América despierta

Otro punto de vista sobre estas latitudes

Feb 07 2010

Haití es un país al que la naturaleza le ha roto la espalda

Published by Maggie at 10:44 AM under En Nuestra América, En Órbita, General

jon-lee-anderson-admitio-que-vio-cosas-en-puerto-principe-que-no-se-atrevio-e-escribir

Interesante entrevista de LA GACETA, de Tucumán, Argentina, al periodista Jon Lee Anderson de la revista “The New Yorker”

El 13 de enero, al levantarse, comenzó a ver las noticias que llegaban desde Haití sobre el terremoto. De inmediato, envió un e-mail a su editor del prestigioso The New Yorker en el que decía: “creo que debemos cubrirlo y yo me apunto”. Al final del día se aprobó su viaje y a la madrugada del 14 ya estaba rumbo a Puerto Príncipe, la devastada capital haitiana. Jon Lee Anderson es un periodista estadounidense especializado en temas latinoamericanos. Entre sus trabajos se incluyen la cobertura de conflictos bélicos en Medio Oriente y en Centroamérica. Ha visto muertes, horror y caos. Sin embargo, en Haití el destino le deparó una sorpresa que lo dejó perplejo. El autor del libro “Che, una vida revolucionaria”, conversó sobre sus vivencias en Haití, al que definió como un país al que la naturaleza le ha roto la espalda.

- Después de esta última catástrofe, ¿cree que Haití pueda resurgir o ha visto una sociedad aplastada?

- Espero que pueda levantarse, pero va a requerir ayuda de toda la comunidad internacional. Es el país más pobre del hemisferio; así que requiere una atención especial. Yo tengo recelos respecto del futuro, y no hay nada en la historia que me dé señales de buenos augurios; por eso mismo requiere una decisión y una acción especial para atenderlo; para realmente cambiar las pautas, porque si no va a seguir adelante tal como ha ido hasta ahora y quizás peor.

- ¿Es una obligación moral la ayuda extranjera?

- Haití es importante, porque es nuestro fusible, el de todos, que es lo que pasa cuando una sociedad sucumbe a sus injusticias y fragilidades. Todos tenemos aspectos de Haití en nuestras sociedades. La pobreza, la injusticia social, la fuga de dinero y de intelectuales, y ha sido un país golpeado. Es como la tormenta perfecta de todos esos lastres. Todo y hasta la naturaleza, finalmente, le han roto la espalda. Tenemos que ayudar a ese país a levantarse de la cama.

- Usted tiene experiencia en guerras, ha visto muchas cosas en Afganistán. ¿Vio algo en Haití que lo lleve a decir “esto no se puede contar y quizás ni siquiera fotografiar, porque roza la dignidad humana”?

- Fíjate que sí. Encontré una pareja que estaba muerta en el acto de hacer el amor. Y estaban expuestos a la luz pública, literalmente aplastados uno encima del otro en la esquina de un hotel de momento (albergue transitorio). Expuestos totalmente. Eso no lo he escrito. O sea era un momento privado… aparte de comentarlo… no sé… es curioso. Yo me di cuenta de que estaba viendo… por más que estaban muertos, estaba viendo a dos personas en su intimidad, no era para mí mirar más que eso. Hay que saber cuál es el límite de uno.

- Usted tenía pensado ir a Afganistán a preparar la primera pieza de este año, pero sorpresivamente giró hacia Haití a causa de esta tragedia…

- Sí. Al despertarme el día 13 (de enero) entendí que esto era muy gordo, muy gordo. Intuía que iba más allá de un desastre normal. No soy un… no corro detrás de las ambulancias ni soy alguien que va a todas las catástrofes, pero lo de Haití me inspiró.

- El tiempo le dio la razón. Esa fue una decisión acertada.

-Sí, porque, claro, la primera noticia era que el Palacio Nacional había colapsado. Cuando suceden cosas así se trata de algo muy fuerte, y yo siempre me había quedado con las ganas de ir a Haití y una sensación de negligencia por no haber ido. Durante años había planteado ir a Haití, pero nunca se había cuajado por una razón u otra. Entonces tenía una sensación de necesidad de ir a ese país desde hacía rato. Eso mismo, quizá, me impulsó a querer ir allá y ser testigo… y acompañar a la población en ese momento.

Tenemos que ayudar a Haití a levantarse

El trabajo de Jon Lee Anderson es tomado como modelo de un estilo periodístico. Suele pintar retratos de sus entrevistados con concisión en las descripciones y agudeza política en los comentarios y una concepción literaria del discurso periodístico. Apenas ocurrido el atentado del 11S, Jon Lee Anderson viajó a Afganistán para contar cómo cambió el mundo tras el ataque a las Torres Gemelas. Esta vez, el destino hizo que pasara su cumpleaños en Haití, lejos de su familia. “Cumplí el 17, pero no lo celebré”, dijo. Anderson hace hincapié en la necesidad de ayuda internacional para el país caribeño, y advirtió: “tenemos que ayudar a Haití a levantarse de la cama”.

Así cuenta Jon Lee Anderson lo que vio, pensó y sintió. Esta es una versión abreviada.

——————————————————————————-

La llegada

“Nunca había estado en Haití, pero tenía una conexión especial con ese país. Mi familia vivió allí y mi hermana mayor es haitiana, Michelle Dominique. Me críe con historias de ese país. Desde que escribo en New Yorker había planteado viajar allá por lo menos en tres oportunidades. Fue un despelote llegar a Puerto Príncipe. Recurrí a mi único contacto en el lugar, un chofer amigo de una amiga, un ‘arreglalotodo’, un hombre de calle llamado Lionel, que actuó en Silence of the lambs. La primera noche nos metimos en líos, había saqueadores, tipos con puñales. Volvimos al aeropuerto y decidimos replegarnos. Luego Lionel empezó a guiarme por la ciudad”.

Primera imagen

“Gente caminando por todos lados. Mucha gente en fila, en hileras. Gente portando cosas, buscando cosas, llevando sus pertenencias, saliendo al campo. Cuando están en un drama así, las personas no tienen caras dramáticas. Tienen caras fijas, sin expresión. Estoicas. Estaban en shock colectivo. Era curioso, porque si no conocías a la sociedad debías imaginar cómo eran normalmente. Solo varios días después me di cuenta de que son muy expresivos. Los ves llorando, gritando, hablando, riendo. Muy animados. Pero ese primer día no había expresividad”.

La ciudad

“Salí a conocer la ciudad. Puerto Príncipe era originalmente una ciudad en una posición bella. Tiene la geografía de una isla. Es una península elevada que está como en el codo de una bahía angular. Como todas las ciudades de América Latina, se ha llenado de barriadas. Es una ciudad con encanto, con esa inspiración francesa en los edificios que, justamente, fue lo que quedó machucado. Lo que quedó del centro está arruinado. Hay un área de las famosas ‘gingerbread houses’, casi mansiones de juguete, de hojalata y madera, muy lindas, muy trópico, como perdidas en el tiempo. Esas se cayeron menos. Las que se arruinaron fueron las casas de hormigón hechas de los años 50 para acá”.

Intimidad de la muerte

“Hay una estampa de la que no escribí. Los terremotos arrojan escenas duras, pero nunca había visto algo así. Era un hotel de momento, en el centro, que se había machucado con un hombre encima de una mujer. Se veía su silueta. Era visible la mitad de sus cuerpos aplastados. Hay una intimidad en la muerte, como el caso de la pareja haitiana, momentos privados que no deben ser exhibidos”.

El horror

“El terremoto de México fue la primera catástrofe que cubrí. Y fue muy emotivo. Esta vez no salí en busca de lo mismo. Sin darme cuenta, evité los salvamentos de niños. Me detuve por momentos donde buscaban gente, pero el dolor de los que esperaban es demasiado. Intentar compartirlo te penetra y es desolador. Esta vez intenté adquirir una noción más allá del terremoto. Era arrolladora la realidad que tenías enfrente. La inseguridad de una guerra desplaza a las personas, pero tiene una lógica, por cruel que sea. Pero cuando la tierra misma se remueve te da una inseguridad primordial que no se puede comparar con nada. Es la existencia en jaque. El horror de ser aplastado en vida es quizá el terror más esencial del ser humano”.

Recuerdo de Nueva Orleáns

“Hay mucha analogía. Pueblos desdichados que los han dejado pudrir; hasta cierto punto con una cultura similar, con un legado de la esclavitud. Un poco nuestros pero no nuestros, como el hijo de la criada que lo dejas quedar en el patio pero no en la casa. Nadie se ha empeñado en levantarlos. Eso ha debido acarrearlo Estados Unidos, así como debió hacerlo en Nueva Orleans. ¿Cómo puedes dejar a la gente viviendo así? Es denigrante. No solo para ellos, para nosotros. Es criminal”.

Sociedad fallida

“Haití es una sociedad fallida en todo sentido. Y está aquí, no es Bangladesh, no es Nigeria. Está aquí. Es nuestra oportunidad, de todo el Hemisferio, de hacer algo bien por una vez en la vida. Si hiciéramos un plan de educación a diez años, masivo y de calidad, ¿a cuántos haitianos educados tendríamos? Los haitianos que han tenido oportunidades han llegado muy lejos. ¿Vamos a volcar cinco mil millones de dólares para hacer lo que hemos hecho siempre en Haití? ¿Y sabes qué es? Antes del terremoto la gente estaba viviendo en la mierda. Es la única palabra. No había río que fluía porque estaba lleno de basura. ¿Qué han hecho 2.000 ONG y las Naciones Unidas? Pero reciben 100 mil dólares al año y viven en una economía propia. Parte de esta desgracia es nuestra desgracia”.

Planeta ONU

“¿Vamos a seguir subvencionando a la ONU para que vaya a controlar la situación pero no a cambiarla sustancialmente? ¿Vamos a seguir haciéndolo en tantos lugares donde tiramos plata y no queremos esforzarnos? Es como otra galaxia, como el ‘Planeta ONU’, que sigue extendiéndose y es un reducto de más dinero y menos resultados. El mundo no funciona, coño. Hay cruceros que van a un sitio amurallado, a 25 kilómetros de Puerto Príncipe, empeñados en hacer dinero, en hacer turismo en un país fallido, detrás de una malla de no sé cuántos metros de altura para mostrar una especie de Haití artificial. Y se anclan después del terremoto con mojito en mano”.

Nadia

“Terminé escribiendo la crónica de una chica haitiana que fue deportada de Estados Unidos y acabó viviendo en un barranco y hoy es líder de su comunidad. Su nombre es Nadia. Una mujer de 36 años que vivió en E.U. desde los 6, pero nunca fue incorporada ni levantada de su condición de hija de un ilegal haitiano. Acabó en la delincuencia, la cárcel, y ha pasado mil tragedias. Quiero agarrar a los lectores por el pelo. Ellos son nuestros vecinos. Ella estuvo con nosotros y le fallamos. No le dimos un chance. Hay que reconocer que tenemos un problema. Ella quiere ser alguien y lo está siendo ahora, en medio de la crisis en Haití”.

One Response to “Haití es un país al que la naturaleza le ha roto la espalda”

  1. Sintiaon 07 Feb 2010 at 8:52 PM

    es increible ver a estas personas que tanto cubriendo su trabajo tratan de ayudar a un pais que ha sido golpeado duramente por causas mas alla de lo natural, an sido enviadas por Dios.

Trackback URI | Comments RSS

Leave a Reply