
Por Maggie Marín
Cubano reyoyo y guasón como fue, suman miles las anécdotas que nos develan las facetas humanas del héroe. Muchas son conocidas, otras siguen desgranándose en conferencias y entrevistas, de boca de compañeros de lucha de Camilo.
Precisamente de El hombre de las mil anécdotas, obra del entrañable colega Guillermo Cabrera Álvarez, ya fallecido, reproduzco a seguidas algunas historias que muestran en toda su dimensión al que fue y es, sin asomo de duda, el líder revolucionario más ocurrente y jaranero de nuestra historia.
Cuenta Guillermo que le contaron que Camilo le “corría una máquina” (le hacía una broma) a cualquiera, de forma sana. “No se podía uno disgustar con él porque no tenía ni una pizquita de maldad, sino que todo en él era entero, como de una sola pieza”.
Esto ocurrió durante la invasión:
—- Camilo estaba conversando con un grupo de sus hombres de muchos temas y ve a un compañero que escuchaba embelesado, como si aquello fuera algo de otro mundo. Se le iluminó la cara como solo él sabía iluminarla.
“Bueno, bueno, compañeros, a mi lo que más me preocupa ahora es qué vamos a hacer con el submarino que me manda Fidel desde la Sierra, porque yo sí no sé para qué sirve eso aquí en las lomas de Yaguajay”.
Todos se quedaron callados, a la expectativa, y el hombre abrió los ojos en redondo.
“Sí –añadió Camilo— hay que traerlo porque si Fidel lo manda para algo tiene que servir, así que en cuanto llegue, usted –y se dirigió al susodicho— tiene la responsabilidad de subirlo para acá arriba y ya veremos en qué lo usamos, pero usted lo trae, ¿No es así?”
Y aquel hombre, sin salir del asombro, afirmaba con la cabeza.
La siguiente anécdota la vimos en directo la casi totalidad de los cubanos, porque los que no estaban presentes en el acto efectuado en el recién tomado Campamento Militar de Columbia (en la barriada habanera de Marianao), lo vieron por televisión. /Y aquel suceso se transmitió, pues, a toda la Isla.
—-La noche del 8 de enero de 1959, tras el desfile de la Caravana de la Libertad, Fidel se dirige al pueblo y durante su discurso, le pregunta: “¿Voy bien, Camilo? Al respecto, expresó luego el Che su seguridad de que aquel ¿Voy bien? de Fidel no fue por albur:
“(…) no significa la casualidad de una pregunta hecha a un hombre que de casualidad estuviera a su lado, era la pregunta hecha a un hombre que merecía la total confianza de Fidel, en el cual sentía, como quizá en ninguno de nosotros, una confianza y una fe absolutas”.
—-Ciertamente, Fidel y Camilo eran inseparables. Y ambos eran amantes del béisbol, por lo que acudían a ver los juegos, y hasta a participar directamente en ellos. En una oportunidad en que acudieron al estadio deportivo de la barriada habanera de El Cerro (Hoy Estadio Latinoamericano), surgió la idea de que en vez de jugar los “barbudos” contra los “peloteros”, los hombres de la Sierra conformaran ambos equipos, conocidos como novenas porque ese es el número de sus integrantes.
Acariciando su barba y mascando su tabaco, Camilo escuchaba la proposición, cuando de pronto respondió como un rayo:
–“¿Que integre una novena contra Fidel? ¡Que va! ¡Contra Fidel yo no estoy ni en el juego de pelota!”.
Y Fidel fue el lanzador y Camilo el receptor, pero en la misma novena.
—-Y cuentan que así ocurrió el día en el que, aunque nadie lo sabía por supuesto, pronunciaría su último discurso. Un discurso que, por tanto, fue su despedida de su pueblo. No estaba previsto que fuera él quien hablara esa noche, pero Raúl le puso la mano encima del hombro y le dijo:
–”Tú eres el que va a hablar”.
La respuesta inmediata fue un criollísimo
–“¿Yo? Si yo no estoy preparado!”.
Raúl responde:
–“Chico, dices lo que te salga del corazón”.
–“¡Bueno –respondió el héroe– si es así, sí!”.
Que se acuerden de Camilo, pidió Fidel…
Tras los azarosos días de búsqueda infructuosa fue menester aceptar la verdad. Fidel Castro se presentó entonces en un programa televisivo que tuvo lugar en los primeros días de noviembre de 1959. Estos son algunos fragmentos de aquella comparecencia:
“Camilo es, sencillamente, un hombre del pueblo, que salió del pueblo… Es verdad que difícilmente vuelvan a presentarse las circunstancias históricas, la cosa excepcional que produjo un hombre con las proezas que hizo Camilo Cienfuegos; es difícil que vuelvan a producirse esas condiciones, pero que en el pueblo hay muchos Camilos, eso es lo que tiene que pensar el pueblo; que en cualquier cooperativa de campesinos, en cualquier centro de trabajo, en cualquier montaña, en cualquier lugar de la nación, se puede encontrar un hombre desconocido, un hombre humilde, que el día de mañana tenga que defender su patria, tenga que alzarse contra los que intenten apoderarse u oprimir a nuestra patria; y entonces salgan a relucir en ellos las cualidades que un día salieron a relucir en hombres como Camilo…
“El consuelo que debe tener nuestro pueblo es que en el pueblo hay muchos Camilos, y Camilo seguirá viviendo en hombres como él y seguirá viviendo en hombres que se inspiren en él, porque lo único que nosotros podemos pedirle a nuestro pueblo es que cada vez que la patria se encuentre en una situación difícil, que cada vez que la patria se encuentre en un momento de peligro, se acuerde de Camilo; cada vez que el pueblo vea momentos difíciles, cada vez que los hombres jóvenes, los campesinos, los obreros, los estudiantes, cualquier ciudadano, crea un día que el camino es largo, que el camino es difícil, se acuerde de Camilo, se acuerde de lo que hizo él, se acuerde de cómo nunca, ante los momentos aquellos difíciles, perdió la fe… y el consuelo del pueblo es que Camilo surgió del pueblo y que en el pueblo hay muchos Camilos…”