Oct 17 2009
Evo Morales, símbolo y actor del despertar latinoamericano

Por Maggie Marín
La sola mención de su nombre exacerbaba a los sectores interesados en controlar los recursos naturales bolivianos y quedar bien con George Walter Bush en su cacareada y tramposa “lucha contra las drogas”. Evo Morales lo sabía, y lejos de inquietarse, se convencía más de la justeza de su lucha.
Por entonces, ser líder cocalero y diputado por el Movimiento al Socialismo (MAS, a la sazón la segunda fuerza política local) le valió sufrir una añeja táctica: lo provocaron, atacaron y acusaron de narcotraficante permanentemente.
En los 60 y 70 era de comunistas que tachaban a los mineros en lucha contra el sistema. Allí, en los combativos centros mineros donde se produjeron espantosas masacres, los dirigentes eran perseguidos, procesados y encarcelados, por comunistas.
En los años en que Evo era dirigente sindical, campesino y cocalero, y aún más cuando le disputó la presidencia a Gonzalo Sánchez de Losada, representante de los intereses estadounidenses y de la corrupta oligarquía local, era de narcotraficantes y terroristas que acusaban a los líderes populares.
Así me dijo este hombre extraordinario cuando lo entrevisté en La Habana, en el año 2004: “A los pobres o a quienes luchamos junto a los pueblos nos acusan permanentemente de todo, para someternos, humillarnos, marginarnos, y especialmente para seguir explotando nuestros recursos naturales”.
Pero la bribona táctica no sirvió a nivel popular. Fue electo con reiteración presidente de seis federaciones de productores de Coca del Chapare, en Cochabamba, y los combativos cocaleros enfrentaron al “Goñi” (Sánchez de Losada, que había llamado a cerrarle el paso al MAS en las elecciones municipales de aquel diciembre de 2004) vigorizando a la agrupación política de izquierda.
Evo siempre era noticia, y en ocasiones el responsable directo de su creciente popularidad era el mismo gobierno que quería eclipsarlo, como cuando lo acusaron de atentar contra la Fuerza de Tarea Conjunta, tras un incidente ocurrido por esas fechas en el propio Chapare.
Se trató de un auto-atentado. Un plan del gobierno para desprestigiarlo. En sartas de artimañas está, pues, curado de espanto Evo desde esos tiempos. De ahí que nunca termine de sorprendernos esa capacidad suya para hallar soluciones originales a las crisis que ha tenido que enfrentar insistentemente durante su gobierno, por más serias e irresolutas que parezcan.
Nacido el 26 de octubre de 1959 en la comunidad campesina aymará de Isallabi, canton Orinoco, en la provincia Ayllosulca, pasó buena parte de su infancia ayudando a sus padres en labores agrícolas y de pastoreo. La pobreza –me contó en esa ocasión– lo obligó a emigrar hacia el oriente del país, y llego al Chapare a mediados de la década del 70.
En 1978, en plena dictadura de Garcia Mesa, fue reclutado para el servicio militar obligatorio. Es siendo conscripto que fue testigo directo de la represión que sufría el movimiento cocalero. Es siendo soldado que quisieron usarlo durante los golpes de estado, instándolo a reprimir al movimiento cocalero, y a “meter bala”.
Por paradojas de la vida o como resultado de su particular extracción, estirpe y personalidad, lo cierto es que la difícil situación allí reinante empezó a perfilar su concientización, que lo impelió a ingresar en el sindicato del Chapare. El gran despertar se produjo cuando en 1981 fue testigo del asesinato de un joven quechua de la zona, quemado vivo por los militares, por narcotraficante.
El crimen lo sacudió. “No solo a mi, a todos los jóvenes de la comunidad y del sindicato San Francisco. Yo me preguntaba ¿Cómo el gobierno hace algo así?”. Entonces comenzó a discutir y analizar con sus compañeros la situación del país.
Tenía19 años cuando decidió apoyar mucho más al sindicato y a las otras organizaciones populares. Había nacido el líder.
En 1988 integra el ejecutivo de la federación y en el 92 obtiene la presidencia de las 6 federaciones que conforman la Coordinadora Campesina del Trópico. Desde entonces, cada dos años sus compañeros ratificaban al indígena que revolucionó la política boliviana en las elecciones presidenciales de junio del 2002.
Elegido diputado nacional por Izquierda Unida en 1997, fue expulsado luego por sus actitudes políticas. A posteriori le arrebataron la presidencia, tras resultar el segundo candidato mas votado. Obligado a elegir presidente entre el “subversivo” y el ex-mandatario Gonzalo Sánchez de Losada. Cuando encima USA amenazaba suspender la ayuda al país si elegían a Evo, el parlamento falló en su contra.
¿Cómo evaluó ese escamoteo? “Bajo el padrinazgo de la embajada de los Estados Unidos se unieron los corruptos, los narcos, que están fundamentalmente en los partidos de la derecha y, claro, en el parlamento nos derrotaron”. Pero fuera siguieron siendo la primera fuerza política.
Bajo su liderazgo las luchas de los cocaleros fueron constantes, especialmente en el Chapare. En 2003 los cortes y bloqueos de carreteras comenzaron desde enero. Reclamaban su derecho a cultivar la coca, se oponían a la exportación del gas natural a Estados Unidos y al ALCA, Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, un engendro gringo hoy muerto y enterrado.
Ese 2004 de la entrevista –previa al nacimiento del ALBA en La Habana y año y medio antes de su triunfo electoral–, Evo aseveraba que el acuerdo era un instrumento económico de sometimiento y dominación gringo para complementar su estrategia de militarización con el Plan Colombia, el Plan Puebla Panamá y el Plan Dignidad, en Bolivia.
“Son un segundo Plan Cóndor. Están orientados –aseguró acertadamente- no solo a eliminar a los movimientos políticos con orientación antiimperialista, sino a exterminar a los pueblos indígenas que ahora con mucha fuerza reclamamos los territorios, para apoderarse de nuestras riquezas y nuestros recursos.
Y ello, como sabemos, es algo sagrado para los pueblos originarios de Nuestra América. “Las políticas económicas no deben estar sometidas a las transnacionales, sino subordinadas a preservar la biosfera, a salvar la vida en el planeta tierra. La agricultura debe respetar los pisos ecológicos para salvar la vida”, me dijo.
“Los pueblos indígenas vivimos en estrecha relación con la madre tierra, nuestra pacha mama, pero la cultura occidental esta dirigida a dominarla, no respeta la vida, y así esta destrozando el planeta. Este nuevo milenio debe ser el de los pueblos indígenas, el de los trabajadores, el de la gente digna y honesta”, me indicó también Evo Morales.
Y apuntó con claridad meridiana: “En Latinoamérica han crecido la conciencia y las luchas sociales, que acompañadas de luchas electorales, son un excelente instrumento para acabar con los movimientos políticos pro imperialistas”.
Evo, que duda cabe, es fruto de un movimiento indígena fuerte, social y políticamente, y también de los siglos de injusticia, hambre y miseria sufridos por el sector más desprotegido y marginado de esta región. Y, fruto al fin, maduró parejo en el torbellino de una Bolivia agonizante, estrangulada por el modelo económico neoliberal y el sistema, al punto de que solo con represión y violencia podían los gobiernos evitar el cambio.
En el fragor de las luchas –me dijo Evo Morales aquella tarde habanera en que lo conocí– ha crecido la conciencia de los pueblos, que impulsados por su propia situación, le han perdido el miedo a Estados Unidos. Seguir la lucha de nuestros antepasados es la única alternativa si queremos vivir con dignidad e independencia.
Fue igualmente en el fragor de esas luchas y de las que sin darle tregua le han impuesto Gringolandia y la derecha local estos últimos años, que creció y sigue creciendo este Evo Morales que en apenas nueve días cumplirá 50 años, y para el que en su última reflexión con sobrada razón pide el compañero Fidel Castro un Premio Nóbel.
(Aclaración necesaria: Este comentario sobrepasó sobradamente las 50 líneas que prometí escribir en cada post, pero consideré que a quienes les interese la temática central de este blog no les disgustarán)