llenan y vuelven

naturalmente a estar vacías

y a veces en la madrugada,

se mueren misteriosamente.

Las copas y los que bebieron.

Hemos crecido tanto que ahora

no saludamos al vecino

y tantas mujeres nos aman

que no sabemos cómo hacerlo.

¡Qué ropas hermosas llevamos!

Y ¡qué importantes opiniones!

Conocí a un hombre amarillo

que se creía anaranjado

y a un negro vestido de rubio.

Se ven y se ven tantas cosas.

Vi festejados los ladrones

por caballeros impecables,

y esto se pasaba en inglés.

Y vi a los honrados, hambrientos,

buscando pan en la basura.

Yo sé que no me cree nadie.

Pero lo he visto con mis ojos.

Hay que darse un baño de tumba

y desde la tierra cerrada

mirar hacia arriba el orgullo.

Entonces se aprende a medir.

Se aprende a hablar, se aprende a ser.

Tal vez no seremos tan locos,

tal vez no seremos tan cuerdos.

Aprenderemos a morir.

A ser barro, a no tener ojos.

A ser apellido olvidado.

Hay unos poetas tan grandes

que no caben en una puerta

y unos negociantes veloces

que no recuerdan la pobreza.

Hay mujeres que no entrarán

por el ojo de una cebolla

y hay tantas cosas, tantas cosas,

y así son, y así no serán.

Si quieren no me crean nada.

Sólo quise enseñarles algo.

Yo soy profesor de la vida,

vago estudiante de la muerte

y si lo que sé no les sirve

no he dicho nada, sino todo.

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Mar 01 2010

Escalofriante experiencia de un periodista en Chile

n-chileno-es-rescatado-con-vida-desde-los-escombros-en-concepcionEn Concepción un hombre es rescatado con vida de entre los escombros de su vivienda

El peor terremoto de mi vida me despertó con el llanto de mi esposa y la perra muerta de miedo escondida debajo de las sabanas.

Me levanté como pude, a los tumbos, mientras mi departamento en Santiago aun se remecía y sentí en el suelo algo espeso, como arena. Era el enduido que se había desprendido del techo.

El piso del baño estaba inundado, como si el inodoro hubiera salido disparado a la sala.

Dejé a mi esposa en casa de unos amigos y partí en mi auto a Concepción, una de las ciudades más devastadas por el terremoto, sin saber si habría allí algo en pie porque el sismo la había dejado aislada.

Un viaje de Santiago a Concepción, que usualmente toma unas cinco horas, me llevó 15. Recién pude cargar combustible en la séptima gasolinera en la que intenté.

El panorama ya era desolador en Santiago, con puentes caídos, caminos cortados, incendios, camiones dentro de grietas y otros volcados.

La principal ruta al sur estaba bloqueada, pero me hice amigo de un hombre que también viajaba a Concepción y que conocía caminos alternativos. Nos fuimos en caravana.

Todo era un caos y esto recién empezaba. Tenía que ir manejando despacito y pasar entre grieta y grieta con la precisión de un cirujano. En la desesperación, dos autos chocaron y uno se incendió.

Yo pasé cuando un hombre movía las manos y pedía ayuda, la gente trató de ayudar con los extinguidores de los autos, pero fue en vano. Vimos morir a la gente en el camino.

Conforme avanzaba hacia el sur, las grietas en la carretera eran peores.

En la ruta, un grupo de turistas se sacaba fotos dentro de una grieta y en los pueblitos pequeños las casas de adobe estaban en el suelo y la gente trataba de limpiar lo que quedaba.

En medio de la desolación pensaba en mis hijos en Italia, José Antonio y Juan Francisco, y en la impotencia de no poder hablarles. Quería decirles que el papá estaba bien, pero las redes de telecomunicaciones estaban caídas. Tardé horas en hablar con ellos.

Al llegar a Concepción, ya había gente acampando junto a la ruta y otra que me ofrecía cualquier dinero por llevarlos a algún pueblo cercano a buscar a su familia.

Otras personas deambulaban perdidas, como fantasmas, con sus niños pequeños en brazos y en un carrito frazadas o alimentos.

El nivel de destrozos era impresionante. Edificios en el piso, casas destruidas. Un paisaje de desolación.

Sin tener donde dormir, no hubo más alternativa que pasar la noche en mi auto.

En una estación de servicio tuve el acierto de comprar un paquete de manzanas. Es todo lo que tengo para comer. Chicles, manzanas y una botellita de agua. Es mi tesoro mas preciado.

No hay posibilidad de ducharte, no hay posibilidad de lavarte los dientes y tampoco de ir al baño.

Mario Naranjo. Reuters. 28 Febrero 2010

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Mar 01 2010

El suicidio de un “disidente”

virusPor Atilio A. Boron

Haciendo una vez más gala de su proverbial falta de escrúpulos, El País de Madrid informó en su edición digital del 27 de febrero que “La disidencia cubana sigue movilizada por la muerte del prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo”. Afirmación tan rotunda como falsa.

Afortunadamente, una nota publicada por el prestigioso intelectual cubano Enrique Ubieta Gómez permite echar luz sobre este penoso episodio y desmontar la mentira urdida por el periódico madrileño. (http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/02/26/orlandozapatatamayolamuerte utildelacontrarrevolucion/). En ella se demuestra que el supuesto “prisionero de conciencia” no era tal; por eso nunca figuró en la lista de “prisioneros políticos” elaborada por la ya disuelta Comisión de Derechos Humanos de la ONU en 2003, reemplazada a causa de sus serios vicios y su manifiesta arbitrariedad al servicio de los intereses de los Estados Unidos por el Consejo de Derechos Humanos.

Entonces, ¿quién era Zapata Tamayo? La respuesta es bien simple: era un preso común con una frondosa carrera delictiva. Procesado por “violación de domicilio” (1993), “lesiones menos graves” (2000), “estafa” (2000), “lesiones y tenencia de arma blanca” (2000) entre otras causas que, como puede observarse, nada tienen que ver con la protesta política y sí con delitos comunes. La justicia cubana le concedió la libertad bajo fianza el 9 de marzo de 2003, pero pocos días después reincidía en sus delitos. Fue detenido y condenado a tres años de prisión. Pero, en esta ocasión, su sentencia se fue extendiendo a causa de su agresiva conducta en la cárcel. Allí se produce su milagrosa metamorfosis: el maleante repetidamente encarcelado por la comisión de numerosos delitos comunes se convierte en un ardiente ciudadano que decide consagrar su vida a la promoción de la “libertad” y la “democracia” en Cuba. Astutamente reclutado por sectores de la “disidencia política” cubana, siempre deseosa de contar con un mártir en sus magras filas, se lo impulsó irresponsablemente y con total desprecio de su persona a llevar a cabo una huelga de hambre hasta el final, a cambio de quién sabe cuáles promesas o contrapartidas de todo tipo, que seguramente el paso del tiempo no tardará en aclarar.

El caso de esta víctima es aleccionador del talante moral de quienes pugnan por lograr el “cambio de régimen” en Cuba; también de la catadura moral de medios como El País, y otros similares, que ponen su inmenso poder mediático, formador y deformador de conciencias, al servicio de las más innobles causas. Nada dicen, por ejemplo, de que la desgraciada vida del suicida fue vilmente manipulada por la “disidencia” y sus mandantes, que pretenden hacer pasar por un “preso de conciencia” a quien no fue otra cosa que un delincuente común. También ocultan que la sedicente “disidencia política” es, en realidad, algo bien distinto: un grupo de individuos que fueron filmados mientras recibían importantes sumas de dinero en la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana para financiar sus actividades subversivas de la constitución y las leyes de la república. Es decir, para trabajar conjuntamente con el gobierno de un país que hace medio siglo le ha declarado la guerra a Cuba, que mantiene contra esa isla un bloqueo criminal unánimemente condenado por la comunidad internacional y que ha hecho más de seiscientos intentos de asesinar al líder de la revolución cubana. ¿Cómo reaccionaría Washington si hoy sorprendiera a un grupo de sus ciudadanos recibiendo generosas sumas de dinero, equipos de comunicación y consejos prácticos acerca de cómo derrocar al gobierno de Estados Unidos en la embajada de Afganistán en Washington? ¿Hubiera considerado El País a esos subversivos como “disidentes políticos” o como traidores a su patria? Además, a diferencia de lo ocurrido con los mercenarios cubanos, lo más probable es que los estadounidenses hubieran sido inmediatamente ejecutados, acusados del delito de traición a la patria por su desembozada y antipatriótica colaboración con una potencia agresora.

Pero nada de eso ocurre en Cuba. Y nada de esto se informa a la opinión pública mundial. No hay en la isla cárceles secretas, ni legalización de la tortura, ni traslado de prisioneros para ser torturados en terceros países, ni desaparecidos, ni vuelos ilegales, ni detenciones arbitrarias sin plazos ni juicios y tantas otras prácticas que rutinariamente se llevan a cabo en las mazmorras estadounidenses y que son sistemáticamente silenciadas y ocultadas por la “prensa seria” cuya supuesta misión es informar. Para la prensa del imperio, como El País, todas estas son minucias sin importancia. Negocios son negocios y si hay que mentir se miente una y cien veces con la certeza que otorga la impunidad que le confiere la indefensión, la credulidad o la apatía de sus lectores, aletargados por la propaganda y cuidadosamente desinformados y embrutecidos por los grandes medios. En un luminoso pasaje de El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte Marx decía que, ante su orfandad, la contrarrevolución bonapartista extraía sus cuadros y sus héroes del lumpenproletariado de París. Lo mismo ocurre en nuestros días con los autoproclamados adalides de las libertades y la democracia en Cuba y sus compinches en la “prensa seria” internacional. Por eso, si es necesario decir que Barrabás era Jesucristo, se dice. Y si hay que decir que Zapata Tamayo era un “prisionero de conciencia” se dice y sanseacabó.

* Politólogo argentino

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Mar 01 2010

A propósito de los terremotos

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El mundo al atardecer…..

De los temblores

Por Juan Sasturain

Ni la escala de Richter, ni lo que se mide según Mercalli, ni la consabida explicación de las placas que, como las tardías ecografías de nuestros pulmones traidores, nos cuentan (tarde y mal) lo irremediable. No es cuestión de medir, ni explicar, sino de entender. Y no hay caso. Porque simplemente duele y no se entiende.

No podemos escribir sin temor ni pudor sobre el lenguaje de la tierra, del que nada sabemos; en principio no recibimos sino algunas frases entrecortadas, gestos bruscos, empujones, aparentes exabruptos. Y no alcanza para entender qué quiere decir, si es que quiere algo. La tierra (nos) insulta o se queja, parece. En realidad, monologa o tiene convulsiones, se revuelve dormida, algo le pasa, pero –a diferencia del tiempo– nunca decimos que está loca. Se expresa, pero no comunica. Nos enteramos de su malhumor o suponemos su inquietud, pero ignoramos el origen, el sentido. La tierra es taciturna. No como el cambiante cielo aparatoso, de gestos amplios y explícitos, tan elocuente y decodificable. Y no por nada devenido, interpretado Cielo, el lugar donde finalmente, nos guste o no, se supone que se entiende. Esto de abajo, de la tierra, no.

El horizonte parte en dos el lenguaje.

En realidad, a falta de otra cosa sólo podemos usar referencias metafóricas y echamos mano, por simple analogía, a los gestos espontáneos, involuntarios de nuestro cuerpo, ese pedazo de tierra que tenemos tan cerca, tan inescrutable en su lenguaje como la Madre a la que volveremos. Preguntar por las razones de la Tierra es preguntar por las razones del cuerpo.

La Tierra, como el cuerpo, está ahí. Son lo/la que no habla y, mientras se callen, contamos con ellos: somos (parte de) él/ella; son parte nuestra.

El cuerpo tiembla, se suelta, se manda solo –con dolor suyo o nuestro, o no– al menos por cinco razones: clínicamente, de fiebre; animalmente –si cabe– de frío o de miedo; sentimentalmente, de amor o de furia contenida. Y siempre “de nervios”, claro, de ansiedad: por la espera o por no saber, que es lo mismo.

El que espera depende del tiempo más o menos loco; el que espera no sabe y está enfermo, porque espera saber. No debe ser casual que en castellano el tiempo sea también el clima, el discurso elocuente, arbitrario y seductor, del cielo. La tierra habitualmente calla, espera que el cielo, el clima, el tiempo le hablen: tiembla de ansiedad.

Quiero decir, para entendernos sin consuelo: es cosa de ellos. Nos hemos cruzado, quedamos en medio de una conversación de pareja que nos ignora. Un diálogo de sordos, una discusión infinita en la que, como bien se sabe, siempre el que la liga es el que queda en el medio. Cielo y tierra (ver los viejos cuentos del origen) alguna vez se separaron y así estamos, del lado de ella –rumiante y taciturna, imprevisible de furias–; como en tantas separaciones, nos tocó quedarnos con la madre.

El (último) error es creer que hablan de nosotros: no somos el tema de este tramo de la discusión que empezó cuando él se fue, con la caída en el tiempo; no somos un modo del maquillaje infructuoso de ella, no somos los culpables como nos gustaría, ni siquiera el motivo ni los rehenes de un rencor infinito. La tierra tiembla de furia y de nervios, cansada de esperar. Y tiembla porque le duele; o le duele y hace doler al temblar. Típico.

Convidados de goma, sin voz ni voto, somos la hormiga que camina sobre la superficie del guante del campeón, la bacteria que vive en la saliva de escupida inminente, el microorganismo que escucha rumores, siente el vértigo, y se va literalmente a la mierda, los apiñados piojos en la ominosa costura.

Tomado de PAGINA12

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